La historia de la violencia en Haití alcanzó uno de sus puntos más críticos con la masacre ocurrida en el barrio de Wharf Jérémie entre el 6 y el 11 de diciembre de 2024. Este suceso, perpetrado por la confederación de bandas criminales Viv Ansanm, dejó un saldo devastador de más de 200 víctimas, la gran mayoría personas mayores de 60 años.

El origen de la masacre: la superstición como justificación
El detonante de esta tragedia fue la enfermedad del hijo del líder pandillero conocido como "el rey Micanor". Ante el deterioro de la salud del pequeño Benson Altes, de seis años, Micanor acudió a un sacerdote hougan de su confianza. El sacerdote sentenció que el niño estaba sufriendo un hechizo provocado por hombres lobo (loup-garou), identificando a los ancianos del barrio como los responsables de la supuesta maldición.
Convencido por esta creencia, Micanor ordenó a sus hombres capturar a los ancianos. El 6 de diciembre de 2024, fueron secuestradas 127 personas. Tras ser llevados a una zona conocida como Nan Mangue, los rehenes fueron ejecutados mediante disparos y machetazos. Según testimonios y reportes de organizaciones de derechos humanos, se cree que el sacerdote recolectó sangre y restos de las víctimas como parte de un ritual vudú para "esclavizar sus almas".

La escalada de violencia y el impacto en la población
A pesar de la masacre inicial, el niño Benson Altes falleció en la madrugada del 7 de diciembre. Este hecho desató una furia aún mayor en el líder pandillero. Micanor ordenó a sus huestes capturar a cualquier persona allegada a los ancianos ejecutados. En total, cerca de 57 personas más fueron capturadas, torturadas personalmente por Micanor y posteriormente asesinadas.
Los cuerpos de las víctimas fueron quemados o arrojados al mar, dificultando el proceso de identificación y duelo para los sobrevivientes. Rosie Auguste Ducéna, abogada de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH), ha calificado estos actos como una estrategia de terror diseñada para someter a la población y acelerar el control total de la capital por parte de las bandas.
Contexto actual: Puerto Príncipe bajo asedio
La capital de Haití se encuentra en una situación de extrema fragilidad. Se estima que el 90% de la ciudad está bajo el control de Viv Ansanm, una confederación de bandas que ha destruido estaciones policiales, escuelas y edificios gubernamentales. La población vive refugiada en pequeñas zonas de resistencia, protegidas por barricadas improvisadas de llantas, carros quemados y cercos de púas.
La labor de documentación de estos crímenes, realizada por activistas y periodistas a pesar del inmenso riesgo personal, ha permitido rescatar más de 120 testimonios que reconstruyen la brutalidad de esos días. Estos relatos sirven como base para denunciar no solo la barbarie de las bandas, sino también la pasividad y presunta colusión de sectores del Estado haitiano.