El juego es una actividad fundamental para el desarrollo de todos los niños, una disposición innata que provoca reacciones espontáneas bajo la influencia de estímulos adecuados. Desde los movimientos sensoriales-motores solitarios hasta los juegos sociales e imaginativos con reglas, las actividades lúdicas evolucionan por etapas. La capacidad de jugar o mostrar interés por jugar es universal, sin embargo, los niños con una discapacidad pueden enfrentarse a numerosas barreras, como dificultades para realizar físicamente el juego, entender o aplicar las reglas, compartir ideas o turnarse con otros compañeros. Estas limitaciones pueden influir en el tipo de juego que desarrollan, incluyendo la manifestación de comportamientos no simbólicos o la ausencia de juego simbólico.
La Importancia del Juego y el Juego Simbólico en el Desarrollo
Muchas personalidades han investigado los beneficios del juego; Albert Einstein afirmaba que es la forma más elevada de investigación, y el psicopedagogo Francesco Tonucci sostiene que todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando. Jugar es comunicarse, compartir reglas, ser miembro de un colectivo, participar con los demás, experimentar y aprender.
El Juego Simbólico como Pilar del Desarrollo Cognitivo
El juego simbólico es toda actividad espontánea en la que se recrea un escenario como entretenimiento. Por ejemplo, una caja de cartón se convierte en un barco pirata o una escoba en un caballo. Esta habilidad se empieza a desarrollar durante el segundo año de vida y a los cuatro años ya se ha completado. Tiene una importancia sobresaliente en la educación infantil porque les permite a los niños tener la capacidad de expresar dos representaciones simultáneas, la real y la ficticia, en la que muestran una identidad inventada, algo impensable hasta ese momento. La ausencia de esta habilidad en la edad esperada puede indicar que algo no va bien en el desarrollo del menor.

Cuando el Comportamiento No Es Simbólico: Discapacidad y Juego
Aunque la mayoría de los niños se desarrollan por un camino similar, los niños con una discapacidad pueden experimentar retrasos o limitaciones en varios aspectos del juego. La combinación de sus habilidades dará lugar a una capacidad o interés diferentes en determinados tipos de juego, donde el comportamiento no simbólico o el juego de práctica pueden predominar.
Trastornos del Espectro Autista y la Ausencia de Juego Simbólico
Una de las causas más probables de la ausencia de juego simbólico en un niño que, por edad, ya debería tener desarrollada esta capacidad, es el síndrome de Asperger o el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Los niños que lo sufren generalmente no pueden desarrollar la habilidad para el juego simbólico hasta que no cumplen los nueve años de edad, pudiendo alargarse incluso hasta los 14 años. La falta de juego simbólico en niños con autismo es parte de las alteraciones sociales asociadas a los trastornos del espectro autista, ya que algunos no se interesan por lo que es un juguete o por lo que representa, solo se fijan en los rasgos físicos o en el detalle. En ocasiones muestran un desorden sensorial y de conductas estereotipadas que hacen que el juego pierda su propósito. La intención de jugar solo es particularmente fuerte para los niños del espectro TEA.
Para estos niños, el juego es a veces constructivo, pero no simbólico, centrándose más en la exploración sensorial o la manipulación repetitiva de objetos. El adulto debe establecer una buena base de interacción y después será más sencillo lograr que el niño imite y, a partir de ahí, ir avanzando para que estas acciones aprendidas se transformen en lúdicas e imaginarias.
Discapacidad Intelectual y Predominio del Juego de Práctica
La discapacidad intelectual se refiere a aquellas personas que poseen recursos cognitivos menores a lo esperable por su edad cronológica, lo que provoca dificultades de adaptación al medio. En la dimensión cognitiva, los niños con discapacidad intelectual tienden a quedarse en el nivel de juego de práctica, lo que significa que el objetivo de los juegos se centra en el movimiento físico o en la experiencia sensorial-motora, más que en el aspecto simbólico, creativo-constructivo o social. Esto encaja bastante bien con los aparatos que ya están presentes en la mayoría de los parques infantiles y que están orientados a las experiencias sensoriomotoras (deslizamiento, columpio...).
Los niveles de discapacidad intelectual se clasifican según el Cociente Intelectual (CI) y las necesidades de apoyo:
- Discapacidad Intelectual Leve o Ligera (CI entre 50 y 70): Tienen un retraso en el campo cognitivo y una leve afectación en el sensoriomotor. Sus habilidades comunicativas y sociales pueden ser buenas, pero pueden mostrar dificultades para detectar señales sociales y regular emociones.
- Discapacidad Intelectual Moderada (CI entre 35 y 50): Las habilidades conceptuales se desarrollan con gran lentitud, necesitando ayuda en tareas que exijan procesar conceptos complejos. La comunicación es eficiente en lo social, aunque poco compleja.
- Discapacidad Intelectual Grave (CI entre 20 y 35): Los problemas son de gran importancia, precisando de ayudas y supervisión continuada. El lenguaje es posible pero limitado, centrándose en el presente y empleando holofrases o palabras sueltas. En las actividades del día a día necesitan ser supervisados y cuidados.
- Discapacidad Intelectual Profunda (CI inferior a 20): Es el grado más elevado y el más infrecuente. A nivel conceptual, estas personas tienen graves dificultades para emplear procesos simbólicos, empleando principalmente conceptos físicos. La expresión emocional se da principalmente mediante la comunicación no verbal directa, sin simbolismo. Necesitan cuidado constante y un elevado nivel de ayuda y supervisión.
El Modelo 3D del Juego para la Inclusión
Para abordar la diversidad de modos de juego, existe el Modelo 3D del Juego, que visualiza la conexión entre las dimensiones sensoriomotora, socioemocional y cognitiva. Este modelo se basa en el desarrollo común de los niños y los modos de juego asociados, aunque reconoce que los niños con discapacidades no seguirán el camino regular.

- El primer eje se enfoca en el nivel de desarrollo sensomotor, desde movimientos sencillos hasta los más complejos.
- El segundo eje se relaciona con el desarrollo socio-emocional y los niveles de juego social (solitario, paralelo, de observación, asociativo, cooperativo).
- El tercer eje se refiere a las fases de desarrollo cognitivo de Piaget: sensoriomotor (juego de práctica), preoperacional (juego simbólico/constructivo), y operacional concreto y formal (juego con reglas).
Este modelo identifica seis subzonas notables que hacen referencia a la clasificación de las discapacidades, mostrando la variación de necesidades y deseos. La zona púrpura, en la parte inferior, es donde todos los niños comienzan y donde se desarrollan las tres dimensiones. Incluye a niños pequeños y a aquellos con discapacidad grave o compleja. La zona azul es significativa para entender el comportamiento no simbólico, ya que se destina a niños con un menor desarrollo socioemocional pero un desarrollo motor y cognitivo más regular (como algunos niños con autismo de alto funcionamiento o TDAH). En esta zona, el juego es a veces constructivo, pero no simbólico.
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Comportamientos Disruptivos como Señal de Dificultades de Aprendizaje
En ocasiones, los problemas de conducta en niños, como berrinches, manierismos, rituales, conductas estereotipadas o dificultades para sostener la atención, pueden ser manifestaciones de dificultades subyacentes, incluyendo las relacionadas con el procesamiento simbólico.
Muchos niños que tienen dificultades en la escuela se portan mal, negándose a participar o siendo disruptivos. Estos comportamientos, en lugar de ser rebeldía o desinterés, pueden ser señales de un trastorno del aprendizaje no diagnosticado. Los trastornos del aprendizaje tienen su origen en la forma en que el cerebro de un niño procesa la información, lo que puede dificultarles la lectura, la escritura o las matemáticas. Estas dificultades no se deben a una falta de inteligencia o esfuerzo, sino a diferencias en la función cerebral que hacen que las tareas de aprendizaje sean más difíciles.
- Dislexia: Puede manifestarse como evitación de tareas de lectura, negación a leer en voz alta o frustración. Algunos niños adoptan el papel de "payaso de la clase" para desviar la atención de sus dificultades.
- Discalculia y Disgrafía: Los niños con estos trastornos pueden procrastinar, "olvidar" tareas o enfadarse al enfrentarse a trabajos específicos de matemáticas o escritura. La dificultad para escribir una sola frase puede ser agotadora y frustrante, llevando a la evitación.
- TDAH: Afecta la capacidad para concentrarse, regular impulsos y administrar tareas. Los problemas para seguir instrucciones o permanecer quietos pueden confundirse con rebeldía, pero son resultado de la dificultad para regular la atención y la baja tolerancia a la frustración.
Cuando los niños no pueden explicar sus dificultades, su frustración se manifiesta en su comportamiento o en síntomas físicos como dolores de estómago. Esta ansiedad puede llevar a crisis nerviosas, evasión de la escuela o incluso negarse a entrar al edificio. Un comportamiento disruptivo podría ser el reflejo de un entorno que no proporciona los apoyos adecuados, o la expresión de una frustración al enfrentar situaciones difíciles de resolver, especialmente cuando las habilidades cognitivas para procesar información de manera simbólica están limitadas.
Identificación e Intervención para el Desarrollo
Identificar patrones en el comportamiento de un niño es el primer paso. Si un niño se porta mal solo durante la lectura o las matemáticas, es una señal de alarma. La intervención temprana puede evitar años de frustración y un impacto negativo en la confianza y autoestima del niño. Un diagnóstico adecuado no etiqueta, sino que proporciona las herramientas para el éxito.
Estrategias de Intervención Específicas:
- Para Dislexia: Programas de lectura multisensoriales, audiolibros, tiempo adicional para tareas y enseñanza basada en la fonética.
- Para Discalculia y Disgrafía: Métodos de enseñanza estructurados y paso a paso, organizadores gráficos, herramientas de voz-a-texto y tiempo adicional.
- Para TDAH: Asesoría para la función ejecutiva, rutinas estructuradas y terapia conductual para manejar la concentración y organización.
Las escuelas pueden proporcionar adaptaciones, como tiempo adicional en exámenes o modificar tareas. Comprender que las conductas complejas pueden ser una puerta abierta para entender y acompañar mejor a los niños es esencial. Tratar a las personas con dignidad y respeto, desde la comprensión, es un mínimo para tener una vida plena y de calidad.
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