Ideas para un discurso de jubilación de un profesor

Hoy me encuentro ante vosotros con un nudo en la garganta y un corazón lleno de emociones encontradas. Después de muchos años de dedicación y amor por la enseñanza, ha llegado el momento de decir adiós.

Comenzar con calidez y humor

Queridos compañeros, queridas compañeras, y, no menos queridos, compañeros-camaradas-jefes del equipo directivo y autoridades (si las hubiere):

Pese a las presiones de Alfredo, (Rubalcaba), de Aguirre, (Esperanza), y de tantos otros personajes influyentes como, por ejemplo, Mariano, el herrerillo de mi pueblo, voy a dejaros sin remisión. Que lo sepáis. (Manos extendidas aplacando los murmullos y diciendo:”Calma, calma.”)

(El siguiente párrafo ha de decirse in crescendo, empezamos con humildad para ir poco a poco levantando la voz hasta ponernos soberbiotes al final)

Reconocer el afecto y dramatizar con ternura

Lo siento, no insistáis, por favor, sé que vais a recordarme cada día y que seré un referente cotidiano para cada uno de vosotros. Me hago cargo de vuestro dolor, sé que os vais a separar de mí como la uña de la carne, es más, sé que este centro, sin mi presencia, quedará para siempre mutilado. Soy consciente. Así que, por favor, que nadie haga ninguna locura ante mi ausencia. Aceptadlo. Sed fuertes. Yo sé que podéis.

Incluir intervenciones coloquiales y cercanas

Algunos me diréis: (Aquí bajamos el tono y nos ponemos coloquiales e interpretativos) - No, José Luis, no lo dejes, por favor, no lo hagas, ¡no, no! Eres un gran profesor. No tires por la borda tu carrera cuando estás en lo mejor de tu vida.

Aquí nos sobreponemos y tomamos las riendas de nuevo del asunto, templamos la voz. Pero yo tendré que pediros calma y contestaros con esa entereza del que sabe vencerse a sí mismo:

- Efectivamente, amigos, será un gran sacrificio para mí, especialmente ahora que ya me iba enterando de lo que va esto de la educación, pero (gran suspiro): así es la vida.

Contar anécdotas que evidencien la trayectoria

No creáis que no echaré de menos esas jornadas en las que llegaba al centro entre ovaciones, entre aplausos, abriéndome paso entre la muchedumbre del alumnado que me aclamaba diciendo:”¡Torero, torero, torero!”, los unos, y, las otras:”¡Guapo, guapo y guapo!”

No creáis que olvidaré esas mañanas y esas tardes de gloria, de auténticos llenazos en mi clase. Pero, aun siendo consciente de que toda una vida dedicada a la lectura, la investigación y el estudio, no merece menos, creo que ha llegado el momento de dejarlo y que sean otros los que disfruten de esas mieles de las que yo tanto he gozado.

Agradecimientos estructurados

Es una gran satisfacción poder compartir con todos mis colegas y alumnos este pensamiento, para agradecerles infinitamente haber sido parte de mi trayectoria laboral durante los treinta y tres años de servicio. Se aglomeran en la cabeza cientos de recuerdos de esta maravillosa profesión que elegí por vocación y que me ha aportado muchas lecciones de vida de las que aprendí e intenté transmitir a todos mis alumnos.

Agradezco también a los padres y familias que confiaron en mí para ser parte del desarrollo y crecimiento de sus hijos. No podría haber llegado hasta aquí sin el apoyo y la colaboración de mis colegas y el personal de la escuela.

Mi agradecimiento es largo. Y comienza por la diosa Fortuna, a la que Maquiavelo, para no apagar nuestro libre albedrío, consideraba árbitra de la mitad de nuestras acciones. Porque fue la fortuna la que cambió mi destino, inicialmente encaminado a estudiar en Valladolid, tras leer en una pequeñísima noticia en una página interior del Diario de Burgos, donde yo nací y vivía, que se iba a poner en marcha una facultad de Derecho en la nueva Universidad Autónoma de Madrid, para la que se contaba ya con un cuadro de prestigiosos profesores.

Mi recuerdo y mi agradecimiento abarca asimismo a todos cuantos en la Facultad, en el curso de estos muchos años, debo tantas conversaciones e intercambios intelectuales, entre los que merecen una muy especial mención mis queridos compañeros y compañeras de Área, con los que los muchos seminarios y litros de café compartidos se quedan cortos en comparación con los conocimientos y el disfrute que yo he recibido de ellos.

En fin, sin la ayuda de las personas de administración y servicios nuestra existencia habría tenido alguno de los rasgos del estado de naturaleza hobbesiano: ya que no necesariamente solitaria, brutal y corta, sí al menos habría sido más pobre y desagradable.

Recordar hitos profesionales y lugares emblemáticos

Cuando inició esta hermosa aventura, recuerdo haber llegado a una escuela muy distante de mi casa, situada en la delegación Iztapalapa, en los límites con el Estado de México. Era el lejano 1984, tenía 17 años cuando empecé en la escuela primaria “Rafaela Suárez Solórzano”, recién egresada de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros.

Me quedan muchos recuerdos de mis inicios como maestra, como el día que llegué a ésta mi primera escuela, muy angustiada por su lejanía, pero resignadamente entré al edificio donde por suerte me encontré con mi gran amigo Roberto Castro y con otros compañeros de generaciones recientes, también egresados de la BENM.

Recuerdos imborrables de mi segundo destino en la enseñanza pública en la escuela primaria “Muralismo Mexicano” y el grupo de trabajo que formamos con los magníficos compañeros a los que nunca olvidaré, todos jóvenes emprendedores, que buscábamos superarnos realizando estudios universitarios en diversas áreas. Fueron momentos grandiosos, llenos de alegría y mucha convivencia durante cinco años en esta escuela.

Otro gran momento que viví fue durante mi estancia en la escuela “Chichén Itzá” donde colaboré durante 15 años. En este periodo, además de trabajar en mi propia localidad, tuve la satisfacción de poner en marcha junto a compañeros maravillosos, varios proyectos de enseñanza para nuestros queridos alumnos. Después, ocupé varios cargos administrativos que me ayudaron a fortalecer mi trabajo y finalmente desempeñé el cargo de Directora de la Escuela Primaria “Xochimilco”, donde concluí los últimos 10 años de mi carrera.

Fotografía del aula con alumnos celebrando la jubilación

Emociones encontradas: cómo expresarlas

Respondiendo a las preguntas de algunos compañeros y amigos "¿Qué sientes?" "¿No te da tristeza?”; “¿Estás contenta?” ; puedo responder: Siento alegría, tristeza, nostalgia, satisfacción, alivio y tranquilidad. Son momentos muy emotivos donde se mezclan tantos sentimientos.

Puedo decir que me voy satisfecha al saber que siempre me he esforzado por enseñar/educar a todos y cada uno de los cientos de alumnos que tomaron clases con esta humilde profesora, tan seria, pero a la vez tan cercana a todos... También siento nostalgia, al recordar las palabras de muchos de mis alumnos que me mostraban su afecto, me esperaban a la salida de la escuela para saludarme, me contaban sus historias, me consideraban un punto de referencia en sus vidas.

Consejos y reflexiones finales que pueden incluirse

Paso a mis dos consejos, uno más teórico y otro más práctico. El primero, que inevitablemente debía girar sobre el deber de decir y defender la verdad, me lo pisó Vargas Llosa el domingo pasado, así que aquí me limitaré a trasladarlo al ámbito de la universidad con una breve glosa.

Decir y defender la verdad es un deber que, a diferencia de los literatos, compartimos periodistas y profesores. Como compartimos también la necesidad de distinguir entre la información y la opinión, en nuestro caso, entre la descripción y la valoración, o entre la ciencia y la ideología.

Para este esfuerzo sirven varias cautelas: ante todo, hacer expresos nuestros presupuestos y prejuicios; después, tratar de dar razones, y las mejores razones, sobre nuestras valoraciones; y, en fin, intentar no hacer pasar nuestra inevitable pretensión de objetividad por pretensión de infalibilidad.

A mis estudiantes, usualmente de primero, les suelo recomendar que no se limiten a leer un solo periódico, sino que lean otro de línea ideológica opuesta, aunque mucho me temo que tienden a limitarse a la lectura de las redes, en las que es casi inevitable quedarse atrapado en burbujas y bucles que multiplican los sesgos y las anteojeras.

El segundo consejo viene de una práctica mía que me resulta muy satisfactoria: dar un paseo diario, el único deporte que he practicado. Se trata de una actividad de vieja raigambre filosófica y académica, como mostró Aristóteles con su escuela peripatética, que luego han seguido cultivando pensadores como Hobbes, Hume, Adam Smith, Rousseau o Walter Benjamin.

Personalmente, caminando en solitario se me han ocurrido algunas buenas ideas que han terminado pasando a mis textos o mis clases. Bueno, aclaro esto con una anécdota. Según lo cuenta el gran Albert O. Hirschman en sus Passaggi di Frontiera (Crossing Boundaries), Albert Einstein solía dar buenos paseos en los aledaños de Princeton.

Discurso de despedida de la vida docente (por jubilación) a cargo del Dr. Carlos Bregni

Mensajes de aliento para colegas que continúan

Quiero animar a mis colegas a seguir inspirando a las generaciones futuras, a nunca subestimar el poder transformador que tienen como educadores.

Les digo que trabajen siempre con la camiseta puesta. En este trabajo, como en todos, hay momentos muy difíciles, pero debemos rescatar lo positivo. Siempre hay que tratar de ser el mejor en la Universidad, en su vida personal y en su casa.

Despedida con esperanza y humor

Así que, amigos, nada me resta por deciros. Yo me marcho a disfrutar de la vida interior y os dejo tripulando esta nave. ¡Qué os sea leve! (Airoso corte de mangas, si procede, porque el ambiente relajado lo permita.)

Me jubilo. Me jubilo y hoy voy a empezar una nueva vida. He pasado casi 40 años trabajando en esta empresa y ordenando mi vida en torno al trabajo, sin pensar demasiado en que un día dejaría de hacerlo. Hoy estoy despidiéndome de vosotros sabiendo que he conseguido mucho.

Ahora que termina mi ciclo laboral, quiero dedicar este nuevo tiempo a las personas que, con paciencia y cariño, me han ayudado a seguir adelante. Reconozco que esta nueva etapa me produce una sensación de vértigo. La vida me regala tiempo libre, que hasta ahora no he tenido. Este tiempo es un regalo que tengo que gestionar bien para sacarle el máximo provecho y disfrutarlo como se merece.

Plantilla breve para un cierre emocional

  1. Breve saludo inicial y una nota de humor para romper el hielo.
  2. Recuerdo de hitos y anécdotas significativas.
  3. Agradecimientos a colegas, familias y personal de servicio.
  4. Expresión sincera de emociones encontradas.
  5. Uno o dos consejos prácticos o reflexivos.
  6. Deseo para el futuro y despedida con esperanza.
Elemento Ejemplo
Inicio "Hoy me encuentro ante vosotros con un nudo en la garganta..."
Anécdota "Recuerdos imborrables de mi segundo destino en la enseñanza pública..."
Agradecimiento "Agradezco también a los padres y familias que confiaron en mí..."
Consejo "Dar un paseo diario... el único deporte que he practicado."
Cierre "Me jubilo y hoy voy a empezar una nueva vida."

Si estás a punto de jubilarte y eres profesor/a de escuela, aquí te ofrecemos una idea para un discurso de jubilación que puede inspirarte.

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