La Vulnerabilidad Humana según la UNESCO y el Derecho de Acceso a la Información

El término "vulnerabilidad" encierra una gran complejidad, haciendo referencia a la posibilidad del daño, a la finitud y a la condición mortal del ser humano. Este concepto posee diversas dimensiones, incluyendo una antropológica, que afirma la condición de vulnerabilidad intrínseca al ser humano, y una social, que subraya una mayor susceptibilidad generada por el medio o las condiciones de vida, dando lugar a "espacios de vulnerabilidad" y "poblaciones vulnerables".

La dimensión social nos conduce a hablar de las capacidades y el reconocimiento como elementos clave del vínculo entre los seres humanos, fundamento de la obligación moral, que es fundamentalmente de cuidado y solidaridad en el marco de la justicia.

La Complejidad del Concepto de Vulnerabilidad

A pesar de ser aparentemente tan comprensible y conocido, el término “vulnerabilidad” encierra una notable complejidad. Es, en primer lugar, un concepto con múltiples significados, aplicables a ámbitos muy diversos: desde la posibilidad de un humano de ser herido hasta la posible intromisión en un sistema informático.

La Vulnerabilidad como Característica Humana y su Relegación Cultural

En segundo lugar, la vulnerabilidad es una característica de lo humano que parece evidente desde una perspectiva antropológica, pero que la tradición cultural más cercana a la defensa del individualismo, la autonomía y la independencia, se ha encargado de dejar en un segundo plano o, incluso, de relegar por considerarla de rango inferior.

La Vulnerabilidad como Raíz de los Comportamientos Morales

En tercer lugar, la vulnerabilidad, en tanto que posibilidad del daño, es considerada la misma raíz de los comportamientos morales, al menos de aquellos en que el énfasis se sitúa en la protección y en el cuidado, más que en la reclamación de derechos.

La Asociación de la Vulnerabilidad con las Condiciones del Medio

Y además, en cuarto lugar, la vulnerabilidad se ha ido asociando no sólo con las condiciones del individuo sino, cada vez más, con las condiciones del medio (ambientales, sociales o de otro tipo) en que su vida se desarrolla, dando lugar a la necesidad de incorporar los aspectos socioculturales en la comprensión de este concepto. De ahí que se hable, frecuentemente, de poblaciones vulnerables, para referirse a aquellos grupos de personas que, a consecuencia de las condiciones del medio en que viven, están en una situación de mayor susceptibilidad al daño.

La idea de vulnerabilidad no es nueva, si bien sólo recientemente ha comenzado a formar parte de los discursos bioéticos. Y su entrada se ha producido de la mano del mencionado término “poblaciones vulnerables”, especialmente en relación a la ética de la investigación con seres humanos.

Sin embargo, la bioética siempre ha estado preocupada por “el vulnerable” porque su objetivo es el ser humano, que siempre, por definición, es un ser vulnerable. Y en muchos casos, específicamente, la bioética se centra en el ser humano enfermo, donde esa condición de vulnerabilidad es aún más evidente.

Lo que resulta más novedoso es el énfasis puesto en denunciar que existen poblaciones enteras cuyos miembros son más vulnerables que otros en su aproximación a la asistencia sanitaria, y, desde esta constatación, la defensa de una obligación de justicia de asegurar e incrementar la autonomía de estas poblaciones. Este planteamiento es coherente con la preocupación creciente por incluir los aspectos de las diferencias culturales en la bioética.

Declaración universal de la UNESCO sobre bioética y derechos humanos

Tipos de Vulnerabilidad Humana

Existen al menos dos tipos de vulnerabilidad humana:

  • Vulnerabilidad antropológica: Entendida como una condición de fragilidad propia e intrínseca al ser humano, por su ser biológico y psíquico.
  • Vulnerabilidad socio-política: Entendida como la que se deriva de la pertenencia a un grupo, género, localidad, medio, condición socio-económica, cultura o ambiente que convierte en vulnerables a los individuos.

La Vulnerabilidad Antropológica: Fragilidad Intrínseca

Ser vulnerable implica fragilidad, una situación de amenaza o posibilidad de sufrir daño. Por tanto, implica ser susceptible de recibir o padecer algo malo o doloroso, como una enfermedad, y también tener la posibilidad de ser herido física o emocionalmente.

La vulnerabilidad también puede entenderse como poder ser persuadido o tentado, poder ser receptor, ser traspasable, no ser invencible, no tener absoluto control de la situación, no estar en una posición de poder, o al menos tener la posibilidad de que dicho poder se vea debilitado. Es vulnerable, según el Diccionario de la Real Academia, quien puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente.

Todos estos sentidos, que muestran la polisemia del término y sus muchos matices, hacen referencia no obstante a un denominador común: el daño. El daño puede ser entendido de muy diversos modos, el más evidente es la herida, el dolor. No en vano, el origen del término "vulnerabilidad" es el término latino "vulnus", que significa herida, golpe, punzada, y también desgracia o aflicción.

Pero también, obviamente, el daño puede ser psíquico o emocional, en cuyo caso abre la vía del sufrimiento. Y existe también un daño moral, que es el causado por una situación de maldad, una injusticia, un desprecio, o cualquier otra forma de daño que afecte a nuestra identidad como personas.

La vulnerabilidad tiene que ver, pues, con la posibilidad de sufrir, con la enfermedad, con el dolor, con la fragilidad, con la limitación, con la finitud y con la muerte. Principalmente con esta última, tanto en sentido literal como metafórico. Es la posibilidad de nuestra extinción, biológica o biográfica, lo que nos amenaza y, por tanto, lo que nos hace frágiles.

Como dice Borges, la vida y lo que en ella hay es “preciosamente precaria”, de ahí su enorme valor. Pero también su fragilidad. La muerte es el límite absoluto para las posibilidades, el fin de los proyectos y las esperanzas. Por eso es la amenaza más poderosa, la que nos hace vulnerables. Y la conciencia de dicha amenaza, siempre presente, nos convierte en doblemente vulnerables por ser sabedores de nuestra finitud. El ser humano no sólo muere, sabe que muere.

La muerte, la enfermedad y el sufrimiento son las manifestaciones de nuestra radical finitud, de nuestro escaso poder, del valor de ese breve suspiro que es la vida. La muerte propia y la ajena nos hacen conscientes de la pérdida, de la amenaza constante. Y la muerte, el final, el dolor y la pérdida de posibilidades están ínsitas en el ser humano como radical y constitutivo elemento de su vida, pues están siempre presentes.

El ser humano, que puede ser herido por ser frágil, y que queda no sólo lastimado, sino también marcado por la cicatriz, recuerdo del dolor, es víctima de su propia condición mortal. Y esta afirmación de la vulnerabilidad se hace patente cuando autores como Pico della Mirandola, Petrarca o Bocaccio comienzan, en el siglo XIV, a subrayar la importancia del ser humano frente a una cultura fuertemente teocéntrica. Con ellos se inaugura un nuevo modo de concebirlo como individuo, y con ello se abre paso la idea de la dignidad humana.

Es una idea clave del Renacimiento, basada en la convicción de que la mente humana es capaz de autoconciencia y, por tanto, de libertad. La “Oración por la dignidad del hombre” de Pico muestra cómo el ser humano tiene todas las posibilidades abiertas, pues carece de determinación previa. Desde ahí se habilita un nuevo modo de concebir la moral, como virtud que se prueba en la acción, enfatizando la autonomía moral como opuesta a la fortuna.

Ésta es la que P. Ricoeur llama “paradoja de la autonomía y de la vulnerabilidad”: suponemos que somos autónomos, y esta presuposición se convierte en la garantía de buena parte de nuestras convicciones y de nuestras reclamaciones de derechos u obligaciones. Sin embargo, la autonomía es una tarea, es algo que hay que ganar. Debemos llegar a ser autónomos, precisamente porque somos vulnerables y nuestro horizonte, nuestro objetivo es la búsqueda de esa autonomía. La vulnerabilidad antropológica, intrínseca, es, entonces, no sólo una afirmación de nuestra impotencia o debilidad, sino, antes bien, una constatación de la vida como quehacer, como algo por construir, desde nuestra radical finitud.

La enfermedad que nos limita y trunca, el dolor que nos inclina, la ausencia y el vacío, en sus muchas facetas, el sentimiento de impotencia, son manifestaciones de nuestra vulnerabilidad. El ser humano es, por tanto, vulnerable y frágil por su misma condición corporal y mortal, pero también por su capacidad de sentir y pensar, de ser con otros y de desarrollar una conciencia moral. La vulnerabilidad no sólo hace referencia a la dimensión biológica sino también a la historia del individuo en relación con otros, al daño derivado de la relación con otros, lo que hemos llamado vulnerabilidad social.

La Vulnerabilidad Social: Factores Ambientales y Sociales

Como ya se ha comentado, la vulnerabilidad ha comenzado a ser un término muy utilizado en ciertos ámbitos, especialmente en los problemas éticos derivados de la investigación en poblaciones vulnerables (grupos culturales diferentes en países en vías de desarrollo, mujeres, niños). Pero también en el análisis de las condiciones de especial fragilidad en que ciertos ambientes o situaciones socio-económicas colocan a las personas que los sufren.

Así, el análisis de las condiciones de las víctimas de los desastres naturales, las situaciones de marginalidad y delincuencia, la discriminación racial o de género, la exclusión social, los problemas de salud mental, etc. llevan a la afirmación de que existen “espacios de vulnerabilidad”. Estos espacios serían un “clima” o unas “condiciones desfavorables” que exponen a las personas a mayores riesgos, a situaciones de falta de poder o control, a la imposibilidad de cambiar sus circunstancias, y por tanto, a la desprotección.

En la definición de R. Chambers se puede observar que la vulnerabilidad tiene dos dimensiones: la vulnerabilidad es la exposición a contingencias y tensiones, y la dificultad de enfrentarse a ellas. Es decir, existe un elemento “externo” de riesgo, del que es sujeto la persona, y un elemento “interno” que hace referencia a la indefensión, a la ausencia de medios para contender con tales riesgos sin sufrir daño.

Esto puede interpretarse también como tres coordenadas que se articulan en la vulnerabilidad:

  1. La “exposición”, o riesgo de ser expuestos a situaciones de crisis.
  2. La “capacidad”, o riesgo de no tener recursos necesarios para enfrentarse dichas situaciones.
  3. La “potencialidad”, o riesgo de sufrir serias consecuencias como resultado de las crisis.

Este planteamiento permite entender que la vulnerabilidad social supone la vulnerabilidad antropológica, pero la amplifica notablemente en función de factores ambientales o sociales, que interaccionan entre sí hasta el punto de hacer muy compleja la atribución del daño a una sola causa. Los espacios de vulnerabilidad son entonces centros de confluencia de amenazas potenciales que, aun no siendo por sí mismas dañinas, se convierten en entornos deletéreos.

La UNESCO y la Protección de las Personas Vulnerables

Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos

La Conferencia General de la UNESCO aprobó el 19 de octubre de 2005 la “Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos”. Esta Declaración contiene una serie de principios (artículos 3-17) entre los que encontramos el principio de “respeto de la vulnerabilidad humana y la integridad personal” (artículo 8).

Según este principio, al aplicar y fomentar el conocimiento científico, la práctica médica y las tecnologías conexas, se debería tener en cuenta la vulnerabilidad humana. En una primera respuesta, podríamos decir que son todos aquellos que cuentan con pocos medios para defender sus propios derechos.

Imagen de un grupo diverso de personas, simbolizando la pluralidad de grupos vulnerables.

Grupos Específicamente Vulnerables Identificados por la UNESCO

En el seno materno, así como en muchos centros de reproducción asistida (embriones recién producidos o embriones congelados), estos seres humanos viven en una situación de especial vulnerabilidad. En muchos países, su eliminación es legal a través del aborto, sea por decisión de la madre, o por decisión de otras personas que obligan a la madre a abortar. Respecto de la reproducción asistida (artificial), hay que recordar que en algunas de las técnicas usadas suelen morir uno o varios embriones por cada hijo que llega a nacer. Además, miles y miles de embriones están congelados en muchos centros de reproducción asistida. El riesgo de daños en esos embriones cuando sean descongelados es muy alto: están en una situación de alta vulnerabilidad. Hay que promover, por lo tanto, una cultura de respeto hacia el ingente número de embriones y fetos que hoy se encuentran desamparados, sin protección legal dentro o fuera del seno materno. Esos embriones y fetos pertenecen al “grupo” de seres “especialmente vulnerables” que han de ser protegidos. No sólo porque lo diga la UNESCO en su “Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos”, sino porque lo exige la justicia.

Los miembros de ICIC, en el marco de la 14ª Asamblea Ordinaria realizada en Manila, Filipinas, en su declaración establecieron que se debe “Enfatizar la importancia del acceso a la información pública (AIP) como un derecho instrumental, especialmente para grupos en situaciones de vulnerabilidad, como mujeres, niños y adolescentes, personas con discapacidades, personas mayores, minorías étnicas, personas en situación de pobreza, personas discriminadas por su orientación sexual o identidad de género, entre otros, para garantizar la protección de otros derechos humanos y el acceso a mejores condiciones de vida. Por lo tanto, los órganos garantes del AIP deben desempeñar un papel activo en la promoción de acciones para reducir la brecha entre el AIP y los grupos en situaciones de vulnerabilidad.”

Acceso a la Información Pública para Grupos Vulnerables

El derecho de acceso a la información pública tiene diferentes aristas: como instrumento para que la ciudadanía monitoree el accionar de sus representantes, como herramienta para el ejercicio de los derechos políticos y, también, como mecanismo para ejercer otros derechos sociales, económicos y culturales. Todas estas aristas resultan fundamentales para los grupos en situación de vulnerabilidad ya que, al estar muchas veces privados del acceso a bienes y servicios, acceder a información les permite conocer sobre diferentes servicios que brinda el Estado para mejorar su situación y garantizar sus otros derechos.

Estos grupos -personas en situación de pobreza, niños, niñas y adolescentes, población migrante, pueblos originarios, adultos/as mayores y mujeres, diversidades y personas LGBTIQ+- no sólo están potencialmente excluidos de bienes y servicios públicos sino que tampoco pueden acceder de manera sencilla a la información en manos del Estado. Muchas veces las políticas que se llevan adelante para promocionar este derecho humano no tienen en cuenta la diversidad de los colectivos que habitan los territorios y sus necesidades específicas.

El Grupo de Trabajo de Género y Grupos en Situación de Vulnerabilidad de la ICIC acordó trabajar en este tema y relevar las diferentes experiencias que los distintos órganos garantes están realizando en la materia. Este Cuaderno de Discusión recoge el relevamiento llevado adelante por el Grupo y lo enmarca en cinco retos propuestos:

  • Ausencia de evidencia para el diseño y ejecución de políticas públicas.
  • Desconocimiento por parte de la población del derecho de acceso a la información pública.
  • Existencia de barreras materiales y ausencia de recursos técnicos para el ejercicio del derecho de acceso a la información.
  • Baja participación ciudadana en el diseño de políticas públicas.
  • Ausencia de coordinación entre actores estatales y no estatales.

Además, se exponen las prácticas para rebatirlos y las experiencias concretas que pueden servir de ejemplo para otros organismos. Finalmente, se exponen los desafíos pendientes y un conjunto de recomendaciones para fortalecer el vínculo entre el derecho de acceso a la información pública y los grupos en situación de vulnerabilidad.

A lo largo del Cuaderno se puede observar la existencia de una agenda compartida por muchos órganos garantes en esta materia. Esto es alentador y permite avanzar en el reconocimiento de este derecho a todas las personas y “no dejar a nadie atrás”, como se sostiene en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, también resulta importante señalar que se requiere de un trabajo más coordinado, sostenible, con objetivos claros y con mayor evidencia para lograr el impacto deseado.

La Vulnerabilidad en Contextos Específicos

La Pandemia de COVID-19 y la Vulnerabilidad en América Latina y el Caribe

América Latina y el Caribe enfrentan la Pandemia de COVID-19 conjugando una serie de conflictos éticos novedosos con problemas estructurales relativos a la desigualdad, la pobreza y la falta de acceso a servicios de salud de miles de personas. Si bien nadie está libre de contraer el COVID-19, las consecuencias de la pandemia no están golpeando a todos por igual.

Expertos bioeticistas abordan el impacto de la pandemia en distintos sectores vulnerables, incluyendo:

  • Personas en situación de pobreza e indigencia.
  • Niños, niñas y adolescentes.
  • Personas con discapacidad.
  • Personas con enfermedades mentales.
  • Personas privadas de libertad.
  • Migrantes y personas desplazadas.
  • Pueblos indígenas.
  • Comunidad afrodescendiente.
  • Comunidad LGTB.
  • Personas en situación de pobreza en zonas rurales.
  • Mujeres.
  • Adultos Mayores.

El Comité Internacional de Bioética (CIB) y la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y la Tecnología (COMEST) de la UNESCO han emitido una declaración conjunta para orientar a los responsables de la formulación de políticas e informar al público sobre las consideraciones éticas esenciales que deben tenerse en cuenta en la lucha mundial contra la pandemia del COVID-19.

Violencia de Género en el Ámbito Escolar

El género es uno de los principales motores de la violencia en la escuela y sus alrededores. Educandos de todos los sexos pueden experimentar la violencia de género en la escuela y sus alrededores, lo que obstaculiza gravemente su educación, sus derechos y su salud física y mental. Con la igualdad de género como prioridad mundial, la UNESCO presta especial atención a las dimensiones de género de la violencia escolar.

Denominada violencia de género en el ámbito escolar, esta forma de violencia incluye actos o amenazas de violencia sexual, física o psicológica que se cometen en las escuelas y sus alrededores, perpetrados como resultado de normas y estereotipos de género perjudiciales y reforzados por dinámicas de poder desiguales. Esta situación se ve exacerbada por las intersecciones de género con las construcciones de etnia, cultura, pobreza y discapacidad, provocando, por ejemplo, la violencia específica basada en la orientación sexual y la identidad o expresión de género, que incluye el acoso homofóbico y transfóbico. Abordar la violencia escolar requiere, por tanto, comprender el género y las arraigadas normas patriarcales, sociales y culturales.

En el contexto del acoso, los datos demuestran que las niñas sufren acoso tanto como los niños. Sin embargo, los tipos de acoso que sufren las niñas y los niños son diferentes. Los niños están mucho más expuestos al acoso físico, y a la violencia física en general, que las niñas. Estas últimas están ligeramente más expuestas al acoso psicológico, especialmente mediante el ciberacoso y acoso basado en la apariencia. El acoso sexual (bromas, comentarios y gestos sexuales) afecta a la misma proporción de niños y niñas.

Refugiados y Educación

Con más de 20,7 millones de personas refugiadas en la actualidad, son numerosos los desafíos en relación con el acceso, la calidad y la equidad educativa. Sin embargo, la educación desempeña un papel fundamental para garantizar que los refugiados puedan desarrollarse plenamente, encontrar un trabajo y contribuir a la sociedad. La UNESCO ha elaborado dos documentos que analizan cómo proteger y hacer valer el derecho a la educación de los refugiados.

Grupos Minoritarios y Pueblos Indígenas

Las minorías y los pueblos indígenas necesitan un sistema educativo que respete sus necesidades culturales, lingüísticas y religiosas y les permita prosperar y llevar una vida plena. Esto incluye fundamentalmente la introducción de garantías legales, la adaptación de los contenidos educativos y las prácticas de enseñanza a sus especificidades culturales, así como la garantía de una educación bilingüe e intercultural y la asignación de un presupuesto específico, entre otros.

Por otra parte, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución en la que proclamó el periodo comprendido entre 2022 y 2032 como el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas con el objetivo de concienciar sobre la importancia de las lenguas indígenas para el desarrollo sostenible, la construcción de la paz y la reconciliación.

Durante la Novena Consulta de los Estados Miembros sobre la Convención y la Recomendación relativas a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza de 1960, varios Estados Miembros informaron sobre las medidas adoptadas para apoyar el derecho a la educación de los pueblos indígenas. La UNESCO publicó un informe en el que se ofrece una visión general de las medidas comunicadas. Próximamente se publicará un informe temático similar centrado en el derecho a la educación de las minorías.

Educación en Contextos de Emergencia

La educación es un derecho humano al que todos tienen derecho, en todo momento. Sin embargo, en las situaciones de conflicto y en los contextos de emergencia, los Estados suelen tener dificultades para garantizar y proteger el derecho a la educación, en particular para los grupos vulnerables ya marginados. La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto, además, la carencia de resistencia de los sistemas educativos, con lo que se acentúan las desigualdades ya existentes, las pérdidas de aprendizaje, el deterioro de salud y bienestar y la deserción escolar por parte de los alumnos.

Durante las situaciones de emergencia, no se considera generalmente a la educación como algo que puede salvar vidas; sin embargo, los padres y los propios alumnos insisten constantemente en el valor que tiene la educación para los afectados, definiéndola como vital para la estabilidad, la protección emocional y física, así como la continuidad. La educación también puede ayudar a todos los afectados por las situaciones de emergencia a reintegrarse en la sociedad y, en el contexto de los conflictos, también puede desempeñar un papel en la prevención de otros acontecimientos similares.

En consecuencia, la UNESCO trabaja para que la comunidad internacional actúe con miras a minimizar los efectos nocivos de las situaciones de emergencia, ya que la normativa de derechos humanos se aplica en todos los contextos. El derecho a la educación es inderogable, lo que significa que los Estados no pueden limitar temporalmente su realización durante un estado de emergencia, a menos que se invoque la cláusula de limitación del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966). Esto debe estar justificado.

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