Un viejo que leía novelas de amor es una emotiva historia ambientada en la selva amazónica que ha acabado convirtiéndose en un long-seller literario. Escrita por el periodista y cineasta chileno Luis Sepúlveda en 1988, esta novela se ha traducido a 60 idiomas y ha vendido 18 millones de ejemplares. Su éxito fue tan rotundo que fue llevada al cine con guion del propio escritor, bajo la dirección del australiano Rolf de Heer e interpretada por Richard Dreyfuss.
La novela, considerada por muchos como uno de esos contados best-seller contemporáneos donde coinciden popularidad y calidad, destaca por sus capítulos cortos y una prosa ágil, llena de metáforas y matices ingeniosos. Sin embargo, lo que más llama la atención es su singular trama: el enfrentamiento entre un anciano y un felino salvaje en la selva. En menos de 150 páginas, Luis Sepúlveda utiliza esta historia como una excusa para compartir las leyes, emociones y cosmovisión del mundo de los indios shuar.
Sinopsis y Personajes Principales
La trama se desarrolla en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros). Allí vive Antonio José Bolívar Proaño, un viejo poblador que, tras darse cuenta de que podía leer, le encarga a su amigo Rubicundo novelas de amor para pasar sus días de vejez. Estas novelas contienen, según sus preferencias, "mucho sufrimiento, amores desdichados y finales felices". En ellas, Antonio José intenta alejarse un poco de la fanfarrona estupidez de esos codiciosos forasteros que creen dominar la Selva porque van armados hasta los dientes, pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida porque le han matado las crías.

El conflicto principal de la narración comienza con el descubrimiento del cadáver destrozado de un cazador norteamericano, quien llevaba consigo pieles de cachorros de tigrillos. El viejo identifica en las heridas de los cuerpos, empleando el conocimiento que le proporcionaron los shuar, que fueron víctimas de la hembra madre, posiblemente enloquecida por la pérdida de sus crías y cazando animales y humanos indiscriminadamente.
Personajes clave:
- Antonio José Bolívar Proaño: El protagonista, un anciano que vive en El Idilio y que ha aprendido a conocer y respetar la Selva y sus leyes de los shuar. Es un cazador excepcional de tigrillos.
- Indígenas shuar: Un pueblo indígena amazónico del cual el protagonista aprende a apreciar la naturaleza y a convivir con ella. Se caracterizaban por ser nómadas y excelentes cazadores.
- Rubicundo Loachamín: El único amigo de Antonio José Bolívar Proaño, dentista que le lleva novelas de amor que obtiene en sus viajes.
- Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otávalo: Esposa de Antonio José Bolívar Proaño, una mujer muy religiosa.
- El Alcalde: El personaje cómico del libro y la mayor autoridad de El Idilio.
- Miranda: Un colono que ha vivido algunos kilómetros afuera de El Idilio, donde vendía aguardiente, tabaco, sal y alkaseltzer.
La Selva y la Sabiduría Shuar
Gran parte de la trama transcurre en El Idilio, una comunidad a orillas del río Nagaritza, compuesta en su mayoría por mestizos y colonos. Los shuar, en cambio, viven selva adentro y conviven según sus leyes y costumbres en armonía con la naturaleza. Este panorama suele ser transgredido por los "gringos" que llegan a El Idilio para imponer su autoridad (bajo la figura del alcalde) o para depredar la selva en busca de oro o pieles de animales.

La novela infunde un profundo respeto por la sabiduría de los shuar. Luego de perder su hogar y a su esposa, Antonio José Bolívar es rescatado por los nativos y educado por estos hasta que llega el día en que "no era uno de ellos (…) pero era como uno de ellos". Esta ambivalencia de identidades es tolerada y recibida con alegría por los shuar, pero observada con desprecio y desconfianza por los blancos. Antonio se convierte en un sujeto descentrado, sin una identidad estable, pero no por ello lo invade la tristeza. Por el contrario, "nunca pensó en la palabra libertad, y la disfrutaba a su antojo en la selva".
El amor en la cultura shuar
El amor de los shuar era muy distinto al del pueblo natal de Antonio, en las serranías de Ecuador. Con los shuar, lejos de las religiones católicas y leyes occidentales, Antonio disfruta y explora con libertad los secretos del cuerpo. Las mujeres shuar, "entonando anents, lo lavaban, adornaban y perfumaban, para regresar a la choza a retozar sobre una estera, con los pies en alto, suavemente entibiados por una fogata, sin dejar en ningún momento de entonar anents, poemas nasales que describían la belleza de sus cuerpos y la alegría del placer aumentado infinitamente por la magia de la descripción. Era el amor puro sin más fin que el amor mismo. Sin posesión y sin celos."
Este amor no se limita a lo humano. Gracias a Antonio, nos enteramos de que los shuar asumen con mucha naturalidad la existencia del amor en otras especies: aves, mamíferos, reptiles y hasta en el río mismo. Es en esta lógica sobre la cual se sustentan las aventuras de la novela: una tigrilla, herida de amor, se lanza a la caza de los hombres como si se tratara de la propia selva buscando vengarse de sus enemigos.
Conozca más sobre "Los Shuar"
Mitos y rituales
En los nativos que aparecen en la novela, el amor y la amistad están atravesados por diversos mitos y dioses selváticos. Por ejemplo, es sabido que los shuar, después de enfrentarse a muerte contra un enemigo, reducen la cabeza del perdedor y se la cuelgan de un árbol o se la llevan en la cintura. Esto no se hace a manera de trofeo, sino que se considera que, de no hacer este ritual, el espíritu puede vagar como un "pájaro ciego" por la selva, chocando con boas y despertando a los tigrillos y monos de su sueño.
Así es como termina Nushiño, compadre de Antonio José, al ser herido por un gringo cazador. Antonio da muerte a este enemigo, pero no con una cerbatana shuar (lo cual habría mantenido su honor intacto) sino con la misma escopeta del cazador. Esto deshonra la muerte de su amigo y lo condena a vagabundear por la selva como un "papagayo ciego". Así es como se marca la despedida de Antonio de los shuar. Mucho tiempo después, llegan a él las novelas de amor para consolarlo y, a veces, hacerle "olvidar la barbarie humana."
Luis Sepúlveda y el mensaje ecologista
Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949-Oviedo, 2020) es autor de más de una treintena de novelas, relatos y libros de viajes. Esta novela nace de la experiencia amazónica que tuvo junto con los shuar, al igual que su personaje principal. Dedica el libro a "mi lejano amigo Miguel Tzenke, síndico shuar de Zumbí en el alto Nangaritza y gran defensor de la amazonía".

La preocupación de Sepúlveda por la ecología y las comunidades nativas del mundo se manifiesta explícitamente en obras como Mundo del fin del mundo o Patagonia Express, pero es acaso en Un viejo que leía novelas de amor donde se profundiza más en la idiosincrasia y saberes de los nativos para hacer un potente llamado a que dejemos de construir esta "obra maestra del mundo civilizado: el desierto." Por estar íntimamente conectados, la depredación irresponsable de la selva significa la muerte de una parte de nosotros mismos. Es decir, nuestro amor por el otro, por la vida, no estará completa si no se le suma nuestro amor por la naturaleza, por el hogar que compartimos. Los shuar saben esto desde hace mucho tiempo y lo llevan a la práctica cada día.
Para todos los interesados, Un viejo que leía novelas de amor también es un ideal ingreso a la literatura amazónica o a algunas obras clásicas sobre la vida en la selva, tales como Las tres mitades de Ino Moxo de César Calvo o El universo sagrado de Luis Urteaga Cabrera. Asimismo, es una gran muestra del grupo de novelas de aventura y testimonio que Luis Sepúlveda ha ido cosechando en sus viajes alrededor del mundo.