El sobrepeso y la obesidad en adultos mayores en Colombia

La obesidad es reconocida como un problema de salud pública significativo a nivel mundial, siendo un factor de riesgo para numerosas enfermedades como las cardiovasculares, la diabetes tipo II, la hipertensión, problemas óseos, apnea del sueño, cálculos biliares y algunos tipos de cáncer, destacándose el de colon. De hecho, ha sido identificada como el mayor determinante del síndrome metabólico y su prevalencia global se ha triplicado desde 1975 hasta la fecha.

Gráfico o infografía sobre la prevalencia global de obesidad y sus comorbilidades principales

En Colombia, la prevalencia de obesidad en adultos continúa en aumento. Según el informe reciente de la Federación Mundial de Obesidad, el 26 % de los adultos en Colombia sufre de obesidad. Además, el estudio revela que el 64 % de los mayores de edad en Colombia tiene un índice de masa corporal (IMC) elevado, lo que indica un riesgo significativo para su bienestar físico. Más del 60 % de hombres y mujeres adultos en el país tienen un IMC superior a 25 kg/m², clasificándolos en las categorías de sobrepeso u obesidad.

Este informe también proyecta un panorama preocupante para el futuro: se espera que para el año 2030, 27,9 millones de colombianos presenten un IMC alto. Esta tendencia alarmante no solo afecta a Colombia, sino también a otros países de la región.

Contexto demográfico en Colombia: un envejecimiento de la población

En el mundo, la población de adultos mayores está en constante crecimiento; actualmente, el 13 % de la población mundial está compuesta por personas con más de 65 años. Este fenómeno también se observa en Colombia. Según datos oficiales, en el año 1985 el 3,98 % de la población colombiana estaba compuesto por personas mayores de 60 años, y este porcentaje aumentó a más del doble, alcanzando el 9,23 % para el 2018.

Cambios en la composición corporal con la edad y el sobrepeso

El envejecimiento en sí mismo supone cambios en el peso y la composición corporal. Estos cambios consisten en el aumento de la masa grasa y su redistribución, con mayor acumulación en la zona intraabdominal, al mismo tiempo que disminuye la masa magra, cuyo principal componente es la masa muscular. Este proceso, con mucha frecuencia, conduce a la sarcopenia.

La sarcopenia en adultos mayores se ha considerado de origen primario, relacionada con la edad, y se ha asociado con deterioro metabólico, factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, discapacidad física y mortalidad. El concepto de sarcopenia es abordado de manera distinta por diferentes autores, quienes lo relacionan con la reducción de la masa muscular esquelética (miopenia), la disfunción del músculo esquelético manifestada por baja fuerza muscular (dinapenia) y el bajo rendimiento físico.

Obesidad Sarcopénica: un desafío en los adultos mayores

La combinación de obesidad y sarcopenia ha llevado a describir una nueva categoría de obesidad, denominada obesidad sarcopénica, principalmente en adultos mayores. La evidencia sugiere que la presencia simultánea de sarcopenia y obesidad podría estar asociada con más trastornos metabólicos y un mayor riesgo de mortalidad que la obesidad o la sarcopenia por sí solas.

Un asunto problemático en el diagnóstico de la obesidad sarcopénica ha sido el uso del IMC para definir la obesidad. Esto se debe a dos razones: primero, porque no discrimina la composición del peso; y segundo, porque los puntos de corte usados para la población adulta podrían no ser apropiados para aplicar en adultos mayores. En este grupo poblacional, un cierto exceso de peso se asocia con menor mortalidad, lo que se conoce como la paradoja de la obesidad, y ha llevado a algunos autores a proponer valores más altos del IMC para definir sobrepeso y obesidad. Las grandes discrepancias en los criterios diagnósticos han provocado que la prevalencia de obesidad sarcopénica varíe ampliamente, desde el 2,75 % hasta más del 20 %.

Además del efecto del envejecimiento, algunos autores proponen que la obesidad en sí misma constituye un determinante de la pérdida de masa muscular, como consecuencia de los trastornos metabólicos asociados, tales como la resistencia a la insulina, el estrés oxidativo sistémico, principalmente en el músculo esquelético, y la inflamación. Por otra parte, la sarcopenia podría favorecer la acumulación de grasa, dificultando establecer si la sarcopenia en un sujeto obeso es primaria o secundaria a la obesidad.

Obesidad Sarcopénica

La paradoja del peso en la tercera edad

Durante años, los expertos han debatido qué aconsejar a los adultos mayores con sobrepeso. Mientras que el aumento de peso se asocia a la acumulación de grasa y puede contribuir a enfermedades cardíacas, diabetes y artritis, numerosos estudios sugieren que tener algo de peso extra a veces puede ser protector en las etapas posteriores de la vida. Para las personas que se caen, la grasa puede servir de acolchado, protegiéndolas de fracturas. Y para personas gravemente enfermas (cáncer, insuficiencia renal avanzada), ese "acolchado" puede ser una fuente de energía que les ayude a tolerar terapias extremas.

Sin embargo, es crucial considerar el peso inicial de cada persona. Aquellas ya obesas (IMC igual o superior a 30) que engordan más corren un riesgo mayor que las que pesan menos. Un rápido aumento de peso a una edad avanzada siempre es motivo de preocupación.

Preocupación por la masa muscular

A los expertos les preocupa más la falta de actividad en los adultos mayores con sobrepeso u obesidad leve (un índice de masa corporal por debajo de los 30) que la pérdida de peso. Con una actividad mínima o nula, la masa muscular se deteriora y la fuerza disminuye, lo que aumenta el riesgo de desarrollar una discapacidad o un deterioro funcional que puede interferir con la independencia. La pérdida de peso contribuye a una masa muscular inadecuada, ya que por cada kilo que se pierde, el 25% procede del músculo y el 75% de la grasa, en promedio.

Dado que los adultos mayores tienen menos músculo, si desean perder peso, deben estar dispuestos al mismo tiempo a aumentar la actividad física.

El peso corporal ideal puede ser mayor

Las investigaciones epidemiológicas sugieren que el índice de masa corporal (IMC) ideal podría ser mayor en los adultos mayores que en los jóvenes. Un estudio amplio descubrió que los mayores situados en los extremos del espectro del IMC (los que tenían un IMC bajo, menos de 22, y los que tenían un IMC alto, más de 33) corrían un mayor riesgo de morir antes que los que tenían un IMC en la franja media (de 22 a 32,9).

Los adultos mayores con menor riesgo de morir antes tenían un IMC de 27 a 27,9. Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta cifra se sitúa en el rango de "sobrepeso" (25 a 29,9) y por encima del rango de IMC de "peso saludable" (18,5 a 24,9). Esto lleva a la conclusión de que el rango de peso saludable de la OMS puede no ser adecuado para los adultos mayores; por el contrario, tener sobrepeso puede ser beneficioso, mientras que estar notablemente delgado puede ser problemático y contribuir a la fragilidad.

Diagnóstico del sobrepeso y la obesidad en adultos

Si se sospecha sobrepeso u obesidad, es fundamental consultar a un médico. El médico evaluará los síntomas y calculará el índice de masa corporal (IMC), una medida estándar que relaciona el peso y la altura de una persona para determinar si se encuentra en un rango saludable. El IMC se calcula dividiendo el peso (kg) entre la estatura al cuadrado (m²).

IMC (kg/m²) Clasificación
Menor a 18.5 Delgadez o bajo peso
18.5 a 24.9 Peso saludable
25.0 a 29.9 Sobrepeso
30.0 a 39.9 Obesidad
Más de 40 Obesidad grave o mórbida

Es importante recordar que el IMC puede no ser una medida precisa para todos, por ejemplo, en personas con mucha masa muscular o en adultos mayores, donde un ligero exceso de peso puede ser menos problemático.

Además del IMC, el médico puede medir el perímetro de la cintura. Tener exceso de peso alrededor de la cintura ("forma de manzana") conlleva un riesgo más alto de enfermedades relacionadas con la obesidad que la acumulación en caderas o muslos ("forma de pera"). La salud puede estar en riesgo si la cintura mide 94 cm (37 pulgadas) o más en hombres, y 80 cm (32 pulgadas) o más en mujeres. En ciertos grupos étnicos, como las personas de ascendencia asiática, el tamaño de la cintura es una medida de riesgo más fiable que el IMC.

El médico también puede solicitar análisis de sangre para revisar los niveles de colesterol y azúcar, y medir la presión arterial.

Estrategias de prevención y tratamiento

Perder peso requiere tiempo y esfuerzo. La mejor manera de alcanzar y mantener un peso saludable es mejorar la dieta y los hábitos alimenticios, junto con un aumento de la actividad física.

Recomendaciones de expertos para adultos mayores

Los médicos e investigadores especializados en obesidad ofrecen varias recomendaciones para adultos mayores:

  • Mantener la forma física y la masa muscular es más importante que perder peso para los adultos mayores con sobrepeso (aquellos con IMC de 25 a 29,9). Las pruebas no demuestran que perder unos kilos de más mejore drásticamente su salud en este grupo.
  • La pérdida de peso involuntaria se asocia a varias enfermedades graves y es una señal de peligro que siempre hay que prestar atención. Se debe consultar a un médico si se está perdiendo peso sin intentarlo.
  • Garantizar la calidad de la dieta es esencial. Los adultos mayores corren el riesgo de sufrir carencias vitamínicas y otros déficits nutricionales. El consumo adecuado de proteínas es fundamental. Se recomienda tomar un multivitamínico.
  • Perder peso es más importante para las personas mayores que tienen mucha grasa alrededor de la cintura (forma de manzana) que para los que la tienen más abajo (forma de pera). En el caso de pacientes con un perímetro de cintura alto, se recomienda ser más agresivo a la hora de reducir calorías o aumentar el ejercicio.
  • Mantener la estabilidad del peso es un buen objetivo para los mayores sanos con sobrepeso, pero que no padecen obesidad moderada o grave (IMC de 35 o más). "Sano" significa que no tienen problemas metabólicos graves (colesterol, azúcar en sangre, tensión arterial y triglicéridos demasiado altos), discapacidades relacionadas con la obesidad o enfermedades graves relacionadas con la obesidad como diabetes o cardiopatías.
Esquema de un plato saludable con porciones adecuadas para adultos mayores

Dieta balanceada y control de porciones

Para combatir y prevenir el sobrepeso, es fundamental seguir una dieta equilibrada y controlar el tamaño de las porciones. Se recomienda:

  • Basar las comidas en alimentos con almidón, como papas, pasta, pan y arroz, preferiblemente integrales.
  • Limitar el consumo de alimentos con alto contenido de grasa y azúcar, como pasteles, galletas y mantequilla. Es recomendable quitar la grasa visible de la carne y elegir opciones magras.
  • Incluir al menos cinco porciones de frutas y verduras al día.
  • Consumir al menos dos porciones de pescado a la semana, una de ellas de pescados grasos como salmón, caballa o atún fresco.
  • Reducir el consumo de alcohol debido a su alto contenido calórico. El agua es la mejor bebida; se puede saborizar con jugos bajos en calorías o limón.
  • Elegir meriendas saludables, como frutas y yogures bajos en grasa, para controlar el apetito.

Es importante evitar las "dietas de moda" que implican comer una serie muy limitada de alimentos. Aunque puedan generar una pérdida de peso a corto plazo, no son saludables y el peso suele recuperarse al volver a la dieta normal.

Actividad física: la mejor herramienta

La actividad física es crucial para combatir el sobrepeso y mantener la masa muscular. El nivel recomendado es de 150 minutos (dos horas y media) de ejercicio moderado por semana, en sesiones de 10 minutos o más, distribuidas al menos cinco días a la semana. La actividad se considera de intensidad vigorosa cuando la respiración es mucho más fuerte y la frecuencia cardíaca aumenta rápidamente, dificultando sostener una conversación.

Para los adultos mayores, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad moderadamente intensa, como caminar a paso ligero, así como actividades de fortalecimiento muscular, como levantar pesas, al menos dos veces por semana. Según diversas encuestas, solo entre el 27% y el 44% de los adultos mayores cumplen estas directrices.

Es importante encontrar una actividad que agrade para mantenerse motivado. Si el ejercicio en solitario resulta aburrido, se puede invitar a un amigo o inscribirse en un club local.

Obesidad Sarcopénica

Programas comerciales y apoyo médico

Existen varios programas comerciales para perder peso, como clubes para adelgazar o programas en línea que ofrecen apoyo social. Es recomendable hablar con el médico o enfermero sobre las opciones que mejor se ajusten a las necesidades individuales y el estilo de vida.

Si la dieta saludable y el aumento de actividad física no producen mejoras, el médico puede recetar medicamentos como Orlistat, que evita la absorción de grasas. Este se recomienda para personas con un IMC de 30 o superior, o de 27 o superior si existen problemas de salud asociados. La cirugía bariátrica se considera en casos de obesidad severa (IMC de 40 o más, o entre 35 y 40 con enfermedades que mejorarían con la pérdida de peso) y compromiso con programas de tratamiento a largo plazo. Es ideal que estos pacientes sean evaluados en centros de excelencia en el tratamiento quirúrgico de la obesidad.

Implicaciones y desafíos en Colombia

La obesidad en Colombia ha dejado de ser un tema estético para convertirse en una emergencia de salud pública. Este incremento refleja cambios significativos en los hábitos alimenticios, el estilo de vida y otros factores sociales y económicos. Según un informe, la falta de encuestas nacionales actualizadas sobre sobrepeso, obesidad y hábitos alimenticios en los últimos cinco años dificulta la implementación de estrategias y políticas públicas efectivas para abordar la situación.

De no tomarse medidas inmediatas, esta tendencia continuará agravándose, con consecuencias devastadoras para la salud pública y los sistemas sanitarios. Este vacío en la investigación señala una oportunidad para que futuras investigaciones exploren esta dimensión inexplorada del análisis de la obesidad en Colombia, caracterizada por particularidades étnicas, culturales y socioeconómicas.

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