Hábitos Alimentarios y Estado Nutricional en Jóvenes

La adolescencia representa un momento crucial para la instauración de hábitos alimentarios saludables, que tendrán un impacto significativo en la salud a lo largo de la vida. A nivel global, el problema del sobrepeso y la obesidad ha experimentado un incremento vertiginoso en las últimas décadas. Más de 300 millones de personas en el mundo son obesas, y el número de niños obesos entre cinco y 19 años se ha multiplicado entre 10 y 12 veces desde mediados de la década de 1970. El sobrepeso, tradicionalmente asociado a las poblaciones de mayores ingresos, es ahora una condición cada vez más prevalente entre los segmentos más pobres de la población, reflejando una mayor disponibilidad de "calorías baratas" provenientes de alimentos grasos y azucarados.

Esta tendencia conlleva un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes tipo 2 y la enfermedad coronaria. Factores determinantes de la salud, como la alimentación equilibrada, la práctica regular de actividad física y el mantenimiento de un peso adecuado, son esenciales para protegerse de estas enfermedades crónicas. Sin embargo, los hábitos alimentarios en el mundo occidental a menudo se caracterizan por un consumo excesivo de energía y nutrientes, con dietas ricas en proteínas y grasas de origen animal.

Esquema de la pirámide nutricional y hábitos saludables en adolescentes

Metodología para el Estudio de Patrones Alimentarios y Estado Nutricional

La evaluación del estado nutricional y los hábitos alimentarios en poblaciones jóvenes es fundamental para diseñar estrategias de salud pública. Un enfoque común incluye la realización de estudios observacionales descriptivos o transversales, utilizando cuestionarios anónimos sobre el consumo de alimentos y mediciones antropométricas. Por ejemplo, en un estudio realizado en una provincia andaluza, se analizó una muestra de 1.005 escolares de sexto de Educación Primaria (con una media de edad de 11,45 años) mediante un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos y variables sociodemográficas.

La evaluación antropométrica es un método ampliamente utilizado por su sencillez, economía, sensibilidad y replicabilidad. Incluye mediciones físicas como el peso y la talla, y la composición corporal a través de la circunferencia del brazo, pliegues de tríceps, circunferencia abdominal y circunferencia de la cadera. Estas mediciones permiten calcular indicadores clave como el Índice de Masa Corporal (IMC), el índice cintura-talla (ICT) y el índice cintura-cadera (ICC).

Para la clasificación del estado nutricional mediante el IMC en adolescentes, se utilizan percentiles específicos por edad y sexo: obesidad (IMC > percentil 97), sobrepeso (IMC > pc 90 y ≤ pc 97), normopeso (IMC entre pc 10 y 90) y bajo peso (IMC < pc 10). Las mediciones se realizan siguiendo protocolos estandarizados internacionalmente, y los estudios requieren la aprobación de comités de ética y el consentimiento informado de los participantes y sus tutores.

Patrones de Consumo Alimentario en Adolescentes

Las investigaciones sobre los hábitos alimentarios de los jóvenes revelan patrones de consumo que a menudo se desvían de las recomendaciones nutricionales saludables.

Consumo de Productos Lácteos, Carnes y Pescados

  • En el grupo de lácteos, un estudio en Andalucía mostró que casi el 70% de los alumnos toman leche varias veces al día, pero una cuarta parte casi nunca consume queso.
  • En cuanto a carnes y pescados, se observa una mayor preferencia por los embutidos y carnes; por ejemplo, el 14,7% de los adolescentes en el estudio andaluz consumía embutidos más de una vez al día. El pescado, en contraste, se consume de forma más ocasional, con un 25% de los adolescentes tomándolo rara vez o nunca.
  • Un estudio en Venezuela encontró que el 54,8% de los encuestados reportó consumir carnes diariamente. Sin embargo, el consumo de huevos fue bajo, con un 30% de los adolescentes que refirieron no comerlos nunca o solo una o dos veces por semana. Los embutidos fueron consumidos por la mayoría diariamente (27%) o entre tres y seis veces por semana (31,5%). En general, el consumo infrecuente de pescado (90,4%) fue una característica destacada en este grupo.

Frutas, Verduras, Legumbres y Cereales

  • El consumo de verduras, hortalizas y frutas es a menudo esporádico. En el estudio andaluz, solo un 42,0% de los alumnos tomaban fruta de forma diaria, y un 10% nunca o casi nunca. El consumo diario de frutas fue un 10% inferior en los niños de 13 años.
  • En Venezuela, solo el 17,8% de los sujetos consumían una porción de frutas diariamente y el 34,2% consumían vegetales. Más del 50% de los encuestados no consumían frutas nunca o solo una o dos veces por semana, y cerca del 40% reportó lo mismo para los vegetales, con un infrecuente consumo de frutas (63,0%) y vegetales (37,0%).
  • El consumo de legumbres es más favorable, con el 64,5% en Andalucía consumiéndolas semanalmente y el 69,9% en Venezuela diariamente.
  • Entre los cereales, pasta y pan, el pan blanco es el más consumido (68,1% diariamente en Andalucía), mientras que el pan integral y los cereales son consumidos rara vez o nunca por cerca del 70%. En Venezuela, el 100% de los encuestados reportó consumir arroz y cereales diariamente, y el 91,8% consumía pan diariamente.

Alimentos de "Calorías Vacías" y Ultraprocesados

Se ha observado un significativo consumo de alimentos con "calorías vacías", como comida rápida, dulces y refrescos. En el estudio venezolano, el 23,3% refirió consumir refrescos gaseados o en polvo diariamente, y solo un 34,2% nunca. Más del 50% de los encuestados consumía dulces con alta frecuencia en una semana (31,1% diariamente y 24,6% entre tres y seis veces por semana). Además, el 8,2% consumía pizzas diariamente, y un 43,8% consumía embutidos y alimentos ahumados con frecuencia, mientras que un 31,5% reportó un consumo frecuente de dulces, refrescos gaseados o en polvo, y confituras.

Los peligros de las comidas procesadas

Hábitos Alimentarios Inadecuados y Omisión de Comidas

La omisión de comidas importantes es un hábito común y preocupante entre los adolescentes. En un estudio, el 5,4% de los adolescentes no desayunaban nunca y un 17,6% lo hacía solo a veces. Además, el 17,6% no merendaba nunca por la mañana y el 32,6% solo a veces. Estas omisiones de comidas principales, incluyendo almuerzos y cenas ocasionales, son comunes. Sin embargo, en el estudio venezolano, la omisión del desayuno no se asoció de manera independiente con la obesidad, lo que sugiere una complejidad en la relación entre hábitos específicos y el estado nutricional general.

Estado Nutricional en Jóvenes: Sobrepeso y Obesidad

La prevalencia de la obesidad en adolescentes ha alcanzado niveles que la posicionan como un problema de salud pública global. España, por ejemplo, se presenta como uno de los países con mayor tasa de obesidad infantil. En un estudio con adolescentes de 13 años en Venezuela, el 35,6% presentó sobrepeso (19,2%) u obesidad (16,4%). La malnutrición por defecto fue más frecuente entre las mujeres (66,7% vs 33,3%), al igual que la obesidad (58,3% vs 41,7%), mientras que el sobrepeso se manifestó de manera similar en ambos sexos.

Estos hallazgos coinciden con estudios en Ecuador y México, que también reportan altas prevalencias de sobrepeso y obesidad en adolescentes. El aumento en la prevalencia de sobrepeso y obesidad se ha observado no solo en países desarrollados, sino también en aquellos en vías de desarrollo, incluyendo Latinoamérica. Los principales factores relacionados con esta epidemia incluyen la sustitución progresiva de platos caseros por productos ultraprocesados y la insuficiente actividad física.

Gráfico de prevalencia de sobrepeso y obesidad en adolescentes por género

Factores Sociodemográficos y Económicos en la Alimentación

Diversos factores socioeconómicos y demográficos influyen en los patrones alimentarios y el estado nutricional de los jóvenes.

Influencia del Nivel Socioeconómico y Tipo de Escuela

El nivel socioeconómico (NSE) de la familia y el tipo de escuela están fuertemente relacionados con los hábitos alimentarios. En el estudio andaluz, el consumo deficitario de lácteos fue más común en familias de NSE bajos, mientras que el consumo de lácteos fue más frecuente cuando las madres pertenecían a clases sociales I y II. Por el contrario, el alumnado de NSE IV/V consumió más helados. La carne roja y los embutidos fueron más frecuentes en alumnos de colegios públicos, mientras que el consumo de pescado azul fue menos común en las clases sociales IV/V. El uso de pan blanco y pan de molde también fue más frecuente en colegios públicos, y el aceite de girasol fue más utilizado en las clases sociales IV/V.

Un análisis multivariante demostró que los alimentos se agrupan en patrones saludables o no saludables en relación con la clase social familiar. En el contexto venezolano, se evidenció que los hábitos alimentarios no saludables (HAnS) son un factor asociado a la obesidad global, pero esta asociación es dependiente de circunstancias económicas y sociales de la familia. Esto subraya que la vulnerabilidad socioeconómica puede exacerbar los riesgos nutricionales.

Diferencias por Sexo y Edad

También se observan diferencias por sexo y edad. En el estudio andaluz, la ingesta de pescado azul fue más frecuente en las niñas, y el consumo diario de frutas fue inferior en los niños de 13 años. En Venezuela, aunque no se encontraron diferencias significativas en los fenotipos nutricionales entre sexos, sí se observaron diferencias en los indicadores antropométricos: el sexo masculino tuvo valores promedios mayores de circunferencia de la cintura, brazo, peso, ICT e ICC, mientras que el femenino mostró mayores valores promedios de circunferencia de la cadera, pliegue tricipital e IMC. La literatura muestra inconsistencias en los estudios que comparan el IMC entre hombres y mujeres adolescentes, con algunos reportando mayor IMC en mujeres (Costa Rica, Colombia) y otros en hombres (México, España).

Actividad Física y su Relación con la Obesidad

La actividad física baja o moderada (AFB-M) es otro factor clave. En el estudio venezolano, la AFB-M estuvo presente con un elevado porcentaje tanto en el grupo de obesos como en el de no obesos. La AFB-M fue significativamente mayor en adolescentes con obesidad central (68,1%) que en los no obesos (58,1%) y fue más prevalente en mujeres (79,7%) que en hombres (44,4%). Se encontró que la AFB-M podría considerarse una condición de riesgo para el desarrollo de la obesidad central, con una razón de prevalencia (RP) de 1,32 (IC95% 1,10 - 1,61), lo que indica una asociación clara e independiente con este tipo de obesidad.

Implicaciones y Necesidad de Estrategias de Salud

La identificación de patrones de consumo inadecuado y poblaciones de riesgo es esencial para elaborar programas de promoción de la salud más efectivos. La dieta de muchos adolescentes no se ajusta a la pirámide nutricional recomendada, con escaso consumo de lácteos, legumbres, frutas y verduras, y un alto consumo de alimentos procesados y "calorías vacías". La asociación de la obesidad con hábitos alimentarios no saludables es un fenómeno complejo que depende del contexto social y económico de los adolescentes, así como de factores psicosociales, educativos y culturales. Por ello, son necesarias estrategias sanitarias para modificar estos hábitos inadecuados y fomentar un modo de vida saludable desde la adolescencia.

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