Este artículo explora las experiencias diferenciadas de las ancianas mexicanas, abarcando desde los desafíos enfrentados durante la primera vacunación masiva contra la COVID-19 hasta la persistente problemática de la violencia y la polivictimización en esta población.
La Vacunación Masiva de Adultos Mayores en México
La primera vacunación masiva fue una experiencia diferenciada para los adultos mayores en México. Las filas en las sedes de vacunación se convirtieron en el sello de la primera semana de aplicaciones masivas de vacunas contra covid-19 en el Valle de México.
Desorganización y Desinformación en Ecatepec
En Ecatepec, el municipio más poblado del Estado de México, la desinformación rebasó la organización, convirtiéndolo en el centro del desastre. Todo comenzó con un mensaje en redes sociales, que generó pánico y aglomeraciones. "Como mexicanos todos andamos a la carrera y siempre queremos hacer fila desde un día antes, no nos esperamos a informarnos bien”, reflexionaba Adrián R., residente de Ecatepec y vacunado en esa semana. La gente preguntaba constantemente a las enfermeras si sabían qué vacuna les iban a poner.
Lo ocurrido en Ecatepec desató el nerviosismo en el gobierno de la Ciudad de México, que comenzó una campaña en redes sociales para promover el “no hacer fila”. "Tengo mi cita a las 10 y me mandan a la fila tan enorme que hay", expresaban los adultos mayores. "Pensé que sería diferente, pero aquí estamos, si ya esperamos un año, que no esperemos una hora". Los adultos mayores llevaron bancos y sombrillas, algunos pidiendo: “Ya sé que es regalado, pero que nos traten con dignidad. Ya estamos viejos”.
En Ecatepec, la desinformación cambió el esquema de organización de la vacunación. “En un principio lo estábamos manejando por citas, pero debido a las aglomeraciones ahora lo estamos manejando por fichas. Tenemos mil 200 por día y estaremos abiertos 25. Nos rompieron el esquema de las citas”. El gobierno del municipio decidió no regresarlos y atenderlos, pidiendo que fuera indispensable traer su registro; si no lo tenían, ya contaban con módulos para que ahí lo hicieran. Los centros abrirían de lunes a domingo. "Nosotros mismos ponemos el desorden, hubo mucho pánico de que no fuéramos a alcanzar vacunas".
La apertura paulatina no se entendió ni se realizó como se había planeado. La señora Graciela Oropeza, conocida como Chelita, de 78 años, hipertensa y con placas en las rodillas, se formó el lunes a pesar de no tener cita. Para ella, el miedo entre los adultos mayores no es infundado: “Tienen temor. De ver tanto que ha pasado dicen, pues mejor vámonos a hacer bola”. Su nieto, Ariel Iván Piña, “El príncipe de Ecatepec”, le insistió en que no se formara el lunes, que no fuera parte de la desorganización.
Esta no es la primera batalla ganada por la desinformación en Ecatepec; hace unos meses un video grabado en este municipio recorrió el mundo. Para muchas personas la vacunación fue una experiencia agridulce. “El año pasado qué angustia teníamos todos”, recordó Eloisa Ortíz, de 64 años, también vacunada. “Nos llamaron. Inclusive le hablaron a mi hermana, a la que falleció. Le hablaron, fíjese nada más, no llegó mi hermanita”. Para la señora María Isaías de 73 años, quien no había salido hasta el pasado lunes que le aplicaron la vacuna, “el 2 de febrero cumplí un año de que no salía. Hoy vi muchas novedades que no había visto en las calles. Valió la pena cuidarse”.

Contrastes en la Organización y Tipo de Vacunas
A pesar de todo, la fila del Palacio de los Deportes en Iztacalco fue distinta a la del Deportivo de Las Américas en Ecatepec. En el Palacio de los Deportes, la gran mayoría sabía que les aplicarían la vacuna rusa, por el contrario, en Ecatepec la gente preguntaba constantemente qué vacuna recibirían.
Las vacunas que se aplican en el Valle de México son diferentes.
- La vacuna Sinovac llegó a México por la mañana del sábado 20 de febrero. Su destino final fue Ecatepec, uno de los municipios más poblados y violentos. La Sinovac es una vacuna de virus inactivado, derivada de la cepa CZ02 del coronavirus. Después de su segunda dosis tiene 91.25 por ciento de efectividad. La dosis que se aplica es de 0.5 mililitros y se debe conservar a una temperatura fría de +2°C a + 8°C por un periodo de máximo seis meses.
- La vacuna rusa Sputnik-V llegó tres días después y se destinó a tres alcaldías de la Ciudad de México: Xochimilco, Tláhuac e Iztacalco, que suman entre las tres una población objetivo de 179 mil 90. Esto significa que, en ambos casos, los embarques alcanzaban para cubrir a toda la población mayor de 60 años en las cuatro demarcaciones. Sputnik-V es una vacuna basada en un vector de dos adenovirus bicatenarios humanos distintos, en la que se ha integrado material genético del coronavirus SARS-Cov-2. La dosis rusa es la misma que la china: 0.5 mililitros y la primera dosis se diferencia de la segunda por el color de su tapa (la primera es azul, la segunda es roja). Los componentes de ambas dosis son distintos, y sin una no funciona la otra. Los cuidados de la Sputnik son más extremos; una vez descongelada, no se puede volver a usar.
“Yo quería que me pusieran la rusa porque es una sola dosis”, contó una de las señoras, aunque la vacuna rusa también requiere doble dosis.

El Trabajo de las Brigadas de Vacunación
En las vacunas también está el reto de su aplicación, un reto que convirtió a las brigadas de enfermeras en máquinas implacables de vacunación. En equipos de dos, preparan y vacunan en cadena. José Joaquín Cerda, compañero de Rocío en el mismo módulo de vacunación, porta un micrófono portátil, orientando a los abuelos y abuelas que esperan cupo en la sala de observación: “si después del baño persiste la fiebre, se toman un paracetamol de 500”. Muchas de las enfermeras son caras conocidas para los pacientes.
En Ecatepec, las brigadas de salud fueron citadas a las 6 y media de la mañana para llegar a los módulos a las siete en punto. Para Tere Colindres, enfermera de la unidad de salud de Jardines de Morelos, el descanso es relativo. Janet, parte del personal en el Deportivo Las Américas, se siente contenta: “sabes que eres parte del proceso para que esto se acabe. Estamos cansados de la pandemia, cansados de perder familiares”.

La Esperanza y la Vulnerabilidad
Al final, aunque la tele no los informara tan bien, lo que permeó entre la gente es la esperanza. Para muchos, es una esperanza de vida y más: la posibilidad de estar, por primera vez, en el mismo lugar que el resto de los mexicanos. En la tercera jornada de vacunación COVID para adultos mayores, la comunidad de la casa hogar Yekkan, en Cuajimalpa, recibió sus primeras dosis. A esta región, a la que nunca llega nada, llegaron las vacunas que buena parte del planeta espera.
¿Por qué es importante vacunarse contra neumococo? Esto debes saber
Sin embargo, la desorganización fue una constante en otras regiones. La primera jornada de vacunación en el municipio conurbado de la capital poblana se desarrolló con tal desorden que la mitad de las personas vacunadas no eran residentes del lugar. Los centros de vacunación en la capital de Chiapas se abrieron y cerraron sin previo aviso; ancianos y ancianas que esperaron en la fila dos días regresaron a sus casas deshidratados y sin vacuna. En nueve de cada 17 pueblos tsotsiles de Chiapas, sus habitantes se han negado a aplicarse la vacuna anticovid; un año antes habían dudado de la existencia del virus SARS-CoV-2, y ahora temen que el biológico pueda matarlos. Vacunar a 100 millones de personas ya es una historia memorable; hacerlo poniendo por delante a las poblaciones más olvidadas es algo que quizá nunca volvamos a ver.
Contexto Social y Vulnerabilidad de las Mujeres Mayores en México
En México, 6.3% de la población tiene más de 65 años de edad. De este porcentaje, 2.9% son hombres y 3.4% son mujeres. El porcentaje de personas mayores en México casi se ha duplicado desde la década de los años cincuenta, y la previsión es que para 2050 constituya 16% de la población total (Conapo, 2014). La vejez está feminizada en México; de acuerdo con el último Censo de Población y Vivienda (INEGI, 2010), hay más mujeres adultas mayores que varones: por cada 100 mujeres mayores de 65 años, hay 81 hombres.
Este gran grupo poblacional ha sido estudiado en relación con diversos aspectos como salud, arreglos familiares, redes de apoyo, migración y acceso a servicios de salud. Sin embargo, existen escasas investigaciones que aborden las experiencias de violencia de las personas adultas mayores diferenciando entre ámbitos y perpetradores de una forma integral, y más concretamente sobre la polivictimización de las mujeres mayores.
Exclusión, Discriminación y Violencia
Las personas mayores en México padecen exclusión, discriminación y violencia. La vejez está construida socialmente, pues a las personas mayores se les imponen ciertos atributos negativos, como la improductividad, la ineficiencia, la enfermedad, la decrepitud o la decadencia. El proceso de envejecimiento está cruzado por el género, pues exacerba la desigualdad -también socialmente construida- que las mujeres han experimentado a lo largo de su vida. Tanto las mujeres como las personas de grupos raciales o étnicos minoritarios, al envejecer, sufren una pérdida de estatus debido a situaciones como la jubilación, la dependencia económica o la pérdida de empleo, la reducción de redes sociales, la pérdida de amistades o pareja, así como por la reducción de los limitados recursos que tuvieron alguna vez en la vida.
La situación de vulnerabilidad asociada con la dependencia económica de las mujeres mexicanas adultas mayores es notable. Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Envejecimiento en México 2001 muestran que sólo 23% de los hombres y 11% de las mujeres que trabajaron alguna vez fuera del hogar reciben una pensión. Aunado a la dependencia económica, durante las últimas etapas de la vida se produce cierto deterioro físico y mental asociado con el proceso de envejecimiento. Este proceso genera dependencia de otras personas para subsistir y para realizar las actividades cotidianas.

Es por ello que durante la edad adulta se incrementa la probabilidad de que las personas mayores dependientes experimenten violencia en circunstancias en las que el cuidador/a perciba que la relación con la persona mayor no es equitativa ni enriquecedora. Como resultado de la interacción con la persona mayor, se puede desatar en la pareja, cuidador/a o integrantes de la familia, la percepción de una aceleración del proceso del autoenvejecimiento, ante lo cual se puede reaccionar con miedo y enojo, lo que incrementa el riesgo de incurrir en violencia. Ésta es ejercida en gran medida por parte de las personas con las que conviven o de las que son dependientes, es decir, en gran medida -pero no exclusivamente- por integrantes de la familia.
Para algunas personas, la vejez da lugar al inicio de relaciones violentas. Para otras, la violencia en la tercera edad es sólo la continuación de un largo proceso de abuso y violencia entre los integrantes de la familia, y tiene poco que ver con el incremento de la vulnerabilidad asociada con el envejecimiento.
La Polivictimización de las Mujeres Mayores
A pesar de la contundencia empírica, el reconocimiento de la problemática de la violencia en contra de las mujeres mayores y su estudio académico han quedado relegados en comparación con la violencia que experimentan otros grupos de mujeres. Una posible explicación reside en que la evidencia empírica muestra que las personas que agreden a las mujeres mayores son tanto del sexo femenino como masculino, por lo que el hecho de tener a un agresor del sexo femenino pone en entredicho la mayoría de modelos feministas que vinculan la violencia en contra de las mujeres con la subordinación socialmente construida de estas. Otra explicación reside en que se tiende a considerar a las mujeres mayores como integrantes de la categoría "mujeres adultas", pero se ha ignorado cómo las distintas categorías de opresión y estructuras de poder (edad, raza/etnia, clase social, género o sexualidad) interactúan y ponen en distintos riesgos a las mujeres dependiendo de su ubicación en esta matriz de dominación.
Este artículo aborda, precisamente, las experiencias concurrentes de violencia o experiencias de polivictimización a las que están expuestas las mujeres mayores en México y examina los factores asociados con las mismas a partir de los datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011 (Endireh).
Definición de Polivictimización
El término "polivictimización", acuñado por David Finkelhor y colaboradores, se utilizó inicialmente para referirse a las múltiples experiencias de violencia de las que son objeto niños, niñas y adolescentes en un periodo determinado. Recientemente, este concepto se ha utilizado para examinar las distintas expresiones de violencia de las que son objeto las personas adultas y que son perpetradas por diversas personas en distintos ámbitos. Este concepto, aplicado a las mujeres mayores, permite estudiar la violencia siguiendo una trayectoria de vida, así como examinar situaciones de victimización concurrente.

Nomenclatura y Definiciones de la Violencia contra Personas Mayores
La primera vez que se documenta el abuso y la negligencia hacia adultos mayores es en la literatura británica, a partir de la segunda mitad de la década de los años setenta, y se refiere a las agresiones físicas violentas hacia las ancianas como "granny bashing" (golpear a la abuela).
No existe acuerdo sobre la edad en la que inicia la vejez. Internacionalmente se considera que la edad de "adulto/a mayor" comienza a los 65 años. Pero este punto de corte, lejos de ser biológico, es parte de una construcción social influida por la edad en la que se espera que una persona se retire del trabajo, al menos en países con sistemas estables de retiro. La edad es conformada por el tiempo, pero el significado de la vejez es construido por la sociedad, la cultura y el momento histórico. Tampoco existe consenso sobre cuál es el término adecuado para referirse a la violencia que experimentan las mujeres viejas, adultas mayores, de edad avanzada o de la tercera edad.
El maltrato de personas mayores se define como "cualquier acción voluntariamente realizada, es decir, no accidental, que dañe o pueda dañar a una persona mayor, o cualquier omisión que prive a un anciano de la atención necesaria para su bienestar, así como cualquier violación de sus derechos". Esto debe ocurrir en el marco de una relación interpersonal en la que existe una expectativa de confianza, cuidado, convivencia o dependencia; la persona agresora puede ser un familiar, personal institucional, cuidador contratado, vecino o amigo. En Estados Unidos se ha empleado el término "elder abuse" para referirse a la violencia y el abuso en contra de los ancianos, así como el concepto "abuse in later life" (abuso/violencia hacia personas de edad avanzada).
Uno de los mayores problemas para el estudio de esta problemática es que no hay una definición globalmente aceptada que incluya todas las dimensiones de la violencia hacia las personas mayores. Se ha argumentado que la heterogeneidad de definiciones tiene que ver con que están vinculadas con las diferencias en valores, actitudes, creencias individuales y aspectos culturales. El maltrato a las personas mayores es un acto único o repetido, o la falta de una acción apropiada que ocurre dentro de cualquier relación donde existe una expectativa de confianza que causa daño o angustia a una persona mayor.
Existe cierto consenso sobre qué constituye el maltrato psicológico, físico, financiero o sexual sobre el anciano, pero no sobre la negligencia. Ésta se conceptualiza como la falta de atención a las necesidades físicas, sociales y emocionales de las personas mayores. Se han establecido diferencias entre negligencia pasiva y activa, que recaen en la habilidad y la posibilidad del cuidador para cumplir ciertas funciones:
- La negligencia pasiva se refiere a la persona mayor que es ignorada, abandonada, que no recibe lo esencial (como comida, ropa, medicamentos) por una imposibilidad o incapacidad del cuidador.
- La negligencia activa es el descuido intencional hacia la persona adulta mayor, a la que se le niegan contacto social, comida, ropa, medicamentos o cualquier otro servicio o bien necesario.
Cualquier expresión de violencia y abuso deriva en que la víctima padezca sufrimientos innecesarios, lesiones o dolor, pérdida o violación de sus derechos humanos y deterioro generalizado de su calidad de vida. Estas modalidades de abuso y violencia pueden producirse en distintos contextos: familiar, relación de pareja, ámbito social o público, laboral y educativo, así como en el institucional. Las personas generadoras de violencia son tanto del sexo masculino como del femenino, y no necesariamente deben tener una relación de parentesco. Pueden ser extraños, amigos, familiares, la pareja, cuidadores, entre otros.
Aunque en ocasiones las personas mayores padecen violencia en un solo contexto, la violencia debe conceptualizarse de una forma comprehensiva, pues es posible que los individuos padezcan experiencias concurrentes de una o múltiples formas de violencia en distintos ámbitos, perpetrada(s) por una o distintas personas.
Investigación sobre Violencia contra Mujeres Mayores en México
La investigación sobre violencia contra mujeres de edad avanzada en México está fragmentada y se ha realizado principalmente desde el área de la salud pública. Existen algunos estudios de carácter cuantitativo que permiten una aproximación parcial al fenómeno. Se identifican dos grandes grupos de estudios que utilizan metodologías cuantitativas:
- Los que usan muestras probabilísticas y tienen representatividad regional (en el Distrito Federal) o local (en Monterrey).
- Los que usan muestras no probabilísticas basadas en la disponibilidad de los sujetos.
La mayoría de las investigaciones son estudios de caso de corte descriptivo que no permiten diferenciar entre expresiones de violencia, ámbito en el que ocurre, sexo y personas generadoras de la violencia. La Encuesta sobre Maltrato a Personas Adultas Mayores en el Distrito Federal 2006 muestra que el maltrato hacia las mujeres es prevalente ante el caso de los hombres: 18.4% de las mujeres y 12.6% de los hombres reportaron al menos un incidente de maltrato en el último año.
Más concretamente, 15% de las mujeres reportó al menos un incidente de maltrato psicológico, 4.8% maltrato económico, 3.7% físico, 1.3% abuso sexual, y 1% negligencia y abandono. Sólo en el caso de la negligencia y el abandono los varones reportaron padecerlos en el último año en mayor medida que las mujeres. También se identificaron estudios de corte cualitativo que documentan y examinan la violencia familiar hacia las mujeres adultas mayores.
¿Por qué es importante vacunarse contra neumococo? Esto debes saber
La revisión de estudios previos genera tres reflexiones:
- En México, es común que no se distinga entre las dinámicas de violencia de pareja y la violencia ejercida por otras personas, y que no se diferencie el ámbito en que ocurren.
- Los estudios sobre violencia de pareja entre mujeres adultas mayores son limitados y tienden a realizarse junto con otras categorías de edad, o al agrupar a todas las mujeres con 60 años y más en una sola categoría. Los datos de la Endireh 2011 muestran que el riesgo de sufrir violencia física y sexual de pareja tiende a disminuir a medida que se incrementa la edad de la mujer.
- Mediante el empleo de técnicas cualitativas, se constata que la violencia de pareja en la edad adulta es para muchas mujeres la continuidad de una dinámica iniciada mucho tiempo antes.
Un meta-análisis reciente de los factores de riesgo asociados con la violencia en contra de las personas adultas mayores muestra que estos factores son múltiples. A nivel individual, el riesgo de padecer violencia se incrementa para las personas con problemas cognitivos, comportamientos problemáticos, enfermedades psiquiátricas, problemas psicológicos y dependencia funcional, y para las que pertenecen a estratos sociales desfavorecidos o las que tienen problemas con el alcohol. No se encontraron diferencias con respecto al sexo o a la educación. A nivel relacional, la existencia de conflictos familiares y las malas relaciones interpersonales están asociadas con la violencia. Las mujeres mayores sin compañero (divorciadas, separadas y viudas) tienen mayor riesgo de sufrir violencia. Con quién y dónde vive el anciano o la anciana también han sido considerados factores de riesgo.