Evaluación del Niño con Discapacidad Intelectual

Introducción a la Evaluación de la Discapacidad Intelectual

El diagnóstico y la clasificación de la discapacidad intelectual (DI) son temas de gran interés para comprender este fenómeno y abordar eficazmente la intervención en este campo. Los sistemas de clasificación buscan explorar las similitudes y diferencias entre individuos y grupos, reflejando las perspectivas teóricas y las creencias de quienes clasifican, así como los objetivos subyacentes.

La importancia de los sistemas de clasificación radica en su capacidad para favorecer el progreso en diversos ámbitos de la vida de las personas con discapacidad, como la educación, el empleo y los servicios de salud mental. Sin embargo, la elección de sistemas de clasificación útiles para obtener resultados deseados, asegurando tanto el desarrollo científico como la idoneidad de los servicios prestados, es crucial. De lo contrario, el proceso de clasificación puede convertirse en un tratamiento individual que ignora los complejos problemas sociales y ecológicos que requieren reforma.

Uno de los principales peligros derivados del uso de sistemas de clasificación y diagnóstico es su resistencia al cambio. Lo que comienza como un modo de organizar la información puede convertirse en un modo de comprender y reaccionar ante el fenómeno, generando inercias en el trabajo dentro de las organizaciones e instituciones. Asumir que la inclusión de una persona en una categoría diagnóstica es el fin del proceso de clasificación, sin realizar cambios organizacionales o de intervención, es una práctica a evitar.

El tradicional problema del "etiquetaje" y su posible incidencia sobre la autoestima de la persona con discapacidad es una preocupación recurrente. No obstante, las categorías diagnósticas no tienen por qué ser negativas en sí mismas; su carácter peyorativo surge cuando se utilizan de forma despectiva, lo cual suele reflejar un problema actitudinal. Si se reduce el uso de las categorías diagnósticas a contextos estrictamente necesarios y se prioriza a la persona antes de abordar los problemas derivados de su discapacidad, se pueden obtener muchos beneficios del empleo de los sistemas de clasificación:

  • Planificar la intervención y determinar la idoneidad de los servicios.
  • Facilitar la comunicación entre los profesionales de la sanidad y los servicios.
  • Identificar variables que deben ser evaluadas para la intervención.
  • Favorecer un mayor conocimiento de la discapacidad, especialmente en casos no fácilmente reconocibles por rasgos físicos.
  • Comprender el ritmo de progreso de la discapacidad para formular expectativas y metas realistas.
  • Ayudar a los padres a buscar recursos, grupos de apoyo y ayudas económicas de manera más eficaz.
  • Favorecer un diagnóstico precoz que estimule el desarrollo cognitivo y mejore la aceptación y respuesta de los padres al desarrollo del niño.
  • Promover el desarrollo teórico.

Para que estos propósitos se cumplan, es fundamental que la categoría diagnóstica se traduzca en expectativas, retos, líneas de actuación e intervención presentes y futuras.

Representación gráfica de los beneficios de la clasificación diagnóstica en la atención a la discapacidad intelectual.

Sistemas Internacionales de Clasificación y Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual

En el ámbito clínico, el diagnóstico de la discapacidad intelectual se basa en tres criterios principales:

  1. Limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual.
  2. Limitaciones significativas en la conducta adaptativa, manifestada en habilidades conceptuales, sociales y prácticas.
  3. Inicio antes de los 18 años.

Estos criterios son contemplados por la 10ª Edición de la Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD), la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (CIE-10) y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV). La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y la Salud (CIF) comparte muchos de estos principios, adoptando un enfoque multidimensional centrado en el individuo, que considera capacidades, restricciones, apoyos necesarios, participación y entorno.

Nos encontramos ante un enfoque multidimensional de la discapacidad intelectual, que deja atrás sistemas de clasificación que solo consideran la etiología, medidas de inteligencia o conducta adaptativa de forma exclusiva. Se priorizan las 5 dimensiones propuestas por la AAIDD en 2002: funcionamiento intelectual, conducta adaptativa, salud, contexto e interacciones, participación y roles sociales, sin olvidar el perfil de los apoyos necesarios.

Evaluación de la Discapacidad Intelectual desde un Enfoque Multidimensional

Si bien aún existe dificultad para alcanzar un consenso sobre los instrumentos utilizados en la práctica diaria, hay un alto grado de acuerdo respecto a las dimensiones importantes para la evaluación de la discapacidad intelectual, en gran medida gracias a la acogida de las propuestas de la AAIDD.

Dimensión: Funcionamiento Intelectual

Tradicionalmente, las puntuaciones del Coeficiente Intelectual (CI) han sido el criterio principal para clasificar a las personas con discapacidad intelectual en categorías como ligera, moderada, severa y profunda. Las escalas de inteligencia de Wechsler son herramientas útiles para evaluar esta dimensión y obtener las puntuaciones clásicas de CI.

No obstante, el peso de estas puntuaciones se ha reducido con el desarrollo de otras dimensiones que reflejan la importancia de la interacción de la persona con su entorno, como la conducta adaptativa, el contexto y los roles sociales. Tras críticas sobre la artificiosidad del constructo, la arbitrariedad en los puntos de corte y las dificultades de medición del CI, ha habido un cambio en la comprensión de su papel en el diagnóstico de la DI. Se proponen enfoques alternativos como las aproximaciones basadas en los conceptos de 'competencia' o 'respuesta a la intervención' (RTI).

El enfoque de 'competencia' concibe la discapacidad como una característica de la diversidad humana, resultante de la interacción entre la persona y el entorno social. El objetivo último de la evaluación es el desempeño de roles socialmente valorados. El enfoque de 'respuesta a la intervención' enfatiza la evaluación del rendimiento alcanzado por un alumno tras recibir una intervención científicamente fundamentada, o la evaluación del potencial de aprendizaje.

Estos planteamientos alternativos al uso tradicional de las puntuaciones de CI ponen de manifiesto que estas últimas nunca pueden ser consideradas más que un resultado estimado que se aproxima al funcionamiento típico de un individuo en un test de inteligencia particular. La interpretación del CI requiere fundamentalmente del juicio clínico.

Dimensión: Conducta Adaptativa

La reducción del peso de las puntuaciones de CI en el diagnóstico de la DI se ha acompañado del desarrollo de otras dimensiones que reflejan su carácter social. La conducta adaptativa se define como "el conjunto de habilidades conceptuales, sociales y prácticas que han sido aprendidas por las personas para funcionar en su vida diaria".

Desde la 5ª edición de la AAIDD, que introdujo el criterio de deficiencias de adaptación social, madurez o aprendizaje en el retraso mental, este constructo ha evolucionado hacia un modelo multidimensional. La evaluación de las habilidades conceptuales, sociales y prácticas debe basarse en instrumentos estandarizados y referirse al desempeño típico del individuo en circunstancias cambiantes.

Actualmente, la AAIDD y el INICO (Instituto Universitario de Integración en la Comunidad) trabajan en la construcción de la Diagnostic Adaptive Behavior Scale (DABS), o Escala de Diagnóstico de Conducta Adaptativa, dirigida a personas con DI de 4 a 21 años. Esta escala busca proporcionar medidas de conducta adaptativa en dominios conceptuales, sociales y prácticos, a partir de información proporcionada por alguien que conoce bien a la persona con discapacidad intelectual.

Diagrama que ilustra las dimensiones clave en la evaluación de la discapacidad intelectual: funcionamiento intelectual, conducta adaptativa, salud, contexto y participación.

Caso Clínico: Evaluación de una Adolescente con Trastorno de Gilles de la Tourette, TDAH y Discapacidad Intelectual

Este caso clínico presenta la evaluación de una adolescente de 12 años con diagnóstico de Trastorno de Gilles de la Tourette (TGT), Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y discapacidad intelectual (DI). La evaluación abarcó aspectos evolutivos, neuropsicológicos, conductuales y emocionales.

Antecedentes y Evaluación

La adolescente presentó un embarazo controlado con contracciones uterinas tempranas, parto eutócico prematuro a las 30 semanas de gestación, con un peso al nacer de 1.650 gramos. Tuvo una hendidura del paladar blando que afectó la succión. En cuanto al lenguaje, no se refieren dificultades iniciales, pero presenta habla con dificultades de pronunciación, omisiones de letras y sílabas, además de tics fónicos.

En relación a la motricidad, se encuentra dentro de los parámetros esperados, aunque presenta tics motores frecuentes y de marcada intensidad. Actualmente, recibe tratamiento farmacológico para los tics (Tetrabenacina y Risperidona), para los síntomas de TOC y ansiedad (Sertralina), y para la dificultad atencional (Atomoxetina).

Su historial escolar muestra dificultades, con doble permanencia en sala de 4 y 5 años. Actualmente cursa 5º año de primaria con proyecto de integración en escuela especial. Presenta dificultades en la lectura y escribe en espejo. Los cuestionarios de conducta completados por familia y escuela indican la presencia de tics fónicos y motores, síntomas de desatención, hiperactividad, impulsividad y ansiedad.

Los resultados del cuestionario de autoestima revelan un autoconcepto general medio y alto, con excepción del autoconcepto emocional, que es bajo. Esto sugiere una percepción de bajo control sobre las situaciones y emociones, respondiendo inadecuadamente y con nerviosismo.

Funciones Cognitivas

En cuanto al nivel intelectual, la adolescente presenta un Coeficiente Intelectual (CI) total de 49, lo que se vincula con una discapacidad intelectual moderada, y un Índice de Capacidad General de 57, indicando una discapacidad intelectual leve, de acuerdo con los criterios del DSM-V.

En el razonamiento fluido, se observa un mejor rendimiento en tareas de comparación y analogía. En habilidades verbales, el desempeño general es descendido, con un mejor rendimiento en la formación de categorías semánticas y un desempeño más bajo en vocabulario. Si bien el índice de razonamiento fluido es superior, no difiere significativamente del Índice de Comprensión Verbal, lo que sugiere aptitudes mixtas.

El análisis del caso permite confirmar el diagnóstico de TGT con comorbilidad de TDAH y DI. La adolescente presenta un autoconcepto general medio con un autoconcepto emocional bajo. En su funcionamiento cognitivo, muestra una discapacidad intelectual leve, con rendimiento descendido en áreas como vocabulario y memoria, pero con fortalezas en razonamiento fluido, flexibilidad cognitiva y fluidez verbal.

Conferencia: Evaluación neuropsicológica infantil y detección temprana de trastornos

Consideraciones Educativas y de Intervención

La escuela enfrenta el desafío de proporcionar una cultura común que evite la discriminación y la desigualdad de oportunidades, respetando al mismo tiempo las características y necesidades individuales de los alumnos. Aquellos con necesidades educativas especiales asociadas a déficit intelectual leve pueden integrarse en la escuela regular, especialmente en los niveles inicial y primario, con adaptaciones curriculares prioritarias.

Para la evaluación de alumnos con discapacidad intelectual, es fundamental flexibilizar los criterios respecto a los procedimientos e instrumentos. Puede ser necesaria una evaluación individualizada con herramientas adecuadas a sus características y necesidades. La evaluación procesual permite adaptar la enseñanza, un elemento clave para promover los aprendizajes.

Se debe considerar la importancia de la identificación de alumnos con talento o altas capacidades, así como las necesidades educativas especiales que estos pueden presentar. El enriquecimiento, a través de experiencias de aprendizaje ricas y variadas, es una estrategia clave. El aula habitual representa la opción de integración, donde los estudiantes se educan en grupos heterogéneos.

La evaluación debe considerar los procedimientos educativos esenciales para todos los alumnos, integrando instrumentos de la escuela regular, diferentes tipos de pruebas, testimonios, fichas y cuestionarios. El análisis del caso permite colaborar en el conocimiento del diagnóstico de TGT en una adolescente con comorbilidad de TDAH y discapacidad intelectual.

Infografía sobre adaptaciones curriculares y estrategias de evaluación para estudiantes con discapacidad intelectual en el aula.

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