La discapacidad intelectual (DI) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un funcionamiento intelectual significativamente por debajo del promedio. Esta condición está presente desde el nacimiento o la primera infancia y causa limitaciones para llevar a cabo actividades normales de la vida diaria. Anteriormente denominado «retraso mental», los profesionales de la salud han reemplazado este término debido al estigma social que conllevaba.
Es importante aclarar que la DI no es un trastorno médico específico ni un trastorno de la salud mental, sino un estado que requiere un apoyo permanente para afrontar las habilidades adaptativas, las cuales se clasifican en:
- Área conceptual: competencia en la memoria, la lectura, la escritura y las matemáticas.
- Área social: habilidades interpersonales, comunicación funcional y juicio social.
- Área práctica: cuidado personal, administración del dinero, salud y seguridad.

Grados de apoyo y diagnóstico
El impacto de la discapacidad intelectual no depende solo de las pruebas de coeficiente intelectual (CI), sino del nivel de asistencia requerido por la persona. El apoyo se clasifica en:
| Tipo | Descripción |
|---|---|
| Intermitente | Necesita apoyo ocasional. |
| Limitado | Apoyo constante (ej. taller supervisado). |
| Importante | Apoyo continuo diario. |
| Profundo | Alto nivel de apoyo para todas las actividades. |
El diagnóstico se basa en resultados de pruebas convencionales (como el test de Stanford-Binet o la escala WISC-IV) integrados con observaciones directas y entrevistas con los padres. Un diagnóstico de discapacidad intelectual es oportuno solo cuando tanto la capacidad intelectual como la adaptativa están significativamente por debajo del promedio.
Causas del desarrollo intelectual y psicomotor
La discapacidad intelectual puede tener su origen en una amplia variedad de circunstancias genéticas o ambientales que afectan el crecimiento cerebral:
- Antes de la concepción: Trastornos hereditarios (como fenilcetonuria o síndrome X frágil) y anomalías cromosómicas (como el síndrome de Down).
- Durante el embarazo: Infecciones (rubéola, VIH, Zika), déficit nutricional, exposición a tóxicos (plomo, alcohol) o fármacos.
- Durante el nacimiento: Hipoxia (falta de oxígeno) o prematuridad extrema.
- Después del nacimiento: Traumatismos craneales, infecciones graves (meningitis), desnutrición o negligencia emocional.

Retraso global del desarrollo (Retraso madurativo)
El retraso global del desarrollo se diagnostica generalmente en niños menores de 5-6 años cuando el desarrollo sigue un curso normalizado pero cronológicamente va con retraso. A menudo, este término sustituye al concepto de «retraso madurativo».
Los signos de alerta incluyen:
- Dificultades en la adquisición de hitos motores (rodar, sentarse, caminar).
- Retraso en el lenguaje (tardar más de un año en balbucear).
- Falta de interés por el entorno o por los juguetes.
- Falta de respuesta al ser llamado por su nombre.
Abordaje y tratamiento
Aunque la causa de la deficiencia intelectual a menudo es irreversible, la identificación temprana permite planificar intervenciones que maximicen el potencial del niño. El mejor enfoque es el equipo multidisciplinario, que incluye:
- Médicos de atención primaria y neuropediatras.
- Logopedas y fisioterapeutas.
- Psicólogos y educadores especiales.
- Trabajadores sociales.
La educación especial y la terapia conductual son fundamentales. En casa, los padres pueden marcar una gran diferencia promoviendo la independencia, dividiendo las tareas en pasos pequeños y concretos, y manteniendo una comunicación constante con los maestros para ajustar el plan educativo a las necesidades específicas del alumno.