La Vulnerabilidad: Un Análisis Teórico y Sus Dimensiones

El término vulnerabilidad encierra una notable complejidad y ha irrumpido con fuerza desde hace varias décadas en las ciencias sociales, especialmente en el campo de los estudios sobre desigualdad social. Es un concepto con múltiples significados, aplicables a ámbitos muy diversos, desde la posibilidad de un humano de ser herido hasta la posible intromisión en un sistema informático. Para entender la problemática de los grupos vulnerables, es fundamental explicar primero qué se debe entender por vulnerabilidad, vista como un fenómeno integral. Este concepto es central en el ámbito de los derechos humanos y tiene implicaciones de carácter universal y regional.

Evolución Histórica y Enfoques Conceptuales

El concepto de vulnerabilidad social comenzó a gestarse en la década de 1970 con el intento de comprensión de ciertos desastres naturales (sequías, huracanes y terremotos) y los problemas de recuperación de las poblaciones afectadas. Inicialmente, los desastres se contemplaban como eventos excepcionales, inesperados y consecuencia directa de factores naturales imprevistos. Sin embargo, de este enfoque estrictamente natural de los setenta se pasó, en la década de 1980, a un enfoque social. Este enfoque, aunque acepta la importancia de las catástrofes naturales como activadores, pone el foco en el estudio de las estructuras y procesos socioeconómicos de desigualdad y pobreza como causantes de la vulnerabilidad (‍Pérez de Armiño, 2000: 2).

Una contribución esencial en la conformación del concepto fue la del economista indio Amartya Sen, quien en Poverty and Famines (1981) analizó las hambrunas desde la perspectiva conceptual de las titularidades (entitlements) sobre el alimento y puso el foco en la pobreza y la desigualdad social. Desde entonces, el concepto penetró en los análisis del desarrollo socioeconómico realizados desde diversas disciplinas y sufragadas por organismos internacionales. El auge de los estudios sobre vulnerabilidad se produce en la primera década del siglo XXI, coincidiendo con el establecimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2000, los cuales impulsaron el análisis de la pobreza y las condiciones de vida. La noción de vulnerabilidad social, a diferencia de la abstracta desigualdad social, se ha revelado como una herramienta conceptual y analítica más terrenal, operacionalizable y medible en la investigación social, especialmente en relación con los estudios de la pobreza.

En los análisis de la vulnerabilidad social, se distingue entre dos enfoques teóricos: el que introduce la noción de riesgo como elemento constitutivo esencial y el que la vincula a la vivencia de situaciones de fragilidad, precariedad, indefensión o incertidumbre. El concepto de vulnerabilidad implica siempre un elemento de carácter externo (‍Medina y Sarabia, 2022: 274), que se relaciona con la exposición a amenazas y la capacidad para enfrentarlas. Dos conceptos fundamentales en este contexto son el riesgo, como un factor potencial de generación de perjuicios, y la resiliencia, como la capacidad de un individuo, grupo o comunidad para ser impactado por alguna amenaza y recuperarse. La vulnerabilidad puede entenderse como la exposición a contingencias y tensiones, y la dificultad de enfrentarse a ellas. Es decir, existe un elemento “externo” de riesgo y un elemento “interno” que hace referencia a la indefensión, a la ausencia de medios para contender con tales riesgos sin sufrir daño.

Infografía: Evolución histórica y enfoques principales del concepto de vulnerabilidad

Dimensiones de la Vulnerabilidad

Vulnerabilidad Antropológica y Finitud Humana

La vulnerabilidad es una característica intrínseca y ontológica de lo humano. Implica fragilidad, una situación de amenaza o posibilidad de sufrir daño, y por lo tanto, ser susceptible de recibir o padecer algo malo o doloroso, como una enfermedad, o ser herido física o emocionalmente. El origen etimológico del término nos remite al latín vulnus, que significa herida, golpe, punzada, y también desgracia o aflicción. Este daño puede ser físico, psíquico o moral, abriendo la vía al sufrimiento y afectando la identidad de las personas.

Esta dimensión antropológica afirma la condición de vulnerabilidad del ser humano en cuanto tal, relacionada con la posibilidad de sufrir, la enfermedad, el dolor, la limitación, la finitud y la muerte. La conciencia de nuestra finitud nos convierte en doblemente vulnerables. La vulnerabilidad intrínseca es una constatación de la vida como quehacer, como algo por construir, desde nuestra radical finitud. No es solo una afirmación de impotencia o debilidad, sino una condición inherente al ser humano por su ser biológico y psíquico. La enfermedad que limita, el dolor que inclina, la ausencia y el vacío son manifestaciones de nuestra vulnerabilidad. El ser humano es frágil por su misma condición corporal y mortal, pero también por su capacidad de sentir y pensar, de ser con otros y de desarrollar una conciencia moral. Se produce así una "paradoja de la autonomía y de la vulnerabilidad": la autonomía es la de un ser frágil, vulnerable (‍Feito, 2007: 3).

Vulnerabilidad Social y Contexto

La vulnerabilidad social, por su parte, se deriva de la pertenencia a un grupo, género, localidad, medio, condición socioeconómica, cultura o ambiente que convierte en vulnerables a los individuos. Esta dimensión subraya una mayor susceptibilidad generada por el medio o las condiciones de vida, dando lugar a “espacios de vulnerabilidad” y “poblaciones vulnerables”. Estos espacios son centros de confluencia de amenazas potenciales que, aun no siendo por sí mismas dañinas, se convierten en entornos deletéreos. Esto puede interpretarse como tres coordenadas: la exposición (riesgo de ser expuestos a situaciones de crisis), la capacidad (riesgo de no tener recursos necesarios para enfrentarse a dichas situaciones) y la potencialidad (riesgo de sufrir serias consecuencias como resultado de las crisis).

El enfoque de la vulnerabilidad social emerge a causa de una distribución desigual de recursos o capacidades (‍Liedo, 2021: 245), lo que genera una mayor indefensión. Las personas pueden ser vulnerables porque no cuentan con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas, como alimentación, ingreso, vivienda, servicios de salud y agua potable, entre otros. Esta situación está en función de la capacidad de respuesta individual o colectiva frente a una situación determinada. La vulnerabilidad social se ha incrementado y agravado, abarcando no solo presupuestos económicos sino también el aumento de la violencia en sus diversas manifestaciones. El concepto no se limita a la no satisfacción de necesidades materiales, sino que incluye conductas discriminatorias que atentan contra la dignidad de las personas o grupos sociales.

Esquema: Dimensiones y factores interrelacionados de la vulnerabilidad

Vulnerabilidad Jurídica: Protección y Acceso a Derechos

Desde el punto de vista de las ciencias jurídicas, el concepto de vulnerabilidad ha sido fundamental para el desarrollo de marcos legales que respondan a las necesidades concretas de protección. El “concepto de persona miserabilis también proviene del derecho romano” y se asocia a la debilidad o desposeimiento, requiriendo una especial protección en favor de dichas personas (‍Liedo, 2021: 246). La vulnerabilidad en el ámbito del derecho se refiere a situaciones abusivas en las que una parte despoja de autonomía a la otra, desatendiendo su capacidad o autonomía (‍Anderson, 1994: 337). Los Estados tienen el deber de evitar tanto las causas como las manifestaciones y consecuencias de la vulnerabilidad, proveyendo todo lo necesario para garantizar el goce y ejercicio de todos los derechos en condiciones de igualdad y dignidad.

La vulnerabilidad como vector de análisis de la igualdad aborda la complejidad moral y jurídica que presentan las democracias contemporáneas, fomentando un derecho más empático con el sufrimiento humano y una aproximación más realista al ser humano desde su triple interdependencia (social, económica y de cuidados y atención). El concepto de vulnerabilidad, definido jurídicamente, es relacional: se es vulnerable respecto a algo o alguien, o a sufrir daño frente a la acción de sus semejantes, el entorno que le rodea, u otros individuos particularmente considerados (‍Basset, 2017: 23). El hecho de la vulnerabilidad implica una apelación ética a actuar ante ella, reconociendo la fragilidad inherente a la existencia humana y la obligación de intervenir sobre la situación, aunque no defina un contenido determinado para esa acción.

Para lograr la aplicabilidad del derecho a la igualdad para las personas vulnerables, se proponen varios ejes de acción:

  • Redistribución: Reparar la desventaja que sufre el individuo.
  • Reconocimiento: Reparar el estigma, los estereotipos y la humillación social.
  • Participación: Fomentar la voz política y social de los menos representados.
  • Transformación: Acoger la diferencia y lograr un cambio estructural que garantice el goce de los derechos fundamentales.
Ilustración: Principios jurídicos para la protección de personas vulnerables

Características y Elementos Constitutivos de la Vulnerabilidad

La Real Academia Española define "vulnerabilidad" como la "cualidad de vulnerable", y "vulnerable" como "que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente". Estos sentidos, que muestran la polisemia del término, hacen referencia a un denominador común: el daño. La vulnerabilidad nos refiere a la noción de inseguridad, ya sea que se manifieste como una debilidad, una exposición en condiciones de desventaja, o la posibilidad de daño a la integridad física, psicológica o moral de la persona.

Los elementos esenciales de la vulnerabilidad son:

  1. Daño o mal: La posibilidad de ser herido o recibir lesión, física o moralmente, por carencia de defensas suficientes.
  2. Potencialidad: Ser vulnerable no implica necesariamente ser dañado, sino la posibilidad de serlo.
  3. Relacionalidad: La vulnerabilidad es relacional. Se es vulnerable respecto a algo o alguien, a la acción de sus semejantes o al entorno.
  4. Apelación ética: Implica una apelación ética a actuar ante ella, reconociendo la fragilidad de la existencia humana.
  5. Inacabamiento, apertura: La condición de ser para poder vivir en lugar de acomodarse al mundo dado.

Es fundamental no equiparar la vulnerabilidad a una patologización de los sujetos. La vulnerabilidad no se limita a la no satisfacción de las necesidades materiales, sino que incluye también las conductas discriminatorias que atentan contra la dignidad de las personas o de los grupos sociales. El problema es que entre sus orígenes y manifestaciones lleva implícita la práctica de conductas y actitudes discriminatorias que conducen al ejercicio desigual de los derechos.

Tipos y Factores de Vulnerabilidad

La doctrina y los estudios sociales han identificado diversas clases de vulnerabilidad, a menudo determinadas por factores externos a la persona (causas exógenas) o por características inherentes que interactúan con el entorno. Siguiendo el trabajo de Uribe y González (‍Uribe y González, 2007: 209-‍212), podemos distinguir:

  • Vulnerabilidad humana o biológica: Relacionada con la fragilidad constitutiva del cuerpo humano.
  • Vulnerabilidad típica o socioeconómica: Que afecta a la parte más débil de las personas debido a su condición económica o social.
  • Vulnerabilidad social: Vinculada a las interacciones y estructuras de la sociedad.
  • Vulnerabilidad económica: Referida a la distribución desigual de recursos y la capacidad para satisfacer necesidades básicas.
  • Vulnerabilidad atípica (jurídica): Donde la aplicación de reglas jurídicas genera desequilibrios o ineficacia en la protección.

Es crucial entender que la vulnerabilidad es una cualidad ontológica determinada por la exposición a condiciones o factores específicos. Estos factores no deben ser aislados al analizarlos y abordarlos, ya que la interacción entre ellos puede hacer que ciertos individuos sean más propensos a sufrir daños que otros. Entre los factores comunes que generan vulnerabilidad se encuentran la edad, la raza, el sexo, la condición económica, las características físicas, la situación cultural o política, el estado de salud y la discapacidad. Las crisis económicas, el desempleo, la falta de igualdad de oportunidades, las conductas discriminatorias y los fenómenos naturales también son importantes generadores de vulnerabilidad.

Resulta fundamental no caer en el error de considerar a ciertos grupos siempre o invariablemente como vulnerables, cuando no lo son en todas las situaciones ni permanentemente respecto de las mismas. La vulnerabilidad real de las personas depende de las circunstancias específicas de cada contexto: un grupo es vulnerable en un ámbito y no serlo en otro. Los programas y las medidas de prevención siempre deben tener en cuenta las causas, por cuanto están destinados a las personas que las padecen.

La Vulnerabilidad Compuesta y Ampliada

La vulnerabilidad no es un fenómeno unidimensional, sino que a menudo se presenta de forma compuesta y ampliada, lo que agrava la situación de las personas. La vulnerabilidad compuesta se refiere a la intersección de diferentes tipos de vulnerabilidad en una misma persona o grupo, donde la afectación no es la suma de vulnerabilidades individuales, sino una sinergia que multiplica el riesgo y el daño. Una persona puede pertenecer a varios grupos vulnerables a la vez, lo que se conoce como la multiplicidad de factores de discriminación (‍Aguilar, 2023: 214). Esto puede generar nuevas identidades y formas de discriminación, agravando su situación y las consecuencias del daño.

Un ejemplo claro es la niñez migrante (‍Yáñez, 2020), que combina la vulnerabilidad por edad con la de la condición migratoria, la posible pobreza y la discriminación, entre otras situaciones. Estos casos requieren un análisis concreto y la comprensión de que múltiples factores de riesgo coexisten y se potencian mutuamente, afectando de manera desproporcionada su salud, integridad personal y vida (‍Lucero y Díaz, 2022: 230).

Diagrama: Intersección de factores en la vulnerabilidad compuesta

Implicaciones Éticas y Jurídicas

La comprensión de la vulnerabilidad ha iniciado su migración transdisciplinar hacia las ciencias jurídicas y la bioética. En el ámbito de la salud, los profesionales deben dar prioridad a las poblaciones o grupos vulnerables en la búsqueda de satisfacer sus necesidades. La vulnerabilidad se define como un principio expresado desde la fragilidad y finitud del ser humano, que conlleva la amenaza de su autonomía, dignidad o integridad (‍Feito, 2007). Sin embargo, el problema no es solo la protección de la autonomía, sino también los determinantes sociales que influyen en el estado de salud de las personas vulnerables, relacionados con los principios de solidaridad y justicia.

El Estado tiene la responsabilidad de reconocer, proteger y hacer efectivos los derechos de quienes se encuentran en condición de vulnerabilidad, garantizando el acceso a bienes sociales básicos como vivienda, educación o atención sanitaria (‍Fineman, 2010: 254). Esto se traduce en la necesidad de políticas y legislaciones que promuevan la resiliencia y la igualdad efectiva. El cuidado, tanto de dominio público basado en la justicia como el personal basado en las diferencias de susceptibilidades, es una clave ética fundamental. Al reconocerse como vulnerables, las personas comprenden la vulnerabilidad del otro, así como la necesidad del cuidado, la responsabilidad y la solidaridad, y no la explotación de esa condición por parte de otros.

La reflexión en las ciencias sociales y de la salud vislumbra la necesidad de políticas de gobierno que hagan frente a los riesgos a los que están expuestos el ser humano y el ambiente, propendiendo por la dignidad de las personas vulnerables. La vulnerabilidad no solo se refiere a padecer una alteración de salud, sino a cómo esta genera consecuencias inmediatas que afectan la calidad de vida de la persona en su ciclo vital, así como su autonomía y capacidad en la toma de decisiones.

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