Chile, con sus características tectónicas y constante actividad sísmica, posee un nutrido historial de eventos catastróficos, incluyendo sismos y tsunamis. La catástrofe más reciente fue el terremoto del 27 de febrero de 2010 y el posterior tsunami, cuyo epicentro se situó en Cobquecura, Región del Biobío. Este evento afectó al 69% de las comunas del país, donde habita el 75% de la población, causando 521 muertos, 46 desaparecidos y cuantiosos daños socioeconómicos.
Entre las localidades costeras más afectadas se encuentra Dichato, comuna de Tomé, Región del Biobío, con alrededor de mil habitantes. La falla sistémica del Estado en proveer una alerta efectiva de tsunami a la población, desnudó las carencias del país en relación con el conocimiento e investigación en este tema.
Historia y Características Geográficas que Potencian la Vulnerabilidad de Dichato
La localidad de Dichato, situada al sur del epicentro del 27F, sufrió la destrucción de viviendas e infraestructuras cercanas a la costa y el estuario. Estudios posteriores al megasismo, muestran que la inundación por tsunami alcanzó profundidades de ocho metros y el agua penetró desde la costa hasta unos 1,3 kilómetros tierra adentro. En 2011, otro tsunami, esta vez originado por un terremoto en Japón, afectó nuevamente estas costas.
Dichato se emplaza en la desembocadura de ríos y canales, siendo una bahía muy confinada y estrecha. Estas características geográficas hacen que cualquier onda se amplifique, crezca y sea más peligrosa de lo común. Esto quedó evidenciado en el tsunami de 2011, cuando el mar se desbordó y entró con fuerza en Dichato, aunque no con la magnitud del 2010, confirmando que es un lugar propicio para los tsunamis.

Metodologías de Evaluación de la Vulnerabilidad
Vulnerabilidad de Personas Mayores
Un estudio realizado en Dichato tuvo como objetivo evaluar el nivel de vulnerabilidad de las personas mayores frente a tsunamis. Se utilizó una metodología mixta, combinando enfoques cuantitativos y cualitativos, aplicando encuestas y analizando variables físicas, sociales, de salud preventiva, económicas y educativas mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG) para la representación espacial de los resultados.
Los principales hallazgos muestran que la mayor parte de las personas mayores presenta una vulnerabilidad física media, producto de reconstrucciones recientes, pero ubicadas en zonas de alta exposición a inundaciones. En el ámbito social y salud preventiva, predominan redes familiares sólidas, aunque persiste un grupo con aislamiento y enfermedades crónicas. Económicamente, la mayoría cuenta con ingresos previsionales estables, existiendo un segmento con recursos insuficientes o irregulares. Desde lo educativo, la baja escolaridad se compensa con un alto conocimiento práctico sobre tsunamis, derivado de experiencias previas.
Índice de Vulnerabilidad Costera (IVC)
Otro estudio aplicó dos metodologías para la medición de vulnerabilidad costera a través del cálculo del Índice de Vulnerabilidad Costera (IVC) en Dichato. Una metodología se basa en el trabajo de Pierce (2014) en la costa de Nueva York, que combina parámetros físicos y socio-económicos para calcular tres IVC con diferentes ponderaciones. La segunda metodología es la original de Gornitz (1990), que consiste en una fórmula que contempla seis parámetros, principalmente físicos.
Ambas metodologías fueron evaluadas con los mismos seis parámetros y un nivel de vulnerabilidad de 1 a 5 (siendo 1 muy baja y 5 muy alta). Los resultados fueron comparables, obteniendo una vulnerabilidad baja (2) en ambas. La metodología de Pierce (2014) involucró al 34% de la población total en una vulnerabilidad baja, mientras que la de Gornitz (1990) involucró al 31%. Estos resultados se presentaron gráficamente en mapas de Sistemas de Información Geográfica, mostrando un color y tipo de clasificación según el nivel de vulnerabilidad de la manzana.

Efectos Hidráulicos y Morfológicos Post-Tsunami
Tanto en 2010 como en 2011, los tsunamis ingresaron principalmente por el estero de Dichato, desbordándose e inundando gran parte de la localidad. Se observó que las zonas bajas son fácilmente inundables y que los rellenos efectuados en el canal no eran suficientes para contener los eventos. Este fenómeno justifica la investigación de los efectos hidráulicos provocados por estas catástrofes, con el fin de cuantificar los daños y los riesgos de inundación futura debido a la posible depositación de sedimentos marinos y cambios en la morfología del estero.
Para analizar estos efectos, se descendió al lecho en seis puntos del estero Dichato para extraer muestras de sedimentos depositados, identificados generalmente como limos. Adicionalmente, se realizó una topografía actual para comparar las capacidades hidráulicas del estero con las obtenidas antes de los tsunamis. Los análisis indican que, producto de la catástrofe y posterior inundación, la deposición de sedimentos ha incrementado la capacidad hidráulica del canal en el lugar más afectado, en contraste con la capacidad existente antes del evento.
Medidas de Mitigación y Gestión del Riesgo
Obras de Reconstrucción y Mitigación en Dichato
El tsunami de 2010 causó que más de 1200 familias informaran daños en sus propiedades y aproximadamente el 80% de las estructuras construidas expuestas fueran arrastradas, principalmente casas de madera que fueron incapaces de resistir las grandes profundidades y velocidades de inundación. Esto llevó al gobierno a plantear y construir obras de mitigación en Dichato, con un costo de aproximadamente 6,8 millones de dólares, para reducir el impacto de futuros eventos.
Además, cinco vecindarios fueron reubicados, ya sea en áreas más altas o en casas sobre pilotes al norte de la bahía. Se establecieron restricciones a la construcción en la zona costera, permitiendo actividades relacionadas con el comercio y turismo en el sector aledaño. Los modelos de simulación de tsunamis de última generación evaluaron el impacto del tsunami de 2010 y la reducción de daños con estas obras, sugiriendo que el tiempo disponible para una evacuación en las proximidades del río se incrementaría en aproximadamente una hora en un escenario similar al 27F. Estos trabajos podrían ser útiles para mitigar efectos de marejadas y tsunamis de escalas menores.
Tipos de Medidas y Desafíos en la Planificación
Existen diferentes formas de disminuir los niveles de exposición a tsunamis, categorizadas en medidas estructurales y no estructurales. Las medidas estructurales pueden incluir muros, rompeolas, bosques de mitigación, parques inundables o la reducción de la densidad de habitantes en zonas muy expuestas. Las medidas no estructurales abarcan señaléticas anti-tsunamis, simulacros, educación comunitaria, conocimiento de zonas seguras y tiempos de evacuación.
El geógrafo Marcelo Lagos, doctor en Ciencias Ambientales y director del Laboratorio de Investigación de Tsunamis de la UC, enfatiza que, si bien el país ha avanzado en estudios de peligro y proposición de medidas de mitigación estructural, los tsunamis tienen lugares predilectos, como las desembocaduras de ríos y bahías cerradas. Es lógico que las zonas bajas sean las más atractivas para estos eventos. La planificación urbana y un uso responsable del suelo en el borde costero han sido históricamente un "tema huérfano" en Chile, aunque a partir de 2010 las cosas están cambiando. El Minvu encargó un estudio para 25 planes maestros del borde costero, donde Lagos fue investigador principal, definiendo escenarios de peligro para que los planificadores urbanos propongan medidas estructurales de atenuación. Hoy en día, la Ley de Urbanismo y Construcciones permite una reinterpretación adecuada para estos casos, exigiendo estándares para construcciones en zonas peligrosas.
La Importancia de la Educación y la Conciencia Pública
Marcelo Lagos subraya la necesidad de una nueva institucionalidad que aborde la gestión del riesgo de desastre de forma transversal, como una tarea que involucra a todos, desde el gobierno hasta la comunidad y los profesionales de diversas áreas. La gente en Chile tiene un conocimiento relevante sobre cómo reaccionar en emergencias de tsunami, diferenciando escalas sísmicas y conociendo conceptos como área de ruptura o plano de falla, lo que se evidenció en el 27F, donde a pesar de un evento de 8.8° y olas de hasta 30 metros, el número de víctimas fue relativamente bajo.
Sin embargo, persiste un problema de diálogo entre la ciencia, los tomadores de decisiones y la comunidad. Es fundamental que la información científica llegue a quienes toman decisiones y que la comunidad se apropie de este conocimiento. Lagos enfatiza su deber como geocientífico de educar, pues muchos habitantes de la costa no están al tanto de los hallazgos científicos. Lamentablemente, Chile es un país que "rápidamente olvida" y no puede quedarse dormido, ya que otro evento catastrófico ocurrirá en cualquier momento. La historia nos recuerda que estos eventos son absolutamente recurrentes, pero en Chile la historia y las lecciones aprendidas son poco ponderadas.
El trabajo en terreno es una constante para Lagos y su equipo, quienes tras el 27F realizaron cortes de subsuelo en el sur de Chile y en 2011 en Japón. Estas excavaciones permiten identificar y diferenciar capas de tsunamis, tormentas o huracanes, y a través del análisis de muestras se reconstruye la prehistoria sísmica de un lugar. También realizan asesorías y estudios para instituciones estatales y privadas, revisando temas como la señalética para tsunamis y sus criterios de localización y diseño junto a la ONEMI.
Aunque se están haciendo cosas en Dichato, Constitución, Llico, Tubul y Talcahuano, los asentamientos humanos costeros que en el pasado han sido inundados volverán a serlo. La experiencia de lugares como Hawái, que factura millones por turismo y hotelería sin construir nada en el borde, debería ser un ejemplo. Es necesario que los criterios para reconstruir el borde costero sean universales para todo Chile, y que se consideren planes como los de países desarrollados, donde las zonas peligrosas pueden ser parques o requieren seguros muy altos para quienes deciden vivir allí. La historia del terremoto y tsunami de 1960, que cobró más de 1.000 vidas y del cual "no se aprendió nada", con Puerto Saavedra aún en el mismo lugar, es un claro recordatorio.