El envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades que generan dependencia han instalado el cuidado como uno de los grandes desafíos sociales y sanitarios del país. Históricamente, esta responsabilidad ha recaído en las familias -y particularmente en las mujeres-.
El Cuidado como Pilar de la Protección Social en Chile
En este escenario, el 9 de febrero de 2026 se promulgó la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados “Chile Cuida”. Esta iniciativa reconoce el cuidado como un cuarto pilar de la protección social -sumándose a la salud, educación y seguridad social- que busca fortalecer los apoyos a personas cuidadoras y a quienes viven en situación de dependencia. Sin embargo, el reconocimiento institucional del cuidado abre nuevos cuestionamientos sobre su alcance y oportunidad.

Según las últimas cifras del Gobierno de Chile, compartidas en marzo de 2025, más de un millón de personas en el país realizan diariamente labores de cuidado no remunerado de familiares que viven con enfermedades que generan dependencia, particularmente demencias. Aunque este cuidado suele surgir del afecto y el compromiso familiar, también puede convertirse en una experiencia de alta exigencia emocional, física y económica.
El Síndrome del Cuidador: Definición y Manifestaciones
El síndrome del cuidador -denominado en la literatura científica como “carga del cuidador” (caregiver burden)- se refiere al conjunto de consecuencias físicas, emocionales, sociales y económicas que experimentan las personas que cuidan de manera prolongada a alguien con dependencia o enfermedad crónica. La doctora Andrea Slachevsky, neuróloga y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH), ha investigado este fenómeno durante años, especialmente en el contexto del cuidado de personas con demencia.
“Las personas que cuidan a familiares en situación de dependencia, especialmente a quienes viven con demencia, suelen enfrentar una alta carga física, emocional y social”, explicó la doctora Slachevsky. “En nuestra sociedad -continuó-, asumir el cuidado de un ser querido generalmente se vive como una decisión personal y, en muchos casos, las propias personas cuidadoras describen también aspectos positivos, como la valorización emocional del vínculo o el sentido de responsabilidad familiar”, agregó.
Progresión del Desgaste y Síntomas
Según la neuróloga, el desgaste asociado al cuidado no aparece de forma abrupta, sino que se desarrolla progresivamente: “Existe un continuo en el grado de sobrecarga y en las repercusiones negativas del cuidado. Cuando ese desgaste alcanza niveles críticos, se habla propiamente del síndrome del cuidador. El síndrome corresponde al extremo de ese proceso. Desde el punto de vista de la salud, el desgaste asociado al cuidado prolongado puede manifestarse de diversas maneras: Es como un elástico que está permanentemente sometido a tensión”, comparó la doctora Slachevsky. A diferencia de otras etapas del ciclo vital -como la crianza de los hijos-, el rol de cuidador de una persona mayor dependiente no es una experiencia socialmente anticipada ni normada: “Ser cuidador no es una etapa de la vida socialmente esperada, como lo es, por ejemplo, cuidar a los hijos. En el caso de las demencias, esta adaptación puede resultar particularmente exigente.

Entre las manifestaciones más frecuentes, una persona con síndrome del cuidador puede presentar “cuadros severos de depresión, trastornos de ansiedad, problemas de sueño, fatiga crónica y una persistente sensación de sobrecarga”, explicó la neuróloga. Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 40 % y el 70 % de los cuidadores presentan síntomas de ansiedad y estrés, o incluso depresión, lo que refleja el profundo impacto que este rol puede tener en la salud mental y el bienestar general de quienes lo ejercen.
El síndrome del cuidador se entiende como una respuesta física y emocional al estrés prolongado que experimentan quienes dedican gran parte de su tiempo y energía al cuidado de otra persona. Este fenómeno se desarrolla de manera gradual y puede afectar el bienestar psicológico, la salud física y la vida social del cuidador. Suele presentarse con mayor intensidad en quienes asumen el rol de cuidador primario, es decir, la persona responsable principal del bienestar de quien recibe los cuidados. En estos casos, puede hablarse del síndrome del cuidador primario, caracterizado por niveles más altos de estrés, ansiedad y desgaste emocional debido a la sobrecarga continua y la falta de descanso o apoyo.
En muchos casos, el cuidador siente que debe estar disponible las 24 horas, lo que aumenta la sensación de sobrecarga y reduce el tiempo destinado al descanso o la recreación. Esta situación afecta tanto su rendimiento como su salud mental, dificultando mantener la energía necesaria para continuar con el rol de manera equilibrada. Detectar estos signos a tiempo permite intervenir antes de que se agraven los síntomas y afecten la salud del cuidador y del paciente.
Síndrome del Cuidador Quemado (Burnout)
Cuando el síndrome del cuidador no se trata a tiempo, puede evolucionar hacia el llamado síndrome del cuidador quemado, también conocido como síndrome del cuidador cansado o burnout del cuidador. Este estado se caracteriza por un agotamiento emocional extremo, pérdida de empatía y sensación de no poder continuar con las tareas de cuidado. Según la Universidad de O’Higgins, el burnout del cuidador se asocia a un estrés crónico mantenido en el tiempo, acompañado de sentimientos de culpa, irritabilidad y fatiga persistente. Este nivel de sobrecarga puede afectar la relación con la persona cuidada y agravar los síntomas de ansiedad y depresión. El reconocimiento temprano de este síndrome es fundamental.
Impacto de la Sobrecarga en la Salud Física y Mental
Cuidar a una persona con dependencia o enfermedad crónica es un acto de compromiso, pero también una experiencia emocionalmente exigente. La rutina, la responsabilidad constante y la falta de tiempo personal pueden generar desgaste psicológico, sobre todo cuando este trabajo se realiza sin redes de apoyo adecuadas o acompañamiento profesional.
Según el estudio MICARE (Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado), los hallazgos de la segunda ola de seguimiento en 2024 evidenciaron la gran afectación emocional y física que padecen las mujeres que están en esta situación. En el plano de la salud mental, se estableció cómo distribuyen las horas del día entre el trabajo remunerado, doméstico y el cuidado. La investigadora comenta: “Y es tremendo ver cómo, prácticamente, no hay ni un tiempo para ellas. Excepto las horas del sueño, que también son bastante menores. Entonces, uno se da cuenta que son mujeres muy sobrecargadas, que están en un sistema que no les permite ir más allá de lo que es estrictamente necesario; y que en realidad hay una triple carga: cuidar, trabajar y hacerse cargo de todo lo doméstico”.
Todo esto redunda en “ansiedad, síntomas depresivos y depresión”. A lo que se suman complicaciones físicas: “Son muy frecuentes los problemas músculo-esqueléticos, lumbago, dolores de hombro, porque si una persona está postrada, se requiere hacer un montón de movimientos para moverla o transportarla, y si no sabe hacerlo, van a aparecer lesiones, independiente de la edad del cuidador”.
La Feminización del Cuidado y sus Consecuencias
De acuerdo con las últimas cifras recopiladas por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, en Chile, el cuidado informal de personas dependientes sigue recayendo mayoritariamente en las familias y, dentro de ellas, particularmente en las mujeres: de las 216 mil personas registradas en Chile Cuida, el 86% son mujeres. “En su mayoría, mujeres jóvenes sin formación profesional en cuidados”, señaló la doctora Andrea Slachevsky. Este fenómeno refleja también una construcción social profundamente arraigada: “El cuidado continúa siendo una tarea culturalmente asociada a las mujeres.

Los hallazgos de la segunda etapa del Estudio MICARE (2024), que profundiza en la situación de quienes continúan cuidando en sus hogares, analizando datos de más de mil personas cuidadoras en las regiones de Coquimbo, Valparaíso, BíoBío y la Región Metropolitana, confirman esta tendencia. Un año después de la primera encuesta (2023), las mujeres representan el 77% de quienes cuidan a personas mayores en situación de dependencia y el 92% de quienes apoyan a personas con discapacidad intelectual y del desarrollo. En el caso de quienes cuidan a personas mayores, en su mayoría se trata de madres, hijas o esposas que dedican un promedio de 15.4 horas diarias al cuidado, cifra que supera las 14.9 horas registradas en 2023.
“La feminización del cuidado sigue siendo una realidad estructural. Las mujeres no solo asumen la mayor parte del trabajo de cuidado, sino que lo hacen con una intensidad que ha ido en aumento posiblemente debido al aumento en las necesidades de cuidado”, señala Beatriz Fernández, académica de la Pontificia Universidad Católica y directora del estudio MICARE.
Impacto Laboral y Social
La consecuencia es que muchas de estas mujeres deben abandonar o limitar su participación en el mercado laboral para asumir estas tareas. “La falta de estructuras de cuidado se transforma en una barrera para la empleabilidad”, advirtió la especialista. En este contexto, y pese a la carga adicional que significa, llama la atención que el hecho de trabajar aparece como un “factor protector” de estas mujeres, ya que les permite sociabilizar. “Uno puede pensar que es horrible que tengan que hacer las dos cosas, pero muchas nos dicen ‘yo voy feliz a trabajar, porque es el único momento en que siento que puedo realizarme’, o ‘me permite ver a otras personas, conversar de otras cosas’. Esto a diferencia de las cuidadoras que no trabajan, que “generalmente viven en un encierro, solo dedicadas a cuidar y quedan encapsuladas de la sociedad, de sus vecindarios, incluso de la propia familia, que deja de ir a verlas”.
Desafíos en Políticas Públicas y Acceso a Apoyos
Frente a las señales de alerta, la doctora Slachevsky plantea la necesidad de poner mayor atención en la figura del cuidador, sin perder de vista las causas que generan la dependencia de la persona cuidada. “Uno de los problemas importantes es el subdiagnóstico de enfermedades como la demencia. La educación y el acompañamiento temprano son claves.
Además, las alternativas formales de cuidado siguen siendo limitadas. “Las familias que pueden contratar cuidadores lo hacen, pero son una minoría”, aseveró. A ello se suma que “las plazas en residencias son escasas y muchas corresponden a establecimientos privados de alto costo”. Además del impacto de la capacidad económica en el acceso a servicios de cuidado (Hojman et al., 2017), hasta ahora Chile no contaba con una estructura robusta de apoyos para quienes cuidan a personas en situación de dependencia. “El Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados está en una etapa bastante inicial”.
En ese contexto, la especialista subrayó la necesidad de avanzar hacia una política pública más integral: “Chile necesita desarrollar un sistema nacional de cuidados efectivo, que apoye tanto a la persona dependiente como a quien la cuida. Experiencias internacionales muestran que existen alternativas posibles”. Otro aspecto relevante es que trabajar no implique que las cuidadoras pierdan beneficios sociales, lo que las empuja a hacerlo de manera informal. “Ahí hay un vacío en la política pública que hay que revisar, que está precarizando más a las mujeres, al coartarles tener un trabajo formal porque pueden perder beneficios”.
En el ámbito de las políticas públicas, aún persisten importantes desafíos. “En el sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES) para demencia, por ejemplo, el cuidador no es considerado directamente como beneficiario, lo que muchas veces limita su acceso a apoyo y atención”.
Estrategias de Prevención y Abordaje del Síndrome del Cuidador
En este sentido, instituciones como la Unidad de Memoria del Hospital del Salvador -parte del Campus Oriente de la FMUCH- han desarrollado enfoques integrales que consideran a ambos actores: “El trabajo clínico que realizamos se orienta tanto a la persona con demencia como a su cuidador. Allí se desarrolla un enfoque preventivo que incluye trabajo con la familia y un componente psicoeducativo sobre la enfermedad, así como sobre las estrategias de autocuidado necesarias para sostener el proceso de cuidado en el tiempo.
Una vez que el síndrome del cuidador ya se ha instalado, es fundamental que la persona reciba tratamiento específico: “Entre las estrategias más relevantes se encuentra la división del cuidado: delegar tareas, pedir ayuda y construir redes de apoyo”. En la práctica clínica, la doctora Slachevsky ha observado que “contar con cuidadores capacitados -ya sean profesionales o familiares formados- puede ayudar significativamente a prevenir crisis y mejorar la calidad del cuidado”.
Recomendaciones Clave
Los expertos recomiendan implementar medidas de autocuidado, descanso y apoyo psicológico para prevenir un deterioro mayor de la salud mental del cuidador. Para prevenir y abordar el síndrome del cuidador, se recomienda:
- Priorizar el autocuidado: Dedicar tiempo al descanso y la recreación no es un lujo, sino una necesidad preventiva. Dormir bien, alimentarse correctamente y mantener rutinas placenteras son pilares básicos para la estabilidad emocional.
- Buscar apoyo profesional: La terapia psicológica o los grupos de apoyo permiten compartir experiencias y reducir la sensación de soledad. El acompañamiento profesional ayuda a fortalecer la resiliencia y a gestionar mejor la ansiedad derivada del cuidado prolongado.
- Compartir responsabilidades: Pedir ayuda a otros familiares o recurrir a programas comunitarios de cuidado puede aliviar significativamente la sobrecarga laboral y emocional del cuidador principal.
- Apoyo psicológico preventivo: Todo cuidador debería recibir este tipo de apoyo antes de que aparezca algún síntoma.
- Acceder a cursos de autocuidado: "Por ejemplo, enseñarles cómo se prioriza el tiempo, cómo se toman decisiones, cómo levantar su red de apoyo, o qué tipo de ejercicio hacer después de mudar a una persona mayor, que es una de las tareas que genera más desgaste físico y emocional”, señala la Dra. Slachevsky.
Cuidar sin descuidarse: Cuidar de otra persona es un acto de empatía y compromiso, pero también exige reconocer los propios límites. Identificar los riesgos del síndrome del cuidador es el primer paso para prevenir la sobrecarga y proteger la salud mental de quienes cumplen este rol fundamental. El cuidado saludable se sostiene en el equilibrio: dar, sostener y también permitirse descansar.
La Urgencia de la Corresponsabilidad
¿QUE ES LA CORRESPONSABILIDAD DEL CUIDADO ?
Para la Dra. Slachevsky, la corresponsabilidad es fundamental, "donde no solo las mujeres entreguemos nuestro tiempo para cuidar, sino que todos, los hombres, los jóvenes... esta mirada de que siempre son las mujeres las que cuidan ya no es sostenible”. El estudio MICARE subraya la urgencia de fortalecer las redes de apoyo para cuidadores informales y avanzar hacia una mayor corresponsabilidad social del cuidado.
Menciona que hay países que han diseñado beneficios adicionales, como que puedan optar a una licencia cuando la persona mayor que cuidan se enferma o descompensa -similar al hijo menor de un año-. “Ya se han ido probando otras formas de apoyar, para que puedan ejercer el cuidado responsablemente, pero también sin sentirse culpables... porque hay gente que no quiere que en su trabajo sepan que están cuidando, porque sienten temor”.
Atención al Fin del Rol del Cuidador
El análisis del estudio MICARE aborda por primera vez la experiencia de quienes han dejado de cuidar. De un total de 180 personas en esta situación, el 45% dejó de cuidar debido al fallecimiento de la persona cuidada, mientras que el 21% lo hizo por redistribución de responsabilidades. Entre quienes dejaron de cuidar, un 46% declaró sentirse más satisfecha con su tiempo de descanso, aunque un porcentaje similar estaría dispuesta a asumir nuevamente el rol de cuidador «sin dudarlo», mientras que un 24% preferiría no volver a asumir esa tarea.
“Hay un vacío importante en el apoyo que reciben quienes dejan de cuidar. Estas personas atraviesan procesos de duelo, reconfiguración de rutinas y muchas veces de identidad. Es un momento crítico que merece mayor atención”, afirma Beatriz Fernández.
Investigación y Cambio Cultural
Para la neuróloga, la visibilización del problema es un paso fundamental: “Las demencias constituyen una de las principales causas de dependencia en las personas mayores y se caracterizan por ser enfermedades de larga duración, lo que significa que la labor de cuidado puede extenderse por años, incluso décadas. No estamos frente a enfermedades que afectan solo al paciente, sino a todo su entorno”.
Desde la FMUCH, la investigación también cumple un papel clave para avanzar en la comprensión de las demencias y del fenómeno del cuidado. “Actualmente estamos desarrollando estudios multicéntricos a nivel latinoamericano orientados a mejorar el diagnóstico de las demencias”, señaló la doctora Andrea Slachevsky. Este registro permitirá fortalecer el diagnóstico y seguimiento de las personas que viven con demencia, además de impulsar nuevas investigaciones y contribuir al diseño de políticas públicas basadas en evidencia.
Para la doctora Andrea Slachevsky, uno de los cambios más importantes que debe producirse es cultural. “Hay que dejar de ver el cuidado como un problema y comenzar a entenderlo como una inversión social para el futuro”, señaló. En un contexto de envejecimiento acelerado de la población, el desafío de cuidar a quienes lo necesitan se convierte así en una tarea colectiva que involucra al sistema de salud, las políticas públicas y a toda la sociedad.
Referencias:
- Hojman, D. A., Duarte, F., Ruiz-Tagle, J., Budnich, M., Delgado, C., & Slachevsky, A. (2017). The cost of dementia in an unequal country: The case of Chile. PLOS ONE, 12(3), e0172204.
- Slachevsky, A., Budinich, M., Miranda-Castillo, C., Núñez-Huasaf, J., Silva, J. R., Muñoz-Neira, C., Gloger, S., Jimenez, O., Martorell, B., & Delgado, C. (2013). The CUIDEME Study: Determinants of burden in Chilean primary caregivers of patients with dementia. Journal of Alzheimer's Disease, 35(2), 297-306.
- Zarit, S. H., Todd, P. A., & Zarit, J. M. (1986). Subjective burden of husbands and wives as caregivers: A longitudinal study. The Gerontologist, 26(3), 260-266.
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