La reflexión sobre la vulnerabilidad humana es fundamental en la bioética, especialmente en un contexto de rápidos avances tecnológicos y creciente investigación clínica. Este concepto ha evolucionado para abarcar no solo la fragilidad inherente a la condición humana, sino también las vulnerabilidades exacerbadas por factores sociales, políticos y ambientales.

Conceptos de Vulnerabilidad e Integridad en la Bioética Internacional
Este artículo se basa en una revisión bibliográfica de los significados y conceptos de vulnerabilidad e integridad presentes en los documentos internacionales más relevantes para la bioética. También tiene como objetivo presentar las categorías de clasificación de vulnerabilidad más utilizadas. Los avances tecnológicos y la multiplicación de la investigación clínica en el siglo XX plantearon nuevas formas de vulnerabilidad y pusieron de manifiesto las vulnerabilidades causadas por determinantes sociales, políticos y ambientales, es decir, la vulnerabilidad social.
La Bioética de Intervención y la Vulnerabilidad Social
La bioética de intervención es una propuesta que puede ser utilizada por los países periféricos para enfrentar el problema de la exclusión social por medio de la prudencia, la prevención, la precaución y la protección. La bioética de América Latina fue importante para ampliar la comprensión de los conflictos morales en salud y generar politización, lo cual posibilita la construcción de una bioética global, en la cual la vulnerabilidad puede trabajarse agregando diferentes perspectivas para enfrentar problemas comunes.
La Naturaleza Axiomática de la Vulnerabilidad Humana
Propongo el reconocimiento de que todas las personas vulnerables, sea cual sea su grado de vulnerabilidad, son sujetos que gozan plenamente de naturaleza y dignidad humana. Abordo este objetivo desplegando el contenido de dos características axiomáticas que forman parte integrante de la condición humana y que son compatibles con la dignidad: que todas las personas enferman y mueren. Nadie escapa a estos dos acontecimientos que pueden llegar a ser insoportablemente aceptados. Advierto también de los riesgos bioéticos que supone rechazar o negar esas características.
Enfermedad y Muerte: Características Ineludibles de la Vida Humana
Si solo es viable y digno vivir sano, ¿qué hacer entonces con el extenso panorama de vidas humanas que sufren o que sufrirán una discapacidad física y mental? Parece deseable y conveniente que en una cultura posmoderna y poshumanista, donde se exalta la perfección sobre la imperfección, se formulen reflexiones bioéticas que partan de la constatación originaria de la fragilidad de todos los seres humanos.
Partiendo del reconocimiento previo de la específica igualdad biológica entre las personas sanas y enfermas, por la que ambas pertenecen al género humano, existen dos características o propiedades equivalentes en todas las personas: por un lado, la vulnerabilidad en sus distintas formas de enfermedad, discapacidad y dependencia, y por otro, lo que vendría a ser su consecuencia más radical: la muerte. De momento, en el mundo real se sigue constatando el hecho de que todos los seres de naturaleza humana mueren de enfermos: nadie muere de sano, de sobredosis de salud.
Aunque pueda parecer obvio y cómico a la vez, la enfermedad -a pesar de los progresos científicos- sigue ocupando en el siglo XXI el primer puesto en el ranking de causas de mortandad, seguida lamentablemente de las llamadas causas evitables de muertes: las guerras, los accidentes, el hambre, los suicidios, los abortos, etc. Puede parecer incluso molesto, pero hay un hecho incontrovertible a día de hoy: que las enfermedades no han desaparecido, ni incluso las más investigadas por su extensión: depresión, cáncer, arteriosclerosis, enfermedades vasculares y cardíacas, diabetes, leucemia, Alzheimer, sida, malaria, etc.
Por tanto, siguiendo una nítida lógica, si todos mueren o han de morir, y la mayoría lo hacen de enfermos, la humanidad entera es vulnerable, antes o después enferma y acaba padeciendo lesiones, discapacidades, etc. En ella convive con más o menos protagonismo y a lo largo del desarrollo vital el binomio salud/enfermedad. Por eso sostiene con lucidez MacIntyre en su obra Animales racionales y dependientes que todas las personas del mundo ocupan un puesto, un lugar en la escala de la discapacidad, en la que ascienden o descienden a lo largo de su existencia. Lo normal humano no viene definido por una autonomía y perfección absolutas, sino por lo contrario: estados transitorios de enfermedad y dependencia.
En cambio, lo que no existe en el mundo real y en sus habitantes son estados biológicos perfectos y puros. Si se llegara a esa imaginaria y ficticia situación sucederían dos hechos tan desconcertantes como hipotéticamente probables: uno, la disolución de la naturaleza humana y dos, la clausura de hospitales y la extinción de la medicina y la enfermería. La enfermedad, ciertamente, no es deseable, pero tampoco es degradante. No degrada al hombre ni le hace indeseable porque le disponga a ser lo que no es, sino todo lo contrario, le confirma en su auténtica naturaleza y, por tanto, en su dignidad como humano. La enfermedad le ratifica al que la padece que sigue siendo no alguien distinto a la naturaleza que tenía antes de estar enfermo, sino que se trata de la misma naturaleza que atraviesa ahora por uno de sus estados patológicos. Es decir, que sigue siendo lo de siempre: un ser humano.
Por eso, todos los enfermos, todas las posibles discapacidades físico-mentales, en definitiva, todos los estados dependientes, no representan en absoluto una humanidad incompleta, una desviación de lo humano, sino, a la inversa, el reconocimiento de lo normal y lo propio del hombre. Y todavía sucede algo aún más incuestionable e incluso evidente científicamente: que todos los enfermos, mientras dure la enfermedad y hasta que no se certifique clínicamente la muerte, están vivos: son personas vivas en equilibrio con la salud o con la muerte -moribundas incluso-, pero siempre vivas.
"La Fragilidad de la Condición Humana" // Mini-Documental
La Dignidad Humana como Cualidad Intrínseca e Inseparable
El discurso argumentativo que se viene exponiendo trata de justificar que todos los individuos de la familia humana son intrínsecamente dignos sin que existan grados en la posesión de esa dignidad. Si se parte del reconocimiento de la idéntica naturaleza humana en todos los seres humanos, independientemente de sus estados de salud o de enfermedad, no cabe entonces distinción en la dignidad. No existen personas humanas más dignas que otras, porque la dignidad como dimensión o cualidad intrínseca a la naturaleza, está estrictamente igual de inherida y presente en cualquier vida humana. Se halla desplegada en su totalidad en cuanto hay vida y hasta que esta se extingue.
La Dignidad: Inalienable e Independiente de Perfecciones
Por eso conviene reafirmar que la dignidad no puede identificarse con un elemento protésico o yuxtapuesto a la naturaleza, algo de quita y pon en función de la perfección genética y anatómica, de la autogestión racional y de la belleza estética. Todas estas características no dicen objetivamente nada de la dignidad ontológica que pertenece a la vida humana, no la definen en absoluto porque sencillamente la dignidad es independiente de todas ellas, es innata a la naturaleza humana en el sentido que nace con ella, y por eso inseparables entre sí. Se trata de una dimensión que radica en la realidad del ser, en la naturaleza, y coexiste con ella hasta su extinción: si está el ser humano, está ella, y por eso la dignidad se tiene o no se tiene.
Es decir, que no se considera como una categoría conmensurable, no tiene precio, no aumenta en los sanos ni disminuye en los enfermos, no es un valor más o menos positivo de los humanos pero fluctuante por razones patológicas o por conveniencia de una mayoría parlamentaria. Precisamente la dignidad peligra hasta desaparecer en el momento en el que se le adjudica un cierto precio a la vida humana a la que pertenece, porque de este modo es cuando cosifico e instrumentalizo al ser humano. Como asegura Kant en su Metafísica de las costumbres: “cuando a algo le asigno un precio o un valor, aquello a partir de ese momento podría ser sustituido por algo equivalente”. Por tanto, los únicos seres que son exclusivos de protección, llamémosle ontológica, son aquellos que no admiten nada equivalente, ya que poseen una naturaleza -digna- que está por encima de toda estimación. En conclusión, la dignidad es un absoluto axiológico que no podría ser ignorado bajo ningún concepto. Lo único éticamente legítimo que se permite hacer en un ser humano vivo -sano o enfermo- es constatarla en él, señalar que está, y si lo está -porque hay vida- lo está en su totalidad, no parcial, circunstancial, condicional ni temporalmente. No es relativa a nada, escapa y es inmune a la subjetividad humana porque estamos ante una cualidad objetiva de la naturaleza.
La Naturaleza Humana como Fundamento de los Derechos Humanos
La naturaleza humana iguala a todos los seres humanos en dignidad, es común a todos, convirtiéndose este principio no en un derecho humano, sino constitutivamente en el mismo fundamento de los derechos humanos, independiente de todo consenso al que incluso legitimada y positivamente pudiera llegarse para respetar toda vida humana. Es cada hombre, cualquiera -por su naturaleza- el que reivindica para sí de modo irrevocable su dignidad y su derecho a un respeto incondicional. Por tanto, ese derecho “tiene un carácter previo a la intervención de una legislación humana que solo puede limitarse a reconocerlo, pero nunca a crearlo”. Nadie puede quedar fuera de la posesión plena de su dignidad por ningún motivo.
Igualdad Ontológica y Unidad del Género Humano
Definida la radical igualdad ontológica se puede asegurar que lo natural humano degradado, enfermo, es tan natural -es decir, digno- como lo natural humano sin degradarse o sano. Si no son humanos y dignos los débiles, los enfermos, los discapacitados, no pueden ser humanos ni dignos ninguno de los hombres, tampoco ninguno de los sanos, que perderían su dignidad en cuanto enfermaran. Todos los miembros de la familia humana al completo, es decir, sanos y enfermos, son y valen lo mismo. Todos válidos, no sobra ninguno porque posea algo distinto. Se puede hablar de una unidad de todo el género humano: no hay hombres o mujeres diferentes o extraños, no existen categorías o razas superiores o inferiores de personas porque solo existe un único modo de expresar la esencia de la naturaleza humana de modo auténtico: su finitud, su fragilidad y dependencia. Hasta la fecha solo ha habido una única posibilidad de ser humanos, y esa ha sido siempre la fragilidad, la alternancia entre estados patológicos y sanos. ¿Por qué entonces tanta insoportabilidad ante la originaria y genuina deficiencia humana que ha sido la protagonista de la historia? Es la violencia de esta insoportabilidad la que puede abocarnos a lo peor para los más vulnerables.
El Transhumanismo y la Superación de la Vulnerabilidad
El ser humano experimenta en lo más profundo de su ser un anhelo de plenitud. Sin embargo, el dolor, la enfermedad y la muerte acompañan su existencia. El transhumanismo pretende superar los límites del hombre a través de todo un desarrollo científico tecnológico y se aventura a vaticinar el triunfo definitivo sobre la muerte. En este trabajo, analizaremos el sentido de la vulnerabilidad, de los límites, de la conciencia de finitud y de la muerte tanto para el transhumanismo como para una antropología centrada en la persona. El transhumanismo y esta antropología coinciden en la existencia de ese deseo. La comprensión de los conceptos estudiados y los medios para salvar la humanidad que se proponen difieren en ambos planteamientos.
Mejora de la Especie Humana y sus Implicaciones Éticas
Son muchas las diferencias existentes en las distintas culturas, sociedades y momentos históricos. Sin embargo, en todos los seres humanos existe un anhelo profundo de ser feliz, y para conseguirlo se pretende erradicar todo lo que suponga un obstáculo: el dolor, la enfermedad, etc. El proyecto transhumanista plantea la mejora de la especie humana con avances científicos y tecnológicos. Propone una evolución de la humanidad hacia una situación en la que las capacidades físicas, cognitivas y emocionales se desarrollen de tal modo que se consiga un mejoramiento y superación de la especie.
El transhumanismo ha sido definido por Nick Bostrom como “un movimiento cultural, intelectual y científico, que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y aplicar al hombre las nuevas tecnologías, con el fin de que se puedan eliminar los aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento e, incluso, la condición mortal”. El transhumanismo reconoce que el ser humano en su situación actual es un ser limitado en sus capacidades, vulnerable ante él mismo, ante el otro y ante al medio que le rodea. Los interrogantes que se plantean ante este proyecto son infinitos y en diversos campos: las posibilidades técnicas de que se materialicen, el coste económico y la posibilidad de que sean extensibles a todos los individuos, cómo definir mejoramiento humano, cuándo se puede afirmar que una persona es normal y cuándo no, cómo establecer unos límites éticos, qué pasaría con aquellas personas que no fueran mejoradas, quién establecería esos límites y normas para una mejora biotecnológica, etc.
Pero, más allá de enumerar un elenco de múltiples cuestiones, lo verdaderamente cuestionable es si se ha reflexionado en profundidad sobre qué es el ser humano. Luego, es necesario responder qué significa ser persona, aproximarnos a conocer la naturaleza humana. Se precisa entender la noción de límite y ver si existen algunos superables y otros que no lo son. Ante la existencia de obstáculos insuperables cabe preguntarse si tiene algún sentido que sean inevitables. En definitiva, ¿podría el ser humano alcanzar la felicidad sin esos límites? En caso de poder superarlos, ¿podríamos hablar de personas plenas o sería una especie distinta? En este estudio, pondremos en diálogo el transhumanismo con una antropología centrada en la persona. Creemos que es viable esta aproximación, porque ambos reconocen los obstáculos de nuestra especie y pretenden ofrecer una solución, una esperanza al ser humano.
El transhumanismo reconoce la existencia de los límites de nuestra naturaleza y, además, tiene conciencia de que el ser humano sabe de sus debilidades y de cómo estas le aproximan hacia el final: la muerte. Pero ahora, en pleno siglo XXI, cree poder afrontar estos límites y atreverse a retarlos, con la convicción de que cada vez se está más cerca de llegar a potenciar de tal forma nuestro cuerpo que, en primera instancia se mejore radicalmente y, luego, más adelante, se consiga superar nuestra condición mortal.

Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos: Artículo 8
La Conferencia General de la UNESCO aprobó el 19 de octubre de 2005 la “Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos”. Esta Declaración contiene una serie de principios (artículos 3-17) entre los que encontramos el principio de “respeto de la vulnerabilidad humana y la integridad personal” (artículo 8).
“Al aplicar y fomentar el conocimiento científico, la práctica médica y las tecnologías conexas, se debería tener en cuenta la vulnerabilidad humana.
Grupos Especialmente Vulnerables: Embriones y Fetos
En una primera respuesta, podríamos decir que son todos aquellos que cuentan con pocos medios para defender sus propios derechos. Tanto en el seno materno como en muchos centros de reproducción asistida (embriones recién producidos o embriones congelados), estos seres humanos viven en una situación de especial vulnerabilidad. En muchos países, es legal su eliminación a través del aborto, sea por decisión de la madre, o sea por decisión de otras personas que obligan a la madre a abortar. Respecto de la reproducción asistida (artificial), hay que recordar que en algunas de las técnicas usadas suelen morir uno o varios embriones por cada hijo que llega a nacer. Además, miles y miles de embriones están congelados en muchos centros de reproducción asistida. El riesgo de daños en esos embriones cuando sean descongelados es muy alto: están en una situación de alta vulnerabilidad. Hay que promover, por lo tanto, una cultura de respeto hacia el ingente número de embriones y fetos que hoy se encuentran desamparados, sin protección legal dentro o fuera del seno materno. Esos embriones y fetos pertenecen al “grupo” de seres “especialmente vulnerables” que han de ser protegidos. No solo porque lo diga la UNESCO en su “Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos”, sino porque lo exige la justicia.
Clasificación de la Vulnerabilidad
Es importante distinguir entre diferentes tipos de vulnerabilidad para una comprensión más profunda en el campo de la bioética:
- Vulnerabilidad antropológica: Propia de la condición humana y universal, es decir, común a todos los seres humanos sin distinción alguna. Esta es la que nos pone en la antesala de la muerte, enfermedad, corrupción, dolor, sufrimiento, límite.
- Vulnerabilidad social: Pertenece a la situación histórica, el ambiente, nuestro entorno, condición social y económica, sexo, etc.
De igual modo, hay que distinguir entre ser vulnerable y ser vulnerado. La primera es ontológica, pero no implica, necesariamente, el hecho de haber sido vulnerado, mientras que la segunda implica ya la primera más el daño provocado y sufrido. Es por lo anterior que en el año 1995 surge el Proyecto BIOMED II ”Basic ethical principles in European Bioethics and Biolaw” que pretendía rescatar cuatro principios básicos: autonomía, integridad, dignidad y vulnerabilidad consagrados en el año 2000 por Rendtorff y Kemp en la Declaración de Barcelona. De igual modo, el principio quedó consagrado en la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos en el artículo no. 8: “Al aplicar y fomentar el conocimiento científico, la práctica médica y las tecnologías conexas, se debería tener en cuenta la vulnerabilidad humana.”
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