Discapacidad Intelectual Leve: Comprensión y Apoyo

La discapacidad intelectual leve, también conocida como déficit cognitivo leve o funcionamiento intelectual límite, es una condición del desarrollo que se caracteriza por limitaciones significativas tanto en el funcionamiento intelectual como en las habilidades adaptativas. Estas limitaciones se manifiestan durante el periodo de desarrollo, generalmente antes de los 18 años.

Definición y Diagnóstico

Según la clasificación diagnóstica Internacional DSM-5 (APA, 2013), las personas con funcionamiento intelectual límite obtienen una puntuación de Cociente Intelectual Total (CIT) medida a través de pruebas estándares actualizadas, en la franja entre 70 y 79. Estas puntuaciones se encuentran por debajo de la inteligencia considerada media o normativa (CIT 80-120).

La discapacidad intelectual, definida por un CIT inferior a 70, es una condición patológica cuya principal característica es un desarrollo insuficiente que afecta la adaptación del individuo a su entorno relacional, social y laboral (OMS). Por esta razón, además de la medición del coeficiente intelectual, es fundamental considerar el funcionamiento adaptativo de la persona en distintas áreas. Estas áreas incluyen la comunicación, las competencias de la vida diaria, la responsabilidad social, la autonomía y la autosuficiencia.

La distinción entre capacidad intelectual limítrofe y discapacidad intelectual leve requiere una evaluación cuidadosa de las funciones intelectuales y adaptativas, y de sus discrepancias. Esto es especialmente importante cuando existen trastornos mentales concomitantes que puedan afectar la capacidad del individuo para seguir procedimientos de prueba estandarizados. El diagnóstico no se basa únicamente en una prueba de CI, sino que requiere entrevistas, observación e informes educativos y sociales.

Gráfico comparativo de rangos de CI para discapacidad intelectual.

Características y Manifestaciones

La discapacidad intelectual leve se manifiesta por limitaciones en el funcionamiento intelectual, lo que incluye la habilidad para aprender, razonar, resolver problemas y otras habilidades cognitivas. El DSM-V incluye, como funciones intelectuales, el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje a partir de la experiencia. El término "intelectual" hace referencia a la inteligencia, una construcción teórica compleja que generalmente se entiende como la capacidad de adaptación activa y pasiva a un entorno particular.

En cuanto al comportamiento adaptativo, este incluye las habilidades sociales y de la vida cotidiana, que cubren muchos comportamientos sociales y prácticos diarios. Se observan déficits o alteraciones en la actividad adaptativa actual, es decir, la eficacia de la persona para satisfacer las exigencias planteadas para su edad y por su grupo cultural, en al menos dos de las siguientes áreas:

  • Comunicación
  • Cuidado personal
  • Vida doméstica
  • Habilidades sociales/interpersonales
  • Utilización de recursos comunitarios
  • Autocontrol
  • Habilidades académicas funcionales
  • Trabajo
  • Ocio
  • Salud y seguridad

Las personas con discapacidad intelectual leve suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante los años preescolares, presentando alteraciones mínimas en las áreas perceptivas y motóricas. Sin embargo, debido a menores competencias a nivel intelectual, pueden manifestar dificultades para alcanzar las demandas educativas escolares, especialmente en los casos en que no existe un apoyo psicológico y educativo adecuado. Los niños y niñas con IL muestran dificultades para entender explicaciones, hablar con fluidez, aprender matemáticas y lectura, concentrarse y manejar la frustración, además de falta de iniciativa y curiosidad.

En la edad adulta, estas dificultades se pueden reflejar en un menor nivel de adaptación social, así como en dificultades para competir de manera autónoma en el mercado laboral. Los adultos con inteligencia límite enfrentan serias dificultades para resolver problemas laborales y personales, mantener relaciones sociales, organizarse y planificar, prestar atención a múltiples tareas, adaptarse a cambios, controlar impulsos, recordar información importante y comprender situaciones complejas.

Ilustración de un niño o niña en un aula con apoyo educativo.

Niveles de Discapacidad Intelectual

La discapacidad intelectual se clasifica en diferentes grados, cada uno con características y necesidades de apoyo distintas:

Discapacidad Intelectual Leve

Esta es la forma más común de discapacidad intelectual. Las personas con discapacidad intelectual leve suelen presentar algunas dificultades en el aprendizaje, pero con el apoyo y la atención adecuadas pueden desarrollar una vida autónoma, incluida su faceta profesional. En ocasiones presentan ciertos impedimentos para expresar sus emociones y tomar decisiones importantes.

Discapacidad Intelectual Moderada

El siguiente nivel de discapacidad intelectual, la moderada, supone un nivel de comprensión inferior al leve y requiere asistencia continuada en su vida cotidiana. Según la Asociación Española de Pediatría, la discapacidad intelectual moderada se sitúa en un rango de coeficiente intelectual entre 35-40 y 50-55. Pueden desarrollar ciertas tareas laborales y domésticas de forma independiente, pero con ayuda. En cuanto a las habilidades sociales, las personas con discapacidad intelectual moderada pueden tener dificultades para regular sus emociones y comportamientos en situaciones sociales.

Discapacidad Intelectual Severa y Profunda

Aquellas personas con discapacidad intelectual grave (cociente intelectual por debajo de 20-25) presentan dificultades de comprensión y comunicación, pero pueden participar en ciertas actividades adaptadas. Es habitual que este grado de discapacidad vaya acompañado de alteraciones físicas y/o sensoriales. La discapacidad intelectual profunda representa el nivel más elevado de discapacidad intelectual.

Causas y Factores de Riesgo

Las causas de la discapacidad intelectual son múltiples y de distinto origen. Pueden ser:

  • Causas Prenatales: Incluyen infecciones que afectan a la madre durante el embarazo, como la rubeola materna (especialmente durante las primeras ocho semanas de gestación) y las infecciones causadas por espiroquetas, como la sífilis.
  • Causas Perinatales: Si la discapacidad intelectual es por causa prenatal o durante el parto, los síntomas empiezan a ser evidentes en los primeros meses de vida, cuando se observan déficits del funcionamiento intelectual y adaptativo. Las causas postinfecciosas más frecuentes son las meningitis y las encefalitis.
  • Causas Postnatales o Adquiridas: En el caso de las discapacidades intelectuales adquiridas en la vida adulta, en función de la gravedad, la persona con este diagnóstico tendrá que reaprender ciertas habilidades y competencias.

Existen también condiciones genéticas que pueden causar discapacidad intelectual, como:

  • Síndrome de Down: Es la causa más frecuente de discapacidad intelectual, que generalmente fluctúa entre leve y severo.
  • Síndrome de Klinefelter: Exclusivo del sexo masculino y se manifiesta en la pubertad.
  • Síndrome de Turner: Propio del sexo femenino.
  • Síndrome del X frágil.

Además, se mencionan alteraciones estructurales como la microcefalia (disminución de la circunferencia craneal y peso cerebral) y la hidrocefalia (aumento del líquido cefalorraquídeo en el cerebro).

¿Qué es la discapacidad intelectual?

Impacto y Apoyo

La discapacidad intelectual no es una enfermedad y no se puede curar, pero esto no significa que las personas con discapacidad intelectual no puedan aprender y desarrollarse. Con el apoyo adecuado, todas las personas con discapacidad intelectual pueden llevar vidas satisfactorias y significativas.

El apoyo y la formación son componentes clave para ayudar a las personas con discapacidad intelectual leve o moderada a llevar vidas plenas y satisfactorias. La estimulación también es fundamental para lograr el mayor grado de funcionalidad posible, tanto en casos de aparición temprana como en discapacidades adquiridas.

Las personas con discapacidad intelectual leve pueden llevar una vida muy parecida a la de cualquier otra persona. No son solo una etiqueta diagnóstica; tienen intereses, habilidades, sueños y capacidades. La inclusión no es responsabilidad solo de las personas con discapacidad o sus familias, es un compromiso colectivo. Es importante recordar que una discapacidad intelectual no se "ve", pero sí se "siente". No se trata de sobreproteger, sino de empoderar.

Las tasas de empleo y de actividad de las personas con discapacidad de tipo intelectual están por debajo de la media de las tasas del total de personas con discapacidad. Por tanto, quedan muchas barreras por derribar para mejorar en el propósito de la inclusión laboral de las personas con discapacidad intelectual.

Es importante destacar que cada individuo es único y puede tener fortalezas y debilidades en diferentes áreas. Ante el éxito, es recomendable premiarlo con palabras y frases cariñosas que indiquen al niño que se reconocen sus esfuerzos. Buscar ayuda especializada es un paso fundamental para abordar las necesidades individuales.

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