La Ley 20.084, conocida como la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, nació con la promesa de reinsertar a adolescentes y jóvenes infractores en la sociedad. Sin embargo, durante años ha mostrado ser insuficiente para cumplir este objetivo. Datos revelan que el 61% de quienes ingresaron al Sistema de Justicia Juvenil egresaron antes de completar algún programa de protección del Estado, y un alarmante 47% de los adultos en la cárcel pasaron previamente por el SENAME (hoy Servicio Mejor Niñez).

El Sistema de Justicia Juvenil y la Ley 20.084
El Estado de Chile, en cumplimiento de los compromisos asumidos con las Naciones Unidas, promulgó la Ley 20.084 el 28 de noviembre de 2005, entrando en vigencia el 8 de junio de 2007. Esta ley tiene como objetivo principal regular la responsabilidad penal de los adolescentes que cometen delitos, incluyendo el procedimiento de atribución de responsabilidad, la determinación de las sanciones y la forma en que estas se ejecutarán. La propuesta legal hacía alusión a la necesidad de considerar el bien del adolescente, tal como se expresa en el artículo segundo: "En todas las actuaciones judiciales o administrativas relativas a los procedimientos, sanciones y medidas aplicables a los adolescentes infractores de la ley penal, se deberá tener en consideración el interés superior del adolescente, que se expresa en el reconocimiento y respeto de sus derechos".
Sin embargo, esto no siempre se cumplió. Un trágico ejemplo es el caso de Daniel Ballesteros, de 17 años, quien fue apuñalado en su dormitorio en noviembre de 2013 por otros internos. Daniel había alertado en varias ocasiones a su familia, su psicóloga y al personal del recinto sobre las amenazas recibidas de un grupo de internos de alta peligrosidad. Su madre, Eliana Pérez, también había sido informada por Daniel sobre las relaciones de poder, las agresiones constantes, el consumo de drogas y la presencia de celulares en el lugar, haciendo de este centro de menores una réplica de una cárcel común, con "los vivos", "los perros" y "los perkins" (líderes y subordinados). Tras su muerte, la primera en un centro "modelo" del SENAME, los cuestionamientos se centraron en la concesión y la dirección del servicio.
Deficiencias y Críticas al Sistema
La falta de acceso a salud mental dentro de los Centros de Internación Provisoria y Régimen Cerrado (CIP-CRC) ha agravado la situación de los jóvenes. La trabajadora social, académica e investigadora Sonia Brito afirma que los niños y adolescentes han sido gravemente vulnerados en sus derechos. "Hubo violencia en cualquiera de sus manifestaciones: física, psicológica, económica, sexual, entre otras", señala, añadiendo que "las y los jóvenes transcurren sus vidas con una desesperanza aprendida, no confían en las personas adultas, ni en las instituciones".
La psicóloga Fernanda Salvo, de la Universidad de Chile, basándose en informes del Ministerio de Justicia y Gendarmería de Chile, define la reinserción social como "un proceso sistemático de acciones orientado a favorecer la integración a la sociedad de una persona que ha sido condenada por infringir la ley penal". Sin embargo, datos de la Defensoría de la Niñez (2016-2024) muestran una disminución del porcentaje de términos con salida judicial efectiva (del 74% al 51%) y de sentencias definitivas condenatorias (del 34% al 15%), mientras que han aumentado los archivos provisionales (del 11% al 27%) y los términos por facultad de no investigar (del 6% al 15%). Esto sugiere nudos críticos en el proceso de investigación penal, más que en la duración de las penas.
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Historias de Vida y el Fracaso del Sistema
Las trayectorias de vida de jóvenes como Misael Ortiz y Felipe Benavides, aunque con una década de diferencia, revelan patrones de abandono paterno e inicio delictual en la infancia. Misael, un mecánico de casi treinta años, relata una vida marcada por la violencia desde los tres años, cuando ingresó a una residencia temporal. En su hogar, la violencia era constante, y al regresar con su madre, fue víctima de abuso sexual intrafamiliar. A los trece años, ya había delinquido ocasionalmente, robando dinero a transeúntes, y más tarde comenzó a consumir alcohol y drogas. Pasó gran parte de su juventud en centros del SENAME, describiendo su experiencia como "muy... malo. Se portaban mal, había peleas, robos, drogas".
Felipe Benavides, un joven de 20 años que actualmente estudia Trabajo Social y realiza talleres motivacionales con adolescentes, comenzó a robar a los 11 años. A los 14, fue detenido por robo con intimidación y derivado al Centro de Internación Provisoria (CIP) de San Joaquín.
Alejandra Michelsen, periodista y directora de la Fundación ITACA, que trabaja en reinserción, afirma que "el 47% de las personas adultas en la cárcel, estuvieron en hogares del SENAME". Estos datos, junto a los testimonios de Misael y Felipe, evidencian cómo el sistema ha fallado en reinsertar socialmente a muchos adolescentes, a pesar de los programas existentes. Para los entrevistados, no solo es cuestión de aumentar las plazas con más profesionales, sino de crear políticas de Estado que aborden el proceso en su conjunto.
La Percepción de los Jóvenes sobre el Apoyo Institucional
Misael relata que, si bien había asistentes sociales y psicólogos, su apoyo era "más por trabajo, sí, más que nada, pero no encuentro que era un apoyo real, no como significativo… para uno que era menor de edad, entonces ahí se supone que uno debe tener un apoyo distinto con lo que es asistente social y psicólogo". Felipe comparte una opinión similar sobre los talleres en los Centros de Internación, confesando que no aprendió nada que le sirviera para su vida adulta fuera del encierro. "Hicieron un taller de ejercicio, entre comillas era un taller de fútbol que nos pasábamos pegando, obviamente porque era fútbol canero y poco más en realidad. Si no era la escuela, era el taller de fútbol."
Factores que Contribuyen a la Reincidencia
Juan Carlos Cornejo, Educador de Trato Directo (ETD) del Centro de Internación Provisoria Tiempo Joven, explica la "multicausalidad de factores" que influyen en las conductas delictivas. Ginés Alvarado, Gestor de Redes en el Centro Tiempo Joven, describe el perfil de los jóvenes que ingresan: "Provienen en alto porcentaje de comunas de sectores populares que presentan alta densidad poblacional y pertenecen a familias en donde alguno de los padres ha hecho abandono del hogar, sumado al consumo de drogas por parte de estos, presentando escasas reglas y normativa en el entorno familiar entre otras variables."

Perfil de los Jóvenes Infractores
Francisco Jara, Educador Diferencial en el Centro Tiempo Joven desde hace 30 años, profundiza en el perfil, afirmando que muchos de estos chicos "llevan una vida delictual desde muy temprana edad. A veces comienzan desde los ocho años, y quizás muchos han sido dejados en la calle, y llegan acá con doce o catorce años… muchos no tienen hábitos e integran familias muy disfuncionales (…) Robar era un patrón, parte de la vida cultural".
Diversos autores vinculan la delincuencia juvenil con marginalidad y pobreza. Vera (2016) señala un círculo vicioso entre delincuencia, pobreza, marginalidad, desnutrición, inseguridad y el bajo nivel educativo y de capacitación de los jóvenes. Lozano et al. (2021) categorizan los factores explicativos en:
- Factores de riesgo personal: aspectos biológicos, personalidad (impulsividad, tendencia al riesgo), conductas precursoras, ausencia de empatía, consumo de drogas, y deterioro cognitivo (déficit intelectuales o problemas de aprendizaje). Estos jóvenes "se centran en sí mismos, buscan beneficios a corto plazo y una orientación marcada hacia el poder", mostrando altos niveles de irritabilidad, hiperactividad, comportamiento oposicionista, tendencia a tomar riesgos y agresividad temprana.
- Carencias de apoyo prosocial: experiencias en barrios, familias, escuelas y grupos de amigos, mostrando una mayor dependencia de compañeros y distanciamiento de padres (Hadiwijaya et al., 2017).
- Factores escolares: absentismo y/o abandono escolar, problemas de disciplina, fracaso escolar, actitud negativa hacia la escuela, y estigmatización (Lozano et al., 2021).
Vásquez (2003) diferencia entre factores estáticos (precocidad delictiva, impulsividad, psicopatía) que no pueden modificarse, y factores dinámicos o modificables (cogniciones, amigos delincuentes, consumo de drogas).
Casos y Trayectorias de Vida
Un estudio realizado en el Liceo Técnico Profesional Aulas de Esperanza, adscrito al Centro SENAME de Talca, entrevistó a seis jóvenes (dos mujeres y cuatro hombres) en régimen cerrado. Los resultados revelan que la mitad de ellos han pasado gran parte de su vida en barrios de gran marginalidad social. La edad de los participantes oscila entre 14 y 19 años. Los delitos más reiterativos son el robo y el homicidio. Algunos jóvenes muestran indiferencia, otros arrepentimiento, pero la mayoría culpa a "otros" justificando sus actuaciones por el consumo de drogas, la influencia de amigos o la ausencia de una familia que les contenga.

Negligencia Parental y Consumo de Drogas
"Empecé a juntarme con amistades y ahí me desvié, iba a clases al liceo, pero a mitad de año me salí y no fui más. Todo fue porque me empecé a meter en la pasta base, siempre me pillaban los pacos (policía) drogándome y me llevaban a centros de jóvenes, pero me arrancaba para volver a consumir" (entrevista C3). Este caso ilustra la complejidad del entorno familiar. Un Plan de Intervención Individual (C3) describe la historia de vida de José con "negligencia severa parental, específicamente enmarcado en el consumo perjudicial de drogas de ambos padres, durante los primeros años... sumado a la presencia de esquizofrenia en su madre", lo que llevó a otorgar la tutela a su abuela, la única figura presente en su vida.
Inicio Temprano en la Trayectoria Delictual
El estudio detectó un inicio temprano en la trayectoria delictual, entre los 12 y 14 años, fuertemente asociado a una negligencia parental severa. El caso de Miguel evidencia la vinculación delictual al núcleo familiar y la normalización de prácticas ilícitas. Su padre biológico y tío materno tienen historial delictivo. Miguel dio muerte a su víctima por amenazas a su hermano menor y robos de dinero, además de recibir amenazas constantes en redes sociales. "Un día me vio y él me sacó dos pistolas, como yo no andaba con nada para defenderme tomé mi bicicleta y fui a buscar una pistola y volví a darle dos balazos".
Los relatos muestran que la violencia tiende a aumentar y naturalizarse. La justificación sigue siendo "no estaba en mis cabales por la droga", pero se añade el cuidado de la imagen para mantener un cierto estatus y poder dentro del grupo. "Se distingue conductas inmediatistas, desafiantes y contestatarias con escasa adherencia a las normas y respuesta violenta y agresiva frente a la resolución de conflictos. Existe una tendencia a mantener una 'imagen' frente a sus compañeros que se caracteriza principalmente por un estilo antisocial" (Plan de Intervención Individual C4). Luis, a sus 17 años, ya tenía condenas previas por múltiples robos antes de su actual delito de homicidio calificado.
Impacto de la Institucionalización Temprana
La separación temprana de los padres y la institucionalización a temprana edad en centros de cuidado para menores es un factor determinante en la personalidad de los jóvenes. Pedro, por ejemplo, inicia su vida en centros institucionalizados al cumplir un año y dos meses, deambulando entre diferentes centros a cargo del Estado. La violencia física y simbólica, la desatención y la falta de entendimiento configuran la salida del hogar como una reacción esperable ante un ambiente hostil. Una abuela a cargo de una de las chicas del centro relata: "Yo la crié de recién nacida porque su mamá la abandonó. Mi hijo es su papá pero se fue, en ese tiempo el estaba preso en la cárcel y entonces la mamá tomó sus cosas y se fue y dejó a la niña, entonces yo me tuve que hacer cargo, así he sido su abuela y su mamá desde los tres meses".
El caso de María es similar, reclamando un evidente abandono de su madre, lo que ha afectado significativamente su área emocional: "Su estado de inseguridad la lleva a escapar de todo y todos, su timidez en ocasiones parece distante, pues desconfía de sus relaciones, tiende a permanecer en lo provisorio y superficial". Miguel, quien ingresó al SENAME a la edad de un año, destaca por un daño significativo en el área afectiva y reiterados estados depresivos. Los jóvenes sienten que los centros de cuidado del Estado, lejos de ser una red protectora, han sido negligentes.
Educación y Entorno Social
Cinco de los seis jóvenes estudiados presentan deserción temprana del medio escolar y repitencias en educación primaria. Dificultades de aprendizaje (como la dislalia de María), comportamientos disruptivos o el excesivo control en las escuelas los llevan a automarginarse. Los jóvenes no se interesan por un sistema educativo que consideran altamente normado y con una disciplina estricta. Describen el medio escolar como hostil, lo que ha generado un sentimiento de desvalorización de sus capacidades, inferioridad y desapego por las reglas. Un profesional relata la respuesta de un joven cuando le pedían participar en un taller: "Pucha tía, pero de que me sirve aprender esto o desarrollar tal habilidad si voy a volver a la calle y no voy a tener ninguna oportunidad".
El barrio ocupa un lugar importante para los jóvenes, siendo el punto de encuentro y sociabilización con sus pares. Las esquinas se convierten en lugares preferidos para reunirse, ganar estatus y poder de control, pedir dinero o pasar datos para la compra de drogas. Para los jóvenes, la calle es un espacio donde han encontrado compañía y contención afectiva, experimentando autonomía e independencia. Urresti (2002) señala que la fisonomía de los grupos de pares se vincula al espacio barrial, circunscribiendo la socialización a círculos homogéneos debido a la segregación socio-espacial.
Tasas de Reincidencia y Desafíos
Un estudio revela que el 40,8% de los egresados del Servicio Nacional de Menores (Sename) reincidieron al año siguiente. El ex director del Sename, Eugenio San Martín, relativiza estas cifras, argumentando que "los delitos que los jóvenes comenten son de baja importancia", y que influyen varios factores en el comportamiento de un menor. Sin embargo, una investigación de la Universidad de Chile revela que el 43,2% de las personas que salen de prisión vuelven a delinquir, principalmente en delitos contra la propiedad. Factores determinantes incluyen el historial institucional, el trato en prisión y el retorno a zonas vulnerables.

El profesor Álvaro Castro, del Departamento de Ciencias Penales de la Universidad de Chile, explica que "mientras más joven se comienza el camino delictual, mayores probabilidades hay de reincidencia. Los jóvenes que han pasado por el ex SENAME tienen más probabilidades de reincidir". El estudio también identificó que los hombres son más propensos a la reincidencia que las mujeres y que el maltrato y la vulneración de derechos dentro de las cárceles aumentan las probabilidades de reincidencia. "Las malas relaciones con los funcionarios penitenciarios y las decisiones arbitrarias incrementan el riesgo", señala Castro.
El factor territorial es crucial, ya que la mayoría de los ex reclusos retorna a zonas con desventajas sociales, como San Bernardo, La Pintana y Puente Alto en Santiago. Con una población penal en aumento, Castro enfatiza la urgencia de reformar el sistema penitenciario: "Necesitamos funcionarios dialogantes, que se respeten los derechos fundamentales dentro de la cárcel y una institucionalidad preocupada de la reinserción".
Justicia Restaurativa y Colaboración Social
Sonia Brito, al ser consultada sobre el porcentaje de jóvenes infractores que logran reinsertarse socialmente, responde que la reinserción social de jóvenes infractores de ley es una cuestión de debate permanente debido a la baja incidencia, "aun cuando ha habido avance en mejorar las leyes, normativas y procedimientos". La nueva Ley cambia el foco de trabajo, reconociendo a los adolescentes y jóvenes no solo como sujetos de derechos, sino como actores sociales, por lo cual es la sociedad en su conjunto la que debe contribuir en el proceso de reinserción.
Comelin Fornés afirma que "el trabajo con jóvenes que han infringido la ley penal no es un trabajo simple. Debe ser abordado con profesionales de alta especialización y con equipos consolidados que eviten la rotación laboral de sus componentes". La propuesta de un modelo de justicia restaurativa es el sistema ideal para mayores posibilidades de éxito y reinserción efectiva, garantizando una verdadera reparación para el victimario y su entorno, evitando el ciclo de condenas y liberaciones que "pueden producir todavía más daño a los infractores que viven una precariedad social, psicológica y física".
Como señalan Tomás Cortés y Nicolás Grau en su artículo de CIPER: "Privar de libertad: un mecanismo eficiente para que menores de edad vuelvan a delinquir", se cree erróneamente que encerrar a los jóvenes corrige su rumbo. La historia de Misael demuestra cómo el sistema punitivo no genera las condiciones para la reinserción. Su extensa experiencia delictual y de consumo de drogas, sumada a su paso por diferentes centros del SENAME de los cuales escapó por la inseguridad, lo llevó a decir: "Ya no quería más esto para mi vida, no quería seguir en hogares encerrado estando con otras personas".
Alejandra Michelsen, directora de la Fundación ITACA, asegura que para lograr una mayor reinserción, es necesaria la colaboración de toda la sociedad y "dejar atrás la idea de que el encierro como método de castigo es efectivo para lograr el desistimiento delictivo, ya que según ella se logrará todo lo contrario a lo que se está buscando". Insiste en que "la sociedad debe tomar conciencia que el tema de la reinserción es una tarea de todos, no solo de los jóvenes infractores de ley".
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Misael y Felipe comenzaron a transitar hacia la reinserción solo cuando organismos privados, como la Fundación Itaca, comenzaron a jugar un rol de acompañamiento. Para ambos, iniciar un proceso de liberación de culpas y reconexión consigo mismo es primordial. Felipe afirma: "La Fundación Ítaca me formó harto como persona, como lo que soy ahora y siempre voy a estar agradecido con ello".
Mortalidad y Suicidio en Centros
Un estudio detectó que la mayor reincidencia se produce en el grupo de 14-15 años (50,8%), descendiendo a medida que aumenta la edad, siendo el grupo de mayores de 18 años el 28,9%. Las cifras de mortalidad son alarmantes. Entre 2018 y 2023, 75 adolescentes entre 14 y 17 años murieron violentamente, mientras que 119 jóvenes mayores de edad fallecieron en el sistema donde el Estado debía protegerlos. Recientemente, el 9 de enero del presente año, un joven de 17 años se quitó la vida en el Centro de Internación Provisoria de San Joaquín. En la Región Metropolitana, entre 2020 y 2024, 160 adolescentes intentaron suicidarse bajo la protección del Estado, lo que es una evidencia más de que "el Estado les ha fallado".
Juan Carlos Cornejo, educador en el centro Tiempo Joven, relata el caso de Roberto Flores, un chico que estuvo internado solo dos meses por robos con violencia. Salió en libertad y a los tres o cuatro días fue asesinado. "Acá por lo menos los deja fuera de una posible muerte", dice Cornejo, quien cree que Roberto estaba más protegido dentro del centro que en su propia casa. Fue baleado en un funeral.
Transición y Perspectivas Futuras: El Nuevo Servicio de Reinserción Social Juvenil
María Eugenia Fernández, directora del Servicio Nacional de Menores (Sename), destacó en su cuenta pública que las tasas de reincidencia entre 2009 y 2020 disminuyeron en 14,2 puntos porcentuales a los 12 meses y en 16,5 puntos a los 24 meses de seguimiento. Además, el 56% de los jóvenes en centros privativos de libertad participó en al menos un taller socioeducativo durante 2023.

Desde 2021, el Sename se encarga solo del área de justicia juvenil, atendiendo a 9.119 adolescentes y jóvenes en 140 centros y proyectos durante 2023. El nuevo Servicio de Reinserción Social Juvenil comenzó a funcionar en enero de 2024 en las regiones del norte del país. Sename, como tal, ahora se encarga de los jóvenes desde Valparaíso hasta Magallanes y la Antártica Chilena. En enero de 2025 se realizará el traspaso de las regiones desde el Maule al sur, y en 2026, las regiones Metropolitana, O’Higgins y Valparaíso, dando fin al Servicio Nacional de Menores tal como se conoce.
Fernández sostuvo que la modalidad del Programa de Libertad Asistida Especial (intervención ambulatoria especializada e intensiva) presenta la más baja tasa de reincidencia a los 12 y 24 meses en todos los grupos estudiados, lo que podría estar relacionado con su alta proporción de egresos satisfactorios. En 2009, cinco de cada 10 jóvenes reincidieron 24 meses después de cometer un delito, mientras que en 2020 solo tres de 10 lo hicieron.
El subsecretario de Justicia, Jaime Gajardo, destacó la importancia de que la última cuenta pública del Sename se haya realizado en la región de Los Ríos, ya que la macrozona Sur será traspasada al nuevo Servicio de Reinserción Social Juvenil. Gajardo mencionó que los índices de reincidencia han mejorado significativamente, y que estas cifras podrán seguir mejorando cuando el nuevo Servicio amplíe su operación, al contar con "más y mejores herramientas para enfrentar los casos".
Talleres Socioeducativos y Empleabilidad
Fernández también relevó la realización de 674 talleres socioeducativos en los centros privativos de libertad, como una forma de intervenir directamente en la reinserción y aportar al conocimiento de los jóvenes. El 56% de los jóvenes participó en talleres de arte, gastronomía, creación literaria, cultura científica y cívica, y el 51% participó en uno o más cursos durante su estancia. Respecto a la ocupación y empleabilidad, en 2023 se llevaron a cabo 17 cursos en 9 regiones, beneficiando a 147 jóvenes.