Contrario a lo que muchos creen, el tema de incluir el ranking de notas en la batería de indicadores del proceso universitario en Chile tiene una larga historia. La discusión principal en este ámbito se centra en dos grandes problemas: la calidad y la equidad del sistema de admisión. Entre quienes han trabajado en el tema, algunos se preocupan más por el primero, y otros por el segundo.
El ranking es un buen pronosticador de rendimiento y persistencia en la universidad. Además, es una medida en la que todos los estudiantes de Chile pueden destacar si se lo proponen y tienen los talentos, sin importar su nivel socioeconómico. Aun así, es claro que incluir el ranking no soluciona definitivamente todos los problemas de calidad ni de equidad. Existen carreras para las que ni la PSU ni el ranking son necesariamente los mejores indicadores para seleccionar.
En términos de equidad, hay colegios tan deficientes que incluso con una ponderación del 50% del ranking, el mejor alumno del curso puede quedar fuera del sistema por una baja PSU. Cambiar el sistema de selección permite no reproducir la desigualdad educativa un escalón más, pero si se quiere solucionar el problema de raíz, todo el sistema desde pre-kinder necesita ser revisado. En este artículo, se explicarán estos puntos con mayor detalle y datos concretos.
Desafíos en la Educación Superior Chilena: Deserción y Titulación
El primer problema que hay que tomar en cuenta es que en Chile solo uno de cada dos estudiantes que acceden a las universidades adscritas al Consejo de Rectores (CRUCH) logra titularse. En universidades privadas no pertenecientes al CRUCH, la no titulación alcanza el 62.6%. Además, el promedio de tiempo que le toma titularse a los alumnos que lo logran, tanto en universidades CRUCH como no CRUCH, es notoriamente superior a la duración formal determinada por la universidad.

Las causas de la deserción son múltiples: problemas de financiamiento, vocación, inmadurez, falta de preocupación de la universidad, falta de interés por parte del estudiante y también la incapacidad de los estudiantes para enfrentar los desafíos de la universidad o carrera a la que ingresaron. Esto último lo demuestra el 13% de estudiantes que se cambian para estudiar la misma carrera pero en otra universidad. Algunos creen que el problema es básicamente una cuestión económica, y sin duda el financiamiento juega un rol extremadamente importante, ya que todos los estudios muestran que recibir ayuda financiera reduce enormemente la posibilidad de deserción.
Capacidad Predictiva de los Instrumentos de Selección
Los estudios de deserción apuntan a que tanto la PSU como las notas de enseñanza media (NEM) son buenos indicadores de permanencia en la universidad, con una leve mayor capacidad predictiva del NEM. Al incluirse la variable ranking en vez del NEM, se comprueba que no solo es un buen predictor de permanencia en la universidad, sino que es mejor que el NEM.
Además, en todos los casos (PSU, NEM y ranking) se observa que la predicción no es continua. Los quintiles 4 y 5 (de notas, no de ingreso del hogar), es decir, el 40% con mejor NEM/ranking, tienen una probabilidad mucho menor de desertar que los quintiles 3, 2 y 1 (el 60% inferior), donde la probabilidad entre estos quintiles varía mucho menos. Esto se mantiene incluso controlando por ingreso del hogar, educación de los padres, tipo de colegio, etc. Lo mismo ocurre con la PSU: estar entre los mayores puntajes predice una mayor retención, pero la diferencia de puntaje deja de ser significativa a medida que los puntajes bajan. La situación en las universidades más selectivas es similar y, a veces, más extrema.
Inequidad en el Acceso Universitario: El Rol de la PSU y el Contexto Socioeconómico
En la Universidad de Chile, un 13% de los estudiantes de ingreso 2010 pertenecían al quintil I (más pobre) y un 31% al V (más rico). Al comparar los alumnos por dependencia del colegio, la inequidad se hace más clara. Considerando que solo un 7% de los estudiantes de Chile asiste a un colegio privado, resulta preocupante que en la Universidad Católica un 67% provenga de estos establecimientos, y en la Universidad de Chile un 38%.
Las razones para esta inequidad son múltiples; las diferencias educativas en Chile son notorias. Los colegios a los que asisten los estudiantes más vulnerables, o incluso la clase media, a menudo tienen mala infraestructura, mala administración, malos profesores y una educación deficiente en general. A esto se puede sumar la falta de expectativas y la presión familiar para incorporarse al mercado laboral en algunos casos.
La PSU (ex PAA) es la puerta de entrada a las universidades en Chile, un test estándar para sistemas educacionales no estándar. Es una prueba donde el 61% de los estudiantes que obtienen puntaje nacional proviene de colegios privados, cuando solo un 7% de los estudiantes asiste a esos colegios. Si se miran los resultados de la PSU por tramo de ingreso, donde el tramo 12 es el más rico y el tramo 1 el más pobre, se observa que la PSU de manera indirecta mide el nivel socioeconómico. La inequidad de la PSU es un problema si consideramos que el talento está distribuido de manera similar en toda la población, es decir, que en todos los grupos socioeconómicos hay jóvenes talentosos, aunque no todos tienen las oportunidades de demostrarlo en la universidad. Usando solamente la PSU, se pierde talento, especialmente en los quintiles más pobres.
Es claro que la PSU no crea esta desigualdad, sino que la reproduce. Es decir, la PSU es un reflejo de sistemas educacionales inequitativos, en los que no todos se gradúan con los mismos conocimientos. Pero, ¿qué significa la PSU más allá de la capacidad de responder un test? No está tan claro. Se sabe que el alumno tiene más conocimientos y maneja más contenido de la prueba, pero ¿qué se sabe de sus capacidades académicas, de su gusto por el estudio, su disciplina o su persistencia ante la adversidad? Todas esas cosas son importantes para sobrevivir en la universidad, y con la PSU no se sabe mucho al respecto.
El Informe Pearson y las Falencias de la PSU
La capacidad predictiva de la PSU ha sido evaluada varias veces en distintas universidades, con resultados mixtos dependiendo de la institución y la carrera. La evaluación más completa que se ha hecho es el informe Pearson, realizado por una consultora internacional. Además de confirmar una vez más las enormes brechas socioeconómicas de la PSU (mayores que pruebas similares en otros lugares del mundo y mayores que lo que existía con la PAA), el informe Pearson concluyó que, si bien la PSU ayuda a predecir el rendimiento en la universidad, su predictibilidad es moderada (más bien paupérrima). Además, el informe recomendó el uso de otras variables y, específicamente, el uso del ranking del colegio y el NEM. Agregó que la "trayectoria escolar captura múltiples variables, como por ejemplo la motivación del estudiante y su persistencia."

La capacidad predictora de los antecedentes escolares (ranking y NEM) es mayor que la PSU, con excepción de la PSU de matemáticas. La consultora internacional Pearson reportó cerca de un centenar de problemas en distintas áreas de la prueba. Los hallazgos principales fueron:
- Detectó que la PSU posee una baja capacidad para seleccionar a los jóvenes que tendrán un buen desempeño en la universidad. Es decir, muchos de los que obtienen una buena puntuación en la PSU presentan rendimientos malos o mediocres en la universidad. Según Mladen Koljatic, doctor en Educación e investigador, "hoy no tenemos seguridad de que los que están entrando a la universidad son los que deben estar ahí".
- Pearson estableció también que la PSU está construida de tal modo que los que tienen éxito en ella son los jóvenes con más recursos. El grupo perjudicado es el que estudió en escuelas municipales y particularmente los que se formaron en los establecimientos Técnico-Profesionales (TP), en donde sencillamente no se enseñan todos los contenidos que se incluyen en la prueba. En 2013, de los 230.000 alumnos que rindieron la PSU, el 30% provino de establecimientos TP. Ellos no tuvieron ninguna oportunidad de obtener un buen puntaje y, hasta hace un año, ni siquiera sabían que corrían con desventaja.
Problemas Estructurales y de Diseño de la PSU
El propietario de la prueba es el Consejo de Rectores (CRUCH), que designó un Comité Técnico Asesor (CTA) donde participan los autores concretos de la PSU: Jorge Manzi y David Bravo. El Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional de la Universidad de Chile (DEMRE) administra la prueba. Este entramado es lo que se conoce como la "institucionalidad de la PSU".
Un problema grave detectado en el cálculo del puntaje de Ciencias implicaba que los alumnos rendían un examen con un módulo común y un módulo electivo (Química, Física o Biología). El problema surgía en la corrección, cuando se ajustaban los puntajes de Biología y Química a la curva de Física, perjudicando a alumnos de Química, especialmente a quienes estaban cerca del puntaje de corte. El fiscal Sergio Caruman Jorquera del DEMRE ya manifestó su preocupación en 2005 por la determinación de responsabilidades en este cálculo, señalando una "dependencia irregular" entre el DEMRE y el CTA. Pablo Valladares, encargado de Ciencias del DEMRE, en julio de 2005, argumentó que la fórmula de cálculo era "poco ética" por la cantidad de personas perjudicadas o favorecidas artificialmente. La doctora Nancy Lacourly, de Ingeniería de la Universidad de Chile, argumentó ante el CTA en términos similares, pero sus objeciones no fueron consideradas.
El informe del ETS, finalizado en 2005 y que advertía varios de los problemas que Pearson cuestionó ocho años después, se mantuvo en secreto por siete años. La Universidad de Chile se negó a entregarlo aduciendo motivos comerciales. La omisión de esta realidad continuó hasta 2012, cuando por primera vez el CRUCH reconoció que los estudiantes de TP eran perjudicados en la prueba. A pesar de que los alumnos de buen rendimiento escolar provenientes de la modalidad técnico-profesional hagan su mejor esfuerzo en la prueba de Ciencias, la desventaja queda en evidencia cuando se trata de lidiar con quienes han tenido cuatro horas semanales de Ciencias durante los dos últimos años de Enseñanza Media, además de preuniversitarios individuales e institucionales de los colegios con mayores recursos.
Además de estas situaciones de discriminación, existen otras falencias. Por ejemplo, la complejidad creciente que registra la prueba de Matemáticas. Se pretende que con una sola prueba se evalúe bien a alumnos que postulan a carreras tan distintas como Ingeniería o Educación Parvularia, lo cual es imposible de lograr porque las Matemáticas que requieren los alumnos no son las mismas. Junto con esto, Silva y Koljatic sostienen que otro gran problema de la PSU es que busca seleccionar a los mejores alumnos haciendo una prueba de contenidos. Esto en Chile es imposible, ya que el sistema educativo está tan segregado socialmente que los jóvenes que mejor manejan los conocimientos de la Educación Media son los que han podido pagar los mejores colegios.
Estos reparos se vinculan con otro que hizo el ETS en 2005 y que reiteró el informe Pearson: no se debe usar el resultado de la PSU para otro fin que no sea la selección de alumnos. Hoy, sin embargo, una prueba que tiene los sesgos sociales mencionados, sirve para entregar fondos estatales como el Aporte Fiscal Indirecto (AFI) y la Beca Vocación de Profesor. La constatación de que a mayor ingreso familiar, mayor puntaje en la PSU, además del cuestionamiento a la capacidad predictiva de la PSU, deja en la incertidumbre la efectividad de ese plan. Las mismas cifras del CRUCH muestran una muy baja correlación entre puntaje PSU y rendimiento académico en Pedagogía. Incluso hay carreras donde la capacidad de la PSU de predecir es negativa, lo que significa que a mayor puntaje PSU, menor rendimiento académico.
La Incorporación del Ranking de Notas como Medida Complementaria
El ranking de las notas del alumno en el colegio es una medida de la trayectoria escolar del alumno. Refleja su rendimiento relativo, comparado con sus pares, con quienes ha tenido las mismas oportunidades educativas. El ranking no nos dice cuánto sabe una persona, pero sí que ha aprovechado al máximo sus oportunidades educativas, por más deficientes que estas hayan sido. Es una medida complementaria a una prueba estándar de conocimientos, que permite entender mejor quién es un buen alumno, independiente de sus conocimientos netos al momento de salir del colegio.

La incorporación del ranking a la batería de selección del CRUCH ha sido un proceso largo, con muchos proyectos piloto que han dado luces de cómo su incorporación puede apuntar a la calidad y la equidad. La Universidad de Santiago (USACH) fue pionera en estos cambios. Durante 10 años (1992-2003), la USACH logró que el CRUCH le aceptara usar una bonificación de un 5% adicional al puntaje ponderado de admisión para los estudiantes pertenecientes al 15% de mejor rendimiento de su colegio. Durante esos años, 15.191 estudiantes fueron beneficiados por la medida, sin recibir ningún tipo de apoyo complementario. Evaluaciones de este programa muestran que los rendimientos de los alumnos bonificados fueron superiores a los de sus compañeros de carrera que ingresaron con 100-150 puntos más en la PAA (hoy PSU). Además, "un estudiante perteneciente al mejor 15% de rendimiento en su generación obtendrá en promedio casi 3 décimas más en su rendimiento durante el primer año en relación a un estudiante similar pero no bonificado".
Además de la experiencia de la USACH, han existido muchos otros proyectos piloto "busca talentos" basados en el ranking. Todos apuntan a que con la combinación ranking y PSU se puede seleccionar mejor en términos de calidad y equidad. Algunos de estos proyectos, como los propedéuticos, van más allá y buscan talento académico en colegios donde nadie ha logrado entrar a la universidad y donde ni con ranking ponderado al 50% se esperaría que un alumno top 10 ingrese a una universidad selectiva. Incluso esos proyectos más radicales han mostrado resultados positivos. La Universidad Católica, por ejemplo, desde 2011 cuenta con el programa Talento + Inclusión (T+I), que permite a alumnos en el 7,5% superior de su colegio y que pertenecen al I-IV quintil entrar a la UC por un proceso de admisión especial. Los datos muestran que, terminado el primer año, los alumnos que entran por el sistema T+I a la carrera de ingeniería civil son indistinguibles de los alumnos que entraron por admisión regular. En otras universidades, los datos muestran lo mismo.

La USACH tiene desde hace 5 años un programa propedéutico muy ambicioso, con jóvenes del 5% superior de liceos prioritarios (los más desfavorecidos) ingresando a estudiar en esa universidad. Si el promedio PSU matemáticas de ingreso a la USACH es de 632 puntos, estos alumnos entran con un promedio de 443. Actualmente, tienen programas propedéuticos varias universidades en Chile. Además, el ranking, a diferencia de la PSU, no está sesgado por el Nivel Socioeconómico (NSE) ni el género. En 32 de las 33 universidades adscritas al sistema del CRUCH, el puntaje ranking del grupo de estudiantes seleccionados con el nuevo sistema (y que no habría sido seleccionado antes), es superior al del grupo de estudiantes no seleccionados que sí hubieran sido seleccionados antes. Esto, independiente del tipo de colegio.
En 31 de las 33 instituciones, el Índice de Vulnerabilidad Educacional (IVE) del grupo de estudiantes seleccionados gracias a la incorporación del ranking a la fórmula es superior al del grupo de estudiantes que no fueron seleccionados con esta nueva ponderación. En promedio, el IVE en las universidades subió un 15%. El informe del Mineduc sobre la incorporación del ranking destaca que, tomando en cuenta todo el sistema, no se observa una mayor inclusión de alumnos de colegios municipales a la Educación Superior. Sin embargo, también concluye que en términos de vulnerabilidad, los "ganadores" con la nueva ponderación serían de menor NSE. Lo que es aún más claro en términos de quedar en la primera opción (versus mirar el ingreso al sistema en su conjunto). La inclusión del ranking también ayuda a revertir este sesgo. Además, según datos del Mineduc, hay más mujeres beneficiadas que hombres.
Incentivos Financieros y la "Institucionalidad de la PSU"
Desde 1981, el Estado chileno paga anualmente el Aporte Fiscal Indirecto (AFI) a las universidades en las que se matriculen los 27.500 "mejores alumnos", definidos en función de la PSU matemática (50%) y verbal (50%). Uno de cada tres de estos alumnos no pondera más de 450 en NEM, es decir, tenían menos de un 5,2 en sus notas de enseñanza media. Pero la definición del AFI considera solo PSU. En consecuencia, en 1982, las universidades CRUCH elevaron la ponderación de la PAA de 42% a 60.4%. Las universidades menos selectivas, con menos posibilidad de capturar AFI, siguieron ponderando la trayectoria escolar del alumno, en base al NEM, hasta en un 40%.
Es importante notar que, en 25 años, el Estado chileno ha gastado más de 400 millones de dólares para financiar el AFI y que las universidades que optan por bajarle ponderación a la PSU lo hacen a pesar de perder este dinero. El dueño de la prueba es el CRUCH. En el corazón del debate sobre la PSU está el control de los $7 mil millones ya mencionados, además de los montos que las universidades reciben por concepto de AFI. Es probable que lo que ocurra con la PSU en las reuniones del CRUCH se relacione directamente con cómo se reparten estos enormes recursos y otros muy cuantiosos que han estado en disputa, como los casi $12 mil millones de los Fondos Basales.
Por ser sobre todo un gran manantial de recursos para las universidades, algunas fuentes describen a la PSU como un "taxi" que le pertenece al CRUCH, pero que es manejado por el DEMRE, siguiendo un recorrido que fija milimétricamente el Comité Técnico Asesor (CTA). Según Pearson, ese "taxi" realizó varias maniobras que dañaron a muchos alumnos. La Universidad Católica siempre ha querido administrar esta prueba por los recursos y la influencia política que representa. Por eso, tras la difusión del informe Pearson, su rector, Ignacio Sánchez, comentó que era tiempo de crear una "nueva institucionalidad".
Cambio de Paradigma: Más Allá de la PSU
En resumen, los cambios al sistema de ingreso significan un cambio de paradigma en la definición de qué caracteriza a un buen alumno. Antes, eso estaba definido exclusivamente por la PSU, instrumento que, si bien es útil, presenta muchísimas deficiencias y un importante sesgo socioeconómico.
En 2001, cuando comenzó a discutirse sobre este examen, se aseguraba que la PSU mejoraría la equidad en la selección universitaria. Se decía, con justa razón, que el anterior examen -Prueba de Aptitud Académica (PAA)- era susceptible de entrenamiento vía preuniversitario y por ello el éxito lo conseguían los jóvenes con más recursos. Se argumentaba también que la PSU, al estar basada en lo aprendido en la Enseñanza Media, haría que pesara menos el origen social del alumno, pues tendría más impacto la escuela que el capital cultural de la familia. Eso, sin embargo, no ocurrió. La segregación social que recogía la PAA consiguió expresarse en la PSU. Los gráficos del CTA muestran hoy una relación directa entre el ingreso familiar y el puntaje que obtienen los alumnos: a más dinero, más puntaje.

Jorge Manzi, uno de los autores de la PSU, ha dicho que la brecha en el rendimiento de los distintos grupos sociales es fuerte, pero se mantiene igual que en la PAA. Y en defensa de la PSU, ha argumentado que este examen es solo un termómetro que recoge la segregación que hay en Chile. Silva y Koljatic, por el contrario, creen que en la PSU la segregación social se expresa con más fuerza. Afirman que "el aumento de contenidos en las pruebas PSU no ha favorecido a los alumnos de sectores más vulnerables, sino que, por el contrario, los ha perjudicado." El resultado de esto es que los jóvenes de estrato social medio-bajo, talentosos pero con bajo puntaje en la PSU, acceden cada vez menos a las universidades del Consejo de Rectores. En este punto, la PSU empieza a mostrar que, lejos de mejorar la equidad en la selección universitaria, ha servido al mercado de la educación para distribuir a los alumnos -según su nivel social- en universidades que se han ido especializando también en niveles sociales.
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