La Vulnerabilidad Humana en el Análisis de Riesgo

El término “vulnerabilidad” encierra una gran complejidad, con múltiples significados aplicables a ámbitos muy diversos, desde la posibilidad de un humano de ser herido hasta la posible intromisión en un sistema informático. Este concepto ha sido explorado desde campos de conocimiento muy diversos, como la antropología, la sociología, la ecología política, las geociencias y la ingeniería. Fundamentalmente, hace referencia a la posibilidad del daño, a la finitud y a la condición mortal del ser humano. Sin embargo, su comprensión trasciende la mera fragilidad individual para abarcar dimensiones complejas que se articulan en el análisis de riesgo.

infografía sobre las diferentes dimensiones de la vulnerabilidad humana

Dimensiones de la Vulnerabilidad

Vulnerabilidad Antropológica: La Condición Intrínseca del Ser Humano

Ser vulnerable implica fragilidad, una situación de amenaza o posibilidad de sufrir daño. Por tanto, el ser humano es susceptible de recibir o padecer algo malo o doloroso, como una enfermedad, y tiene la posibilidad de ser herido física o emocionalmente. La vulnerabilidad puede entenderse como la capacidad de ser persuadido o tentado, de ser receptor, de ser traspasable, de no ser invencible, de no tener absoluto control de la situación, o al menos de tener la posibilidad de que dicho poder se vea debilitado. Según el Diccionario de la Real Academia, es vulnerable quien puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente.

El origen del término “vulnerabilidad” proviene del latín “vulnus”, que significa herida, golpe, punzada, desgracia o aflicción. En este sentido, todos los matices del término hacen referencia a un denominador común: el daño. Este daño puede ser físico (herida, dolor), psíquico o emocional (sufrimiento), o moral (causado por maldad, injusticia, desprecio o cualquier forma que afecte la identidad de la persona).

La vulnerabilidad tiene que ver, pues, con la posibilidad de sufrir, con la enfermedad, el dolor, la fragilidad, la limitación, la finitud y, principalmente, con la muerte. Es la posibilidad de nuestra extinción, biológica o biográfica, lo que nos amenaza y, por tanto, lo que nos hace frágiles. Como dice J. L. Borges, «La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso.» La conciencia de dicha amenaza, siempre presente, nos convierte en doblemente vulnerables por ser sabedores de nuestra finitud.

P. Ricoeur denomina la “paradoja de la autonomía y de la vulnerabilidad”: la autonomía es una tarea, algo que hay que ganar, precisamente porque somos vulnerables y nuestro horizonte es la búsqueda de esa autonomía. La vulnerabilidad antropológica, intrínseca, no es solo una afirmación de impotencia o debilidad, sino una constatación de la vida como un quehacer, algo por construir desde nuestra radical finitud. La enfermedad que nos limita y trunca, el dolor que nos inclina, la ausencia y el vacío, así como el sentimiento de impotencia, son manifestaciones de nuestra vulnerabilidad. El ser humano es, por tanto, vulnerable y frágil por su misma condición corporal y mortal, pero también por su capacidad de sentir y pensar, de ser con otros y de desarrollar una conciencia moral.

Vulnerabilidad Social y Socio-Política: Factores Externos y Contextuales

La vulnerabilidad social, a diferencia de la antropológica, se deriva de la pertenencia a un grupo, género, localidad, medio, condición socio-económica, cultura o ambiente que convierte en vulnerables a los individuos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por ejemplo, define la vulnerabilidad social como “el resultado de los impactos provocados por el patrón de desarrollo vigente” y de “la incapacidad de los grupos más débiles de la sociedad para enfrentarlos”. Desde este punto de vista, la vulnerabilidad se relaciona con la pobreza, pero también con la inseguridad y la indefensión.

El profesor Karlos Pérez de Armiño explica que el tipo y la intensidad de la vulnerabilidad dependen de dos dimensiones: la exposición a una catástrofe o amenaza externa y la indefensión o falta de capacidades de cada cual para afrontar dicha amenaza. Esto da lugar a lo que se conoce como “espacios de vulnerabilidad” y “poblaciones vulnerables”. Estos espacios son como un “clima” o “condiciones desfavorables” que exponen a las personas a mayores riesgos, a situaciones de falta de poder o control, a la imposibilidad de cambiar sus circunstancias y, por tanto, a la desprotección.

La vulnerabilidad tiene dos dimensiones clave: la exposición a contingencias y tensiones, y la dificultad de enfrentarse a ellas. Esto se puede articular en tres coordenadas:

  • Exposición: el riesgo de ser expuestos a situaciones de crisis.
  • Capacidad: el riesgo de no tener los recursos necesarios para enfrentarse a dichas situaciones.
  • Potencialidad: el riesgo de sufrir serias consecuencias como resultado de las crisis.

Este planteamiento permite entender que la vulnerabilidad social supone la vulnerabilidad antropológica, pero la amplifica notablemente en función de factores ambientales o sociales que interaccionan entre sí hasta el punto de hacer muy compleja la atribución del daño a una sola causa.

Amenaza, vulnerabilidad, desastre

Factores que Amplifican la Vulnerabilidad Social:

  • Pobreza y Desigualdad: El 80% de los pequeños productores en el Corredor Seco centroamericano, por ejemplo, viven en situación de pobreza, lo que los hace altamente vulnerables. La pobreza es tanto un factor impulsor como una consecuencia del riesgo de desastres, obligando a las personas a vivir en lugares y condiciones inseguras. En la Unión Europea, más de 95 millones de personas están en riesgo de pobreza o exclusión social, y en España, más del 25% de la población es vulnerable.
  • Cambio Climático: El incremento de la severidad y la duración de la sequía, junto con los destrozos provocados por eventos extremos, agravan la situación de poblaciones vulnerables. El Corredor Seco, que cruza Centroamérica, es un ejemplo donde los agricultores, tradicionalmente adaptados a un ritmo de lluvias regular, se enfrentan ahora a temporadas secas más extendidas y lluvias irregulares. México es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático; el 68% de su población se ha visto afectada por desastres alguna vez. El cambio climático genera problemas que afectan desproporcionadamente a los sectores más vulnerables debido a su menor capacidad de adaptación.
  • Violencia y Desplazamiento Forzoso: En países como Colombia, la violencia y el desplazamiento forzoso son elementos de mucho peso en la vulnerabilidad, más allá del factor económico. La vulnerabilidad emocional y física es mayor entre las poblaciones desplazadas y se ve agravada por factores socioeconómicos y su incapacidad de recuperarse tras las crisis.
  • Dependencia Global y Cadenas de Suministro: La globalización ha interconectado las cadenas de suministro de alimentos, y la pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la vulnerabilidad de esta interconexión, exponiendo a perturbaciones todo el proceso de traslado de alimentos.
  • Características Demográficas: Las personas mayores (de 65 años o más) son especialmente susceptibles a los efectos de las temperaturas extremas, con un aumento en la prevalencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, lo que repercute en las tasas de mortalidad y morbilidad. Un enfoque basado en activos es útil para detectar sus vulnerabilidades cotidianas.
  • Prácticas de Asistencia Humanitaria: Un estudio concluyó que las interpretaciones simplistas de la vulnerabilidad, que favorecen a quienes tienen mayores pérdidas de bienes físicos, pueden privilegiar a las personas acomodadas. Esto, junto con la dependencia de organizaciones humanitarias locales de agentes externos, puede dificultar una interpretación contextualizada de la vulnerabilidad a los desastres.
mapa del Corredor Seco Centroamericano con imágenes de comunidades agrícolas afectadas por el clima

La Vulnerabilidad en el Análisis de Riesgo Consolidado

En el contexto del análisis de riesgo, la vulnerabilidad se define como 'las características de una persona o grupo y su situación, que influencian su capacidad de anticipar, lidiar, resistir y recuperarse del impacto de una amenaza'. Este enfoque establece una diferenciación clara entre el componente físico de la amenaza y la vulnerabilidad, la cual se ubica en la dimensión social.

diagrama de la interacción entre amenaza, vulnerabilidad y riesgo para el análisis de desastres

Conceptos Fundamentales

  • Amenaza: Se entiende como un peligro latente de que un evento físico de origen natural, o causado o inducido por la acción humana, se presente con una severidad suficiente para causar pérdida de vidas, lesiones u otros impactos en la salud, así como daños y pérdidas en bienes, infraestructura, medios de sustento, prestación de servicios y recursos ambientales.
  • Vulnerabilidad: Es la susceptibilidad o fragilidad física, económica, social, ambiental o institucional que tiene una comunidad de ser afectada o de sufrir efectos adversos en caso de que un evento físico peligroso se presente. Es una cualidad interna de ser afectado por una amenaza.
  • Riesgo: La materialización del riesgo se produce cuando la amenaza y la vulnerabilidad interactúan. El riesgo define lo que está en juego para una organización o individuo en términos de activos económicos.

El análisis de la construcción de vulnerabilidad se realiza en dos momentos distintos del proceso: por un lado, en las condiciones que la unidad de análisis tiene antes de una situación de estrés (susceptibilidad); por otro lado, en las formas que desarrolla para enfrentar una situación de estrés una vez que esta ha ocurrido (capacidad de ajuste).

Desafíos en la Medición de la Vulnerabilidad Social

La vulnerabilidad se define siempre en relación con algún tipo de amenaza, ya sean eventos de origen físico (sequías, terremotos, inundaciones, enfermedades) o amenazas antropogénicas (contaminación, accidentes, hambrunas, pérdida de empleo). La unidad de análisis (individuo, hogar, grupo social) se define como vulnerable ante una amenaza específica, o es vulnerable a estar en una situación de pérdida (de la salud, del ingreso, de las capacidades básicas).

Se distingue entre "vulnerabilidad a", refiriéndose a situaciones sociales que resultan de procesos de pérdida, y "vulnerabilidad ante", aludiendo a amenazas y situaciones de estrés que cambian las condiciones de la unidad de análisis en un tiempo específico. La vulnerabilidad, entendida como un proceso de pérdida, implica una situación previa, una transformación y una evaluación de dicha transformación respecto a un parámetro de lo “normal” o “positivo”. Dependiendo de la definición de ese mínimo, la pérdida se asocia a diferentes elementos, como la pérdida de vida, recursos, salud o capacidades.

Aunque los indicadores objetivos de pobreza suelen usarse como un proxy clave para determinar la susceptibilidad al daño, la mayoría de los expertos coinciden en que la identificación de estos dos fenómenos es, cuanto menos, reduccionista. En la búsqueda de alternativas metodológicas, la teoría de los derechos de acceso (entitlements) propuesta por Amartya Sen ha sido útil para entender y medir la capacidad de distintos grupos para encarar situaciones críticas, investigando aspectos como los derechos de propiedad, la organización de los modos de vida y la fortaleza de las redes sociales y mecanismos de protección social.

Cuantificar la vulnerabilidad socioeconómica y la pobreza sigue siendo un reto, y esta información rara vez se incorpora a las evaluaciones de riesgos. Sin embargo, se han creado indicadores e índices (cuantitativos y descriptivos) tanto de ámbito mundial como comunitario para medir la vulnerabilidad y dar seguimiento a su evolución a lo largo del tiempo. Los enfoques cualitativos se han centrado en valorar la capacidad de las comunidades de hacer frente a los fenómenos naturales, a menudo mediante métodos participativos. Los ingenieros locales, por ejemplo, dedican cada vez más esfuerzo a averiguar la vulnerabilidad de su parque local de edificios frente a los distintos peligros naturales, desarrollando cálculos específicos para sus conjuntos de edificaciones nacionales.

infografía sobre diferentes métodos e indicadores para la evaluación de la vulnerabilidad social

Crítica al Enfoque de Resiliencia en la Vulnerabilidad Social

En la narrativa convencional, la vulnerabilidad ante amenazas de origen ambiental se asocia frecuentemente al "enfoque de la resiliencia". En este marco, la resiliencia se define como "la capacidad de un sistema de absorber perturbaciones y reorganizarse, al tiempo que retiene esencialmente la misma función, estructura, identidad y retroalimentaciones". La mayoría de los estudiosos que asumen este enfoque han extrapolado los tipos de causalidad inferidos a partir de sistemas ecológicos, climáticos y organismos biológicos para explicar la interacción ambiente y sociedad mediante el concepto de "sistemas socio-ecológicos acoplados".

Sin embargo, este enfoque presenta importantes limitaciones conceptuales. Se observa una pobreza de la reflexión teórica sobre la parte "social" de la noción de sistemas socio-ecológicos. Usualmente, los autores suelen asumir visiones darwinistas de las interacciones sociales o utilizan conceptos como medios de vida (livelihoods), capital social o derechos de acceso (entitlements) para sustituir la falta de una verdadera aproximación sistémica desde la teoría social. Además, el enfoque de resiliencia asume que existen dos subsistemas separados (social y ecológico), donde algunas de las funciones de cada subsistema son vistas como perturbaciones para el otro.

En lugar de priorizar la resiliencia como el objetivo central de las políticas de atención a la vulnerabilidad social, se propone un enfoque normativo derivado de diversas perspectivas del bienestar objetivo. Este enfoque busca evaluar la intensidad de las pérdidas y de los ajustes que se asocian a eventos críticos, estableciendo umbrales y ponderadores como punto de referencia para medir la afectación potencial en los satisfactores asociados al bienestar.

Naturaleza Dinámica y Abordaje Integral de la Vulnerabilidad

La vulnerabilidad es intrínsecamente compleja, multidimensional y está determinada por factores de distintos niveles, desde el local hasta el mundial. Además, es dinámica, ya que se altera bajo la presión de fuerzas que la impulsan, como la urbanización rápida, la degradación ambiental, las condiciones del mercado y el cambio demográfico. Muchos de estos factores tienen su origen en las condiciones locales en constante cambio, pero una panorámica completa requiere reconocer las estructuras socioeconómicas y políticas nacionales y mundiales que limitan las oportunidades de desarrollo local.

Dado que no podemos reducir la aparición y la gravedad de los peligros naturales, reducir la vulnerabilidad es una de las principales oportunidades para disminuir el riesgo de desastres. Esto implica que para combatir la vulnerabilidad de forma coherente es preciso actuar en tres planos: el local, el nacional y el internacional. El desarrollo de la capacidad sostenible de reducción del riesgo de desastres (RRD) a escala nacional y local requiere que la capacidad se genere, se gestione y se mantenga localmente, entendiendo que su responsabilidad recae en toda la sociedad y no en un solo organismo.

Debido a sus diferentes dimensiones, no existe un único método para evaluar la vulnerabilidad; idealmente, cualquier evaluación debería adoptar un enfoque holístico para medirla. La inclusión de la vulnerabilidad en la interpretación del riesgo de desastres permite reconocer que el riesgo no solo depende de la gravedad del peligro o del número de personas o bienes expuestos, sino que también es un reflejo de la susceptibilidad de las personas y los bienes económicos a sufrir pérdidas y daños. Los niveles de vulnerabilidad ayudan a explicar por qué algunas amenazas no extremas pueden provocar repercusiones y desastres extremos, mientras que este no es el caso para algunos fenómenos extremos. Reducir la vulnerabilidad es el primer paso y el más importante para disminuir las desventajas con las que parten ciertas personas y grupos.

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