La sociedad ha sido testigo de una serie de crímenes impactantes, muchos de ellos involucrando a jóvenes y victimizando a personas de edad avanzada. Estos sucesos no solo revelan una alarmante ola de violencia, sino que también ponen de manifiesto problemas subyacentes como la soledad, el abandono y la falta de oportunidades para ciertos segmentos de la población.
Crímenes por robo y asesinato
Asesinato de un turista en Gran Canaria
La Policía Nacional detuvo en Tenerife a un joven de 23 años, señalado como responsable del asesinato de un turista de 84 años en un establecimiento de Gran Canaria. El crimen ocurrió el pasado 15 de marzo en Maspalomas. Según fuentes de la investigación, el agresor y la víctima acordaron verse a través de una aplicación de citas. Se presume que el sospechoso golpeó al anciano hasta causarle la muerte en el momento en que este lo descubrió sustrayendo sus pertenencias.
Los investigadores analizan si el suceso fue un hecho puntual o si el detenido llevaba tiempo usando estas plataformas de encuentros sexuales con el propósito de robar a sus víctimas. Todo apunta a que el modus operandi se centraba en turistas de edad avanzada y sexo masculino. La pareja del arrestado, una mujer de 44 años, también fue puesta a disposición de la justicia, quedando en libertad provisional con la obligación de presentarse periódicamente ante el juzgado, mientras que el joven ingresó en prisión provisional.
Asesinato en Naguabo, Puerto Rico
Jenniel Alexander Rodríguez García, de 18 años, fue sentenciado a 62 años de cárcel en el Tribunal de Humacao por el asesinato de Henry Irizarry, de 75 años, y Genevive Rodríguez, de 80, en su residencia en Naguabo. La jueza Marielis Rosario dictó una pena de 50 años por asesinato en segundo grado y 12 años por violación a la Ley de Armas, sumando 62 años de cárcel que cumplirá de manera consecutiva. Según la pesquisa, el joven asesinó a las víctimas al ser descubierto intentando hurtar un vehículo de motor en la residencia de la pareja. Rodríguez García fue capturado en un motel de Naguabo tras varios días de búsqueda.
El crimen de Lucía y Rafael en Otxarkoaga (Bilbao)
El suceso que más ha conmocionado a la sociedad vasca es el crimen de Lucía y Rafael, un matrimonio de ancianos de 87 años, naturales de Zamora y residentes en el barrio de Otxarkoaga (Bilbao) durante más de 40 años. El pasado día 18, tres adolescentes -dos de 14 años y uno de 16- entraron en su casa. A Lucía la apuñalaron y a Rafael lo mataron a golpes y navajazos.
Estos tres menores, de etnia gitana y procedentes de familias desestructuradas, venían sembrando el terror en el barrio desde hace al menos dos meses. Tenían un dilatado historial policial para su corta edad y habían protagonizado numerosos hurtos. Uno de ellos era vecino del barrio; los otros dos venían de fuera a "pegarle el palo a los viejos". Daban tirones a los bolsos, metían la mano en los cestos y allanaban moradas, siempre con ancianos como víctimas.
Vecinos relataron que Lucía y Rafael eran muy conocidos por haber regentado una tienda de pinturas. "Por eso sabían los agresores que tenían dinero", aclaró un vecino. Sin embargo, hacía mucho tiempo que habían traspasado el comercio; Rafael había sufrido un ictus y su movilidad era muy limitada. Los agresores, que se juntaban en un porche frente a la casa de las víctimas para fumar porros, los estuvieron vigilando. Se desconoce qué treta usaron para que Lucía les abriera la puerta; a ella la acuchillaron y mataron primero, y luego a Rafael lo apalearon.
Álvaro Pérez, presidente de la asociación de vecinos de Otxarkoaga y educador, lamentó que "se podía haber evitado", ya que llevaban tiempo avisando a la administración sobre la conducta de esos jóvenes. Cristobal Rivera, secretario de la Asociación de Familias de Otxarkoaga, coincidió en el diagnóstico: "No es un barrio conflictivo, pero de un tiempo a esta parte sí que hemos tenido problemas protagonizados por menores".
Somos Adolescentes no delincuentes
La problemática de la delincuencia juvenil en Bilbao
Tanto las asociaciones del barrio como los vecinos tienen claro que los menores se sienten intocables debido a su inimputabilidad por la edad. Álvaro Pérez señaló la necesidad de actuar en el colegio, obligar a los jóvenes a hacer servicios sociales o que sus familias respondan por sus actos.
Este crimen no ha sido el único protagonizado por menores en Bilbao. El 23 de diciembre, un joven de 16 años y otro de 13 mataron al exfutbolista Ibon Urrengoetxea. Una semana más tarde, cuatro menores violaron a una niña en un trastero de Barakaldo, y días después, varios individuos atracaron a dos jóvenes, a uno de los cuales le saltaron un ojo. Detrás de estos sucesos se esconde una banda de delincuentes juveniles autodenominada "The Ghetto Family", que tiene atemorizados a los vecinos de varios barrios de Bilbao.
Tragedias por suicidio en adultos mayores
El pacto de muerte de Jorge y Elsa
En un caso que destaca la desesperanza y la soledad, Jorge Olivares Castro (84) y Elsa Ayala Castro (89), casados durante 55 años, decidieron poner fin a sus vidas. Jorge tomó su revólver Smith and Wesson calibre 38 y disparó en la sien izquierda de Elsa, quien quedó tendida en su cama, agonizante. Segundos después, Jorge disparó nuevamente y se suicidó.
Los vecinos escucharon dos estallidos casi simultáneos. Pedro Rodríguez Noreña (57), a metros del lugar, pensó que la aspiradora de su taller se había averiado. Poco después, observó movimiento y la llegada de ambulancias, aunque al principio no le llamó la atención, ya que sus vecinos eran atendidos regularmente por personal del Centro de Salud Familiar. Solo cuando llegaron los vehículos de Carabineros, entendió lo que había ocurrido. "Eso fue por amor", sentenció.

Una vida compartida y una dolorosa despedida
Jorge y Elsa se conocieron a fines de los años 50. Él era taxista y ella asesora del hogar. Se casaron en 1963 y, aunque no tuvieron hijos biológicos, tenían muchos sobrinos. Sin embargo, la ausencia de familiares les pesaba; Elsa a veces recordaba una gestación fallida y hablaba de su "niño muerto". Jorge nunca tocó el tema.
Estaban solos, viejos, adoloridos y cansados. Elsa llevaba más de dos años postrada, padecía cáncer de colon ramificado, úlceras varicosas y había iniciado la primera etapa de demencia senil. Jorge enfrentaba una hernia lumbar y neumonía. La situación se había vuelto cada vez más compleja; Elsa sufría ataques de dolor y Jorge casi no dormía atendiéndola.
El sobrino, Alan Sanhueza Ayala (54), había decidido que Elsa fuera internada en un asilo. El traslado se programó para un viernes, pero Jorge pidió un día más para arreglar una maleta. El viaje de Elsa nunca se concretó. "Yo creo que mi tío no quiso que lo separaran de su mujer y por eso hizo lo que hizo", reflexionó Alan.
La labor de Denisse Gallardo Rojas
Denisse Gallardo Rojas (33), una paramédico que los conocía desde agosto de 2017 a través del Programa Postrados del Cesfam de Conchalí, se convirtió en el principal soporte de la pareja. Jorge le había comentado en una primera visita: "Cuando ya no la pueda cuidar, será hora de que partamos los dos".
Denisse no solo brindó asistencia clínica, sino que también les ofreció su número de teléfono particular, acudiendo a cada llamada de Jorge para ayudar con el aseo, las curaciones de Elsa o las compras del supermercado. Tenía su propia llave de ingreso y se esforzaba por traerlos a la vida, organizando comidas, celebrando las Fiestas Patrias y la Navidad. Jorge se emocionó cuando Denisse prometió llevarlos a la playa, pero también le insistió: "Hija, siga con sus cosas, no puede pasar pendiente de nosotros".
La mañana del suicidio, Jorge llamó a Denisse para desayunar con ellos y le habló de sus alegrías pasadas, dolores presentes y el ritual establecido para su muerte. Más tarde, Alan encontró a Elsa sobre la cama aún respirando y a Jorge en el suelo, ya muerto. Elsa falleció en el Hospital San José. Alan relató que Jorge le había pedido que los cremaran, sin misa ni funeral, y que sus cenizas "quedaran en los cerros de Colina".
Reflexión sobre el abandono y la soledad
Nicolás Orellana Mardones (25), un enfermero que conoció a Jorge y Elsa durante su práctica en el Cesfam Lucas Sierra, se conmovió por la ternura con que se trataban y la soledad de su hogar. Él cree que lo que faltaba era una razón para seguir viviendo. "Me duele lo que pasó, porque la vida no es injusta. El ser humano es injusto. Llegar a una situación así, estar abandonados. Por un acto de amor, por no separarse, hicieron esto", comentó Nicolás.
Durante su internado, y después de él, Nicolás siguió visitándolos, incluso celebrando su cumpleaños número 25 con ellos. Dos semanas antes del suicidio, Jorge se quejaba de no tener fuerzas para seguir el ritmo de la gente y de sentirse una carga. La conversación fue premonitoria: Elsa reafirmó la decisión de irse juntos "cuando llegara el momento".
En el parte policial se consignó que no hubo signos de violencia ni intervención de terceros. Este caso resalta la cruda realidad de los adultos mayores que se sienten abandonados y sin opciones. En Chile, los adultos mayores son el grupo etario con la tasa de suicidio más alta del continente (13,6 casos por cada 100 mil habitantes), predominando los mayores de 80 años y, en el 88% de los casos, hombres. Los factores comunes son la desesperanza, la soledad, sentirse una carga y no valerse por sí mismos.