Cada 27 de septiembre se celebra el Día Mundial del Turismo, una fecha que, aunque este año ha estado marcada por desafíos para el sector, se ha transformado en un momento de reflexión sobre la importancia del turismo como valor social, cultural, político y económico.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) conmemoró este día bajo el marco 'Turismo y Desarrollo Rural', haciendo un llamamiento a las comunidades rurales para fomentar la conexión entre personas, cultura y la madre tierra. Estas zonas rurales apuestan por experiencias turísticas más amplias, promoviendo la cultura tradicional con productos locales, descentralizando la oferta y diversificando los productos turísticos.

El Turismo como Fenómeno Socioeconómico
Desde una perspectiva occidental, el turismo simboliza la materialización social del ocio, una necesidad vital que nos permite sentirnos libres, conocer nuevos lugares y formas de vida. Este fenómeno es un motor económico y social capitalista neoliberal, abarcando el 10.3% del PIB global, generando 330 millones de empleos mundiales y contribuyendo más de 8.9 billones de dólares al PIB en 2019, con más de 1.5 mil millones de viajes.
Sin embargo, como toda actividad humana, el turismo también desencadena repercusiones negativas, tales como: condiciones laborales precarias, expropiación urbanística, daño al planeta, aglomeración social y crisis de identidad cultural. En España, por ejemplo, la gestión turística representa el 14.6% del PIB y 2.8 millones de empleos, lo que ha generado una dependencia del turismo internacional y de las campañas de promoción.
Repensando el Modelo Turístico
Ante estas repercusiones, surge la pregunta: ¿necesitamos hacer las cosas diferentes? La respuesta implica generar grandes transformaciones desde el talento, apoyándose en el conocimiento colaborativo, impulsando la cohesión social entre residentes y turistas, creando valor a largo plazo y definiendo políticas turísticas basadas en las necesidades de cada ciudad. Es fundamental implementar procesos con personas, cultura y tecnología para la planificación de productos y servicios que estimulen la sostenibilidad social del viaje con nuevos modelos turísticos escalables dentro de la economía circular, con un sentido sociocultural para el bienestar del planeta y el bienestar físico y emocional.
Frente a una crisis, es natural buscar confianza, evitar riesgos y encontrar seguridad. Muchas empresas turísticas lo etiquetan como una reinvención del turismo con soluciones digitales o tecnológicas. Si bien la digitalización y la tecnología son medios para crecer hacia afuera, previamente es crucial construir un fundamento interno con lo más importante para la cultura empresarial: el aprendizaje, la preparación y la innovación.
Impacto social y ambiental del turismo
La Vulnerabilidad Social en el Turismo
La vulnerabilidad del turismo es intrínsecamente social. Esto implica aprender a gestionar la situación, adoptando coherencia y reflexionando sobre el pasado (¿Qué se hizo bien y mal? ¿Se desea volver al sistema de saturación turística?), y creyendo en el presente (¿Cuáles son las fortalezas y debilidades como destino?).
Muchas organizaciones trabajan en redes colaborativas a nivel mundial, comprometidas en transformar el turismo y encontrar el equilibrio a través de un nuevo modelo de sostenibilidad social para las personas y el planeta. Una iniciativa destacada es la carta de la ONG Transforming Tourism Initiative (TTI) al Secretario General de la OMT, Zurab Pololikashvili, en la cual proponen mecanismos a corto y medio plazo para medir los efectos del turismo en los destinos bajo los parámetros de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La pandemia de COVID-19 ha hecho que el sector turístico se sienta más vulnerable que antes, generando incertidumbre en la planificación, gestión, innovación y predicción del entorno. Sin embargo, lo que sí es posible es construir juntos un compromiso por el bienestar de todos los que intervienen en el ciclo de vida turístico.
Impacto en Grupos Específicos
Mujeres en el Sector Turístico
El sector turístico tiene una fuerza laboral mayoritariamente femenina (54%), y dado que muchas mujeres realizan trabajos informales o de baja cualificación, son ellas quienes sufren de forma más intensa el golpe económico de crisis como la COVID-19. La inestabilidad y la falta de protección jurídica inherentes al empleo informal las exponen especialmente a caídas abruptas de actividad e ingresos.
Para abordar esta vulnerabilidad, se proponen diversas acciones:
- Ayuda para las trabajadoras de la economía informal: Es crucial brindar apoyo a las mujeres que dominan el sector informal del turismo.
- Equilibrio de género en la gestión de crisis: La falta de mujeres en puestos de poder en el sector turístico y en las autoridades públicas es una realidad. Para una recuperación integral, las mujeres deben participar en igualdad de condiciones en la configuración de la respuesta del sector.
- Acceso a la atención sanitaria: Muchas mujeres en el turismo forman parte de grupos vulnerables (migrantes, trabajadores estacionales) y sus condiciones laborales precarias les impiden acceder a servicios de salud.
- Igualdad de acceso a la información: La brecha de género en el uso de Internet (17% global) limita el acceso de muchas mujeres a información vital, debido a analfabetismo, problemas financieros o familiares.
- Protección contra la violencia de género: El acoso sexual y otras formas de violencia de género son prevalentes en el sector turístico y deben ser erradicados.
- Condiciones flexibles de trabajo: Las mujeres realizan tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado. El incremento de esta necesidad debido a crisis como la COVID-19 fuerza a las empresas a ofrecer condiciones de trabajo más flexibles y a aumentar la capacidad de teletrabajo.
- Impulsar el emprendimiento y la carrera profesional: La recuperación económica del turismo ofrece una oportunidad para que más mujeres accedan a puestos de liderazgo. Los gobiernos deben reducir barreras legales y aumentar el acceso a financiación para fomentar el emprendimiento femenino.
- Datos desagregados por sexo: La falta de datos turísticos desagregados por sexo dificulta entender y analizar la participación de las mujeres, limitando la capacidad del sector para formular respuestas inclusivas. Los Estados Miembros y las empresas turísticas deben priorizar esta desagregación para empoderar a las mujeres en las medidas de recuperación.
Personas con Discapacidad y Personas Mayores
Estos grupos se ven especialmente afectados por crisis como la COVID-19, debido a sus condiciones de salud y aislamiento social, que los exponen a riesgos graves.
Para un "Turismo para todos", son cruciales:
- Repatriación sin retrasos: Las medidas de accesibilidad son importantes durante la repatriación (transporte, rutas, información, comunicación accesibles).
- Alojamiento accesible «de cortesía»: La asistencia debe considerar las necesidades específicas de acceso.
- Apoyo entre organizaciones de gestión de destinos y de personas con discapacidad: Los destinos deben involucrar a organizaciones de personas con discapacidad en las medidas inmediatas.
- Comunicación accesible y tecnología: Las nuevas tecnologías pueden crear productos y servicios fáciles de usar.
- Políticas de «turismo para todos»: Las personas con discapacidad y las personas mayores representan una gran oportunidad de mercado, especialmente fuera de temporada alta.
- Mejor servicio al cliente: Los profesionales del turismo a menudo carecen de formación básica para atender a clientes con discapacidad.
- Igualdad de oportunidades en el empleo: Las políticas de empleo de las empresas turísticas deben guiarse por la igualdad de oportunidades.
- Utilización de tecnologías innovadoras: La tecnología debe facilitar viajes inclusivos.
- Aplicación de normas internacionales: Los turistas necesitan las mismas condiciones de accesibilidad dondequiera que viajen.

Pueblos Indígenas
Las expresiones culturales de los pueblos indígenas son elementos distintivos de muchos destinos turísticos, convirtiéndolos en actores clave. A pesar de su importancia global, han sido históricamente marginados. El proceso de recuperación del sector ofrece la oportunidad de aprender y cumplir los compromisos internacionales, especialmente el consentimiento libre, previo e informado en todas las decisiones que afectan sus vidas y medios de subsistencia.
Medidas clave incluyen:
- Utilización de canales de comunicación establecidos: Superar obstáculos lingüísticos, físicos y escasos contactos externos para acceder a información importante.
- Utilización de infraestructura turística para ayuda humanitaria: La infraestructura y equipos turísticos pueden beneficiar a las comunidades en iniciativas de mitigación.
- Inclusión de mediadores culturales: Las diferencias culturales pueden poner en riesgo la efectividad de las medidas de recuperación.
- Planes de recuperación turística inclusivos: La participación activa de comunidades indígenas en la definición de su interacción con el turismo reduce el impacto negativo en su bienestar.
- Diversificación de retribuciones económicas, sociales y culturales: El turismo a menudo es la única fuente de ingresos. Desarrollar servicios y productos adicionales (agricultura, usos tradicionales de la tierra) ayuda a su diversificación económica.
- Utilización de alianzas para priorizar el turismo indígena: Los operadores de turismo indígena deben unirse para movilizar mejor el apoyo.
- Capacitación: La crisis ha incrementado la necesidad de construir comunidades resilientes, reforzando estándares de higiene, gestión de crisis, comunicación y competencias turísticas.
Jóvenes en el Turismo
La pandemia de COVID-19 ha puesto a los jóvenes en el punto de mira por las posibles consecuencias socioeconómicas en destinos emergentes y maduros. El turismo, un sector con alta demanda de mano de obra, tiene a los jóvenes como parte predominante de su fuerza laboral. Además, los viajeros jóvenes son un mercado importante que moldea el sector y su futuro. La situación actual es una oportunidad para repensar el turismo y hacerlo más inclusivo, empoderando a los jóvenes más vulnerables, que a menudo incluyen a mujeres, pueblos indígenas, personas con discapacidad, migrantes y la comunidad LGBT.
Los jóvenes de zonas rurales y regiones en desarrollo, económicamente dependientes del turismo, se encuentran entre los más afectados por el parón mundial y necesitan apoyo. El sector debe inspirar a los jóvenes a participar activamente en la recuperación. La creatividad de los millennials, su afán por innovar y adquirir experiencia, pueden impulsar el empleo y abrir oportunidades, atenuando la pobreza y frenando la migración.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible considera a los jóvenes agentes críticos del cambio, siendo fundamental que sus voces lleguen a las plataformas ciudadanas para descubrir ideas innovadoras. La participación significativa es importante tanto en zonas rurales remotas como en centros urbanos, donde ya se debate la "nueva normalidad".
El emprendimiento ofrece independencia económica a los jóvenes, convirtiéndolos en creadores de empleo. Las nuevas tecnologías y la reducción de la brecha digital son esenciales para impulsar start-ups y pymes turísticas. Los jóvenes emprendedores de países en desarrollo necesitarán ayuda post-COVID-19 para acceder a tecnología, enseñanza online y paquetes de estímulos. En otros destinos, será prioritario retener a trabajadores tecnológicos cualificados y asegurar el acceso a bancos e instituciones financieras digitales para obtener financiación inicial.
El uso de macrodatos para entender los flujos turísticos ayudará a promover zonas menos visitadas, diseñar nuevas experiencias y supervisar los impactos de la recuperación. Gobiernos, sector privado y asociaciones de jóvenes deben acordar sistemas de subsidios e inversiones para conectar con el público joven, que consume productos locales, busca rutas alternativas y viaja fuera de temporada alta.
Un diálogo digital y contenidos generados por los propios jóvenes atraerán a los millennials, quienes buscan experiencias con comunidades locales y aventuras auténticas. Estos viajeros deben defender un turismo más consciente y responsable a través de las redes sociales, insistiendo en el respeto mutuo y la conservación de recursos para futuras generaciones. El sector privado, a través de programas de responsabilidad social corporativa, puede mejorar la vida de los jóvenes en exclusión social post-COVID-19.
Medir el impacto de la responsabilidad social corporativa mediante el empleo decente y el registro de emprendimientos ayudará a las empresas a reajustar estrategias. Las empresas turísticas también pueden ayudar a los emprendedores a crear redes de jóvenes y presentar proyectos a inversores. El desarrollo rural genera oportunidades para el empoderamiento juvenil, promoviendo el turismo responsable en sus comunidades y cuidando las tradiciones rurales.
La ralentización económica es una oportunidad para aprender sobre las prioridades de los jóvenes indígenas, incluyendo su relación con el medio ambiente y su cultura. Incentivar a los jóvenes a una carrera en turismo proporciona empleos y desincentiva la migración económica. Cuando los jóvenes indígenas relatan sus experiencias y cultura, pueden enriquecer la experiencia turística. Algunos pueden optar por combinar el turismo con otras actividades, como la sensibilización en salud, arte, artesanía o agricultura tradicional.
Impulsar el trabajo decente, el emprendimiento y la dirección empresarial entre mujeres jóvenes creará más y mejores puestos de trabajo, cuestionará estereotipos de género y mejorará la independencia económica. Convertir el empleo informal en formal y reconocer el tiempo dedicado a los cuidados son otros retos. Estas medidas beneficiarán a las mujeres, sus comunidades y el sector turístico en general, aportando competitividad y nuevas capacidades.
Las personas con discapacidad, especialmente los jóvenes, enfrentan desventajas al intentar acceder al empleo turístico. Las empresas pueden rediseñar puestos de trabajo y redefinir capacidades para emplear a personas con discapacidad más allá de prácticas no remuneradas.

El Turismo y la Pobreza: Un Dilema
Viajar es una gran experiencia, pero detrás de las fotos de ensueño, hay consecuencias que afectan la vida de aquellos para quienes un lugar es su territorio. Las palabras de la comunidad para describir el turismo se vuelven menos idílicas. Una boyacense de 46 años percibe lo ocurrido con los pobladores originales de Villa de Leyva (Boyacá) como una pérdida de identidad y arraigo, con un pueblo "vacío, frío y triste" por el desarraigo, donde la gente se fue a las ciudades, vendió sus tierras y regresó sin nada, reflejando lo que ha pasado en muchos lugares de Colombia y América Latina que se forjaron como destinos turísticos.
Los investigadores Zulma Vianchá Sánchez, Humberto Rojas Pinilla y Miguel Ángel Barrera Rojas analizaron 81 investigaciones sobre pobreza y vulnerabilidad en destinos turísticos latinoamericanos. Aunque se cree que el turismo es una salida a la pobreza, el 72% de los impactos reportados fueron negativos. La vulnerabilidad surge cuando la capacidad de adaptación a una situación se reduce. Etimológicamente, vulnerable viene del latín vulnerabilis, donde vulnus significa 'herida'. Así, las comunidades locales que se insertaron en las dinámicas del turismo para aumentar su bienestar vieron reducida su resiliencia y capacidad de adaptación socioeconómica, aumentando su probabilidad de ser 'heridas' por la pobreza.

Caso de Estudio: Barú, Cartagena
Cartagena es uno de los casos analizados, específicamente Barú, a 45 minutos en lancha al sur de la Ciudad Amurallada. Sus pobladores originales fueron esclavos liberados. Un joven recordaba la abundancia de Barú, donde los campesinos cultivaban arroz, maíz, plátano y frutales, y criaban animales. En contraste, la Secretaría de Planeación de la ciudad reportó para 2018 una cifra de necesidades básicas insatisfechas del 96.6% y de miseria del 55.1%.
En Barú, como en muchas partes de Cartagena y Colombia, en las últimas décadas cambió el uso del suelo: de rural a suburbano o urbano, de espacio agrícola a 'segunda residencia' o espacio turístico. Los usos cambian y el costo de la tierra aumenta, impidiendo a los pobladores originales vivir allí. Este caso ilustra las poderosas transformaciones que el turismo genera en los territorios.
Según Rojas, el turismo es un constructo histórico resultante de las relaciones de poder, una fuerza transformadora tanto positiva como negativa. La clave está en cómo se distribuyen los costos y beneficios. "Desde el punto de vista económico, vender un predio puede ser ventajoso, pero si no tengo habilidades empresariales o financieras, pocos conocimientos y capital, es muy probable que pierda mi único recurso valioso", explica Rojas.
Impacto social y ambiental del turismo
Soluciones para un Turismo Responsable
Las investigaciones analizadas abordan soluciones, siendo la más reiterativa mejorar los procesos de planeación turística. "Los planes de desarrollo de casi todos los municipios en Colombia incorporan el turismo como estrategia, pero poco se interesan por cuidar, valorar, proteger y regular", explica la investigadora Vianchá Sánchez. Otra solución es que las comunidades locales tengan mayor participación.
Alieth Ortiz, desde su experiencia, enfatiza: "Se debería impulsar un turismo responsable, ético, que respeta y deja lo local ser". Para los viajeros, propone empezar por conocer lo más cercano en lugar de lo lejano, cambiar la idea de "comerse el mundo" por una más enfocada en aprender de otros modos de vida, valorarlos e interesarse en iniciativas más humanas, como las de la Red Nacional de Turismo Comunitario de Colombia.

El Turismo de Pobreza y su Gestión
El turismo es considerado tanto una salida a la pobreza como un generador de contextos de vulnerabilidad social, desarrollándose en condiciones territoriales diversas. En Latinoamérica, las estructuras sociales y las inequidades elevan la vulnerabilidad de las comunidades anfitrionas, por lo que los impactos del turismo no siempre son beneficiosos. Un artículo de Vianchá Sánchez, Rojas Pinilla y Barrera Rojas (2021) analiza los procesos de transformación que emergen de la configuración de destinos turísticos y sus complejas interrelaciones e impactos, utilizando casos de México y Colombia.
El turismo de pobreza implica que turistas, a menudo de países desarrollados o de alto poder adquisitivo, visitan comunidades de bajos ingresos o barrios marginales. Este es un tema controvertido, con algunos argumentando que puede generar beneficios económicos y aumentar la conciencia sobre la pobreza. Para gestionarlo de manera ética, se sugieren las siguientes pautas:
- Involucrar a la comunidad en la planificación y ejecución del proyecto.
- Priorizar la transparencia y la honestidad.
- Dirigir los beneficios económicos directamente a la comunidad.
- Fomentar el respeto y la dignidad.
- Promover el aprendizaje y la sensibilización.
- Limitar el impacto ambiental.
- Recoger y valorar la retroalimentación.
- Crear alianzas con organizaciones locales.
- Evitar la perpetuación de estereotipos.
- Realizar evaluaciones continuas.
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