En el contexto actual, el Gobierno chileno, en sus discursos, promueve la visión de una verdadera integración para las personas con discapacidad. En un seminario se expuso la visión oficial, indicando que hoy cerca de 2 millones de personas presentan algún tipo de discapacidad física, mental o psíquica, y 1,1 millones presentan algún déficit o carencia sensorial, limitante para realizar actividades cotidianas.
Existe el convencimiento de que la discapacidad en sus distintas formas debe ser afrontada como país, donde las autoridades, los individuos, las familias y la sociedad civil organizada en torno a esta materia aporten y entreguen lo mejor de sí en esta labor. El objetivo del gobierno es transformar a Chile en un país líder en integración.

La Brecha entre el Discurso y la Realidad Educativa
A pesar de estas declaraciones, la realidad es realmente compleja y, en ocasiones, vergonzosa. En el ámbito de la Educación, un 42% de las personas con discapacidad no culmina la etapa Básica. Económicamente, el 81% vive con la Pensión Básica Solidaria de Invalidez de $75.000 mensuales. El 19% restante no califica para obtener dicha pensión ni tiene trabajo, situación que contrasta con la visión de un país en vías de desarrollo.
Estudiar en Chile con una discapacidad física es una verdadera travesía que muy pocos logran cruzar, por lo mismo, muy pocos jóvenes con discapacidad llegan a la educación superior.
Desafíos en la Educación Superior y la Urgencia de Políticas Inclusivas
Las universidades no cuentan con políticas internas de inclusión, por ende, no saben cómo abordar el tema de la discapacidad en las aulas. Se hace necesario promover una cultura de integración en toda la comunidad universitaria, en donde se incluya a cada uno de los alumnos que, por distintas circunstancias, requieran de algún programa de acompañamiento, salones accesibles y sistemas de información y aprendizaje adaptados a sus condiciones específicas.
No se trata solo de reconocer y legislar sobre un derecho, sino de viabilizar los derechos, adoptar medidas eficaces dirigidas hacia la inclusión real. Esto implica promover las transformaciones arquitectónicas y urbanísticas, curriculares, legislativas, etc., que correspondan según los ámbitos de aplicación, para posibilitar en los hechos ese derecho. Una adecuada legislación solo será posible en la medida que organizaciones y representantes con y sin discapacidad de la Sociedad Civil, realicen con ayuda del Estado, empresarios y personas, acciones de educación e intervención social que permitan enfocar la visión a una mirada más integral.

La Dignidad Humana como Fundamento de la Inclusión
El acento no está en la discapacidad, sino en el conocimiento del ser humano, de sus capacidades, potencialidades y necesidades para alcanzar su realización. Es importante que los miembros de la comunidad se pregunten: ¿Cuál es nuestro concepto de ser humano? Se puede definir persona como: “un ser que necesita hacerse a sí mismo, necesita operar su propia realización”.
La realización de la persona consiste en el desarrollo de dinamismos humanos fundamentales, los cuales son:
- La tendencia a actuar creativamente, superando las condiciones dadas.
- La tendencia a transformar la naturaleza y ponerla a su servicio.
- La tendencia a tener un conocimiento verdadero de la realidad.
- La tendencia a obrar con dominio de sus propios actos de modo que sean responsablemente libres.
- La tendencia a vivir en sociedad con otros Hombres, realizando la justicia y ejercitando el amor.
- La tendencia a lograr la armonía entre los diversos impulsos que en él se agitan, así como el desarrollo en el sentido de la trascendencia.
Asimismo, toda persona humana tiene una dignidad inalienable. Esta dignidad exige precisamente que no se le coaccione y no se le limite en el ejercicio de estos dinamismos fundamentales. No puede haber ninguna razón sociopolítica, filosófica o religiosa que justifique este actuar contra el ser humano.
Por lo tanto, una persona con discapacidad tiene derecho a hacerse a sí misma y a operar su propia realización, así como a desarrollar sus dinamismos fundamentales dentro de la sociedad. La discapacidad no debe limitar el desarrollo esencial del ser humano; por ello, hay que resaltar el desarrollo de su ser humano y, posteriormente, adaptar las herramientas necesarias para potenciar su funcionamiento en los contextos sociales concretos, en este caso, en la educación superior.
Hacia un Enfoque Centrado en la Persona y la Educación Integral
Es necesario hacer hincapié en el reconocimiento de estas capacidades por parte de los compañeros de clase, los profesores, los directivos, el personal de la institución, incluida la misma persona con discapacidad.
El enfoque centrado en la persona enfatiza la toma de decisiones por parte de cada participante y se planifica en conjunto. Esto es fruto del valor que se le da a cada participante, en este caso, a las personas con discapacidad como parte de un grupo y de la comunidad universitaria. La toma de decisiones se desarrolla a lo largo de todo el proceso, y los facilitadores de esta travesía deben estar atentos a compartir y potenciar “el poder”.
La finalidad de la inclusión es la integración, como una actitud que engloba el escuchar, dialogar, participar, cooperar, preguntar, confiar, aceptar y acoger las necesidades de la diversidad. Incluir implica dejar participar y decidir a otros que no han sido tomados en cuenta. Por eso, para comprender esta propuesta, la inclusión se refiere a los mismos objetivos de participación y equidad.
La Necesidad de una Educación Inclusiva y una Cultura de Colaboración
La educación inclusiva se hace día a día más necesaria porque solo así se podrá hacer frente a los requerimientos educativos de los miembros de la comunidad universitaria. Esto debe partir de un sistema educativo que respete la individualidad y resuelva los problemas desde una cultura de colaboración, donde se reconozca y vea a todos los alumnos como capaces de aprender, y se les anime a seguir superando obstáculos.
Experiencia de Comunidades Educativas Inclusivas
Necesitamos una educación integral, centrada en cómo apoyar las cualidades y detectar las necesidades de cada uno y de todos los estudiantes en la comunidad educativa, para que se sientan bienvenidos y seguros y alcancen el éxito. Una escuela inclusiva es aquella que educa a todos los estudiantes dentro de un único sistema educativo, proporcionándoles programas educativos apropiados que sean estimulantes y adecuados a sus capacidades y necesidades, además de cualquier apoyo y ayuda que tanto ellos como sus profesores puedan necesitar para tener éxito, donde todos sean aceptados y apoyados por sus compañeros y por otros miembros de la comunidad escolar para que tengan cubiertas sus necesidades educativas especiales.
Si partimos de la observación de que la sociedad y el mundo mismo en el que vivimos tienden, desde su estructura económica y sociocultural, a la exclusión, agravada por la creciente pobreza en un contexto de globalización, se hace aún más urgente promover una cultura de la inclusión para una sociedad incluyente.
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