Numerosas parejas, usuarias de ASPAYM en todo el territorio español, han querido compartir sus historias de amor en el contexto del Día de San Valentín. Cada una de estas historias ha tenido sus circunstancias únicas, sus obstáculos y sus alegrías. Sin embargo, en ocasiones, la sociedad demuestra no estar aún a la altura, imponiendo barreras que van más allá de lo arquitectónico, incluso cuando se actúa con la mejor intención.
Relatos de Amor y Vida en Pareja
Desde hace 32 años, María Jesús vive con una polimalformación congénita que le provoca una baja estatura, midiendo 97 centímetros debido a un fallo en su desarrollo embrionario. Hace 4 años, conoció por Internet a Antonio, quien acababa de cumplir la treintena. Llevan más de un año casados y residen juntos en Sevilla. María Jesús, que se declara bisexual, considera que las aplicaciones de citas están "a la orden del día". Antonio señala que ella "jamás escondió su discapacidad". Más allá de las barreras arquitectónicas que encuentran a diario, ambos identifican las barreras sociales: "Cuando alguien me conoce ya se espera menos de mí", comenta María Jesús. "Tengo que ganarme la imagen y todo continuamente, luchar siempre con un esfuerzo extra". Para Antonio, su familia siempre ha sido "respetuosa", aunque asume que pudo haber "algún recelo o extrañeza". La reivindicación de María Jesús es clara: "Nos educan pensando que las personas con discapacidad funcional no somos merecedores del sexo ni de lo afectivo. Como si en esa parcela de la vida no jugásemos". Ella afirma que "la vida es un recreo" y que debemos ser conscientes de que "ese patio está abierto para que todos podamos jugar en él".

La asturiana Carmen, con 23 años y viviendo con espina bífida desde su nacimiento, acaba de finalizar su relación más significativa, que duró unos seis años. "Una compañera mía del instituto me lo presentó", recuerda sobre su expareja. Carmen valora positivamente que su pareja, tan joven como ella, supiera cuándo necesitaba ayuda y cuándo no. Respecto a los estereotipos que enfrentó, Carmen recuerda que con frecuencia "gente muy cercana a él le decía que menuda suerte ha tenido ella de encontrar a alguien que no tenga discapacidad". Ella considera que "para mí es normal, debería quitarse ese miedo de que al final es algo nuestro, y si ya me molesta o me hace daño es que te lo voy a decir".
Chus y José Vicente se conocieron hace 25 años, también a través de Internet. Estos valencianos rememoran lo que para ellos fue, prácticamente, un flechazo: "Casi cuando la conocí lo tuve claro", recuerda José Vicente. El entorno de él reaccionó de maneras diversas. Su familia mostró más preocupación por Chus, "no querían que fuera solo un rollo y luego la dejara". Sus amigos tuvieron un proceso de aprendizaje: "al principio no lo acababan de entender, pero se acostumbraron rápido". Chus, por su parte, recuerda que en demasiadas ocasiones recibe la frase típica: "Si me pasara lo que a ti me moriría".
Desafíos en la Maternidad y la Familia
La pareja también denuncia la dificultad de la maternidad con discapacidad: "Tener un hijo es complicado", afirman. "No hay carrito de ruedas adaptado para personas en silla". Chus se lamenta de que en su centro hospitalario "había poca preparación en cuestión de paraplejia y lesión medular en el ala de maternidad". A pesar de ello, tuvo la suerte de contar con un baño adaptado y una habitación adaptada.

En el primer día de julio de 1999, Lola comenzó a trabajar en el ala de neurocirugía del Hospital Virgen de la Arrixaca. Su contrato de sustitución la llevó a conocer a Juan Carlos, ingresado en planta por un accidente de tráfico. Él tenía lesión medular. Semanas después, Juan Carlos fue trasladado al hospital de su mutua de trabajo, y Lola comenzó a visitarlo con asiduidad, surgiendo así la relación. Un año después, se fueron a vivir juntos. "Nos casamos en 2005 y tenemos un hijo maravilloso, que nació en 2008", asevera Lola. Tras 23 años juntos, no conciben una vida el uno sin la otra. "Nunca me importó su discapacidad", remarca Lola, "Las personas se valoran por lo que son".
Javier y Conchi, ambos de 45 años, se conocieron en 2002, con apenas 25. Poco después de iniciar la relación, un accidente de tráfico causó a Javier una lesión, resultando en paraplejia completa D6. "Únicamente gente muy alejada o muy externa a ella le achacaban que dónde iba con una persona con discapacidad, pero nadie que nos conociera a fondo", recuerda Javier. Su vínculo es "firme y fuerte", sus relaciones íntimas son "sin barrera ni dificultad", tienen un hijo y son "muy felices". "Siempre hemos recibido ayuda y comprensión, incluso exagerada, de la gente", afirma Conchi. "Toda ayuda es bienvenida, aunque a veces sientes que ven tu limitación más allá de donde realmente está".
"Tener discapacidad y familia es dificultoso para desplazarse, ir a hoteles donde la habitación esté bien preparada es complicado", asevera Conchi.
Pilar tiene movilidad reducida desde que nació y es una gran dependiente, que jamás pensó en enamorarse, tener pareja y convivir. Vicente vivía a tres calles de ella en Madrid, hasta que Pilar viajó a Murcia y le perdió la pista. En una convivencia de futuros médicos, enfermeras y personas con dificultad motriz, le presentaron a un joven de su localidad. Pilar comenzó a preguntar por Vicente, dando datos, pero el chico la interrumpió: "Ese es un sinvergüenza y un mujeriego, no te puedes fiar de él ni un poquito", le previno. El hombre, claro, era el propio Vicente. De compartir actividades en el grupo de personas con discapacidad a, casi sin darse cuenta, empezar a salir. Sin embargo, la oposición provino de la familia de Pilar: "Cuando le planteé a mis padres que pensaba ir a vivir en un futuro con Vicente, se armó la de Dios", recuerda ella. "Es la única vez que discutí con mi madre, nos dijimos cosas muy feas que nunca deberían haber salido de nuestras bocas". Pilar y Vicente son pareja desde 2005, "sin ninguna discusión seria". Para Pilar, "la clave es la comunicación: hacer todo de mutuo acuerdo y, si no, hacer por separado lo que a cada uno le apetezca".
Desde hace ocho años, Yoli y Salva viven juntos la que para ambos es su relación "más larga y significativa". Ella tiene 46 años, él, 40. Se conocieron a través de Internet: "Él nunca había tenido parejas serias, pero al conocerme a mí, con más experiencias, y tener todo tan claro, le cambié la vida", recuerda Yoli. Aunque continúan encontrando barreras de accesibilidad, ambos coinciden en que los mayores obstáculos residen en las "mentes cerradas" del resto de las personas. "Mucha gente, sobre todo en el trabajo de él, le han dicho: 'Con todas las mujeres que hay en el mundo, ¿cómo te buscas a una en silla de ruedas?'".
Pep y Marta lo tienen claro: en sus 15 años de relación, "la silla ha sido lo más chungo". A sus 35 y 33 años respectivamente, hace un año y cuatro meses su noviazgo enfrentó su mayor obstáculo: un accidente causó en Pep una discapacidad media D10. Sobre inspirar más pena de lo habitual, o sufrir barreras como que les aparquen al lado del coche, admiten que les sucede, pero estando el uno para el otro esas situaciones se diluyen. "Juntos no nos pasa tanto, estamos como en nuestra burbuja", coinciden. El apoyo de su entorno ha sido siempre del 100%: "Si no fuera por ellos esto sería extremadamente difícil", afirma Pep. Pero si ese apoyo del entorno es grande, no lo es menor el que se han brindado el uno al otro. Apoyarse en los diferentes momentos de flaqueza, anteponer las actitudes positivas y no centrarse solo en uno mismo.

Derribando Mitos sobre la Discapacidad y las Relaciones
Para muchas personas con discapacidad, puede resultar complicado relacionarse con personas ajenas a su entorno y familia, hacer nuevas amistades o encontrar pareja. El primer paso para lograrlo es deconstruir los tópicos y los falsos mitos sobre salir con una persona con discapacidad. A continuación, se presentan cinco falsos mitos sobre salir con una persona con discapacidad.
Mito 1: Las personas con discapacidad son asexuadas.
Este es uno de los mitos más extendidos. Si bien es cierto que a veces algunos problemas de las personas con discapacidad pueden ser comprendidos mejor por quienes se encuentran en una situación similar, la sexualidad es un hecho que nos iguala a todas las personas. Todos somos seres sexuados, sexuales y eróticos. Es cierto que algunas lesiones, como las de carácter medular, pueden tener consecuencias en los aparatos genitales masculinos y femeninos, pero esto no es un impedimento para tener una vida sexual plena. No todos los cuerpos funcionan igual ni reciben placer del mismo modo, y las parejas deben trabajar juntas esta parte de su sexualidad.
Mito 2: Las personas con discapacidad no pueden tener hijos.
Al igual que ocurre con la sexualidad, muchas personas asocian la discapacidad a la imposibilidad de tener hijos, lo cual es un error tanto desde el punto de vista físico como emocional. Ya se han abordado en artículos anteriores los mitos alrededor de la maternidad y la discapacidad, y las principales barreras a las que se enfrentan las personas con discapacidad a la hora de abordar la paternidad.
Mito 3: Las personas con discapacidad no pueden tener una vida activa.
Las personas con discapacidad pueden llevar una vida muy activa: practicar deporte, viajar, salir con amigos, ir al cine, etc. Afortunadamente, cada vez existen más espacios adaptados (restaurantes, museos, teatros) y una mayor conciencia sobre la necesidad de eliminar barreras a nivel social e institucional.
Mito 4: Las personas con discapacidad son totalmente dependientes de su pareja o familia.
Uno de los grandes miedos al salir con una persona con discapacidad es dar por hecho que los miembros de este colectivo son totalmente dependientes de su familia o pareja. El hecho de tener discapacidad no es un impedimento para disfrutar de una relación de pareja sana, estable y satisfactoria a todos los niveles.
Conoce cómo tratar a una persona con discapacidad
Mito 5: La pareja de una persona con discapacidad también debe tenerla.
En ocasiones, se cuestiona por qué la pareja de una persona con discapacidad no la tiene. Es una idea errónea que necesita ser desterrada, ya que no hay nada en la situación de una persona con discapacidad que indique que su pareja deba compartirla. Una persona con discapacidad va mucho más allá de su diagnóstico.
Tecnología y Redes de Apoyo para el Amor Inclusivo
Con el objetivo de romper estas barreras, en 2017 se lanzó la app “Glimmer”. Esta plataforma virtual nació con el propósito de ser totalmente inclusiva, sin excluir a nadie. Cualquier persona, con o sin discapacidad, puede usarla, y no está orientada únicamente a encontrar pareja, sino también para conocer gente y contactar con personas con las mismas inquietudes. Uno de sus objetivos es derribar los grandes mitos sobre salir con una persona con discapacidad.
La sexualidad es una de las expresiones más poderosas del ser humano, un camino hacia el autoconocimiento, la conexión emocional y el placer. Sin embargo, cuando hablamos de discapacidad y sexualidad, es común encontrar barreras, tanto físicas como sociales. Para muchas personas, la sexualidad es una forma de expresión personal que va más allá del placer físico, reflejando la relación con uno mismo y siendo una puerta hacia el amor propio. Es esencial comprender que el amor propio y la autoaceptación son pasos fundamentales para vivir la sexualidad de manera libre y saludable.
La intimidad, a menudo percibida de manera limitada y asociada exclusivamente a lo físico, tiene un componente emocional igualmente importante. Para las personas con discapacidad, el concepto de intimidad puede adoptar formas muy variadas, abriendo caminos hacia nuevas formas de conectar más allá de las tradicionales. La empatía, la comunicación abierta y el respeto mutuo juegan un papel crucial en este proceso. Las barreras físicas o de comunicación no deberían limitar la capacidad de una persona para experimentar su sexualidad; existen adaptaciones y herramientas que permiten disfrutar de una vida sexual satisfactoria y autónoma. Sin embargo, las barreras más difíciles de superar suelen ser las sociales, cuyos estigmas pueden crear una sensación de aislamiento o vergüenza. Es aquí donde la educación sexual inclusiva, que promueva el respeto por la diversidad sexual, cobra vital importancia.
La presencia de un sistema de apoyo sólido permite que las personas con discapacidad exploren su sexualidad con seguridad y confianza. La sexualidad no es solo una experiencia física, sino también una forma de conectar con los demás a nivel emocional y profundo. Cada persona, independientemente de sus capacidades físicas, tiene derecho a amar y ser amado. El amor y el deseo no dependen de un cuerpo "perfecto" o de la ausencia de discapacidad; la belleza de la sexualidad radica en la diversidad y en la capacidad de cada individuo para expresar su amor y deseo de maneras únicas y significativas.
La discapacidad no define la capacidad de una persona para disfrutar de la vida, el amor y la intimidad. En MedicallHome, se brinda atención médica de calidad y apoyo emocional a través de psicólogos, además de ofrecer descuentos en productos para mejorar la calidad de vida.
Amor Propio y Autodeterminación en el Contexto de la Discapacidad
María Elena Esparza, fundadora y directora de Ola Violeta A.C., señala que en un mundo diseñado para las mayorías, mil 300 millones de personas enfrentan diariamente el reto de navegar la vida con alguna discapacidad. El amor propio, esa "relación íntima con una o uno mismo", se pone a prueba cuando el espejo social refleja constantemente limitaciones en lugar de posibilidades. La construcción de la autoestima en el contexto de la discapacidad es un proceso complejo que se entrelaza con múltiples factores. Las investigaciones indican que el apoyo familiar y social juegan un papel crucial, pero el verdadero cambio comienza con la transformación de narrativas internas.
En México, la brecha de género añade un factor adicional de complejidad. Los especialistas en psicología de la discapacidad señalan que el amor propio se construye sobre tres pilares fundamentales: autoconocimiento, aceptación y autodeterminación. El autoconocimiento implica comprender que la discapacidad es una parte de la identidad, pero no su totalidad. La aceptación no significa resignación, sino el reconocimiento de la propia valía más allá de las limitaciones físicas o intelectuales. Investigaciones en neuroplasticidad y resiliencia demuestran que el cerebro humano tiene una enorme capacidad para adaptarse y encontrar nuevas formas de funcionamiento.
El desafío del amor propio en el contexto de la discapacidad no es solo personal, sino también social. Requiere un cambio de paradigma que reconozca la diversidad funcional como parte natural de la experiencia humana. La construcción del amor propio en estas circunstancias requiere reconocer que el valor humano no reside en la perfección física o mental, sino en la capacidad de vivir auténticamente y contribuir al mundo desde la propia singularidad.

Desmontando Estereotipos y Fomentando Relaciones Saludables
Hablar de amor, sexualidad y discapacidad sigue siendo poco recurrente, a pesar de los avances en torno a la diversidad. Los modelos de pareja están sujetos a estereotipos e imágenes que afectan a las personas con discapacidad. Se tiende a una perspectiva superficial que enfatiza el ideal de persona "deseable", con determinadas características corporales. Subyace la idea de que las personas con discapacidad somos asexuadas, incapaces de sentir placer o ser deseadas y deseantes. En ocasiones, se encuentran grandes barreras y obstáculos al intentar acceder a entornos como albergues transitorios, invalidando la participación de cuerpos y maneras que no encajan en esos espacios.
Otros mitos y realidades:
- Mito: Las mujeres con discapacidad no son mujeres. Se las considera asexuadas, defectuosas, incapaces de maternar y formar familia, o tomar decisiones sobre su propia vida. Esto evidencia un incumplimiento de derechos en cuanto a salud sexual y reproductiva.
- Mito: Las personas con discapacidad no pueden formar familia. La sociedad duda de sus capacidades para construir una familia, siendo cuestionadas en ámbitos familiares y médicos.
La pareja sentimental ha variado notablemente, alejándose de la idea tradicional y adaptándose a modelos socialmente aceptados de diversa índole. Estos modelos, independientemente de sus características, comparten elementos como la lealtad recíproca, el apoyo mutuo, el compromiso de futuro, las relaciones sexuales, un espacio físico y social propio, intimidad y, en muchos casos, la procreación.
El amor tiene una notable influencia en la vida de las personas, íntimamente relacionado con la felicidad, la salud física y psicológica, y la satisfacción general. Vivir sin pareja puede ser doloroso para quienes lo desean pero no lo consiguen. Vivir con pareja también puede serlo si obedece más a un deseo de ajustarse a expectativas sociales que a un deseo íntimo de iniciar o mantener una relación.
Los deseos, expectativas y formas de relación de pareja de las personas con discapacidad obedecen a las mismas pautas y diversidad que el resto de la población. Esta diversidad se ve intensificada por la gran variedad de discapacidades y su diferente impacto, así como por el carácter sobrevenido o preexistente de las mismas. Las discapacidades sobrevenidas obligan a repensar la relación y adaptarse a nuevas necesidades; mientras que las discapacidades preexistentes pueden dificultar la relación por barreras sociales, falta de oportunidades, limitaciones personales y contextos de sobreprotección, generando un déficit de información, experiencias y habilidades.
Las relaciones de pareja forman parte del desarrollo vital de cualquier persona. Amar, compartir cariño, experimentar deseo, construir proyectos comunes y sentirse correspondido son dimensiones esenciales del bienestar emocional. Las personas con discapacidad intelectual no son una excepción: tienen los mismos derechos, necesidades y aspiraciones afectivas que el resto de la población. La Organización de Naciones Unidas, mediante la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, reconoce el derecho al matrimonio, a fundar una familia y a vivir relaciones afectivas en igualdad de condiciones. Las relaciones de pareja en personas con discapacidad intelectual pueden incluir enamoramiento, compromiso, sexualidad, convivencia y proyectos de futuro, así como conflictos, rupturas y aprendizajes, como cualquier otra relación.
Un ejemplo inspirador es el de Vanessa y Moisés, quienes se casaron en 2025, demostrando que con los soportes adecuados y el respeto a la voluntad propia, es posible construir un proyecto de vida compartido. A pesar de los avances normativos, los prejuicios como la infantilización (la idea de que las personas con discapacidad intelectual "no entienden" el amor o carecen de deseo sexual) y la sobreprotección familiar persisten. Una educación afectivo-sexual adecuada, clara, adaptada y basada en ejemplos prácticos, es una herramienta de prevención y empoderamiento.
Hablar de autonomía no significa dejar a la persona sola ante situaciones complejas; el modelo actual apuesta por el apoyo a la toma de decisiones. Las personas con discapacidad intelectual pueden ser más vulnerables a situaciones de abuso si carecen de información ni red de apoyo. Trabajar la asertividad, la identificación de emociones y la capacidad de decir "no" es esencial. Las relaciones sanas se basan en la igualdad, el respeto y la comunicación. Reconocer el derecho a tener pareja no es un gesto simbólico, sino una cuestión de derechos humanos. Una sociedad inclusiva crea las condiciones para que las personas con discapacidad puedan decidir por sí mismas. Las relaciones de pareja en el ámbito de la discapacidad intelectual son una expresión legítima de la vida adulta.
En definitiva, hablar de afectividad y discapacidad intelectual es hablar de dignidad, libertad e igualdad. Como bien dice una canción infantil, en febrero celebramos San Valentín. El juego del amor no es sencillo para las personas que vivimos con una discapacidad, especialmente para aquellas que no somos físicamente independientes o que contamos con un cuerpo diverso. El amor de una persona con discapacidad es algo que no todos están preparados para recibir, pero que aquellos que se aventuran a hacerlo están por entrar a un viaje lleno de nuevas experiencias.
Maryangel, una orgullosa activista regia con discapacidad, comparte su historia de amor con Peter. Se conocieron en un festival y, desde el principio, la apertura y el entendimiento de Peter, su no juzgar los temas de diversidad y su talento, la cautivaron. Peter nunca preguntó por qué Maryangel tenía una discapacidad motriz, sino que primero quiso conocerla como persona. Actualmente, llevan tres años de noviazgo y planean mudarse juntos, dispuestos a enfrentar los retos con amor. Para Maryangel, esta relación ha sido única, y ama la manera en que Peter la ama.
Las historias de amor existen más allá de los libros y telenovelas, se encuentran en las calles y en las redes sociales. No importa si el mundo entero te dice que por pertenecer a cierta minoría o por lucir de cierta forma no encontrarás el amor; el amor está en todo lo que nos rodea.
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