En el ámbito de la comunicación, a menudo utilizamos frases y expresiones que, sin intención, pueden resultar discriminatorias. Estas palabras tienen el poder de perpetuar estereotipos y prejuicios que impactan negativamente a comunidades enteras. Por ello, es fundamental reflexionar sobre nuestro lenguaje cotidiano y ser conscientes del efecto que nuestras palabras pueden generar.
Lo que se considera un lenguaje aceptable con respecto a las discapacidades ha evolucionado drásticamente con el tiempo, y las normas continúan adaptándose a medida que se desarrolla la comprensión y las percepciones. Muchos de los términos que se mencionan a continuación fueron ampliamente utilizados y no siempre se consideraron ofensivos, pero ahora se considera ampliamente que implican inferioridad o tienen otras connotaciones negativas.

La evolución del concepto de discapacidad
El concepto de discapacidad ha evolucionado significativamente en los últimos tiempos. La discapacidad ha dejado de ser entendida como un defecto o algo inherente a la persona para sacarlo fuera de ella, y ahora se concibe como una situación que depende del contexto. La discapacidad, por tanto, deja de ser un atributo de la persona para convertirse en una situación. Son las barreras que encontramos en nuestro día a día al interactuar con el ambiente las que van a generar las situaciones de discapacidad y las que van a impedir la participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás. Todas las personas tenemos nuestras capacidades e incapacidades, pero todos somos iguales y nadie es mejor que nadie.
Una de las principales barreras a las que se enfrenta este colectivo son los estereotipos, los prejuicios y las actitudes negativas. El lenguaje no puede dejar de estar habitado por ideas, creencias e, incluso, intenciones. Las palabras que elegimos para nuestros discursos no son azarosas, sino que responden al imaginario y sentido común instalado socialmente. Por eso, es muy importante ser cuidadosos y conscientes de nuestros discursos, así como corregir nuestras expresiones. En este sentido, muchas veces sin mala intención solemos reproducir términos y expresiones que, lejos de promover la inclusión, perpetúan un imaginario desde la pasividad, la lástima y la compasión, o bien una infantilización que descree de la posibilidad de las personas con discapacidad de ser autónomas e independientes.
Términos a evitar y su impacto
Históricamente, la persona con discapacidad ha sido percibida desde la falla y falencia, desde un modelo médico que ha atravesado a la sociedad. Por eso, no es casual que elijamos ciertos términos que invitan a la exclusión e incluso la estigmatización. Sin embargo, es hora de revisarlos y deconstruirlos. A continuación, se detallan algunas de las frases y palabras que se deben evitar, junto con la explicación de su impacto negativo:
"Un discapacitado/a"
Tal vez el más común a la hora de referirnos a las personas con discapacidad, invita a percibir al sujeto desde una falta de capacidades, así como a cosificar, entendiendo la discapacidad como determinante en una persona. De hecho, afirmar “un discapacitado/a” pone el énfasis y acento en la discapacidad. Y aunque muchas personas pueden identificarse a partir de su condición como “autistas” o “sordos”, es importante no recurrir a la generalización y recordar siempre que nos referimos a personas.
"Persona con capacidades diferentes"
Aunque muchas personas continúan creyendo que la discapacidad tiene que ver con “otras capacidades”, lo cierto es que hablar de “persona con capacidades diferentes” es erróneo, ya que habilita a considerar a las personas con discapacidad como partes de otro mundo o “extraordinarias” y no como parte de la sociedad. Todas las personas tenemos capacidades y necesidades diferentes (alimentarse, vestirse, etc.), así como distintas y diversas formas de hacer y de ser que serán desarrolladas dependiendo del entorno que acompañe (algunas personas utilizarán apoyo, ayuda, diferentes tiempos y ritmos). Por eso es que este término es un eufemismo que segrega.
"Personas especiales o con capacidades especiales"
Entre otras palabras que se utilizan para hablar de alguien con discapacidad se encuentra “especial”. Sin embargo, lo cierto es que ninguna de estas personas puede adivinar el futuro, y por eso esa palabra solamente puede actuar como un eufemismo. La categoría de especial para referirse a personas con discapacidad y sus necesidades, las mismas que cualquier otra persona, no hace sino enfatizar socialmente la diferencia y seguir reproduciendo un modelo que al mismo tiempo que las convierte en héroes, las infantiliza. Una perspectiva que, en lugar de generar oportunidades, tiende a minimizar y menospreciar las reales capacidades y posicionar a los individuos no como personas poderosas, sujetos de derecho, sino como eternos niños que deben ser rehabilitados, asistidos y que requieren de dependencia. Un asistencialismo que, en verdad, no responsabiliza al entorno de las dificultades que atraviesan las personas con discapacidad, sino que genera vocablos para minimizar esa responsabilidad.

"Anormal" o "Inválido/a"
Todavía se suele utilizar la dicotomía “normal/anormal” para hacer alusión a personas con ciertas características, como si existieran personas que están bien y personas que están mal, muy ligado a parámetros de normalidad y belleza construidos históricamente. Y aunque es importante recordar que existe una determinada condición médica que atender, esto no puede limitar las oportunidades y los derechos que una persona debe obtener de la sociedad para poder participar activamente de todos los ámbitos. Entonces, parece oportuno revisar la categoría de “normal” para reemplazarla por “diversidad”, que será la que posibilitará una plena convivencia e inclusión de todas las personas sin importar sus circunstancias.
"Padece o sufre" o "Tiene un problema"
Existe un imaginario que piensa a las personas con discapacidad como seres sufridos o víctimas, lo cual se plasma en expresiones como “padece” o “sufre”. Si bien claramente existen diferentes situaciones que variarán de acuerdo a cada persona, esta generalización no hace otra cosa que acentuar la pena y la lástima. De este modo, se sigue considerando a la persona con discapacidad como pasiva y carente de capacidades, derivando en diversos obstáculos y barreras del entorno. En este sentido, hablar de “un problema”, y no de “una condición”, también implica acentuar un paradigma de normalidad, haciendo responsable a la persona sin contemplar el entorno que debe garantizar la igualdad de oportunidades. Por otro lado, la utilización de diminutivos como “cieguito/a”, “sordito/a” no colabora al perpetuar esta idea y una infantilización que cree a las personas con discapacidad como “niños/as eternos”.
Otros términos a evitar
- Apto: se refiere a una persona que no tiene una discapacidad.
- Sordos y mudos: evite estos términos, ya que a menudo se usan incorrectamente y pueden ser ofensivos.
- Demente, senil: evite describir a alguien de esta manera. Utilice términos que pongan la palabra “persona” al principio.
- Epiléptico: el término convulsión se prefiere cuando se refiere a la breve manifestación de síntomas comunes entre los que tienen epilepsia.
- Retrasados mentales: siempre trate de especificar el tipo de discapacidad a la que se está haciendo referencia.
- Parapléjico: evite referirse a un individuo como parapléjico.
- Vegetal: utilice mejor expresiones como "una persona en estado vegetativo".
El término correcto: "Persona con discapacidad"
Hoy en día, asistimos a un cambio de paradigma de la discapacidad que pretende dejar atrás una concepción que pone el énfasis en la falencia, para pasar a prestar atención a las barreras y obstáculos que impone la sociedad y pone a la persona en el centro. Entonces, desde la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y el movimiento activo de las mismas personas con discapacidad, se define un término correcto: persona con discapacidad. Este término no concibe la discapacidad como algo prioritario e inherente al individuo, sino como una consecuencia de la relación e interacción entre una persona con cierta condición y las barreras y obstáculos de la sociedad que la acentuarán o disminuirán.
La discapacidad no existe por fuera del entorno que la genera. Por eso, además del nombre de pila, términos correctos son: Persona Sorda (y no sordomudo, ya que su condición implica la audición y no el habla), persona con discapacidad intelectual o persona con autismo, persona con síndrome de Down. Poner el énfasis en la persona, en lugar de la condición, implica avanzar hacia una sociedad que genere las adaptaciones y apoyos que se necesiten. Es importante recordar que siempre el nombre de pila será el más oportuno para referirnos a una persona con discapacidad, ya que de ese modo evitaremos quitar la individualidad y la cosificación. Construir un mundo más empático, solidario y abierto es una responsabilidad de toda la sociedad, y evitar estos términos colaborará para construir un lenguaje más inclusivo. Así es que necesitamos un abordaje integral que conciba la discapacidad desde la diversidad para avanzar en la aceptación de lo distinto y diferente. Parece ser un camino correcto revisar, pensar y modificar nuestras palabras. En definitiva, el lenguaje construye un mundo y las acciones lo consolidan.

Frases a evitar en la interacción cotidiana
Rachelle Friedman, una mujer cuadrapléjica desde 2010, ha compartido su experiencia y las frases que jamás deberían decírsele a las personas que están en silla de ruedas. Sus observaciones, aunque a menudo pronunciadas con buena intención, pueden ser recibidas de manera diferente por la comunidad de personas con discapacidad.
1. "Eres tan hermosa para estar en una silla de ruedas"
Existe una gran idea falsa de que las personas en silla de ruedas son poco atractivas, desaliñadas y descuidadas. Sin embargo, las lesiones en la médula espinal y otras discapacidades no discriminan a la gente atractiva. Si bien un piropo es bienvenido, esta frase implica una sorpresa o un juicio basado en la condición de discapacidad.
2. "Yo sé exactamente cómo te sientes, yo me quebré una pierna"
Las lesiones en la médula espinal y otras discapacidades graves incluyen una plétora de otras cuestiones que no se equiparan con una pierna enyesada. Comparar experiencias tan dispares minimiza la realidad y los desafíos que enfrentan las personas con discapacidades permanentes.
3. "Eres una real inspiración"
Si bien en algunos contextos puede ser apropiada, a menudo esta frase se usa cuando una persona con discapacidad realiza actividades cotidianas. Para muchos, esto equivale a "Si fuera tú no creo que sería capaz de salir de mi casa". No es inspirador que una persona con discapacidad realice tareas mundanas que cualquier adulto hace; es simplemente vivir. Esto puede hacer que se sientan incómodos y señalados por hacer cosas normales.
Frases Oscar López "El 80% de las personas con discapacidad no tiene trabajo"
4. "Me estacioné en el puesto para discapacitados por un segundo"
Esta es la excusa número uno que se da cuando se enfrenta a alguien que ilegalmente se estacionó en un puesto para discapacitados. Es un acto que demuestra falta de consideración y respeto por las necesidades de las personas con discapacidad, quienes también tienen derecho a llegar a reuniones y estar en lugares sin enfrentar obstáculos adicionales.
5. "Todo pasa por una razón"
Para algunos, este pensamiento puede ser una fuente de esperanza, pero para otros, es otra forma de decir que “el destino quería que te hirieras para que otros se dieran cuenta de que sus vidas no son tan malas después de todo”. A veces, las cosas malas simplemente ocurren sin motivo aparente, y las personas pueden elegir sobreponerse a la tragedia y darle un impacto positivo a su vida.
6. "Espera, ¡déjame ayudarte!"
Aunque la intención es amable, la pérdida de independencia es una preocupación constante para muchas personas con discapacidad. Ofrecer ayuda sin que la pidan puede quitarles la oportunidad de mantener un sentido de "normalidad" y autonomía. Las personas en esta situación se acostumbran a pedir ayuda cuando realmente la necesitan.
7. "Eres tan social"
El hecho de que una persona con discapacidad sea social no debería ser motivo de sorpresa o comentario. Esta frase puede implicar que la sociedad espera que las personas con discapacidad sean ermitañas o se aíslen, lo cual no es el caso.
8. "Tu marido es un verdadero hombre por quedarse contigo"
El amor y el compromiso en una relación no deben basarse en la compasión o en lo "moralmente correcto" debido a la discapacidad de uno de los cónyuges. Esta frase menosprecia la relación y sugiere que el amor no sería suficiente si no fuera por la discapacidad, dejando un sabor amargo a las parejas.
9. "Con una buena actitud podrás volver a caminar"
No funciona de esa manera. Aunque una buena actitud es importante, las lesiones de algunas personas son severas y no se curan solo con la voluntad. Para muchos, la recuperación de funciones depende de la ciencia y la terapia, no solo de la actitud. Muchas personas han recuperado funciones con mala actitud, y millones en silla de ruedas han mostrado gran determinación sin recuperar su movilidad.
10. Hablar con voz aguda o condescendiente
Hablar con una voz aguda o infantil a una persona con discapacidad es irrespetuoso y condescendiente. Las personas con discapacidad son adultos y merecen ser tratados como tales, sin importar su condición.
Si has dicho alguna de estas frases, no te sientas mal (a menos que te hayas robado el estacionamiento de un discapacitado). No nos sentiremos enojados u ofendidos, pero queremos que la gente entienda. No somos inspiradores para vivir nuestras vidas cotidianas, completando las tareas mundanas a las que como adultos estamos sometidos. Las parejas sin discapacidad de personas con discapacidad no son héroes; solo aman a sus medias naranjas como cualquier otra persona. No necesitas darnos palmaditas de consuelo en nuestra espalda (¡o CABEZA!) solo porque te estás yendo de nuestras casas. Casi todo el mundo enfrenta penurias y dificultades en algún momento.
Barreras comunes para las personas con discapacidad
A menudo, existen múltiples barreras que pueden dificultar extremadamente el desempeño de las personas con discapacidades, y hasta hacerlo imposible. A continuación, se presentan las siete barreras más comunes:
1. Barreras de actitud
Las barreras de actitud son las más básicas y contribuyen a otras barreras. Por ejemplo, algunas personas pueden no ser conscientes de que las dificultades para llegar o entrar a un lugar pueden limitar la participación de una persona con una discapacidad en las actividades comunes y de la vida cotidiana. El estigma, el prejuicio y la discriminación dentro de la sociedad pueden provenir de las ideas que las personas tienen acerca de la discapacidad. Actualmente, está mejorando el entendimiento que tiene la sociedad acerca de la “discapacidad” al aceptarla como algo que ocurre cuando las necesidades funcionales de una persona no son abordadas en su entorno físico y social.
2. Barreras de comunicación
Son las que experimentan las personas que tienen discapacidades que afectan la audición, el habla, la lectura, la escritura o el entendimiento, y que usan maneras de comunicarse diferentes a las utilizadas por quienes no tienen estas discapacidades. Ejemplos incluyen mensajes de promoción de la salud escritos con barreras que impiden que las personas con deficiencias de la visión los reciban, o mensajes de salud auditivos que puedan ser inaccesibles para las personas con deficiencias de audición.
3. Barreras físicas
Son obstáculos estructurales en entornos naturales o hechos por el hombre, los cuales impiden o bloquean la movilidad (desplazamiento por el entorno) o el acceso.
4. Barreras políticas
Con frecuencia están ligadas a la falta de concientización o a no hacer cumplir las leyes y regulaciones existentes que exigen que los programas y las actividades sean accesibles para las personas con discapacidades.
5. Barreras programáticas
Limitan la prestación eficaz de un programa de salud pública o atención médica a personas con diferentes tipos de deficiencias.
6. Barreras de transporte
Se deben a la falta de transporte adecuado que interfiere con la capacidad de una persona de ser independiente y de funcionar en sociedad.
7. Estereotipos sobre la autonomía y las capacidades
Frases como "las personas con discapacidad siempre serán como niños, no pueden ser independientes" son prejuicios que limitan las posibilidades de los individuos. Las personas con discapacidad son seres humanos con la capacidad de crecer, aprender y ser autónomas si se les brindan las oportunidades y apoyos adecuados.
Además, la creencia de que "las personas con discapacidad representan un segmento muy pequeño de la población" es incorrecta. En países como Estados Unidos, alcanzan el 19% de la población total, lo que demuestra que es un colectivo significativo.
Desmintiendo prejuicios sobre la sexualidad y felicidad
Los hombres y mujeres con discapacidad son seres humanos y, por lo tanto, tienen sexualidad, ya que esto es una necesidad biológica. Además, las personas con discapacidad pueden disfrutar del amor, expresar su sexualidad y también tener relaciones sexuales si lo desean. No hay limitaciones preestablecidas. La idea de que "las personas con discapacidad desean que desaparezca la discapacidad con la que viven. No pueden ser felices" es otro prejuicio común. Las personas con discapacidad son, ante todo, personas y la discapacidad es solo una característica más y no lo que las define: reducirlas a su discapacidad es despojarles de valores, conocimientos y experiencias que les convierten en únicos. Pueden ser felices y tener una vida plena.
Rendimiento laboral y escolar
La afirmación de que "las personas con discapacidad tienen un menor rendimiento laboral o escolar" es un prejuicio sin fundamento. El rendimiento de una persona depende de sus habilidades individuales, las oportunidades que se le brindan y el entorno inclusivo, no de su discapacidad. Con el apoyo adecuado, las personas con discapacidad pueden tener un rendimiento excepcional en diversos ámbitos.
Educación y cambio de mentalidad
Criar dos hijos con síndrome de Down no tiene nada fuera de serie; lo fuera de serie es convertirse en mamá, sentirte parte de sus triunfos y de sus logros. En más de 10 años, muchas cosas han mejorado y hemos evolucionado como humanidad con respecto a la discapacidad. Frases de consuelo o excusa, como "es que no tengo experiencia con niños con discapacidad", demuestran una falta de comprensión. Luchar con niños es tan fácil como aprender a escuchar, y la paternidad no requiere un estudio "especial".
La idea de que "mis hijos se enferman como todos" es una realidad. La discapacidad no es una enfermedad, y si bien pueden enfrentar desafíos de salud, esto no invalida su vida ni la de sus familias. No hay que admirar a los padres de niños con discapacidad basándose en la asunción de que hacen más de lo que deben o que su vida es un calvario. Este tipo de comentarios limita las posibilidades de los hijos, quienes probablemente escribirán su propia historia si se les da tiempo y se les permite mostrar hasta dónde pueden llegar.
El problema surge cuando las características que atribuimos a determinados grupos sociales no son ni reales ni positivas, entonces se convierten en prejuicios. Necesitamos un abordaje integral que conciba la discapacidad desde la diversidad para avanzar en la aceptación de lo distinto y diferente. Parece ser un camino correcto revisar, pensar y modificar nuestras palabras. En definitiva, el lenguaje construye un mundo y las acciones lo consolidan.
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