La Vulnerabilidad: Definición, Dimensiones y Factores Internos de Riesgo

La vulnerabilidad es una condición en virtud de la cual una persona o un grupo puede sufrir algún tipo de daño, ya sea físico o emocional. Cuando un individuo o un colectivo se encuentra en situación de vulnerabilidad, significa que está expuesto a un determinado riesgo. Esta condición surge cuando un equilibrio se quiebra, llevando a la persona o a la sociedad a enfrentar diversos efectos negativos. La vulnerabilidad está intrínsecamente relacionada con los derechos humanos, ya que el riesgo social implica el incumplimiento de los derechos de las personas afectadas, como la insatisfacción de necesidades básicas o la discriminación.

El concepto de vulnerabilidad se origina en relación con la idea de riesgo, que es la probabilidad de que un peligro genere daño.

Esquema de la relación entre amenaza, exposición, fragilidad y resiliencia en el concepto de vulnerabilidad

La Complejidad del Término "Vulnerabilidad"

A pesar de ser aparentemente tan comprensible y conocido, el término “vulnerabilidad” encierra una notable complejidad. Es, en primer lugar, un concepto con múltiples significados, aplicables a ámbitos muy diversos: desde la posibilidad de un humano de ser herido hasta la posible intromisión en un sistema informático.

En segundo lugar, la vulnerabilidad es una característica de lo humano que parece evidente desde una perspectiva antropológica, pero que la tradición cultural más cercana a la defensa del individualismo, la autonomía y la independencia, se ha encargado de dejar en un segundo plano o, incluso, de relegar por considerarla de rango inferior.

En tercer lugar, la vulnerabilidad, en tanto que posibilidad del daño, es considerada la misma raíz de los comportamientos morales, al menos de aquellos en que el énfasis se sitúa en la protección y en el cuidado, más que en la reclamación de derechos. Y además, en cuarto lugar, la vulnerabilidad se ha ido asociando no solo con las condiciones del individuo sino, cada vez más, con las condiciones del medio (ambientales, sociales o de otro tipo) en que su vida se desarrolla, dando lugar a la necesidad de incorporar los aspectos socioculturales en la comprensión de este concepto.

De ahí que se hable, frecuentemente, de poblaciones vulnerables, para referirse a aquellos grupos de personas que, a consecuencia de las condiciones del medio en que viven, están en una situación de mayor susceptibilidad al daño.

Dimensiones de la Vulnerabilidad Humana

Conviene apuntar que existirán al menos dos tipos de vulnerabilidad humana:

  • Una vulnerabilidad antropológica, entendida como una condición de fragilidad propia e intrínseca al ser humano, por su ser biológico y psíquico.
  • Y una vulnerabilidad socio-política, entendida como la que se deriva de la pertenencia a un grupo, género, localidad, medio, condición socio-económica, cultura o ambiente que convierte en vulnerables a los individuos.

La Vulnerabilidad Antropológica: Condición Intrínseca del Ser Humano

Ser vulnerable implica fragilidad, una situación de amenaza o posibilidad de sufrir daño. Por tanto, implica ser susceptible de recibir o padecer algo malo o doloroso, como una enfermedad, y también tener la posibilidad de ser herido física o emocionalmente. La vulnerabilidad también puede entenderse como poder ser persuadido o tentado, poder ser receptor, ser traspasable, no ser invencible, no tener absoluto control de la situación, no estar en una posición de poder, o al menos tener la posibilidad de que dicho poder se vea debilitado.

Es vulnerable, según el Diccionario de la Real Academia, quien puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. Todos estos sentidos, que muestran la polisemia del término y sus muchos matices, hacen referencia no obstante a un denominador común: el daño. El daño puede ser entendido de muy diversos modos, el más evidente es la herida, el dolor. No en vano, el origen del término “vulnerabilidad” es el término latino “vulnus”, que significa herida, golpe, punzada, y también desgracia o aflicción. En el mismo campo semántico se encuentra “vulneratio”, herida o lesión, y también el verbo “vulnero”, herir o lastimar.

Pero también, obviamente, el daño puede ser psíquico o emocional, en cuyo caso abre la vía del sufrimiento. Y existe también un daño moral, que es el causado por una situación de maldad, una injusticia, un desprecio, o cualquier otra forma de daño que afecte a nuestra identidad como personas. La vulnerabilidad tiene que ver, pues, con la posibilidad de sufrir, con la enfermedad, con el dolor, con la fragilidad, con la limitación, con la finitud y con la muerte. Principalmente con esta última, tanto en sentido literal como metafórico. Es la posibilidad de nuestra extinción, biológica o biográfica, lo que nos amenaza y, por tanto, lo que nos hace frágiles.

Como dice Jorge Luis Borges en "Los Inmortales":

«La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario.»

La vida y lo que en ella hay es “preciosamente precaria”, de ahí su enorme valor, pero también su fragilidad. La muerte es el límite absoluto para las posibilidades, el fin de los proyectos y las esperanzas. Por eso es la amenaza más poderosa, la que nos hace vulnerables. Y la conciencia de dicha amenaza, siempre presente, nos convierte en doblemente vulnerables por ser sabedores de nuestra finitud. El ser humano no solo muere, sabe que muere. La muerte, la enfermedad y el sufrimiento son las manifestaciones de nuestra radical finitud, de nuestro escaso poder, del valor de ese breve suspiro que es la vida. La muerte propia y la ajena nos hacen conscientes de la pérdida, de la amenaza constante. Y la muerte, el final, el dolor y la pérdida de posibilidades están ínsitas en el ser humano como radical y constitutivo elemento de su vida, pues están siempre presentes.

Francisco de Quevedo en "El reloj de arena" expresa esta fragilidad:

«Bien sé que soy aliento fugitivo; ya sé, ya temo, ya también espero que he de ser polvo, como tú, si muero, y que soy vidrio, como tú, si vivo.»

El ser humano, que puede ser herido por ser frágil y que queda no solo lastimado, sino también marcado por la cicatriz, recuerdo del dolor, es víctima de su propia condición mortal. Esta afirmación de la vulnerabilidad se hace patente cuando autores como Pico della Mirandola, Petrarca o Bocaccio comienzan, en el siglo XIV, a subrayar la importancia del ser humano frente a una cultura fuertemente teocéntrica. Con ellos se inaugura un nuevo modo de concebirlo como individuo, y con ello se abre paso la idea de la dignidad humana. Es una idea clave del Renacimiento, basada en la convicción de que la mente humana es capaz de autoconciencia y, por tanto, de libertad.

Esto conduce a lo que P. Ricoeur llama la “paradoja de la autonomía y de la vulnerabilidad”: suponemos que somos autónomos, y esta presuposición se convierte en la garantía de buena parte de nuestras convicciones y de nuestras reclamaciones de derechos u obligaciones. Sin embargo, la autonomía es una tarea, es algo que hay que ganar. Debemos llegar a ser autónomos, precisamente porque somos vulnerables y nuestro horizonte, nuestro objetivo es la búsqueda de esa autonomía.

La vulnerabilidad antropológica, intrínseca, es, entonces, no solo una afirmación de nuestra impotencia o debilidad, sino, antes bien, una constatación de la vida como quehacer, como algo por construir, desde nuestra radical finitud. La enfermedad que nos limita y trunca, el dolor que nos inclina, la ausencia y el vacío, en sus muchas facetas, el sentimiento de impotencia, son manifestaciones de nuestra vulnerabilidad. El ser humano es, por tanto, vulnerable y frágil por su misma condición corporal y mortal, pero también por su capacidad de sentir y pensar, de ser con otros y de desarrollar una conciencia moral.

La Vulnerabilidad Social: Factores Externos y el Factor Interno de Riesgo

La vulnerabilidad social se refiere a una mayor susceptibilidad generada por el medio o las condiciones de vida, dando lugar a "espacios de vulnerabilidad" y "poblaciones vulnerables". Se manifiesta cuando un grado deficiente de organización y cohesión interna en una comunidad le impide prevenir o responder eficazmente a las situaciones de riesgo.

Esta dimensión social amplifica la vulnerabilidad antropológica a través de factores ambientales y sociales que interactúan, haciendo compleja la atribución del daño a una única causa. Los espacios de vulnerabilidad son entornos desfavorables que exponen a las personas a mayores riesgos, falta de poder o control, y desprotección. La vulnerabilidad no solo hace referencia a la dimensión biológica, sino también a la historia del individuo en relación con otros, al daño derivado de la relación con otros.

Según R. Chambers, la vulnerabilidad tiene dos dimensiones clave:

  1. La exposición a contingencias y tensiones.
  2. La dificultad de enfrentarse a ellas.

Es decir, existe un elemento externo de riesgo, del que es sujeto la persona (la amenaza), y un elemento interno de riesgo que hace referencia a la indefensión, a la ausencia de medios para contender con tales riesgos sin sufrir daño. Este planteamiento puede interpretarse también como tres coordenadas que se articulan en la vulnerabilidad:

  • Exposición: El riesgo de ser expuesto a situaciones de crisis.
  • Capacidad (o su ausencia): El riesgo de no tener los recursos necesarios para enfrentarse a dichas situaciones, lo que constituye el factor interno de riesgo.
  • Potencialidad: El riesgo de sufrir serias consecuencias como resultado de las crisis.

La vulnerabilidad social se asocia con condiciones de especial fragilidad en las que ciertas situaciones socioeconómicas colocan a las personas que las sufren, incluyendo víctimas de desastres naturales, situaciones de marginalidad y delincuencia, discriminación racial o de género, exclusión social y problemas de salud mental. Los factores que amplifican la vulnerabilidad social son diversos y complejos:

  • Cambio climático: Amenaza con aniquilar los esfuerzos de desarrollo, con patrones de tiempo y precipitaciones cambiantes, sequías y inundaciones más frecuentes, aumento del nivel del mar, desertificación, incendios forestales, escasez de agua, condiciones meteorológicas extremas, pérdidas de cosechas, desplazamientos y migraciones.
  • Conflictos y fragilidad de estados: Los conflictos, en sus diversas formas, impulsan la vulnerabilidad, lo que requiere estrategias de reducción de riesgos que integren acciones de desarrollo, humanitarias y de consolidación de la paz.
  • Desigualdades de género: Obstáculo principal al desarrollo basado en el riesgo, interconectado con todos los demás factores. La discriminación en educación, empleo, salud y representación política perjudica a individuos, familias, comunidades y la sociedad en su conjunto.
  • Inseguridad alimentaria y de agua: Consideradas las mayores amenazas para el futuro, con miles de millones de personas viviendo en regiones con escasez de agua y enfrentando desafíos de disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad de alimentos nutritivos y agua limpia.
  • Urbanización no planificada: El crecimiento urbano sin planificación lleva al desarrollo de barrios marginales y aumenta el riesgo por la falta de acceso a recursos básicos, exponiendo a millones de residentes urbanos a peligros como inundaciones.
  • Desplazamiento forzado: Las personas que huyen de sus hogares a causa de conflictos y persecución enfrentan dificultades intrínsecas para fomentar su resiliencia, dejando atrás sus medios de vida y exponiéndose a nuevos riesgos.
Infografía sobre los factores globales que contribuyen a la vulnerabilidad social

Tipos de Vulnerabilidad Específicos

Se pueden diferenciar distintos tipos de vulnerabilidad según el área en que se desarrolla:

  • Vulnerabilidad Social: Se refiere a un grado deficiente de organización y cohesión interna en una comunidad, que no le permite prevenir o responder eficazmente a las situaciones de riesgo. La desigualdad de oportunidades es una causa fundamental.
  • Vulnerabilidad Física: Relacionada con la susceptibilidad o fragilidad física de una comunidad o individuo ante eventos peligrosos.
  • Vulnerabilidad Económica: Se desarrolla debido a la baja capacidad de ingresos de una población, región o país. La pobreza y la falta de recursos económicos son determinantes clave.
  • Vulnerabilidad Educativa: Se refiere a la falta de información sobre el entorno y la preparación para las emergencias. Una baja calidad educativa y el acceso limitado a la información incrementan esta vulnerabilidad.
  • Vulnerabilidad Ecológica: Se trata de la forma en que las personas conviven con el medio ambiente. Por un lado, un entorno natural puede ser riesgoso para una población por cuestiones climáticas o naturales; y, por otro, los ecosistemas sufren los efectos de la acción humana.
  • Vulnerabilidad Cultural: Es la forma en que las personas se identifican como sociedad, dependiendo de los medios de comunicación, la información disponible, la transmisión de estereotipos y los valores.
  • Vulnerabilidad Política: Se desarrolla a partir de un bajo nivel de participación en la toma de decisiones de una comunidad. La falta de autonomía de las instituciones genera una deficiente gestión de los riesgos.

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Abordaje y Medición de la Vulnerabilidad

Reducir los riesgos y tratar las causas que generan vulnerabilidad son estrategias fundamentales. En el contexto de la gestión del riesgo de desastres, la vulnerabilidad determina los niveles de preparación, resiliencia y capacidades con los que cuenta un individuo ante la ocurrencia de un desastre. Una persona puede ser más o menos vulnerable dependiendo de cómo administre sus activos tangibles e intangibles y cómo estos puedan verse afectados ante un desastre.

La vulnerabilidad social, en particular, se ha abordado desde la perspectiva de la resiliencia, que es la capacidad de un sistema para absorber perturbaciones y reorganizarse, manteniendo su función y estructura esenciales. La resiliencia también es la capacidad de respuesta y adaptación que tiene una comunidad para recuperarse ante cambios significativos en el modo de vida o ante una catástrofe.

La medición de la vulnerabilidad social ha evolucionado. Se propone un enfoque normativo que evalúa la vulnerabilidad en función de las posibilidades de cumplir un conjunto de condiciones sociales, económicas y espaciales asociadas al bienestar. Este enfoque se centra en la construcción conceptual de umbrales y ponderadores para medir la afectación potencial que sufren los distintos satisfactores del bienestar en situaciones de vulnerabilidad.

El análisis de la construcción de la vulnerabilidad se realiza en dos momentos:

  • Condiciones previas: Factores que hacen a una unidad de análisis más o menos propensa a una pérdida específica (susceptibilidad).
  • Mecanismos de respuesta: Formas que desarrolla la unidad de análisis para enfrentar una situación de estrés una vez que ha ocurrido, relacionadas con la capacidad de ajuste.

La vulnerabilidad, en su acepción más amplia, no solo se refiere a la fragilidad inherente al ser humano, sino también a la apertura y permeabilidad que permite la relación con otros, la transformación y la comunicación. Su dimensión positiva es una invitación a relaciones responsables como el reconocimiento, la solidaridad y el cuidado.

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