El sangrado se refiere a la pérdida de sangre. Puede presentarse de forma interna (dentro del cuerpo) o externa (fuera del cuerpo). El sangrado interno ocurre cuando la sangre se filtra desde los vasos sanguíneos u órganos. El sangrado externo puede manifestarse a través de aberturas naturales como el oído, la nariz, la boca, la vagina o el recto, o bien a través de una ruptura en la piel.
En caso de sangrado intenso, es fundamental buscar ayuda médica inmediata, especialmente si se sospecha un sangrado interno, ya que este puede volverse potencialmente mortal con rapidez.

Causas y factores de riesgo del sangrado en adultos mayores
Las lesiones graves son una causa común de sangrado intenso, aunque en ocasiones incluso lesiones menores, como una herida en el cuero cabelludo, pueden provocar una pérdida considerable de sangre.
Ciertas condiciones y medicamentos aumentan significativamente el riesgo de sangrado en personas mayores:
- Medicamentos anticoagulantes: El uso de medicamentos como la warfarina, dabigatrán, rivaroxabán, apixabán o edoxabán, comunes en pacientes con fibrilación auricular o riesgo de trombosis, incrementa el riesgo de hemorragias.
- Medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINEs): El uso frecuente de AINEs como el ibuprofeno o el naproxeno puede irritar la mucosa gástrica y causar úlceras y hemorragias gastrointestinales, además de afectar la función plaquetaria.
- Inhibidores de la agregación plaquetaria: Medicamentos como la aspirina y los inhibidores de P2Y12 (clopidogrel, prasugrel), utilizados para prevenir eventos trombóticos, también aumentan el riesgo de hemorragias.
- Trastornos hemorrágicos: Condiciones como la hemofilia, donde el cuerpo no produce suficientes factores de coagulación, predisponen a sangrados excesivos, incluso con traumatismos menores.
El sangrado espontáneo, que ocurre sin un evento desencadenante obvio, puede manifestarse en diversas partes del cuerpo, siendo más común en la nariz, la boca y el tracto digestivo. Las personas con hemofilia a menudo experimentan sangrados en articulaciones o músculos, que pueden ser graves si ocurren en el cerebro.

Cambios fisiológicos relacionados con la edad
El envejecimiento conlleva una serie de cambios fisiológicos que pueden alterar el proceso de hemostasia (detención del sangrado) y aumentar la predisposición a las hemorragias:
Alteraciones en la función de los vasos sanguíneos
- Endotelio vascular deteriorado: Con la edad, el endotelio que recubre los vasos sanguíneos se vuelve más rígido, dificultando su capacidad para contraerse y formar coágulos ante una lesión. La producción de óxido nítrico, que regula el tono vascular, puede disminuir.
- Aumento de la fragilidad capilar: Los capilares se vuelven más frágiles debido a cambios en proteínas de la pared vascular, lo que aumenta la propensión a roturas y hemorragias, especialmente en la piel y órganos internos.
Alteraciones en la función plaquetaria
- Disfunción plaquetaria: Aunque la cantidad de plaquetas puede no disminuir, su capacidad para adherirse a superficies lesionadas y formar un tapón plaquetario eficaz se ve reducida, dificultando la hemostasia primaria.
- Reducción de la respuesta a factores de activación: Las plaquetas de los adultos mayores pueden responder de manera menos eficiente a las señales que inician su activación y agregación, retrasando la formación del coágulo.
Disminución de la producción de factores de coagulación
- Reducción en la síntesis hepática: El hígado, principal productor de factores de coagulación, puede ver disminuida su capacidad de síntesis con la edad, lo que lleva a una coagulación menos eficiente.
- Deficiencia de vitamina K: Esta vitamina es crucial para la síntesis de factores de coagulación. Una dieta insuficiente o problemas de absorción intestinal pueden llevar a deficiencias en personas mayores, aumentando el riesgo de hemorragias.

Enfermedades comórbidas y otros factores
La presencia de enfermedades crónicas y otros factores relacionados con la edad también influyen en el riesgo de sangrado:
- Enfermedad hepática: Condiciones como la cirrosis o insuficiencia hepática reducen la síntesis de factores de coagulación, predisponiendo a hemorragias.
- Enfermedades renales: La insuficiencia renal crónica puede afectar la hemostasia y la eliminación de medicamentos, incrementando el riesgo hemorrágico.
- Trastornos hematológicos: Condiciones como leucemia o trombocitopatía, más comunes en adultos mayores, alteran la función o el número de plaquetas.
- Disminución de la respuesta inmune: Un sistema inmune menos eficiente puede afectar la respuesta del cuerpo a inflamaciones vasculares.
- Deshidratación: Común en la vejez, puede aumentar la viscosidad sanguínea y la probabilidad de daño vascular.
Manifestaciones y síntomas del sangrado
Los síntomas del sangrado pueden variar dependiendo de su localización y gravedad:
- Sangrado externo: Presencia de sangre visible en heridas abiertas, nariz, oídos, boca, recto o vagina.
- Hematomas: Acumulación de sangre bajo la piel, que se manifiesta como manchas de color negro o azulado.
- Síntomas generales de sangrado: Confusión o disminución de la lucidez mental, piel fría y húmeda, mareo o desmayo, presión arterial baja, palidez, pulso acelerado, dificultad para respirar y debilidad.
- Síntomas de sangrado interno: Además de los síntomas generales, pueden incluir hinchazón y dolor abdominal, dolor torácico, cambios en el color de la piel.
- Sangre en fluidos corporales: Presencia de sangre en heces (negras, marrones o rojas), orina (roja, rosa o color té), vmito (rojo brillante o marrón como café molido), o sangrado vaginal más abundante de lo normal.

Primeros auxilios y manejo del sangrado
La actuación ante un sangrado sigue principios básicos, priorizando la seguridad y la rápida atención:
Manejo del sangrado externo
- Aplicar presión directa: Es la medida más importante para detener la mayor parte del sangrado externo. Presione firmemente sobre la herida con un vendaje estéril, un trozo de tela limpio o incluso con las manos.
- Mantener la presión: Continúe aplicando presión hasta que el sangrado se detenga. Si la sangre empapa el vendaje, no lo retire; coloque otro encima.
- Limpieza de heridas superficiales: Si la herida es superficial, lávela con jabón y agua tibia y séquela suavemente.
- Retirar residuos: Retire cualquier residuo suelto o suciedad visible de la herida.
- No retirar objetos incrustados: Jamás intente extraer objetos como cuchillos o fragmentos de madera que estén clavados en el cuerpo, ya que esto puede causar más daño y sangrado. Cubra el objeto y vendaje alrededor.
- Higiene: Lávela las manos antes y después de administrar primeros auxilios, y utilice guantes de látex (o alternativos si hay alergia) para prevenir infecciones.

Manejo de heridas específicas
- Heridas en zonas críticas: Las heridas abdominales, pélvicas, de la ingle, del cuello y torácicas pueden ser muy serias debido al riesgo de hemorragia interna grave. Busque asistencia médica de inmediato y no intente devolver órganos expuestos. Cubra la herida con un paño húmedo y aplique presión suave.
- Heridas por punción: Aunque no suelen sangrar mucho, conllevan un alto riesgo de infección y tétanos. Busque atención médica.
- Lesiones oculares: La presión directa no es adecuada para lesiones oculares.
Prevención del shock
En caso de sangrado intenso, además de buscar ayuda médica, es crucial tomar medidas para prevenir el shock:
- Mantenga a la persona lesionada completamente inmóvil.
- Acuéstela horizontalmente y eleve sus pies unas 12 pulgadas (30 cm).
- Cúbrala con un abrigo o manta para mantener el calor corporal.
- Si hay sospecha de lesión en cabeza, cuello, espalda o pierna, evite mover a la persona.
Uso de torniquetes
Un torniquete es una medida de último recurso, solo para sangrado extremadamente intenso que no se detiene con presión continua y que pone en peligro la vida:
- Aplíquelo en la extremidad, 2 a 3 pulgadas (5 a 7.5 cm) por encima de la herida, evitando articulaciones. Si es necesario, colóquelo más arriba, hacia el torso.
- Utilice almohadillas o aplique el torniquete sobre la ropa para evitar dañar la piel.
- Si es casero, use vendas de 2 a 4 pulgadas (5 a 10 cm) de ancho, envuélvalas varias veces, haga un nudo, coloque un palo o varilla rígida entre nudos y gírelo hasta detener el sangrado.
- Anote la hora de aplicación del torniquete e infórmeselo al personal médico, ya que su uso prolongado puede dañar nervios y tejidos.

Cuándo buscar atención médica
Es fundamental buscar atención médica de inmediato en las siguientes situaciones:
- El sangrado no se puede controlar.
- Se requirió el uso de un torniquete.
- La lesión fue grave.
- La herida podría necesitar puntos de sutura.
- No se puede eliminar fácilmente la suciedad o la grava de la herida.
- Se sospecha de hemorragia interna o shock.
- Aparecen signos de infección: aumento del dolor, enrojecimiento, hinchazón, secreción amarillenta o marrón, ganglios linfáticos inflamados, fiebre o vetas rojas que se diseminan desde la herida.
- La lesión fue causada por una mordedura de animal o humana.
- No se ha recibido la vacuna antitetánica en los últimos 5 a 10 años.
Además, se debe buscar atención médica inmediata para cualquier herida abdominal, pélvica, de la ingle, del cuello o torácica.
Sangrado menstrual abundante (menorragia) en mujeres mayores
Aunque el tema principal es el sangrado en adultos mayores en general, es importante mencionar que el sangrado menstrual abundante (menorragia) puede afectar a mujeres posmenopáusicas, siendo un síntoma que requiere investigación.
Metrorragia posmenopáusica (MPM) se refiere al sangrado genital que ocurre después de un año de amenorrea. La metrorragia senil (MS) es la MPM en mujeres de 70 años o más.
Causas de MPM/MS incluyen anomalías estructurales como pólipos endometriales, fibromas o miomas uterinos, y adenomiosis. También puede estar relacionada con enfermedades crónicas, alteraciones de la coagulación o anovulación. El cáncer de endometrio es una causa seria a descartar, presentándose en un porcentaje significativo de los casos de sangrado posmenopáusico.
El diagnóstico suele implicar ecografía transvaginal, biopsia de endometrio, histeroscopia y, en algunos casos, legrado uterino. El tratamiento es individualizado y puede incluir desde medicamentos hasta procedimientos quirúrgicos como la ablación endometrial o la histerectomía.
