La situación de los niños, niñas y adolescentes (NNA) bajo la protección del Estado en Chile ha vuelto a generar preocupación tras nuevos incidentes de fugas y denuncias de maltrato. Estos eventos ponen en evidencia las profundas falencias de un sistema que, pese a cambios de nombre y promesas de reformas, sigue sin garantizar plenamente los derechos de la infancia.
Fugas Recientes: El Caso de la Residencia Catalina Kentenich en Rancagua
Una vez más, el Servicio Nacional de Menores (Sename), ahora conocido como Mejor Niñez, se encuentra envuelto en la polémica. Recientemente, nueve menores de entre 7 y 12 años huyeron de la residencia Catalina Kentenich en Rancagua, administrada por la Fundación María Ayuda, uno de los órganos colaboradores del Sename. El incidente ocurrió alrededor de las 17:00 horas del domingo.
Una joven, Camila Valenzuela (también mencionada como Camila Constanza), se encontró con los menores, quienes corrían desesperados, descalzos y algunos con el torso desnudo. Al ser consultados, los niños denunciaron malos tratos, por lo que la mujer realizó una videollamada a su madre, Gabriela Valenzuela, para dar cuenta de la situación y posteriormente llevarlos a su casa. Según detalló la madre, los pequeños estaban en malas condiciones, sucios y semidesnudos. Los niños aseguraron haber escapado debido a las agresiones sufridas en la residencia y señalaron que no querían llamar a Carabineros, ya que los regresarían al hogar.

Reacciones y Protocolos ante las Fugas
La Fundación María Ayuda informó que se "activaron los protocolos pertinentes a fin de generar las acciones de ubicación y rescate de los niños y niñas por parte del equipo profesional". Sin embargo, la situación generó inmediatas reacciones en el ámbito político. El diputado Juan Luis Castro (PS) sostuvo que "la realidad del Sename de O’Higgins es escandalosa", señalando problemas recurrentes e ingobernabilidad. La diputada Natalia Castillo, por su parte, afirmó que "este sistema ya no da para más" y urgió al Gobierno a dar celeridad a la Ley General de Garantías de la Niñez, que su sector rechazó mayoritariamente semanas antes.
El Sename, en un comunicado, explicó que en 2019 se implementaron nuevos requisitos y procedimientos para el registro de "abandonos" o "desistimiento de programa", los cuales antes no contaban con un criterio único. Los protocolos actuales establecen, como mínimo:
- Presentar una denuncia por presunta desgracia.
- Informar al tribunal de Familia correspondiente a más tardar el día hábil siguiente.
- Informar a familiares o adultos significativos.
- Comunicarse con amigos y el colegio.
Si el menor es ubicado o regresa, se informa al tribunal. Si transcurren 60 días sin lograr su ubicación, se solicita declarar el egreso al tribunal.
La Cruda Realidad de los Niños Escapados: Experiencias en la Calle
Las historias de niños y adolescentes que escapan de los centros de protección del Estado no son nuevas. La calle se convierte a menudo en su siguiente "hogar", exponiéndolos a múltiples peligros. Un ejemplo de esto es el grupo de jóvenes que vivía en una casona abandonada, conocida como "el Tribunal", frente a la biblioteca central de la Universidad Diego Portales. Esta propiedad, que pertenece a Gendarmería y llevaba una década abandonada, ya se había incendiado en dos ocasiones.

El Incendio de la Casona y la Vida Cotidiana
El relato de Bryan (13), Kevin (15) y "Capullo" (20) tras un incendio en su "hogar" improvisado es desgarrador. Bryan alumbró en la oscuridad con un papel encendido que no se apagó del todo, provocando las llamas que devoraron el edificio. Se salvaron por muy poco, la mayoría vivía en la tercera planta. Estos jóvenes, algunos de los cuales provenían de centros como el Cread Pudahuel y Playa Ancha, se sienten más seguros fuera de las instituciones, a pesar de los riesgos de la calle.
En el "Tribunal", un lugar laberíntico y oscuro con ventanas quebradas y un olor picante, dormían nueve adolescentes. Johans, uno de los mayores, era una figura compleja, a veces agresiva, bajo el efecto de sustancias. La vida en la calle los obliga a "machetear" dinero, buscar comida en hospitales donde voluntarios reparten consomé, leche y té, y organizarse para sobrevivir día a día, acogiendo a nuevos integrantes que escapan del Cread.
Biografías Marcadas por la Vulneración
Las historias de estos jóvenes son biografías calcadas de vulneración:
- Bryan: Estuvo en Cread de Playa Ancha, hogar "Aldea Mis amigos", Cread Pudahuel, y finalmente la Casona. Muestra más de veinte marcas de cortes en el antebrazo y consume tolueno.
- Matías: El mayor del grupo, pasó por más de siete residencias y centros cerrados hasta el Cread Pudahuel. Fue líder en la casona, cocinaba, limpiaba y defendía a los más chicos.
- Pilar (16): De Trujillo, Perú, huyó de un padre que la hizo trabajar y la golpeaba. Escapó del Cread Pudahuel saltando un muro de casi tres metros, siguiendo a su novio Fermín. Denunció golpes al interior del Cread.
- Alicia (15): En el Cread desde los 12 años, su madre la golpeaba desde muy pequeña.
- Antonio (16): Llegó al Cread porque su madre era consumidora de pasta base.
- Fermín: Llegó al Cread por negligencia parental; sus padres cartoneros no contaban con recursos para cuidarlo.
Matías, Felipe y otros jóvenes reconocen que, aunque intenten encontrar otro lugar, siempre deberán empezar de cero. El grupo se ha "parentalizado" para suplir lo que les falta, formando una especie de familia en la calle. Prometen irse del 'Tribunal', pero de alguna manera saben que volverán. A pesar de la cruda realidad, buscan pequeños momentos de felicidad, como celebrar el cumpleaños de Kevin con unas pizzas.
VIDEO DOCUMENTAL PERSONAS EN SITUACIÓN DE CALLE
El Sename y sus Consecuencias: Cifras y Denuncias
Los "abandonos" por parte de NNA desde centros de protección del Sename (colaboradores o de administración directa) han sido una situación recurrente. Cifras entregadas por el Sename a Emol revelan que entre 2010 y 2019 se registraron 4.360 abandonos desde las residencias de protección a lo largo del país. La mayor cifra se dio en 2010 con 889 casos, con un promedio de dos abandonos al día. Si bien esta cifra disminuyó a 54 abandonos en 2019, Marcelo Sánchez, gerente general de la Fundación San Carlos de Maipo, es crítico y sugiere que la disminución puede estar relacionada con un menor número de niños en residencias y un posible subregistro de niños no reportados como desaparecidos.
Para Marcelo Sánchez, "son los abusos, vulneraciones y malos tratos los que motivan la fuga", acotando que "hay una relación directa entre las fugas y las residencias con más denuncias". Además, señala un "actuar negligente en evitar la fuga y procurar la búsqueda", ya que las policías no dan abasto con las miles de órdenes, y las procesan fuera de tiempo, incluso cuando la cautelar ya no tiene sentido. Recalca que "no es posible que no se les asigne prioridad en la búsqueda si son los que se encuentran más expuestos a peligros".
Peligros de la Calle y Fallas del Sistema
Los NNA que escapan se exponen a graves peligros: ser víctimas de explotación sexual comercial infantil (se estima más de 4 mil niños a nivel nacional), reclutamiento delictivo, consumo y tráfico de drogas, desescolarización, violencia y muerte. La mayoría de los que son encontrados han sufrido lesiones y un porcentaje relevante abuso sexual. Estos abandonos también perjudican sus programas de protección, que ya de por sí, a menudo no responden a sus necesidades especializadas en salud mental o espacios protectores como la escuela. La defensora de la Niñez, Patricia Muñoz, lamenta que muchas de sus recomendaciones no son atendidas por los organismos, lo que "constituye no sólo una evidente omisión para con nuestra institución sino que, en lo que resulta realmente grave, una manifiesta desatención del deber de asegurar la atención y protección debida".
Muñoz concluye que los NNA "siguen expuestos a la concepción de un Estado incapaz de responder eficiente y oportunamente a la garantización de sus derechos y que sigue actuando desde una mirada paternalista y asistencialista, sin comprenderlos como sujetos de derecho y no como meros objetos de techo y comida en dichos recintos".
Análisis de Expertos y Propuestas de Solución
Expertos en infancia coinciden en que el sistema de protección chileno requiere un cambio estructural profundo. En 2018, el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas realizó un lapidario informe, señalando que Chile ha violado grave y sistemáticamente los derechos garantizados en la Convención de Derechos del Niño por más de 30 años. Solo tras la trágica muerte de Lisette en el Cread Galvarino en 2016, la atención pública se volcó a la protección de la infancia, pero las reformas estructurales aún no han llegado.
El Rol del Estado y la Nueva Institucionalidad
Hay un problema cuando el Estado se desentiende de su rol a partir de la entrega de recursos a instituciones colaboradoras que no tienen la experticia ni el interés para trabajar con los NNA. Carlos Vöhringer, director técnico nacional de infancia vulnerada en el Hogar de Cristo, señala que es "impresionante que tres niños pequeños hayan pasado seis días solos en la vía pública sin generar ninguna reacción de parte de los adultos". Este reflejo muestra cómo la sociedad no está viendo a los NNA como sujetos de derecho. A pesar de haber firmado la Convención de los Derechos del Niño hace más de 30 años, Chile recién está viendo una Ley de Garantías de la Infancia que puede traducir en la práctica esa protección.
El cambio estructural del sistema implica no solo tener la ley de protección integral de derechos, sino también generar políticas de garantías de derechos de carácter universal, invertir grandes recursos en el sistema de protección especializada y apoyar a las familias para que los NNA no ingresen al sistema por pobreza. Además, se necesita personal profesional especializado que pueda tratar a los niños.
El nombre de la nueva institucionalidad, Mejor Niñez, es cuestionable para algunos, pues más parece un efecto propagandístico que una real voluntad de cambio. Para Vinka Jackson, psicóloga especialista en trauma, "la mejor niñez debe tener dentro de sus prioridades esa herramienta: el manejo del trauma por abuso para contener situaciones de crisis emocional".

Modelos Residenciales y Familias de Acogida
Carlos Vöhringer comenta que hace pocos años las residencias eran espacios iatrogénicos, que más bien vulneraban gravemente los derechos de niños y niñas, en vez de repararlos. Eran recintos de encierro con equipos deficientes y espacios precarios. Hoy se busca un cambio de paradigma hacia un modelo de residencia mucho más terapéutico, con un enfoque de cuidado, con un máximo de 12 residentes. Otro aprendizaje importante es trabajar con la familia, muchas veces vistas como antagonistas.
El Hogar de Cristo lideró un piloto de residencias de protección de alto estándar que, aunque ha mejorado los estándares de calidad y la división por tramos etarios, no es la solución ideal. Lo ideal es que ningún niño o niña termine en una residencia, sino que estén con un familiar directo. Carlos Vöhringer valora las familias de acogida como política pública, pues son una herramienta de contención familiar efectiva, aunque faltan más y capacitación. Francisco Covarrubias, presidente de la Fundación ProAcogida, confirma que las familias de acogida son poco conocidas, pero son una política pública robusta que puede generar un vínculo fortísimo. Reciben una subvención mensual por niño y su duración busca ser de máximo un año y medio para el posible retorno a la familia de origen.
Desafíos Pendientes: Egresados, Explotación y Trauma
Uno de los grandes temas es qué pasa con los jóvenes que egresan del sistema al alcanzar la mayoría de edad. "Están egresando a la calle, directamente", afirma Vöhringer, quien señala la falta de un programa efectivo de apoyo a la vida interdependiente, que incluya subsidios al arriendo, acceso a la educación superior y oportunidades de empleo. La experiencia de la red de explotación sexual comercial en torno a una residencia piloto del Hogar de Cristo, que llevó a la revictimización de cinco niñas en un juicio repetido, es un ejemplo desolador de los peligros que enfrentan.
Vinka Jackson enfatiza la necesidad de formación en manejo de trauma complejo para todos los profesionales que trabajan con NNA, desde psicólogos y profesores hasta abogados y médicos. Lamenta la falta de apoyo post-egreso y la "indignación ética" que provoca ver a jóvenes como Andrés, quien egresó a los 18 años y terminó viviendo en la calle, cuando aún les quedan años de desarrollo cerebral. Destaca que la responsabilidad es de todos: "Acá cada gesto aporta, salva, ayuda".