A propósito del dicho popular “hay que pasar Agosto”, es fundamental reflexionar sobre la importancia que le damos a nuestros adultos mayores y cómo la sociedad los trata. El envejecimiento es un proceso que comienza con el nacimiento, un cambio natural e inevitable que a veces pareciéramos querer olvidar. Aunque existen esfuerzos por brindar apoyo y ofertas de servicios a los mayores, tanto del Estado como de la sociedad civil en diversos países, aún queda mucho por hacer, principalmente en lo que dice relación al enfoque dado.
Es necesario contribuir a un cambio de paradigma, donde las personas mayores se empoderen como sujetos de derechos y no solo como beneficiarios de la asistencia social, sino como personas responsables respecto de sí mismas, de sus familias y de su entorno. Este cambio de perspectiva es crucial para una integración plena y digna.

Comprendiendo la Adultez Mayor y el Envejecimiento
Definición de "Adulto Mayor"
Para comenzar, es preciso mencionar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en el año 1984 el uso del término "adulto mayor" para referirse a las personas de 60 años o más. Esta definición fue también adoptada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conforme a la Resolución 50/141 del año 1996, aprobada por su Asamblea General (Sabatini y Iacub, 2013).
Es menester aclarar que, indistintamente, los términos adultez mayor, adultez tardía o vejez dan cuenta de un mismo fenómeno: una etapa de la vida del ser humano. Para Rodríguez (2011), “la etapa de vejez del ser humano ha sido el resultado del desarrollo del proceso del ciclo vital, el cual ha estado enmarcado por las características de lo que ha vivido a lo largo de sus etapas a nivel individual, social, desde su historia de salud y de los determinantes de esta (estilos de vida, biología, sistemas de salud, ambiente)”.
El Envejecimiento: Un Proceso Natural
La OMS (2021) señala que “el envejecimiento es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, a un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, a la muerte” (párr. 4). Sin embargo, Papalia et al. (2009, 4) destacan la importancia de asumir una visión positiva de la vejez y considerarla como un proceso natural de desarrollo que incluye tanto pérdidas como ganancias.
El envejecimiento resulta de la suma de los cambios morfológicos y funcionales que ocurren a través del tiempo en los seres vivos, desde su concepción hasta la muerte; es individual, dinámico, progresivo e irreversible, y se produce en el ser vivo con relación al paso del tiempo. En el ámbito biológico, se observa una degeneración progresiva de las facultades físicas debido a la alteración producida por el paso del tiempo en los tejidos, lo que al disminuir las capacidades físicas incrementa la vulnerabilidad ante las enfermedades y accidentes, y la tendencia natural del anciano a descompensarse con facilidad.
Rompiendo Estereotipos sobre la Vejez
Es posible que algunos adultos mayores e incluso sus familiares, consideren la etapa de adulto mayor como un factor predisponente que conlleva la reducción de capacidades físicas. No obstante, esto dependerá de la salud que presente el adulto mayor y de su actitud hacia la vida, pues muchas veces se observa a adultos mayores que irradian una actitud más jovial que muchos jóvenes. Las alteraciones psicológicas propias de esta etapa también influyen de manera determinante en la forma de establecer sus vínculos con su entorno familiar y social. Erikson, citado por Papalia (2012), hace mención desde su enfoque psicodinámico al conflicto de la “integridad del yo vs desesperanza”, donde la virtud que es posible desarrollar durante esta etapa es la sabiduría, “una preocupación informada y desapegada por la vida al enfrentar la muerte”.
De acuerdo con Serdio (2015), el envejecimiento de la población no es solo una cuestión biológica; socialmente, este proceso ha sido interpretado según cómo se proyecta en el entorno. Muchas personas piensan que el aumento de esta población resultará en una sociedad dependiente, creando una descompensación. En contraparte, otros opinan que hoy en día existen personas de la tercera edad con independencia total, y que en el futuro la sociedad estará mejor preparada para que esta etapa se viva a plenitud.
Sánchez, citado por Rodríguez (2011), señala que las sociedades se encuentran atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez que terminan estereotipando la minusvalía. Los estereotipos más comunes incluyen:
- Ancianos percibidos como enfermos y con discapacidad: Asociado con fragilidad y dependencia, este estereotipo ignora a la población de personas mayores capaces de realizar tareas diarias de forma autónoma e independiente, que viven solos y que, a pesar de enfermedades crónicas, refieren un estado de bienestar satisfactorio.
- Carentes de recursos sociales, solos y deprimidos: Una percepción que no siempre coincide con la realidad de muchos adultos mayores activos y socialmente conectados.
- Deterioro cognitivo y trastornos mentales: Es crucial no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
- Psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios: Esta visión ignora la capacidad de resiliencia y adaptación que muchos adultos mayores demuestran.
Superar los estereotipos negativos a nivel social permitirá un grado de sensibilización mayor en todos los actores sociales y, por efecto espiral, las propuestas dirigidas a los adultos mayores estarán cada vez menos contaminadas con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez (Ferrari, 2015:25).

Las Contribuciones Invaluables de los Adultos Mayores
Pérez (2019) explica que es mucha la contribución de nuestros adultos mayores en la sociedad. Por esto, vale la pena destacar los importantes roles que el adulto mayor ejerce.
Pilar de la Cohesión Familiar
En el contexto familiar, el adulto mayor sigue siendo, en muchos casos, una pieza clave a la hora de lograr la cohesión de los vínculos intrafamiliares. La familia es la primera instancia donde el ser humano socializa, primer grupo social de interacción y relaciones, y se vuelve un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia humana.
Transmisores de Sabiduría y Experiencia
Los adultos mayores poseen un capital inestimable que es la experiencia, el conocimiento adquirido durante años de vida, lo cual debería ser tomado en cuenta con mayor énfasis en la sociedad. La reflexión y las acciones del adulto mayor como transmisor de valores culturales, su trabajo en tareas de voluntariado y su entusiasmo por transmitir un legado a las generaciones de relevo, son aportes de un valor incalculable para una sociedad que debe ser educada y reeducada en la construcción de una nueva representación social de la vejez (Pérez, 2019).
Participación en la Crianza y el Apoyo Familiar
En muchos casos, los adultos mayores asumen el rol de abuelos y participan activamente en la crianza de los niños cuando los padres deben trabajar largas horas diarias. Aportan, muchas veces, esa contención afectiva que se hace carencia frente a las ausencias paternas (Pérez, 2019). Por ejemplo, en contextos de migración o crisis, muchos abuelos y abuelas cargan sobre sus hombros múltiples responsabilidades en la crianza de sus nietos, ante la ausencia de sus padres, quienes buscan un mejor futuro para sus familias.
Generalmente, en las familias en las que ambos progenitores trabajan, los abuelos suelen ser los cuidadores principales durante la mayor parte del tiempo (Craig y Baucum, 2009: 185). En el ámbito familiar, el rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciéndose relaciones sólidas y de confianza con los nietos (Craig y Baucum, 2009: 590; Labarca, 2012: 405).
Promotores de Valores Intergeneracionales
Otros adultos mayores participan en programas donde las relaciones intergeneracionales son fuente de transmisión de valores culturales, tradiciones, principios éticos y morales que toda sociedad necesita consolidar para evitar los conflictos (Pérez, 2019). Es así que muchos adultos mayores aportan a la identidad social y familiar, generando beneficios para la sociedad en su conjunto y reemplazando, en muchos casos, carencias y fallas propias de una sociedad que privilegia valores erráticos e improductivos en lo que respecta a la condición humana.
Fomentando la Autoestima y la Calidad de Vida
Reconocer la experiencia de este capital acumulado le permite al adulto mayor seguir considerándose útil y necesario, lo cual mejora su autoestima y su calidad de vida. Además, el adulto mayor puede ejercer como formador de las nuevas generaciones, para que no se desperdicie ese capital logrado a través de la experiencia (Pérez, 2019).

El Entorno Social y su Influencia
Definición de Entorno Social
El entorno social, también denominado contexto social o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales. Está relacionado con los grupos a los que pertenece y abarca a las personas e instituciones con las que el individuo interactúa en forma regular. Es el espacio constituido por todos los elementos creados por el ser humano que rodean a los individuos e interactúan con ellos, tales como la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural que los rodea.
El entorno social abarca dos aspectos: el material y el inmaterial. La dimensión material comprende la infraestructura, servicios públicos, remuneración del individuo, nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones del entorno social, y de estos depende gran parte la salud física y mental de las personas.
La Familia como Núcleo de Socialización
En el ámbito familiar, el hogar como espacio donde se asienta la familia y la posibilidad de desempeño de actividades son clave para elevar el ánimo de los adultos mayores. Los elementos que conforman el entorno social pueden variar de acuerdo al lugar donde se encuentre el individuo, y el peso o la importancia de estos cambia según la cultura o valores de cada grupo humano.
El Rol de la Sociedad y la Educación
La sociedad es el contexto social macro donde crece un individuo y se desarrolla de manera integral asumiendo los distintos roles que, a medida que el ser humano se desarrolla, va ocupando. Por supuesto, está formada por millones de otros individuos que comparten e interactúan desde determinados valores sociales y culturales. La educación, desde la escuela, tiene un papel fundamental en el desafío de romper con un imaginario social que segrega y excluye de las relaciones sociales a la vejez, dejando de lado viejos prejuicios y fomentando la tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por Rodríguez (2011), establece que el desarrollo humano se fundamenta en la “creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses”.
Adaptaciones Ambientales y Necesidades Crecientes
Según Sánchez-González (2007: 48), el aumento del envejecimiento demográfico es un fenómeno universal e implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinados a los millones de adultos mayores vulnerables. Las personas que transitan esta etapa no solo deben enfrentar el tomar consciencia de que sus condiciones biológicas, físicas, intelectuales y psicoemocionales ya no son óptimas. Es a partir de ese planteamiento que el entorno social aparece como un factor fundamental para potenciar, desde el estímulo externo, las condiciones necesarias para promover la motivación que puede encontrar en la edad adulta tardía potencialidades para hacer de esa etapa una que sea adecuada y plena. Así lo destaca Meléndez, Tomás y Navarro (2009: 91).
Por su parte, la OMS establece requerimientos desde el entorno para hacer del envejecimiento una etapa de bienestar emocional, satisfacción y exploración de nuevas oportunidades de toda índole.

Bienestar Emocional en la Vejez
La Complejidad del Bienestar Emocional
Tener bienestar emocional puede parecer algo sencillo, pero no lo es. El bienestar emocional se relaciona con las emociones, las cuales son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Goleman (1995) define a las emociones como impulsos para la acción, razón por la cual el bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y, aún más, para desarrollar la capacidad humana natural para enfrentar situaciones adversas o complejas, hoy conocida como resiliencia. “Todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado”, afirma Goleman (1995).
La emoción es una compleja combinación entre lo que percibes, cómo reacciona tu cuerpo y lo que te motiva a actuar. Las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno; no son buenas ni malas, son señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos. Lo que sí es calificado como positivo o negativo es la valoración de las personas sobre lo vivido y las emociones ligadas a esas vivencias. A propósito de lo referido anteriormente, se considera pertinente aportar lo que Bisquerra (2006) ha llamado el decálogo del bienestar, que muestra indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.
Factores que Influyen en el Bienestar del Adulto Mayor
El bienestar emocional es de especial particularidad y características cuando de adultos mayores se trata, pues la tercera edad es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar. Según Carmona (2009) “el bienestar en la vejez se deriva de diversos factores -no solamente biológicos- sino también sociales y personales en su construcción”.
La OMS, en una publicación presentada el 12 de diciembre de 2017 sobre la Salud Mental de los Adultos Mayores, asegura que la salud integral de este grupo se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables. Ello supone crear condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien que las personas adopten modos de vida sanos e integrados.
En términos subjetivos, la calidad de vida es un término que también se halla vinculado al bienestar emocional. Según Glatzer y Zapf, citados por Palomba (2003: 255-256), “el concepto de calidad de vida constituye un término multidimensional del bienestar que significa que las condiciones de vida
Hacia un Cambio de Paradigma y la Inclusión Activa
Es imperioso un cambio en la visión de la adultez mayor, respecto a repensar los conceptos de utilidad y productividad en esta etapa. Es decir, hay que darle el valor que merecen nuestros adultos mayores como el engranaje perfecto de una etapa que suma experiencias de vida en los ámbitos familiar, laboral, económico y social. Recordemos que la vejez es una etapa a la cual, en el mejor de los casos, todos vamos a llegar y que bueno sería vivirla con la mayor dignidad, amor y respeto posible. Por tanto, brindemos hoy a nuestros adultos mayores lo que queremos para nosotros en el futuro.
El 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores, nos invita a reflexionar sobre su papel fundamental en nuestra sociedad. En un mundo donde la juventud y la inmediatez parecen acaparar la atención, es esencial recordar que la experiencia y sabiduría de las personas mayores son pilares para el progreso y la cohesión social. A lo largo de nuestras vidas, acumulamos experiencias, conocimientos y lecciones que, al llegar a la vejez, se convierten en un patrimonio invaluable. Los mayores no solo son la memoria viva de nuestro entorno, sino que también representan el tejido que une generaciones, transmitiendo valores, tradiciones y aprendizajes que nos enriquecen.
Superando la Perspectiva Asistencialista
La sociedad actual parece haber olvidado que los mayores han contribuido de manera decisiva a construir un mundo mejor. Con su esfuerzo y sacrificio, han trabajado incansablemente para forjar las bases de la sociedad que hoy disfrutamos. Han sido testigos de grandes cambios, han superado adversidades y, en muchos casos, han levantado a sus familias y entornos con dedicación. A pesar de su valor, las personas mayores siguen enfrentando la discriminación por edad, un fenómeno que lamentablemente se ha normalizado. Esta discriminación, que se manifiesta en la exclusión y la falta de oportunidades, refleja la incapacidad de reconocer que los mayores son una fuente de conocimiento y un recurso valioso.
Por ello, es fundamental reconocer que envejecer con dignidad implica garantizar sistemas de atención y apoyo adecuados. En un mundo donde la longevidad es cada vez mayor, debemos asegurar que quienes necesiten cuidados reciban la atención de calidad que merecen. Nuestra sociedad debe mirar con ojos "nuevos" a las personas mayores y al proceso de envejecimiento, tratándolo como una dimensión continua a lo largo de la vida. Para ello, es crucial que reservemos un espacio para "cuidarnos unos a otros" en nuestro pensamiento y organización de vida.
Es necesario dejar de lado la perspectiva asistencialista y avanzar hacia una valorización real y concreta del rol público que pueden desempeñar, dándoles un lugar central en proyectos y actividades donde su experiencia sea un recurso valioso.
Políticas para el Envejecimiento Activo y Digno
No podemos permitir que la edad sea motivo de marginación. El envejecimiento es un proceso natural, y las personas mayores tienen derecho a vivir con dignidad, respeto y acceso a oportunidades para seguir contribuyendo. La máxima de que el envejecimiento activo y saludable debe ser una prioridad es clave. La OMS define el envejecimiento activo como el proceso de optimización de las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez, lo que incluye tres pilares: salud (bienestar físico), participación (bienestar mental) e integración social.
La definición de envejecimiento activo se interrelaciona con el grado de funcionalidad de una persona desde un contexto integral. La ONU invita a los gobiernos y a las organizaciones no gubernamentales a estudiar medios eficaces para construir proyectos dirigidos a sostener el mayor grado de independencia en las personas mayores. Esto implica continuar avanzando en políticas sobre el cambio demográfico, implementando estrategias de cuidados y asegurando que se incorpore una visión del envejecimiento que tenga en cuenta las diferencias políticas, regionales y tradiciones locales.
Impulsar propuestas para garantizar los derechos y el bienestar de las personas mayores, incluyendo la promoción de una agenda mundial de investigación sobre el envejecimiento y el uso de la tecnología, es esencial para asegurar que no queden al margen de los avances digitales.
Fomentando la Participación y los Encuentros Intergeneracionales
La soledad y el aislamiento son problemáticas agudas que se experimentan en la vejez, exacerbadas por la pérdida de redes y vínculos sociales. Como sociedad, es fundamental encontrar formas de incorporar proactivamente a las personas mayores en la vida social y laboral, aprovechando su experiencia y conocimiento. Existe una percepción de que sus experiencias de vida, el conocimiento adquirido y sus capacidades no son considerados por la sociedad en su conjunto.
Si bien la mayoría de ellos ha salido del mercado laboral, son un grupo etario que puede continuar aportando en distintos ámbitos, tanto en el mundo público como privado, pero hay una ausencia de espacios donde se pueda materializar esta contribución. Al mismo tiempo, no existe un intercambio genuino con las generaciones más jóvenes. Es así como se torna clave crear modelos de inclusión e instancias de encuentros intergeneracionales donde se dé un diálogo y aprendizaje mutuo, evitándose así la pérdida de conocimientos y habilidades.
Dentro del mundo público, a nivel de los gobiernos locales, se puede promover la creación de Comités Asesores Intergeneracionales integrados por distintos actores de la comunidad, entre ellos grupos de la tercera edad, que tendrán el rol de asesorar al alcalde y al consejo municipal en distintas áreas claves, como la mejora de la infraestructura pública, relevante para ellos. El mundo privado, al mismo tiempo, puede promover espacios donde los adultos mayores contribuyan activamente. Fomentar la creación de redes solidarias intergeneracionales que impulsen el acompañamiento y el intercambio de conocimientos es también crucial.
Hoy, más que nunca, debemos recordar que los mayores no son un estorbo para la sociedad; son un legado que debemos cuidar y respetar. Su experiencia y sabiduría son una fuente de inspiración y aprendizaje para las nuevas generaciones. Elevemos la voz para recordar que los mayores son esenciales y que su contribución es indispensable para un futuro más justo y equitativo.