La idea de "sapos encantados" que se transforman en príncipes, "auténticos y garantizados", intrigó a una mujer al ver un letrero sobre un acuario de cristal lleno de pequeños sapitos en una tienda. La vendedora le explicó que solo debía seguir las instrucciones y al día siguiente tendría a su príncipe. Aunque al principio la idea le pareció "fumada", la curiosidad la llevó a adquirir uno de estos particulares anfibios.

El Proceso del Encantamiento
Al llegar a casa, con el sapo en sus manos, la protagonista dudó de la cordura de la vendedora. Decidió leer el pequeño cuadernillo con las instrucciones. Las indicaciones eran muy específicas: bastaba con "alimentar al bicho cada media hora exactamente durante veinticuatro horas exactas, día y noche, sin retrasarse ni un minuto ni saltarse una comida", de lo contrario, el hechizo no se rompería. Sin embargo, una aclaración en el manual revelaba el verdadero alimento de estos sapos: "Los sapos encantados se alimentan de amor cada media hora exacta". Esto significaba que debía decirle a su sapito palabras cariñosas, ternuras y piropos para que se sintiera un príncipe.
Así se transforman estos renacuajos en sapitos | NATIONAL GEOGRAPHIC ESPAÑA
Primeros Pasos y Manifestaciones Mágicas
A pesar de sentirse "pendeja" al principio, la mujer tomó al sapo a las 8:15 de la noche y, a pesar de sus "pinches ojos tan feos", comenzó a decirle: "Eres tan hermoso, ay te amo". De repente, una luz dorada intensa se desprendió del animal, deslumbrándola, y creyó escuchar un sonido de campanitas. Sin embargo, al momento de verlo, el bicho seguía siendo un sapo común y corriente, frío y resbaladizo. A las 8:45, volvió a tomarlo y le repitió: "Eres un príncipe, el más hermoso de todos, ay te amo". La luz dorada fue aún más intensa y el sonido de las campanas pareció envolverla. Durante todo el día, cada media hora, le dedicó poesías, canciones y palabras de amor, observando cómo la luz dorada y el sonido de las campanas se intensificaban con cada expresión de afecto. Su dedicación fue tal que prefirió "no comer, no ir al baño" con tal de seguir con el proceso.
La Transformación y la Realidad del "Príncipe"
Al día siguiente, exhausta, besó al sapo en el hocico. Se quedó dormida y al despertar, encontró a un hombre acostado a su lado en su cama. Impactada por lo "buenisisisísimo" que estaba, el hombre se presentó: "Gracias por romper el hechizo, soy tu príncipe, ¿Me amas?". Sin pensarlo dos veces, ella le respondió afirmativamente, pues "perder esas noches de pasión que la neta... ya me uuurgían". El príncipe, sin embargo, pronto reveló ser "muy fino" y exigente. Quería ropa "bien carisísima", ser llevado a comer y cenar a los "mejores lugares".

El Costo del "Amor" Real
Las exigencias del príncipe no tardaron en aumentar. Un día, sin avisar, tomó su carro y lo chocó, regresando con la excusa de que le había hecho un favor, pues el coche estaba "feo" y no se veía bien en él, a pesar de que la protagonista aún no terminaba de pagarlo. Él se creía "creidísimo" y constantemente le recordaba: "Eres afortunada de tenerme a tu lado". Además del coche nuevo, la mujer tuvo que darle "gran parte de mi sueldo, vacaciones etc." Para ello, tuvo que trabajar horas extras, lo que llevó al príncipe a quejarse de que no lo atendía, que pasaba muchas horas fuera de casa, que se sentía solo y que ya no lo amaba como antes. Las cuentas no paraban de llegar, y la frustración crecía al verlo "viendo la televisión" mientras ella llegaba cansada del trabajo.

El Despertar y la Ruptura del Hechizo
Al verse en el espejo, notó su "mirada apagada", su cabello descuidado, sus manos ásperas y su ropa vieja. Se dio cuenta de que había sacrificado su propio bienestar para que el príncipe se diera sus lujos, mientras él sentenciaba: "los príncipes NO DAN EXPLICACIONES". La situación llegó a su punto de quiebre cuando él le dijo: "Fui a buscar lo que no tengo en casa, porque tú ya no me amas, ya no me atiendes, no te arreglas para mí, ya no haces nada por mí y si no haces nada por mí, me iré, te dejaré, y si me voy, te morirás de tristeza sin mí, porque tú no quieres perderme, soy un príncipe. ¡Soy lo mejor que tienes en tu vida!".
En medio de la "rabia" y el "cansancio", la mujer recordó el manual de instrucciones. En la última página, con letras diminutas, encontró la clave para deshacer el hechizo: "Para deshacer el hechizo, basta con recordarle al príncipe que es un sapo, basta recordar que tú eres real, basta con recuperar la fé en ti misma y en tu propia fuerza, basta entender que no necesitas príncipes para ser feliz". Bajó corriendo las escaleras y se plantó frente a su príncipe, quien de repente ya no le parecía tan guapo ni perfecto. Le gritó: "¡Eres un pinche y jodido sapo verde que da asco!". Él, furioso, intentó manipularla: "¡Soy un príncipe, soy lo mejor de tu vida, tú me amas, me necesitas!". Pero la mujer, riendo, le respondió: "¡Eres un estúpido sapo hueco, quién va a necesitar semejante animal tan asqueroso como tú!". Cuanto más le gritaba cosas que bajaban su autoestima, más pequeño se hacía, hasta que, de repente, volvió a convertirse en un sapo.

Conclusión de la Experiencia
La mujer regresó el sapo a la vendedora, quien, sonriendo, repitió: "Todos son iguales". Esta experiencia la llevó a una importante reflexión: "No todos los sapos son príncipes en realidad", "no todo lo que brilla es oro y no todo el que te dice te amo es que en verdad lo sienta". Aprendió la lección de no "endiosar" a los hombres, ya que son "seres como tú y como yo con más defectos que virtudes". Este relato sirve como una advertencia: "no traten al hombre como un príncipe... porque no es más que un simple y pinche sapo".
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