La práctica curanderil constituye una de las dos modalidades terapéuticas de la medicina tradicional en Argentina, siendo la otra el chamanismo practicado en las sociedades indígenas del Gran Chaco, la selva Subtropical misionera y la Patagonia. El curanderismo fue introducido primero por los conquistadores españoles y posteriormente por inmigrantes europeos, entre los que destacan los italianos y españoles por su impacto poblacional. Las prácticas de estos especialistas, conocidos como curanderos o médicos de campo, a pesar de presentar variaciones individuales, comparten un gran número de elementos comunes que permiten su identificación y distinción frente a otros tipos de especialistas. En Argentina, es la medicina tradicional más difundida, encontrándose tanto en áreas rurales como urbanas.
Las concepciones y tratamientos del curanderismo en Argentina, como ha señalado Idoyaga Molina (2000), sintetizan saberes populares, antiguas praxis y conocimientos de la medicina occidental, muchos de ellos de raigambre humoral, junto con terapéuticas rituales de origen predominantemente católico. En el caso específico de La Pampa, esta síntesis se manifiesta a través de:
- Antiguas concepciones de la medicina académica que, en muchos casos, se volvieron populares antes de la llegada de los inmigrantes al área de estudio.
- Tradiciones populares propias de las medicinas tradicionales española e italiana.
- Terapias rituales, en su mayoría de raigambre católica o asociadas a elementos del catolicismo, muchas de las cuales fueron en su origen prácticas de élite y posteriormente se convirtieron en prácticas populares. Ejemplos de esto son la cura por medio de ensalmos, el sahumado y los rezos.
Es importante considerar que, durante la Edad Media, las tradiciones médicas de los pueblos peninsulares sufrieron la influencia de la medicina árabe, especialmente en su versión humoral. Los curanderos suelen poseer un conocimiento exhaustivo de las funciones terapéuticas de vegetales, ciertos minerales y elementos animales (como grasas y la piedra bezoar de los camélidos), lo que les permite administrar a sus pacientes los remedios que estiman adecuados.
Al referirnos al saber popular de los inmigrantes, hablamos de las tradiciones aportadas por los colonos que se establecieron en este territorio entre finales del siglo XIX y principios del XX, tras la expulsión de los indígenas Mapuches del área pampeana por la llamada Campaña al Desierto. En la zona de estudio, predominaron los españoles (principalmente vascos y gallegos), seguidos por italianos, y en menor medida, sirio-libaneses. La llegada de asentamientos alemanes se dio más avanzada la segunda mitad del siglo XX. Estos saberes y prácticas se evidencian en el reconocimiento, diagnóstico y tratamiento de dolencias vernáculas como el mal de ojo, empacho, culebrilla, pata de cabra, brujería o mal hecho, desgarros, entre muchas otras, muchas de las cuales fueron antiguamente saberes de élite.
La terapéutica ritual incluye rezos, invocaciones, peticiones y el encendido de velas a las deidades cristianas. Se observa la utilización y consumo de agua bendita, la triple repetición de acciones que simbolizan la manipulación del poder del número tres (sacralizado por su asociación a la Trinidad), el uso de agua y aceite, el sahumado de pacientes y espacios considerados corrompidos, la curación por ensalmos y la ejecución de la señal de la cruz, símbolo de vida y restauración, tal como ha sido señalado en relación con otras regiones del país por Idoyaga Molina (2001, 2002). Estas concepciones del catolicismo también han aportado saberes actuales sobre prácticas brujeriles, almas en pena, rituales en celebración de los muertos y festejos de carnaval, entre otros, que han caído o están cayendo en desuso en Europa. El folclore europeo también se manifiesta en creencias sobre augurios y presagios (tanto nefastos como positivos), sobre seres míticos como el lobisón o sobre pactos con el diablo, los cuales, de un modo u otro, se vinculan al ámbito de la enfermedad y la muerte.

Los curanderos no deben ser concebidos como portadores de conocimientos estáticos, sino como especialistas que integran y reformulan constantemente diversos elementos, tipos de servicios y saberes. Esto les permite adaptarse al contexto local y global, convirtiéndose en una opción valorada por individuos de distintos sectores socioeconómicos y educativos. La dinámica de cambio se aprecia claramente en su práctica cotidiana, cuando recomiendan a sus pacientes recurrir no solo a remedios tradicionales, sino también a fármacos de laboratorio, una combinación que se ha vuelto típica en las sugerencias de estos especialistas, como se ha observado en otras áreas (Idoyaga Molina 2002).
El curandero practica una terapia holística donde el conocimiento sobre la preparación y uso de remedios tradicionales es inseparable de su capacidad para manipular lo sagrado en acciones terapéuticas rituales. Por ello, resulta de gran interés comprender su proceso de iniciación y aprendizaje, el cual lo transformará en el especialista de esta medicina. Es fundamental no escindir esta medicina en dos dominios, como proponen algunos investigadores (Palma 1978; Pérez de Nucci 1988): uno empírico y verificable por la ciencia, producto del ensayo y error, y otro componente místico, mítico o sobrenatural relacionado con la manipulación de lo sagrado en la terapéutica ritual. En efecto, la preparación de los remedios no se separa del ritual; por ejemplo, los elementos añadidos a una cataplasma se rocían dibujando una cruz, o la infusión de una planta se prepara en agua bendita.
Si bien otros autores han abordado esta temática en diferentes zonas del país (Bianchetti 1994; Colatarci 1999; Disderi 2001; García 1984; Idoyaga Molina 1997, 1999, 2001, 2002; Kalinsky y Arrué 1996; Palma 1978; Pérez de Nucci 1989; Ratier 1972; Sturzenegger 1987; Torres y Aprea 1995), en la región de estudio el material es aún incipiente y no se ha considerado la perspectiva de los actores. El presente trabajo busca contribuir al conocimiento del curanderismo en La Pampa (Argentina), enfocándose específicamente en el proceso de iniciación, analizando las formas de adquisición de poder, de auxiliares y de saberes específicos que capacitarán al nuevo curandero para ejercer las actividades que lo distinguen.
El material en el que se basa este estudio fue recogido personalmente durante varias campañas realizadas entre 1999 y 2006, utilizando técnicas cualitativas. La información más relevante se obtuvo a través de entrevistas abiertas, extensas y recurrentes con informantes calificados y/o grupos naturales (Coreil 1995). Los tópicos abordados incluyeron el llamado a la actividad de curandero, las variantes existentes (si son conocidas), la adquisición de poder (en sentido sagrado) y de auxiliares, el conocimiento de los taxa y sus correspondientes etiologías y tratamientos, entre otros. También se realizó observación y observación participante de diferentes prácticas terapéuticas llevadas a cabo por curanderos.
Para el análisis de los datos se empleó un enfoque hermenéutico y fenomenológico. Las entrevistas se clasificaron en diferentes grupos según el rol de los entrevistados (curanderos, legos, pacientes, familiares de pacientes y trabajadores sociales). Cada grupo fue analizado considerando los siguientes ejes:
- Taxa vernáculos de enfermedades: etiología-diagnóstico y terapia.
- Caminos-trayectorias para acceder al estatus de especialista, la adquisición de auxiliares (si existen), la capacidad de curar y otras actividades, como los procesos de daño y contradáño.
La labor de campo se desarrolló entre la población rural de los departamentos de Utracán, Limay Mahuida, Toay, Curacó, Lihuel Calel y Capital de la provincia de La Pampa. Se trata de una población con tres a cuatro generaciones en la zona, fundamentalmente ligada a las tareas agrícolas-ganaderas. Se consideraron informantes calificados a curanderos, enfermos, familiares de enfermos y legos practicantes de la medicina doméstica o autotratamiento. En cuanto a los terapeutas tradicionales, se enfocó el proceso de iniciación.
El trabajo con curanderos permitió detectar las adaptaciones que estos realizan en función de las nuevas demandas, resultantes de los cambios y la multiplicación de los perfiles de los consultantes. El enfoque metodológico propuesto busca concretar una etnografía que refleje las vivencias y significados que las prácticas del curanderismo implican para los actores sociales, tanto especialistas como usuarios. Esto se enmarca en la hermenéutica fenomenológica, que apunta a la comprensión de los fenómenos culturales en toda su amplitud y complejidad, como contenidos de conciencia intersubjetivos. Para ello, es necesario, en primera instancia, suspender o poner entre paréntesis los saberes teóricos y tradicionales, así como las disposiciones pragmáticas y afectivas que podrían distorsionar el proceso cognitivo que transforma el hecho vivido en dato del investigador (Merleau Ponty 1945), para así acceder a las vivencias y experiencias del sujeto, las cuales constituyen el núcleo central del análisis. En una segunda etapa, se procedió a la concreción de un acabado fenomenismo que brindó todas las facetas del hecho analizado, en este caso, el curanderismo. Consideramos al hecho o fenómeno cultural como una estructura que solo puede ser comprendida teniendo en cuenta todas las asociaciones y significados para que revele el hecho como contenido de conciencia, es decir, en tanto hecho pensado, actuado y vivido.
El Proceso de Iniciación
El curandero es un terapeuta tradicional que aborda los diferentes tipos de desequilibrios asociados a la enfermedad. Es reconocido por la población como un especialista para la atención de diversos males. Al mismo tiempo, es percibido y caracterizado como un personaje ambivalente, ya que no solo ejerce la terapia, sino que también es capaz de realizar "trabajos de daño". Este tipo de acciones implican el uso o manipulación de lo sagrado con una intencionalidad negativa, dirigida a perjudicar a un individuo, su familia o sus pertenencias. Los actores sociales señalan como objetos preferenciales del daño a casas, vehículos, cosechas o animales en general.
Sin embargo, para acceder al estatus de curandero, es necesario atravesar una especie de iniciación durante la cual se adquiere poder, auxiliares y conocimientos. En Argentina, diversos autores han identificado distintos modos de iniciación, entre los que se incluyen el nacimiento con poder innato, la herencia, la cesión de dotes por parte de otro curandero, la supervivencia tras ser alcanzado por un rayo, la superación de estados de enfermedad o experiencias críticas en la vida del individuo, ser hermano mellizo o deforme, o la aparición de un ser superior en sueños (como un santo u otro ser). Estas descripciones, detalladas por autores como Colatarci (1999), Di Lullo (2005 [1947]), Idoyaga Molina (1997), Palma (1978), Pérez de Nucci (1983), Ratier (1972) y Sturzenegger (1994), presentan características similares a las del curanderismo en España (Briones Gómez 1996; Gómez García 1996; Mariño Ferro 1996).
En el trabajo de campo realizado, se identificaron dos vías principales para alcanzar el estatus de curandero:
- Enseñanza de un curandero a un aprendiz.
- El llamado a la actividad a partir de:
- Superar una situación de experiencia crítica vital (como un accidente o enfermedad).
- El contacto con una deidad u otro ser con características de hierofanía (Eliade 1964).
Estas formas de iniciación difieren en las maneras de acceder al poder y al conocimiento, pero no en las capacidades obtenidas como terapeutas. Respecto a los antecedentes de estos terapeutas en la campaña argentina, ya en 1908 Boman, en su paso por la Puna, relata su encuentro con una "médica/curandera" que atiende a uno de los peones de su expedición por solicitud de este último. Más adelante, en 1947, Di Lullo sostiene que la curandera cumple una importante función social en el campo santiagueño. En este sentido, Ratier (1972) plantea que estos especialistas reciben un llamado o iniciación a esta actividad a través de diversos modos, como, por ejemplo, ser alcanzado por un rayo, lo cual no solo les confiere el estatus y el poder para diversas actividades, sino que también parece transmitirles conocimientos sobre plantas curativas. Palma (1978) concibe...