El paso del tiempo provoca modificaciones naturales en el cuerpo humano, y uno de los sistemas más afectados es el cardiovascular. Con la edad, el sistema cardiovascular sufre una serie de transformaciones que, aunque en muchos casos son fisiológicas, pueden aumentar la vulnerabilidad frente a enfermedades. El envejecimiento natural del corazón implica cambios fisiológicos que pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La población mundial envejece rápidamente y la comprensión de los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento es una herramienta clave para abordar las necesidades biomédicas y sociales de este grupo etario. Es importante tener en cuenta el efecto que tienen los factores relacionados con el medio ambiente y los estilos de vida (actividad física, consumo de alcohol, tabaquismo, nutrición y características de la personalidad) sobre el proceso del envejecimiento, no solo por la predisposición a la aparición de enfermedades cardiovasculares, sino también porque pueden acelerar la velocidad del envejecimiento en ausencia de enfermedad.
El Sistema Cardiovascular: Una Visión General
El aparato cardiovascular lo componen el corazón y los vasos sanguíneos (arterias y venas). El corazón tiene dos lados: el lado derecho bombea sangre a los pulmones para recibir oxígeno y eliminar dióxido de carbono; el lado izquierdo bombea sangre oxigenada al cuerpo. El corazón consta básicamente de cuatro cavidades, dos aurículas y dos ventrículos. Las aurículas funcionan como cámaras de entrada de la sangre desde las venas, mientras que los ventrículos impulsan la sangre hacia las arterias.
La sangre sale del corazón primero a través de la aorta, y luego por las arterias, las cuales se ramifican y se hacen cada vez más pequeñas a medida que penetran en los tejidos. Dentro de dichos tejidos, se convierten en capilares diminutos. En los capilares es donde la sangre entrega oxígeno y nutrientes a los tejidos, y recibe dióxido de carbono y desechos de estos. Luego, los vasos comienzan a agruparse en venas cada vez mayores, las cuales devuelven la sangre al corazón.

Cambios Fisiológicos y Estructurales del Corazón
A medida que el corazón envejece, se producen diversos cambios estructurales y funcionales que afectan su rendimiento.
Engrosamiento y Rigidez Cardíaca
Uno de los principales cambios cardiovasculares en los ancianos es el engrosamiento de las paredes del corazón, especialmente del ventrículo izquierdo. El corazón tiende a aumentar ligeramente de tamaño con la edad, debido principalmente a la hipertrofia de la célula miocárdica. Esto puede dificultar la contracción y relajación cardíaca. Las paredes más gruesas también se vuelven más rígidas, con lo que las cavidades no se llenan totalmente de sangre antes de cada bombeo ventricular. El endurecimiento de las paredes del corazón relacionado con la edad hace que el ventrículo izquierdo no se llene adecuadamente, lo que puede conducir en algunos casos a una insuficiencia cardíaca (especialmente en personas mayores con otras enfermedades como hipertensión arterial, obesidad o diabetes).
El número total de miocitos disminuye con la edad; aproximadamente el 35% del total de miocitos ventriculares muere entre los 30 y 70 años, siendo esta pérdida más acentuada en hombres que en mujeres e independiente de la presencia de enfermedad cardiovascular. Aquellos miocitos que sobreviven pueden contener múltiples núcleos y un alto número de copias de cromosomas. Al morir los miocitos, estos son reemplazados por fibroblastos, los cuales continúan dividiéndose y produciendo colágeno, hecho que altera las propiedades mecánicas del corazón produciendo un ventrículo más rígido y menos distensible.
Además, más del 50% de las personas mayores de 70 años tienen depósito de material amiloide en su sistema cardiovascular, el cual se incrementa con la edad. La lipofuscina, un pigmento pardo, también se acumula en las células envejecidas de los mamíferos, especialmente en las células miocárdicas, sirviendo como marcador de envejecimiento.
Alteraciones en la Función del Marcapasos Natural y la Conducción
El corazón tiene un sistema de marcapasos natural que controla el latido cardíaco. Con el envejecimiento, algunas de las rutas de este sistema pueden desarrollar tejido fibroso y depósitos de grasa. El marcapasos natural (nódulo sinoauricular o nódulo SA) pierde algunas de sus células, encontrándose que el 90% de las células que estaban presentes a los 20 años de edad han desaparecido a los 75 años. Estos cambios pueden ocasionar una frecuencia cardíaca ligeramente más lenta y alterar la conducción eléctrica del corazón, lo que genera latidos irregulares, acelerados o demasiado lentos. Los depósitos de material amiloide a nivel auricular y los cambios del tejido de conducción pueden llevar al incremento de microcircuitos de entrada y al desarrollo de trastornos del ritmo cardíaco como bloqueos de primero y segundo grado, síndrome de seno enfermo y fibrilación auricular.
Aparato Valvular
El aparato valvular también está sujeto a cambios degenerativos con la edad, en especial en la válvula aórtica, donde hay un aumento en la rigidez, del depósito de calcio, del engrosamiento y la formación de nódulos en sus márgenes. Esto ocurre de forma progresiva y constante, resultando en estenosis aórtica o en insuficiencia aórtica por dilatación del anillo. Suceden cambios similares en la válvula mitral, que se presentan con menor severidad pero con mayor frecuencia en mujeres. La calcificación del anillo puede llevar a insuficiencia mitral por prolapso de la valva posterior hacia la aurícula. Debido a los cambios en el sistema valvular mitroaórtico, se puede explicar el hallazgo frecuente de soplos de baja a moderada intensidad en los ancianos, que en general no representan una patología de relevancia clínica.

Cambios en los Vasos Sanguíneos y el Endotelio
Con la edad, los vasos sanguíneos también experimentan modificaciones significativas.
Pérdida de Elasticidad Arterial (Arterioesclerosis)
Los vasos sanguíneos pierden su elasticidad. El endurecimiento progresivo de las arterias (arterioesclerosis) reduce su capacidad para adaptarse a los cambios de presión. Las grandes arterias de conducción se engruesan y pueden llegar a dilatarse o elongarse. Este crecimiento se produce en la región de la íntima, debido al cúmulo de células y de depósitos de sustancias en la matriz, lo cual, asociado con la fragmentación de la membrana elástica interna y el incremento del contenido de colágeno, hace que se tenga mayor probabilidad de desarrollar aterosclerosis con el paso del tiempo. Las fibras elásticas sufren degeneración, adelgazamiento, ramificación y fractura, con una disminución en el volumen proporcional que ocupan en la pared arterial. Paralelamente, aumenta la cantidad de fibras colágenas y la microcalcificación en la túnica media, lo que contribuye a la rigidez.
Disfunción Endotelial
La disfunción endotelial es otro de los cambios en los vasos sanguíneos que se observan con el envejecimiento, caracterizada por la disminución de la función vasodilatadora dependiente de endotelio y el desarrollo de procesos inflamatorios. Se ha encontrado disminución de la producción de óxido nítrico (NO), aumento en la producción de factores vasoconstrictores y un incremento del estrés oxidativo. El aumento en la producción de citoquinas proinflamatorias también participaría en el envejecimiento endotelial, un paso inicial en el desarrollo de la aterosclerosis.
Barorreceptores y Presión Arterial
Unos receptores denominados barorreceptores, que controlan la presión arterial, se vuelven menos sensibles con el envejecimiento. Esto puede explicar por qué muchas personas mayores tienen hipotensión ortostática, una afección en la cual la presión arterial baja cuando una persona va desde la posición de acostado o sentado a estar de pie, causando mareo debido a que hay menos flujo de sangre al cerebro. Con la edad, la presión arterial puede volverse más difícil de controlar; la hipertensión es frecuente, pero también pueden producirse episodios de hipotensión. En general, la mayoría de las personas mayores tienen un aumento moderado de la presión arterial, especialmente de la presión sistólica.
Capilares y Flujo Sanguíneo
Las paredes de los capilares se engruesan ligeramente. Esto puede ocasionar una tasa de intercambio de nutrientes y desechos un poco más lenta. La pérdida de elasticidad arterial y la disminución del gasto cardíaco provocan un flujo sanguíneo más lento y menos eficiente.

Cambios en la Sangre
La sangre misma cambia ligeramente con la edad. El envejecimiento normal produce una reducción en la cantidad total de agua corporal, lo que disminuye el volumen de sangre. La velocidad con la cual se producen los glóbulos rojos sanguíneos en respuesta al estrés o la enfermedad se reduce. La mayoría de los glóbulos blancos sanguíneos se mantienen en los mismos niveles, aunque ciertos glóbulos blancos importantes para la inmunidad (neutrófilos) disminuyen en cantidad y capacidad para combatir bacterias. Esto reduce la capacidad para resistir infecciones.
Impacto de los Cambios en el Funcionamiento Cardíaco
Todos estos cambios producen una disminución de la capacidad de reserva funcional cardiovascular. Un corazón más viejo puede tener menos capacidad de bombear sangre igual de bien cuando se hace trabajar más fuertemente. Algunos de los factores que pueden aumentar la carga de trabajo del corazón incluyen: ciertos medicamentos, estrés emocional, esfuerzo físico, enfermedad, infecciones, lesiones, cafeína y otros estimulantes en la dieta.
Síntomas Comunes del Corazón Envejecido
Detectar los síntomas del corazón envejecido permite tomar decisiones antes de que se presenten problemas mayores. Una de las señales más habituales es el cansancio al realizar las tareas cotidianas. Subir escaleras, caminar distancias cortas o cargar objetos ligeros puede convertirse en un desafío. Además, la circulación en brazos y piernas puede verse comprometida, manifestándose en forma de hormigueo, pesadez, hinchazón o calambres nocturnos.
Factores que Influyen en el Envejecimiento Cardiovascular
El deterioro del sistema cardiovascular no depende solo de la edad. Existen factores modificables y no modificables que aceleran o ralentizan este proceso.
Factores Modificables
- La inactividad física, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol o una dieta alta en grasas saturadas pueden acelerar el envejecimiento del corazón.
- La presencia de enfermedades como la diabetes, el colesterol elevado o la hipertensión afecta directamente al corazón y los vasos sanguíneos.
- Algunos medicamentos utilizados para tratar otras patologías pueden tener efectos secundarios sobre la función cardiovascular.
Factores No Modificables
- La genética juega un papel importante. Las personas con antecedentes familiares de enfermedades cardíacas deben estar especialmente atentas a cualquier síntoma del corazón envejecido.
Factores de riesgo NO modificables para enfermedad cardiovascular
Problemas Cardiovasculares Comunes en el Adulto Mayor
El cambio del sistema cardiovascular en la tercera edad incrementa la probabilidad de desarrollar patologías. El riesgo cardiovascular aumenta exponencialmente con la edad, especialmente a partir de los 65 años.
- Angina (dolor torácico causado por reducción temporal del flujo sanguíneo al músculo cardíaco), dificultad respiratoria con el ejercicio y el ataque cardíaco pueden ser resultado de la arteriopatía coronaria.
- Se pueden presentar ritmos cardíacos anormales (arritmia) de diversos tipos, siendo la fibrilación auricular mucho más frecuente con la edad, conllevando alto riesgo de ictus y mortalidad.
- Se puede presentar anemia, posiblemente relacionada con desnutrición, infecciones crónicas, pérdida de sangre del tubo digestivo o como una complicación de otras enfermedades o medicamentos.
- La ateroesclerosis (endurecimiento de las arterias) es muy común. Los depósitos de placas de grasa en el interior de los vasos sanguíneos hacen que estos se estrechen y pueden bloquearlos totalmente.
- La insuficiencia cardíaca congestiva es muy común en las personas mayores. En las personas de más de 75 años se presenta con una frecuencia 10 veces superior que en adultos más jóvenes.
- La hipertensión arterial y la hipotensión ortostática son más comunes en las personas mayores.
- Las valvulopatías son más o menos comunes, siendo la estenosis aórtica la más frecuente.
- Los accidentes isquémicos transitorios (AIT) o accidentes cerebrovasculares se pueden presentar si se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro.
- Otros problemas incluyen: coágulos sanguíneos, trombosis venosa profunda, tromboflebitis, enfermedad vascular periférica (que produce dolor intermitente en las piernas al caminar o claudicación) y venas varicosas.
- Se pueden presentar aneurismas (ensanchamientos o dilataciones anormales de parte de una arteria) en una de las principales arterias del corazón o en el cerebro.
Desafíos en la Atención Cardiovascular del Adulto Mayor
La atención cardiovascular de las personas mayores presenta una serie de complejidades debido a las características intrínsecas de esta población.
Contexto Demográfico
Europa envejece rápidamente y, con ello, aumenta el peso específico de la enfermedad cardiovascular entre las personas mayores. Entre 1990 y 2024, la proporción de personas mayores de 75 años creció significativamente. Este cambio demográfico, impulsado por mayor longevidad y menor natalidad, convive con décadas de reducción de la mortalidad cardiovascular, de modo que más personas viven más años con enfermedad cardiovascular.
Multimorbilidad y Fragilidad
Los adultos mayores concentran la mayor carga de enfermedad y, a la vez, afrontan desafíos distintivos: cambios fisiológicos propios de la edad, multimorbilidad, fragilidad, deterioro cognitivo y barreras sociales y económicas. La fragilidad, cada vez más prevalente con la edad, multiplica el riesgo de caídas, discapacidad, progresión de enfermedad cardiovascular y mortalidad. La fragilidad se asocia con mayor mortalidad cardiovascular y resultados adversos en cardiopatías estables, síndromes coronarios, insuficiencia cardíaca, cirugía cardíaca y el reemplazo valvular aórtico transcatéter.
Limitaciones Diagnósticas y Terapéuticas
Con frecuencia, el cuadro clínico es menos "de libro". El dolor torácico puede ser tenue o ausente, y aparecen fatiga, confusión o molestias gastrointestinales. En insuficiencia cardíaca predomina la disnea y el cansancio inespecífico. Esta presentación compleja retrasa la consulta, prolonga los tiempos de atención en urgencias y se asocia a mayor mortalidad. Muchas decisiones clínicas se sustentan en ensayos que han excluido o infrarepresentado a las personas mayores, sobre todo a las mayores de 75 años. Esto deja incertidumbre sobre la intensidad terapéutica óptima y los objetivos de tratamiento en edades avanzadas.
Las puntuaciones de riesgo (como SCORE2 Older Persons) se diseñaron para edades inferiores y rinden peor en personas mayores. La rigidez arterial, la disfunción diastólica y la menor reserva coronaria, entre otros cambios, modifican el rendimiento y la interpretación de pruebas como la ecocardiografía o el electrocardiograma. Por el mayor riesgo de complicaciones, las personas mayores son derivadas con menos frecuencia a pruebas de esfuerzo o coronariografía, lo que perpetúa la brecha de precisión y tratamiento.
Polifarmacia y Efectos Adversos
El envejecimiento transforma la absorción, distribución, metabolismo y excreción de fármacos, y modifica la farmacodinamia a nivel de órgano diana. La combinación con la multimorbilidad complica el panorama terapéutico, llevando a polifarmacia generalizada (uso de múltiples medicamentos). El resultado es la presencia de interacciones fármaco-fármaco potencialmente graves y un alto riesgo de reacciones adversas que incluyen malnutrición, insuficiencia renal, trastornos metabólicos, sangrado y síndromes geriátricos.
Deterioro Cognitivo
La prevalencia de deterioro cognitivo y demencia aumenta exponencialmente con la edad. La relación es bidireccional: la hipertensión arterial, la cardiopatía isquémica, la fibrilación auricular y la insuficiencia cardíaca incrementan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, y el propio deterioro compromete la autogestión de la medicación y los cambios de estilo de vida, empeorando la evolución cardiovascular.

Prevención y Estrategias para una Salud Cardíaca Óptima
Aunque el corazón sufre alteraciones con el envejecimiento, mantener hábitos saludables y adaptar el estilo de vida permite conservar un corazón fuerte y funcional a cualquier edad.
Control de Factores de Riesgo Modificables
Usted puede ayudar a su aparato circulatorio controlando factores de riesgo como la presión arterial alta, los niveles de colesterol, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo.
- Consuma alimentos saludables para el corazón que tengan cantidades reducidas de grasa saturada y colesterol, y controle su peso.
- Siga las recomendaciones del proveedor sobre el tratamiento de la presión arterial alta, el colesterol alto o la diabetes.
- Reduzca o suspenda el consumo de cigarrillo. Abandonar el tabaco en torno a los 65 años se asocia a ganancias de esperanza de vida y mejoras en calidad de vida y función cognitiva.
- La malnutrición, frecuente en mayores, exige cribado sistemático y soporte nutricional.
Actividad Física Regular
El ejercicio puede ayudarle en todo lo posible a conservar sus capacidades y reduce el estrés. El ejercicio moderado es una de las mejores medidas que puede tomar para mantener el corazón y el resto del cuerpo saludables. Los mayores deben realizar ejercicios que mejoren equilibrio y fuerza al menos tres días por semana y acumular, idealmente, 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (o 75 de vigorosa), con fortalecimiento muscular dos o más días. Minimizar el sedentarismo es otra meta clave.
Chequeos Médicos Regulares
- Hágase revisar la presión arterial cada año, o con mayor frecuencia si tiene diabetes, enfermedad cardíaca, problemas renales u otras afecciones.
- Si su nivel de colesterol es normal, hágalo revisar de nuevo cada 5 años, o más de cerca si tiene afecciones preexistentes.
- Los hombres de 65 a 75 años de edad que han fumado deben someterse a detección de aneurismas en la aorta abdominal, usualmente con un examen de ultrasonido.
Rehabilitación Cardíaca
La rehabilitación cardíaca mejora la supervivencia, el estilo de vida, la capacidad funcional y la calidad de vida, y reduce eventos y rehospitalizaciones. A pesar de sus beneficios, la participación de personas mayores es baja y las tasas de abandono son altas, a menudo marcadas por indicadores de fragilidad. Se requiere una adaptación de estos programas para las necesidades específicas de los adultos mayores.
Modulación de Procesos Biológicos del Envejecimiento
Una vía emergente consiste en modular procesos biológicos del envejecimiento para retrasar o mitigar la aparición de enfermedades crónicas. Intervenciones no farmacológicas (ejercicio, dieta) y farmacológicas en investigación buscan aumentar la resiliencia y alargar la vida saludable.
Factores de riesgo NO modificables para enfermedad cardiovascular
Hacia un Enfoque Integral y Centrado en la Persona
La combinación de envejecimiento poblacional, multimorbilidad, fragilidad y polifarmacia hace que la atención cardiovascular de las personas mayores sea, a la vez, un desafío clínico y una oportunidad de alto impacto poblacional. El elemento transversal es la inequidad: diagnóstica, terapéutica, de resultados y de acceso.
Objetivos de Cuidado Personalizados
Para muchas personas mayores, el desenlace prioritario no es solo vivir más, sino vivir mejor: preservar la autonomía, reducir síntomas, evitar discapacidad, minimizar efectos adversos y rehospitalizaciones, y mantener la posibilidad de vivir de forma independiente. Se deben diseñar planes individualizados que ponderen fragilidad, esperanza de vida, tiempo hasta beneficio, comorbilidad, calidad de vida y preferencias. La denominada "paradoja riesgo-tratamiento" podría no ser tal en algunos contextos: adoptar estrategias más conservadoras puede ser apropiado cuando prima la edad biológica, la fragilidad y el balance beneficio-riesgo percibido por la persona. Las puntuaciones actuales rara vez incluyen capacidad funcional o estado cognitivo, variables cruciales en la consulta clínica.
Trabajo Interdisciplinario y Superación de Inequidades
En este escenario, una aproximación interdisciplinaria -cardiólogos, geriatras, atención primaria y otros profesionales- facilita alinear objetivos y cuidados con las prioridades del paciente y su familia. La capacidad de acceder a cuidados cardiovasculares de calidad varía dentro de Europa, afectada por pobreza, ruralidad y distancia a centros especializados. La soledad y el aislamiento social -más frecuentes en la vejez- se vinculan a más eventos y mortalidad. Reducir la inequidad exige:
- Generar evidencia específica incorporando a personas mayores en ensayos y estudios del mundo real.
- Adaptar las herramientas de estratificación a la fisiología y las prioridades de la vejez.
- Coordinar equipos y niveles asistenciales con una visión geronto-cardiológica.
- Reorientar las metas hacia lo que más importa a quienes cuidamos: funcionalidad, independencia y calidad de vida.