Para comprender a cabalidad la independencia de las personas, incluso en la vejez, es esencial enmarcarla dentro de la interdependencia constitutiva del ser humano. El ser humano es intrínsecamente social, lo que implica una interdependencia constante. Nuestras independencias parciales se entrelazan con dependencias parciales que, debidamente apoyadas, posibilitan aquellas. Estas dependencias se resuelven positivamente cuando se acoge la recepción de apoyos pertinentes de quienes poseen sus propias independencias.
Las dependencias existentes claman por ser acogidas en la solidaridad, en contraposición a la incomodidad ante la necesidad de recibir o a la soberbia de quien no desea deber nada a nadie. La interdependencia nos permite comprender que las dependencias reales no deben ser atribuidas únicamente a deficiencias funcionales que las personas puedan experimentar al realizar acciones necesarias y valiosas. En una sociedad inclusiva, que se manifiesta a través de la accesibilidad universal, la no discriminación, la distribución equitativa de recursos y la oferta de apoyos ante las limitaciones, la dependencia ligada a la deficiencia funcional se reduce drásticamente, mientras que aumenta en las sociedades excluyentes. Por ello, acoger la condición de dependencia de las personas implica la creación de sociedades inclusivas ante los déficits de capacidad funcional.
Dimensiones de la Interdependencia en la Vejez
Dimensión Estructural y Social
La dependencia, especialmente en la vejez, puede ser abordada desde una perspectiva estructural, donde las sociedades inclusivas juegan un papel crucial. La accesibilidad universal, la no discriminación y la igualdad de oportunidades son pilares fundamentales para reducir la dependencia derivada de deficiencias funcionales. Por el contrario, las sociedades excluyentes exacerban estas dependencias.
La inclusión social de las personas mayores es vital. El informe destaca que la longevidad es un logro y una oportunidad, pero también un reto. A nivel personal, los mayores enfrentan dificultades como la pérdida de autonomía, la soledad no deseada y la brecha digital. Para la sociedad, el envejecimiento implica un aumento en las pensiones, un mayor uso de sistemas sanitarios y servicios sociales, cuyas debilidades se evidenciaron durante la pandemia. Los hábitos saludables y la prevención de la fragilidad son claves para evitar enfermedades crónicas y discapacidad. Los años vividos en mala salud y con deterioro funcional, más que el envejecimiento en sí, son los principales responsables del aumento del gasto.
La pandemia de COVID-19 evidenció las carencias del sistema y la necesidad de transformar el modelo de atención hacia un enfoque centrado en la persona. Atendiendo a la preferencia de vivir en casa, se busca promover apoyos en el entorno habitual, utilizando la tecnología, para que las personas puedan vivir más tiempo en su domicilio.
Se demanda un mayor desarrollo del sector profesional de los cuidados, con personal formado capaz de afrontar cuidados complejos, para sufragar los cambios sociales y prever el aumento de casos de demencias y otras enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, el sector profesionalizado de los cuidados enfrenta dificultades para atraer y retener personal.
Dimensión Intersubjetiva y Ética
Desde la dimensión intersubjetiva, la interdependencia se manifiesta en las relaciones morales y las virtudes de la comunicación. En este contexto, el dar se abre al recibir y viceversa, especialmente en lo referente a bienes inmateriales no sujetos a cálculo.
La atención a personas con dependencia significativa debe expresarse como una relación moral, guiada por principios éticos y virtudes de la comunicación intersubjetiva. La atención a personas mayores con dependencias significativas requiere la aplicación ajustada de criterios éticos.
Dimensión Biográfica y Personal
La biografía personal es fundamental en la vejez, ya que en ella se define la identidad y se manifiesta cómo la interdependencia universal se ha concretado de forma única en cada persona. La biografía también revela las experiencias de solidaridad recibida y ejercida, el lado oscuro de la interdependencia en su faceta negativa.
La memoria histórica de la vejez clama justicia por el sufrimiento injusto recibido y, al afrontar el sufrimiento causado, invita al arrepentimiento honesto. La vejez es la etapa donde la biografía del pasado predomina, y la asunción biográfica de lo que uno es no debe ser truncada por una atención a la dependencia que la ignore.
Elizabeth Lewis destacó la importancia de apoyar las necesidades básicas de las personas mayores en áreas como el entorno, las relaciones sociales y la autonomía para controlar sus vidas. Hizo hincapié en que la autonomía nunca es completa y que en la vejez se deben promover momentos de toma de decisiones, brindando acceso a dispositivos de apoyo.
Verónica Montes de Oca resaltó la importancia del aporte académico a la definición de autonomía e independencia en personas mayores. Instó a no englobar a las personas mayores en una categoría homogénea, rescatando la diversidad del envejecimiento como proceso. Señaló que la discriminación por edad, género, clase social y etnia impacta directamente en el bienestar y la calidad de vida, determinando el apoyo y los cuidados recibidos. Es necesario reorientar las percepciones sociales y trabajar sobre narrativas que descalifican a las personas mayores, conduciendo al aislamiento y la pérdida de autonomía.
Cambios Físicos, Psíquicos y Sociales en el Envejecimiento
Cambios Físicos
Con el paso de los años, el organismo experimenta cambios morfológicos en diversos sistemas: cardiovascular, respiratorio, muscular, óseo, digestivo, genitourinario, bucal y sensorial. Se observa una disminución de la agudeza visual y auditiva, cambios en la piel, mayor lentitud psicomotriz y una disminución en los mecanismos termorreguladores, lo que puede suponer un riesgo para la salud.
El cuerpo humano experimenta cambios naturales con la edad. Después de los 30 años, se tiende a perder tejido magro (músculos, órganos), lo que se conoce como atrofia. Los huesos pueden perder minerales, volviéndose menos densos (osteopenia, osteoporosis). La cantidad de grasa corporal aumenta, acumulándose en el centro del cuerpo.
La pérdida de estatura es común, relacionada con cambios en huesos, músculos y articulaciones. Los discos intervertebrales se secan y aplanan, la pérdida de masa muscular puede llevar a una postura encorvada, y la osteoporosis puede causar microfracturas en la columna. La pérdida de estatura puede ser de 1 a 3 pulgadas a lo largo de la vida. Mantener una dieta saludable, actividad física y prevenir la pérdida ósea puede mitigar estos cambios.
Músculos más pequeños en las piernas y articulaciones rígidas dificultan el desplazamiento. El exceso de grasa corporal y cambios en la forma del cuerpo pueden afectar el equilibrio, aumentando el riesgo de caídas.
Los cambios en el peso total varían. Los hombres suelen aumentar de peso hasta los 55 años y luego disminuir, mientras que las mujeres aumentan hasta los 65 y luego disminuyen. La pérdida de peso en la edad adulta se debe en parte a que la grasa reemplaza al tejido muscular magro.
Las elecciones de estilo de vida, como ejercicio regular, dieta saludable, reducción del consumo de alcohol y evitar tabaco y drogas ilícitas, pueden influir en la velocidad del envejecimiento.
Cambios Psíquicos
Las capacidades intelectuales experimentan un declive a partir de los 30 años, acelerándose en la vejez. Se observa una pérdida en la capacidad para resolver problemas, falta de espontaneidad en el pensamiento, y alteraciones en el lenguaje y la expresión. La creatividad y capacidad imaginativa suelen conservarse. La memoria puede verse afectada, con amnesia focalizada en el tiempo. El carácter y la personalidad generalmente no se alteran, a menos que existan patologías. La capacidad de adaptación puede disminuir por miedo a situaciones desconocidas.
Cambios Sociales
En la vejez, el rol individual cambia, marcado por la conciencia de la proximidad de la muerte. La actitud ante la muerte varía: algunos la ven como liberación, otros como una alternativa a la enfermedad, y otros la rechazan con temor.
Las relaciones familiares se transforman. Inicialmente, el anciano es independiente y apoya a hijos y nietos. Luego, con problemas de salud, las relaciones se invierten, y la familia puede considerar el ingreso en una residencia.
La ancianidad se caracteriza por pérdidas: facultades físicas, psíquicas, económicas, de rol y afectivas. Las pérdidas afectivas, como la muerte de un cónyuge o amigo, generan gran tensión emocional y sentimiento de soledad, difícil de superar.
La sociedad tiende a valorar al hombre activo y productivo. El anciano jubilado, aunque no activo laboralmente, tiene potencial para aportar conocimientos y realizar tareas comunitarias. Su rol puede girar en torno a actividades laborales residuales y tareas comunitarias.
La jubilación es un cambio laboral significativo. La adaptación puede ser difícil, especialmente si la vida y los valores están orientados en torno al trabajo. Las relaciones sociales y los recursos económicos pueden disminuir. Es crucial prepararse para la jubilación, buscar aficiones y actividades que mejoren la calidad de vida.
El entorno social y cultural, la disponibilidad económica y los medios comunitarios influyen en la comunicación del anciano. Los cambios rápidos en la comunicación de masas pueden generar problemas.
Funcionalidad y Cuidado Enfermero en el Adulto Mayor
La funcionalidad es un concepto clave en la valoración geriátrica y gerontológica, esencial para equipos multidisciplinares y personal de enfermería. El concepto de salud ha evolucionado de la ausencia de enfermedad a un estado de bienestar físico, mental y social.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF), considera el funcionamiento como una relación compleja entre las condiciones de salud y los factores contextuales (ambientales y personales). La interrelación entre estado de salud, factores contextuales, integridad funcional y estructural, actividades y participación, culmina en la capacidad para realizar tareas en un entorno real.
La funcionalidad es multidimensional, incluyendo aspectos físicos, cognitivos, afectivos, ambientales, de soporte social, económicos y espirituales. La integración de estas esferas determina la situación funcional, es decir, la capacidad para vivir de forma independiente.
La funcionalidad física se define como la capacidad fisiológica y/o física para ejecutar las actividades de la vida diaria de forma segura y autónoma, sin provocar cansancio. La independencia funcional permite cumplir las acciones requeridas para el vivir diario y subsistir independientemente.
Un adulto mayor sano es aquel capaz de enfrentar el proceso de cambio con un adecuado nivel de adaptabilidad funcional y satisfacción personal. La capacidad funcional del adulto mayor es el conjunto de habilidades físicas, mentales y sociales que permiten la realización de las actividades que exige su medio.
La disminución de la capacidad funcional se da principalmente por patologías presentes, más que por los cambios propios del envejecimiento. El deterioro funcional es común, contribuyendo a él los cambios relacionados con la edad, factores sociales y enfermedades. Alrededor del 25% de los mayores de 65 años requieren ayuda para actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD).
Valoración Funcional
La funcionalidad es fundamental en la evaluación geriátrica para definir el nivel de dependencia, plantear objetivos de tratamiento y rehabilitación, e instruir medidas de prevención. La observación directa es el método más exacto, pero el autoinforme de ABVD y AIVD, corroborado por un informante, es más práctico.
El deterioro funcional no debe atribuirse al envejecimiento sin una evaluación diagnóstica exhaustiva. La capacidad funcional se evalúa en tres niveles: ABVD (cuidado del cuerpo), AIVD (mantenimiento del hogar, gestión personal) y Actividades Avanzadas de la Vida Diaria (AAVD) (participación social, comunitaria y familiar).

El Sistema Nervioso y el Envejecimiento
El sistema nervioso es un sistema de comunicación compuesto por un emisor, un receptor, un panel de transmisión y una respuesta. Las neuronas transmiten información a través de sinapsis. En el envejecimiento, se produce una pérdida neuronal, disminución del volumen cerebral, de la sustancia blanca, de la corteza cerebral frontal y del cuerpo estriado, debido a la muerte o atrofia celular. Disminuye el tamaño de las neuronas y el número de sinapsis.
Examen Físico del Adulto Mayor
El examen físico del adulto mayor debe ser integral, con especial atención a las áreas de preocupación identificadas durante la anamnesis. La observación del paciente (deambulación, movimientos, higiene personal) proporciona información útil sobre su funcionalidad, estado mental y capacidad de autocuidado.
Los pacientes ancianos pueden requerir más tiempo durante el examen; no deben ser apurados. La camilla debe ser accesible, y los pacientes debilitados no deben dejarse solos. Ciertas partes del examen pueden realizarse cómodamente sentados.
Signos Vitales
Se registra el peso en cada consulta y la altura anualmente para detectar reducción por osteoporosis. La temperatura debe ser monitoreada, ya que la hipotermia puede pasar inadvertida y la ausencia de fiebre no excluye infección.
Los pulsos y la presión arterial se miden en ambos brazos. La presión arterial puede sobreestimarse en ancianos debido a la rigidez arterial (seudohipertensión). Se busca la hipotensión ortostática, diagnosticada si la presión arterial sistólica disminuye ≥ 20 mmHg al ponerse de pie, con o sin síntomas.
La frecuencia respiratoria varía. En adultos mayores que viven de forma independiente es de 12 a 18 respiraciones por minuto; en aquellos que necesitan atención a largo plazo, es mayor (16 a 25 respiraciones por minuto).

Piel y Uñas
Se evalúa el color de la piel, buscando lesiones premalignas, malignas, isquemia y lesiones por presión. Las equimosis pueden aparecer fácilmente debido al adelgazamiento de la dermis. El bronceado dispar puede ser normal. Surcos longitudinales en las uñas y ausencia de lúnulas son hallazgos normales. Pueden identificarse fracturas de la placa ungueal, hemorragias en astilla (más frecuentes por traumatismos) y signos de onicomicosis, uñas encarnadas o psoriasis.
Cabeza y Cuello
Cara
Hallazgos normales relacionados con la edad incluyen cejas caídas, descenso del mentón, pérdida del ángulo mandibular, arrugas, piel seca y vellos terminales gruesos en orejas, nariz, labio superior y mentón. Las arterias temporales deben palparse buscando dolor y engrosamiento (arteritis de células gigantes).
Nariz
El descenso progresivo de la punta nasal es normal, pudiendo agrandar y alargar la nariz.
Ojos
Se observa pérdida de grasa orbitaria (enoftalmos), seudoptosis, entropión, ectropión y arco senil. La retina se adelgaza. La presbicia (pérdida de elasticidad del cristalino) dificulta la visión de cerca y con luz tenue. El cristalino se vuelve más denso y adquiere un tono amarillento, afectando el contraste y la percepción de colores.
La agudeza visual y los campos visuales deben evaluarse. La tonometría puede realizarse en atención primaria. La oftalmoscopia identifica cataratas, degeneración del nervio óptico o macular, y evidencias de glaucoma, hipertensión o diabetes. Se recomienda un examen ocular profesional cada 1 o 2 años.
Oídos
Se examina el conducto auditivo externo en busca de cerúmen, especialmente si hay problemas de audición. Si se usa audífono, este debe ser evaluado. La audición se evalúa susurrando palabras; si se repiten correctamente al menos la mitad, se considera funcional para conversación. La presbiacusia dificulta la escucha de diálogos. Se recomienda evaluación audiológica formal si la pérdida auditiva interfiere con la vida del paciente.
Boca
Se examina en busca de gingivorragia, inflamación de encías, pérdida o rotura de dientes, infecciones micóticas y signos de cáncer. Hallazgos comunes son oscurecimiento de dientes, xerostomía (boca seca), enfermedad gingival o periodontal, y mal aliento. Deben examinarse la lengua y las prótesis dentales. Se palpa el interior de la boca buscando inflamación de glándulas salivales.
Articulación Temporomandibular
Se examina para identificar degeneración (artrosis), común con la pérdida de dientes y el aumento de fuerzas compresivas.
Cuello
Se examina la glándula tiroides. Los soplos carotídeos se diferencian de los soplos cardíacos transmitidos. Se comprueba la flexibilidad del cuello, buscando resistencia a movimientos pasivos que pueda indicar trastornos de la columna cervical o meningitis.

Tórax y Espalda
Se examinan los campos pulmonares mediante percusión y auscultación. Pueden auscultarse estertores basilares en pulmones sanos. Se registra la excursión respiratoria. La espalda se examina para detectar deformidades.
La Dignidad en la Vejez: entre la Teoría y la Realidad
La dignidad, asociada a la excelencia, el respeto y la autoestima, es un concepto fundamental que se fundamenta en la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Constitución Española, reconociendo la dignidad inherente a todos los seres humanos, independientemente de sus características.
Existe el riesgo de que los cambios asociados al envejecimiento comprometan o menoscaben la dignidad. El concepto de "dignidad" en el contexto de la muerte, planteado por Franz Ingelfinger, sugiere que a lo sumo se puede aspirar a no añadir indignidades en circunstancias difíciles. Similarmente, en el envejecimiento, luchar por evitar las indignidades se convierte en una forma de abordar el tema.
La sociedad actual enfrenta un "maremoto" demográfico debido al aumento de la población mayor, con repercusiones en sistemas sanitarios, económicos y sociales. Este fenómeno, que debería ser motivo de satisfacción, a menudo se traduce en una carga negativa.
Pérdidas Orgánicas y Vulnerabilidad
El envejecimiento se caracteriza por la pérdida de mecanismos de reserva y un incremento progresivo de la vulnerabilidad. Afecta a todos los aparatos del organismo, aunque la cadencia de estas pérdidas varía individualmente. Estas pérdidas nos vuelven más vulnerables a enfermedades y limitaciones funcionales, empeoran los pronósticos y aumentan el riesgo de muerte prematura ante agresiones menores.
Estas pérdidas no son solo físicas; tienen un correlato psicológico y conductual, afectando el pensamiento, el ánimo y la esfera social. Sin embargo, son pérdidas modulables.
La pregunta crucial es si esta asociación entre pérdidas y envejecimiento puede lesionar la dignidad. Teóricamente, la respuesta es no. La dignidad no es intercambiable con la belleza, la capacidad funcional óptima o la salud. Podemos encontrar dignidad ante adversidades de cualquier naturaleza.
Sin embargo, con la edad, existe la tendencia social a "dejarse ir", renunciando a la exigencia de mantenerse digno. La geriatría surgió como rebelión contra el abandono y la resignación, buscando la recuperación funcional y luchando por la dignidad de los ancianos más desfavorecidos.
Discriminación por Edad (Ageism)
La discriminación por edad (ageism) es una forma de agresión a la dignidad de las personas mayores, a menudo inadvertida. Se manifiesta en la falta de respeto al principio de autonomía y en malos tratos (agresiones físicas, negligencia, abusos psicológicos o económicos).
El ageism aparece en el plano social y en los ámbitos de la salud. Ejemplos de discriminación social incluyen la vulneración del principio de autonomía y el apartado de malos tratos.

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