Cuando una persona necesita apoyo, no solo importa qué tareas se realizan, como la medicación, la higiene, la movilidad o la gestión del día a día, sino también la manera en que se hacen y la relación que se establece entre quienes participan en el cuidado. El vínculo entre la persona mayor dependiente, la persona cuidadora y la familia puede convertirse en un espacio de confianza, seguridad y respeto o, por el contrario, en un foco de tensiones y desgaste emocional.

Establecimiento de una Relación de Cuidado Efectiva
Comunicación Abierta y Empática
No conviene esperar a que surja una crisis para iniciar una conversación. Es mejor establecer rutinas periódicas para comentar dudas o resolver problemas, siempre con un tono empático. En lugar de un reproche como "es que nunca avisas", puede ayudar más preguntar "¿quieres que la próxima vez lo pensemos juntas?" o "¿cómo prefieres hacerlo?".
Claridad en las Responsabilidades
Desde el inicio, es clave aclarar quién asume cada responsabilidad, incluyendo tareas domésticas, gestiones médicas, apoyo emocional y horarios. Con el tiempo, es normal que esas decisiones deban ajustarse, ya que las circunstancias cambian y lo que antes funcionaba puede dejar de hacerlo.
Comprensión y Empatía
La persona dependiente necesita saber qué va a hacer, en qué momento y por qué. El cuidado se fortalece cuando existe un esfuerzo por comprender la situación de cada parte implicada, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona.
Formación y Capacitación
La formación en técnicas de cuidado (movilización, comunicación no verbal, primeros auxilios) reduce inseguridades y errores. Cada persona implicada en el proceso de cuidados puede contribuir de una manera específica.
Desafíos Comunes y Estrategias para Abordarlos
Sobrecarga de la Persona Cuidadora
Para mitigar la sobrecarga, es fundamental organizar descansos programados, delegar tareas y responsabilidades, o tener tiempos de respiro.
Resistencia al Cambio
A veces, las personas mayores se muestran reticentes ante nuevas ayudas o frente a quienes vienen a prestarlas. No siempre es desconfianza; muchas veces es miedo a perder autonomía o a convertirse en una carga. En esos casos, ayuda mucho ir poco a poco, explicar bien las razones y respetar su ritmo.
Desconfianza o Miedos Previos
También puede suceder que haya dudas sobre lo que se hace o cómo se hace. Un ejemplo ilustrativo es el caso de Elena, de 80 años y con movilidad reducida, quien cuenta con el apoyo de su hija Ana, que coordina los cuidados, y de Berta, una cuidadora profesional contratada. Al principio, los roles no estaban claros: Berta asumía tareas que Ana consideraba suyas y Ana daba instrucciones sin consultar a Berta, y, en consecuencia, Elena se sentía limitada.
Con el tiempo, las tres definieron un acuerdo de cuidado:
- Berta se ocupa del aseo, la alimentación y los ejercicios pautados.
- Ana gestiona las citas médicas, realiza las compras y acompaña en algunas visitas.
- Elena expresa sus preferencias: "me gusta ducharme por la mañana", "prefiero pasear por la tarde" o "quiero ir el sábado al cine a ver esta película".
Además, todos los viernes se reúnen las tres por la tarde, durante la hora del café, para resolver dudas, ajustar horarios y actualizar información. Berta mantiene un registro diario que comparte con Ana. Por otro lado, Ana encuentra apoyo en una asociación local donde comparte experiencias con otros familiares. Fortalecer la relación entre cuidadores profesionales, la persona dependiente y sus familiares no significa alcanzar una situación perfecta o libre de conflictos; estos siempre aparecerán.
Discapacida auditiva. Recursos para el acceso a la comunicación y a la formación
El Rol del Cuidador: Una Perspectiva Integral
La Realidad de los Cuidadores en Chile
En Chile, la realidad de los cuidadores es preocupante, pues cuidar implica un gran esfuerzo. Esta labor conlleva un alto nivel de carga física, emocional y socioeconómica, que compromete su salud, bienestar y también su relación interpersonal con la persona enferma. La mayoría de los cuidados brindados a personas dependientes son realizados por "cuidadores informales", quienes no reciben remuneración económica ni cuentan con capacitación adecuada. De acuerdo con la encuesta Casen (2015), los cuidadores informales en su gran mayoría son mujeres adultas, con una edad promedio entre los 50 y 59 años, hijas o parejas que cohabitan con la persona dependiente.
Recomendaciones para Cuidadores Informales
Para desempeñar de mejor manera su labor, se aconseja informarse y buscar capacitación acerca de la enfermedad, el tratamiento y los cuidados básicos que su familiar necesita. Si se observan signos de sobrecarga, es crucial activar una red de apoyo familiar y social de la comuna, y apoyar la concreción de trámites que favorezcan su bienestar y el de la persona bajo su cuidado.
El Cuidado en España: Desafíos y Reconocimiento
En el contexto de una sociedad cada vez más envejecida, los cuidados de las personas mayores con dependencia son aún poco valorados y visibilizados, lo que los convierte en un tema necesario y urgente de abordar. Esto se traduce en desafíos para el Estado y las políticas públicas, pero también para las familias, las instituciones privadas y la sociedad en general.
Por diferentes circunstancias y situaciones, en algún momento a lo largo de la vida, todas las personas van a necesitar recibir cuidados o buscar a un profesional cualificado para atender a un familiar cercano. La labor de cuidado es un trabajo que puede ocupar las 24 horas del día, implicando un gran esfuerzo físico y mental que, en muchos casos, no se reconoce ni remunera. Esta es la situación a la que se enfrentan muchas familias, sumando el sufrimiento a una gran dependencia y, en ocasiones, elevados costes económicos.
Esta situación habitual cuenta con una jornada de reivindicación desde 2014: el Día Internacional del Cuidador se celebra cada 5 de noviembre, en honor a las personas que dedican su vida al servicio de la población dependiente o con algún tipo de discapacidad.
Estadísticas de Cuidadores en España
En España, el IMSERSO estima que existen más de 1,5 millones de personas en situación de dependencia, y el Observatorio Estatal para la Dependencia calcula que hay 316.215 personas trabajadoras dedicadas a la atención de otras personas en situación de dependencia. En más del 73% de los casos, los cuidadores son mujeres, casi el 47% tiene entre 50 y 66 años, y predomina la relación de hijo/a, madre y cónyuge con el paciente.
Además, la Encuesta de Población Activa apunta a que, en 2022, 64.000 mujeres dejaron su trabajo para cuidar a niños, adultos, enfermos, incapacitados o mayores, frente a 5.600 hombres. Esto es un claro ejemplo de que la mujer asume, todavía, la mayor carga de los trabajos de cuidado y, por tanto, son las que más sufren los impactos sobre su salud. Esta situación puede generar serias consecuencias como agotamiento, carga mental, estrés emocional o falta de tiempo personal. Síntomas que también se observan en el caso de las personas cualificadas, ya que el 50% de los cuidadores en España manifiesta tener un problema de salud derivado de velar por el bienestar de personas dependientes.
El Síndrome del Cuidador Quemado
El "síndrome del cuidador" se refiere a aquellas personas que sufren el desgaste físico, psicológico y de su salud en general por el cuidado constante y continuado de un enfermo de Alzheimer, con enfermedad crónica, mental, dependencia física y psíquica, o que necesita cuidados por la edad, entre otros. Esta situación conlleva también un aislamiento social por falta de tiempo personal, así como una gran carga emocional por observar diariamente el deterioro de la persona a la que se cuida.
Estrategias para Prevenir el Síndrome del Cuidador
Por todos estos motivos, y con el objetivo de poder hacer frente al exceso de trabajo que supone cuidar a un familiar sin que dicha tarea repercuta excesivamente en la salud y el estado de ánimo, las autoridades sanitarias recuerdan que las personas que cuidan deben atender también sus propias necesidades y cuidar de sí mismos. Según los especialistas, hay que buscar un espacio para cuidar al que cuida, para cuidarse más y mejor, y mantener la propia salud y el bienestar físico, emocional y social de la persona que representa el rol de cuidador o cuidadora.
Por eso, se considera una premisa fundamental ofrecer todo el apoyo a aquella o aquellas personas encargadas del cuidado de un enfermo. Es crucial detectar si aparece en algún momento cualquier indicio del "síndrome del cuidador", caracterizado por un gran agotamiento. No abandonar el propio cuidado. Hay que ser capaz de delegar tareas en otros familiares o en personal contratado cualificado (sanitario o del hogar). Cuidar especialmente los propios descansos y la alimentación, parar 10 minutos cada dos horas, dormir las horas suficientes y mantener una dieta adecuada. Compartir las preocupaciones para evitar el aislamiento y el desgaste psicológico.

Selección y Vínculo con Cuidadores Profesionales
Hay personas mayores que necesitan cuidados especiales y muchas veces sus familiares no pueden ofrecerlos por falta de tiempo o de experiencia. Cuidar de una persona mayor es mucho más que prestar ayuda en el día a día. Las personas cuidadoras de las personas mayores deben reunir unas cualidades especiales para poder prestar la atención y el apoyo necesario. Para la Coordinadora de selección de Cuideo, Anna Rosselló, "la selección del cuidador/a se basa en dos pilares fundamentales. Por un lado, la búsqueda del perfil que disponga de los conocimientos, experiencia y/o formación necesarios para cuidar a la persona en concreto y, por otro lado, y no menos importante, buscamos el perfil que mejor se adapte al carácter, al estado emocional y a las aficiones del usuario".
Para lograrlo, se formulan a las familias todas aquellas preguntas necesarias sobre los cuidados que necesitan sus familiares (alimentación, medicación, realización de ejercicios cognitivos, patologías, trastornos, etc.). La persona cuidadora se convierte en un pilar fundamental en el día a día de la persona mayor que necesita de sus cuidados. El componente emocional entre ellos es muy importante. Ambos deben sentirse a gusto. No se trata solo de contratar a alguien que cuide a nuestro familiar mayor.
Resulta difícil que dos personas encajen, sobre todo, cuando se introduce en casa a una persona cuidadora. "Somos conscientes de que cuando un cuidador entra en un domicilio por primera vez, no es fácil para nadie. Una persona cuidadora profesional es capaz de crear un vínculo estable con la persona que tiene a su cuidado. La persona mayor se sentirá acompañada en sus actividades diarias. Es muy importante que la persona cuidadora establezca una relación con la persona que cuida basada en la confianza y el respeto mutuo".
Gracias a servicios especializados, muchas familias están encantadas y tranquilas con las personas que cuidan de sus familiares mayores. Por ejemplo, José comenta que sus cuidadores "han hecho muy buenas migas con mis padres". Y Ana, una persona dependiente, afirma: "estoy encantada con Roxana. Me hace la vida mucho más fácil. Mis dificultades para moverme me agobiaban, pero ya no tanto". La persona cuidadora debe transmitir a la persona mayor que cuida la máxima seguridad y confianza en lo que hace para que esta se sienta a gusto, cuidada y protegida.
Programa "Chile Cuida": Un Paso Hacia el Reconocimiento de Cuidadores
Definición de Persona Cuidadora en Chile
En la región de Chile, hay 4.455 personas cuidadoras acreditadas en el Registro Social de Hogares hasta marzo, de un potencial estimado de 25 mil. Las cifras demuestran la escasa participación de los varones en este ámbito, indicador que prácticamente se repite a nivel nacional. Es importante mencionar que muchas mujeres trabajan y además cumplen la labor de cuidadoras, sin tener descanso ni días feriados, siendo el desgaste físico, mental y emocional los principales problemas que afectan a estas personas.
Ser cuidador o cuidadora constituye un "acto de amor", ya que la persona posterga muchas veces sus propias necesidades, metas o aspiraciones personales en favor de quienes más lo necesitan. Respecto a las personas que requieren cuidados, los varones agrupan un 56%, mientras que las mujeres llegan a un 44% en la región.
Se consideran personas cuidadoras a aquellas mayores de 18 años que dedican su tiempo a labores de cuidado no remunerado, es decir, que entregan asistencia permanente sin remuneración a personas con discapacidad, dependencia funcional moderada o severa, también a personas con necesidades educativas especiales permanentes que forman parte del Programa de Integración Escolar (PIE), o personas que están matriculadas en un establecimiento de educación especial.
- Persona cuidadora principal: Quienes destinan el mayor número de horas al día a entregar asistencia de cuidados o apoyo permanente a personas que requieren cuidados.
- Persona cuidadora secundaria: Quienes destinan menos horas al día, en relación con la cuidadora principal, a entregar asistencia de cuidados o apoyo permanente a personas que requieren cuidados.
Proceso para Obtener la Credencial de Cuidador en Chile
Para ser reconocida como persona cuidadora y obtener la credencial, se debe ingresar al Registro Social de Hogares a través de la Ventanilla Única Social (VUS) y completar el módulo de Cuidados. Esta información apoyará el diseño e implementación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados "Chile Cuida". Una vez disponible la credencial de persona cuidadora, se puede descargar en su versión digital o solicitar la credencial física accediendo al Registro Social de Hogares en www.ventanillaunicasocial.gob.cl.
Requisitos para el Registro
- El primer requisito es que la persona cuidadora y quien requiera cuidados tengan Registro Social de Hogares (RSH).
- Se requiere dependencia moderada, severa o profunda en el módulo de salud del Registro Social de Hogares.
- Si la persona cuidadora tiene ingresos asociados a pensión o por actividades distintas a la labor de cuidados, puede acceder a la credencial. En cambio, si recibe ingresos por las labores de cuidados, no puede acceder a la credencial, ya que su objetivo es identificar y visibilizar a las personas cuidadoras que no reciben un pago por ello.
- Se debe realizar una solicitud por cada persona que se cuida; actualmente, se pueden ingresar tres personas por cada cuidador.
- No es necesario tener vínculo familiar ni de consanguinidad con la persona que requiere cuidados.
- Es necesario que la persona que requiere cuidados se encuentre en alguno de estos registros administrativos: Registro Nacional de Discapacidad, Programa de Integración Escolar (PIE) permanente, matrícula en establecimiento educacional especial, o dependencia moderada o severa en el módulo de salud del Registro Social de Hogares.
Actualización del Módulo de Salud
Si la persona no está en los registros administrativos que reconocen discapacidad, dependencia moderada o severa o necesidades educativas especiales, se debe actualizar el módulo salud del Registro Social de Hogares en el sitio de la www.ventanillaunicasocial.gob.cl, donde se puede consultar la guía paso a paso que indica cómo realizarlo. Si no existe registro, no se podrá validar la situación de dependencia o discapacidad y no se podrá acceder a la credencial. La evaluación para determinar las necesidades educativas especiales es realizada por los centros educativos y la información es entregada por el Ministerio de Educación al Ministerio de Desarrollo Social y Familia.
Beneficios de la Credencial
La credencial entrega acceso preferente a sucursales y oficinas de diversas instituciones públicas como: FONASA, BancoEstado, SERVIU, SENAMA, ChileAtiende - IPS, Registro Civil e Identificación, SENADIS, DICREP, Correos de Chile, Oficinas del Registro Social de Hogares en Municipalidades, SENCE, SERNAC, Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento, Tesorería General de la República, y FOSIS.
Una vez que esté disponible la credencial digital de persona cuidadora, se debe ingresar al sitio web www.ventanillaunicasocial.gob.cl y estará habilitada la opción para solicitar la credencial física. El botón de solicitud de credencial física estará junto al botón de descarga de cartola RSH y de credencial digital de persona cuidadora. Si se está registrada como persona cuidadora principal y secundaria de personas distintas, en la plataforma se encontrará solo una credencial que reconocerá como cuidadora principal. No se considera el tramo del Registro Social de Hogares para ser reconocida como persona cuidadora y obtener la credencial. La actualización de esta información en el Registro tampoco afecta la calificación socioeconómica o tramo.
Una vez ingresada la solicitud con la documentación correspondiente, se derivará al municipio de la comuna donde reside la persona que requiere cuidados y se tramitará la solicitud. Se podrá solicitar la Cartola Hogar a través de un ejecutor (Municipio u oficinas ChileAtiende), presentando un poder legalizado ante notario. En este documento debe quedar explícita la voluntad de la persona mandante para que otro en su nombre y representación pueda realizar la solicitud. El documento notarial tiene una vigencia máxima de 6 meses desde la fecha de emisión.
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