La Vulnerabilidad en la Adolescencia: Retos y Respuestas

La adolescencia es una etapa de la vida que se caracteriza por una alta incidencia de cambios físicos, psicológicos, fisiológicos y emocionales, involucrando la transición entre la infancia y la vida adulta. Esta fase crucial establece puntos determinantes para la vida futura del individuo. Los diversos entornos -familiares, sociales, culturales e incluso virtuales- en los que se desenvuelven los adolescentes ejercen una gran influencia en sus acciones y en las decisiones que toman.

Durante este periodo, los adolescentes son una población susceptible y vulnerable a caer en situaciones de violencia. Esto se debe a que se encuentran en una etapa de transición en la que, si bien desean tomar sus propias decisiones, la falta de madurez y experiencia puede impedirles hacerlo de la manera más acertada, dificultando la protección de sus propios intereses. Muchas veces, al querer mostrar su valía, asumen riesgos innecesarios que ponen en peligro su integridad, exponiéndolos en su entorno.

La vulnerabilidad se define como una condición de inseguridad e incertidumbre frente a la existencia, la historia cotidiana y el mundo circundante. Una persona o grupo es vulnerable cuando es incapaz de resistir y absorber los efectos de un cambio ambiental. Esta presenta dos caras: una externa, referente a los riesgos y presiones a los que se está expuesto; y una interna, relacionada con la falta de estructura o recursos para afrontar la situación.

Foto temática de un adolescente pensativo en un entorno urbano que refleje incertidumbre

Factores de Vulnerabilidad en la Adolescencia

Vulnerabilidad Primaria y Secundaria

Un estudio de la Dra. Azaola detalla las situaciones de vulnerabilidad que los adolescentes han enfrentado y que precedieron, y en buena parte contribuyeron, a su involucramiento en actividades delictivas. A estas condiciones de vulnerabilidad primaria, se agregan las que tienen lugar una vez que los adolescentes entran en contacto con las instituciones de seguridad y justicia, denominadas condiciones de vulnerabilidad secundaria.

Contextos de Exclusión y Carencias Afectivas

Estudios demuestran que los niños, niñas y adolescentes que viven en contextos conflictivos, con carencias afectivas, son propensos a desarrollar una baja autoestima. Por ende, son más vulnerables a sufrir cualquier tipo de violencia, incluyendo la violencia sexual infantil. Cada situación o acontecimiento nuevo que aparezca en la vida del adolescente tendrá una repercusión emocional en ella o él. Los vínculos afectivos tempranos y sanos constituyen la base de un desarrollo saludable, según Potocnjak (2011).

En todo el mundo, uno de cada seis personas tiene entre 10 y 19 años. Los cambios físicos, emocionales y sociales, como la exposición a la pobreza, el maltrato y la violencia, pueden hacer que los adolescentes sean más vulnerables a los problemas de salud mental. Proteger a este grupo etario de las adversidades, ayudarles en su aprendizaje social y afectivo, promover su bienestar psicológico y asegurarse de que tengan acceso a servicios de salud mental son medidas fundamentales para velar por su salud y bienestar, tanto durante esa etapa como en la edad adulta.

Determinantes de la Salud Mental

La adolescencia es un período crucial para el desarrollo de hábitos sociales y emocionales importantes para el bienestar mental, como los patrones de sueño saludables, el ejercicio regular, la capacidad para enfrentar situaciones difíciles y resolver problemas, las aptitudes interpersonales y la gestión de las emociones. Contar con un entorno favorable y protector en el seno de la familia, en la escuela y en la comunidad en sentido más amplio son factores importantes.

La salud mental puede verse afectada por múltiples elementos. Cuantos más sean los factores de riesgo a los que están expuestos los adolescentes -por ejemplo, situaciones adversas, la presión social del entorno y la exploración de la propia identidad- mayores serán los efectos en su salud mental. Además, la influencia de los medios de comunicación y la imposición de normas de género pueden acentuar la disparidad entre la realidad que viven los adolescentes y sus percepciones o aspiraciones de futuro. Otros determinantes importantes son el buen ambiente en el hogar y las relaciones con sus compañeros. La violencia, en particular la violencia sexual y el acoso escolar, una crianza muy severa por parte de los progenitores y los problemas graves de índole socioeconómica o de otro tipo son riesgos conocidos para la salud mental.

Algunos adolescentes corren más riesgo de padecer trastornos de salud mental a causa de sus condiciones de vida, de situaciones de estigmatización, discriminación o exclusión, o como consecuencia de la falta de acceso a servicios y apoyo de calidad. En este grupo figuran quienes viven en entornos humanitarios o frágiles; quienes padecen enfermedades crónicas, trastornos del espectro autista, discapacidad intelectual u otras afecciones neurológicas; las adolescentes embarazadas y los progenitores adolescentes o en matrimonios precoces o forzados; los huérfanos, y los adolescentes que pertenecen a minorías étnicas o sexuales, o a otros grupos discriminados.

Infografía con un árbol de causas y efectos de la vulnerabilidad adolescente

Manifestaciones de la Vulnerabilidad: Debilidades Percibidas y Trastornos

Debilidades Autopercibidas en Adolescentes (Estudio de El Alto, Bolivia)

Un estudio realizado por la Universidad Privada San Francisco de Asís - SEPAMOS en Bolivia buscó identificar las debilidades que los adolescentes perciben en sí mismos, analizar su recurrencia y evaluar su impacto en la vulnerabilidad a la violencia. La investigación se orientó dentro del modelo sociocultural, desde el paradigma pragmático, utilizando un método analítico-sintético y un enfoque mixto con diseño concurrente de triangulación.

Metodología del Estudio

La muestra no probabilística comprendió 42 grupos de adolescentes entre 12 y 15 años de tres unidades educativas de El Alto, Bolivia. La metodología se basó en el aprendizaje cooperativo y utilizó la herramienta didáctica "Siluetas", un ejercicio de autoconocimiento y reflexión personal y grupal sobre identidad, para identificar fortalezas y debilidades. La información se obtuvo de fuente directa a partir de la conformación de estos grupos, cada uno integrado por 4 a 6 estudiantes.

Durante el ejercicio, se observó que varios estudiantes tenían mayor facilidad para identificar y señalar sus debilidades y mayor dificultad para encontrar sus fortalezas, e incluso desconocían el concepto de "fortaleza" como un atributo personal positivo. Argumentos como “¿qué son fortalezas?”, “yo no tengo ninguna fortaleza, profe”, “no soy bueno para nada en específico” o “no sabría decir para qué soy bueno” fueron recurrentes.

Principales Debilidades Identificadas

Se identificó un total de 52 debilidades. De estas, 6 estuvieron presentes en las tres unidades educativas, 10 en dos y 46 en una. Las seis debilidades más recurrentemente señaladas por los grupos fueron:

  • Timidez: La más identificada, significa temor o dificultad para relacionarse, limitando la interacción social y la expresión de sentimientos en una etapa clave para el sentido de pertenencia.
  • Inseguridad y Falta de Confianza: Muy vinculadas a la timidez, generan duda permanente, incapacidad para tomar decisiones y la necesidad de buscar validación constante.
  • Ansiedad: Un sentimiento intenso, desagradable e incontrolable que impacta de diversas maneras, causando impotencia ante situaciones que se salen de control.
  • Enojo: Estado emocional que varía en intensidad, desde irritabilidad leve hasta pérdida de control que puede desencadenar situaciones violentas. La falta de gestión emocional es una debilidad asociada.
  • Impaciencia: Involucra un estado de permanente intranquilidad, inquietud, que puede tornarse irascible.
  • Flojera (Pereza): Falta de motivación e interés para realizar esfuerzos, manifestada en el descuido para cumplir con responsabilidades y apatía para participar en actividades. Esto puede repercutir en la pérdida de elementos fundamentales para alcanzar objetivos o establecer proyectos de vida.
  • Bipolaridad: Algunos estudiantes refieren considerarse bipolares por los cambios permanentes de humor que presentan y que afectan sus relaciones con amigos, familia y escuela, generando incapacidad para pensar con serenidad y claridad. (Es importante aclarar que el trastorno bipolar es un trastorno mental que causa cambios evidentes y extremos en el estado de ánimo y el comportamiento, con episodios maníacos y depresivos).

Impacto de las Debilidades en la Vulnerabilidad

El análisis reveló cómo estas debilidades pueden incrementar la vulnerabilidad de los adolescentes a ser víctimas de violencia, destacando la necesidad de programas de fortalecimiento personal y social. Los hallazgos subrayan la importancia de abordar la percepción de debilidades en adolescentes, promoviendo una autoestima positiva y resiliente como herramienta preventiva contra la violencia.

Trastornos Mentales y de Comportamiento

En todo el mundo, se estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años (el 14,3 %) padece algún trastorno mental, pese a que muchas de estas afecciones no reciben el reconocimiento y el tratamiento que requieren. Los adolescentes con un trastorno mental son especialmente vulnerables a la exclusión social, la discriminación, la estigmatización, las dificultades educativas, la mala salud física y las violaciones de los derechos humanos, o pueden incurrir en conductas de riesgo.

La depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento se encuentran entre las principales causas de enfermedad y discapacidad en los adolescentes.

Trastornos Emocionales (Ansiedad, Depresión)

Los trastornos emocionales son frecuentes en los adolescentes. Los trastornos de ansiedad, que se pueden manifestar como crisis de angustia o un exceso de preocupación, son los más frecuentes en este grupo de edad y son más comunes entre los adolescentes mayores. Se calcula que el 4,1 % de los adolescentes de 10 a 14 años y el 5,3 % de los de 15 a 19 años sufre trastorno ansioso. Por otro lado, el 1,3 % de los adolescentes de 10 a 14 años y el 3,4 % de los de 15 a 19 años padecen depresión. La depresión y la ansiedad pueden compartir algunos síntomas, como los cambios repentinos e inesperados del estado de ánimo.

Estos trastornos pueden afectar de manera considerable a la asistencia a la escuela, el estudio y el rendimiento académico. El retraimiento social puede agravar el aislamiento y la soledad. La depresión puede llevar al suicidio.

Trastornos del Comportamiento (TDAH, disocial)

Los trastornos del comportamiento son más frecuentes entre los adolescentes jóvenes. El 2,7 % de los adolescentes de entre 10 a 14 años y el 2,2 % de los de entre 15 a 19 años tienen un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), caracterizado por dificultad para mantener la atención, exceso de actividad y conductas impulsivas. Otra afección es el trastorno de comportamiento disocial, que se caracteriza por conductas destructivas o desafiantes y afecta al 3,3 % de los adolescentes de 10 a 14 años y al 1,8 % de los de 15 a 19 años. Los trastornos del comportamiento pueden interferir en el rendimiento académico y aumentan el riesgo de incurrir en actos delictivos.

Trastornos de la Conducta Alimentaria

Los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia y la bulimia nerviosas, suelen aparecer durante la adolescencia y la juventud. Se manifiestan con conductas alimentarias anormales y preocupación por la alimentación, el peso y la figura corporal, siendo más frecuentes en las adolescentes. Estos trastornos pueden afectar la salud física y a menudo coexisten con depresión, ansiedad y consumo indebido de sustancias. Se estima que afectan al 0,1 % de los adolescentes de 10 a 14 años y al 0,4 % de los de 15 a 19 años, y están asociados al suicidio. La anorexia nerviosa puede llevar a la muerte prematura, con una tasa de mortalidad superior a la de cualquier otro trastorno mental.

Psicosis

Los trastornos psicóticos, que suelen aparecer a finales de la adolescencia o principios de la edad adulta, causan síntomas como alucinaciones o delirios. Estas experiencias pueden afectar la capacidad del adolescente para realizar actividades cotidianas y para el aprendizaje, y en muchos casos conducen a la estigmatización o a violaciones de los derechos humanos. Un 0,1 % de los adolescentes de 15 a 19 años sufre esquizofrenia.

Suicidio y Conductas Autolesivas

El suicidio es la tercera causa de defunción entre los adolescentes mayores y los jóvenes (entre 15 y 29 años). Los factores de riesgo incluyen el consumo nocivo de bebidas alcohólicas, el maltrato en la infancia, la estigmatización (que disuade de buscar ayuda), los obstáculos para recibir atención y el acceso a medios para suicidarse. Las plataformas digitales pueden desempeñar un papel importante tanto en la prevención como en el debilitamiento de estas medidas.

Conductas de Riesgo (Consumo de Sustancias, Violencia)

Muchas conductas de riesgo, como el consumo de sustancias o las prácticas sexuales no seguras, se inician en la adolescencia. Pueden ser mecanismos para hacer frente al malestar emocional y afectar negativamente el bienestar físico y mental. Los jóvenes tienen más tendencia a adoptar hábitos nocivos de consumo de sustancias que pueden perdurar a lo largo de la vida.

En 2019, la prevalencia del consumo de alcohol entre personas de 15 a 19 años era elevada en todo el mundo (22 %). El consumo de tabaco y cannabis también son motivos de preocupación; la prevalencia mundial del consumo de cannabis entre adolescentes fue, en 2022, superior a la de los adultos (5,5 % frente a 4,4 %). Algunos adolescentes incurren en actos violentos que pueden afectar el rendimiento académico, causarles lesiones y empujarlos a la delincuencia y situaciones de riesgo para sus vidas. En 2021, la violencia interpersonal se clasificó entre las principales causas de muerte en adolescentes mayores.

Infografía sobre estadísticas de trastornos mentales y conductas de riesgo en la adolescencia

La Vulnerabilidad desde la Psicología Social Comunitaria

La vulnerabilidad es una categoría fundamental en la psicología social comunitaria, especialmente al abordar los procesos psicosociales de opresión y exclusión. Si bien es una condición intrínseca del ser humano que impulsa la necesidad de organización política para mitigar la indefensión, esta se agudiza bajo determinadas circunstancias sociales y políticas. La exposición a la violencia y al sufrimiento no es equitativa, sino que se distribuye de manera diferencial según los condicionamientos de clase, género, etnia y generación.

Componentes de la Vulnerabilidad

Estos procesos implican considerar la interacción de tres componentes:

  • Individual: Relacionado con la capacidad emocional y simbólica.
  • Social: Referente a las relaciones con otros.
  • Programático: Que abarca la disponibilidad y acceso a la protección de las políticas sociales.

En el caso de niños, niñas y adolescentes, la progresiva constitución como sujetos autónomos revela una condición de vulnerabilidad originaria. Las limitaciones en su capacidad de autorrepresentación y participación plena como ciudadanos en la vida política subrayan su dependencia del mundo adulto para ejercer dichos derechos.

Rol de las Instituciones Sociales y la Exigibilidad de Derechos

El papel de las instituciones sociales en la producción, protección y tutela de la infancia y adolescencia es crucial para generar o no espacios sociales y comunitarios que posibiliten la autonomía, la participación social y el desarrollo de prácticas de cuidado propio y hacia los demás. En este contexto, la exigibilidad de los derechos de niños, niñas y adolescentes implica cuestionar las situaciones de exclusión psicosocial a través del desarrollo de dispositivos de subjetivación sustentados por el mundo adulto.

La exigibilidad de derechos es un proceso social que involucra a diversos actores comunitarios. En la infancia, esta exigibilidad impulsa la promoción de la agencia de niños, niñas y adolescentes, protegiéndolos de la hostilidad del mundo y valorando sus voces. Al habilitar su expresión, se generan sentidos y significados sobre su propia vida y el mundo, evidenciando identidades adoptadas y atribuidas, discursos sociales y relaciones de poder, y abriendo posibilidades para la resignificación de sus historias y la interpelación a marcos culturales y sociales restrictivos.

Instrumentos fundacionales en este campo incluyen la Declaración Internacional de los Derechos del Niño (1959), las Reglas de Beijing (1985) y la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CIDN; 1989), siendo esta última el instrumento de derechos humanos más rápidamente ratificado a nivel mundial.

El Contexto Argentino: Desafíos y Respuestas

Las políticas neoliberales de las últimas décadas han generado un proceso mundial de infantilización de la pobreza, poniendo en tela de juicio la adhesión de los Estados a estos tratados y el rol de las instituciones adultas en la garantía de los derechos de la infancia. En Argentina, esta tendencia se manifiesta en diversas formas de vulneración de derechos. En 2013, la tasa de pobreza infantil alcanzaba el 46,26%, significativamente superior al 31,46% de la población general. El deterioro de las condiciones de vida se evidencia en el aumento de la explotación laboral infantil, niños y niñas en situación de calle, la maternidad adolescente temprana, y el secuestro y trata para la explotación sexual comercial infantil.

Para abordar esta problemática, en 2005 se creó en Argentina el Sistema de Protección Integral de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (SPIDNNyA), a partir de la ley 26.061. Este sistema establece principios normativos para el desarrollo de políticas sociales que garanticen los derechos de la infancia, con ejes centrales en el interés superior del niño y el enfoque de integralidad de derechos. Los programas sociales dentro del SPIDNNyA son evaluados en cuanto a su alcance y eficacia en la restitución de derechos vulnerados.

Investigaciones previas han abordado estas situaciones desde la psicología social comunitaria, pero a menudo han priorizado la perspectiva de los adultos. La necesidad de recuperar la voz infantil y adolescente llevó a estudios que buscan analizar los sentidos y significados que niños, niñas y adolescentes participantes de programas sociales construyen sobre sus condiciones de vida y la situación de sus derechos, utilizando un enfoque dialógico para promover procesos de autoexpresión colectiva.

Esquema de las interconexiones entre vulnerabilidad social y personal en la adolescencia

Estrategias de Prevención y Abordaje

Promoción de Habilidades Psicosociales

La implementación de programas de fortalecimiento de las habilidades psicosociales dirigido a adolescentes puede ser una estrategia fundamental para prevenir de manera oportuna conductas de riesgo. De acuerdo con Florenzano (2014), estas habilidades son “recursos personales, sociales e institucionales que promuevan el desarrollo exitoso del adolescente o que disminuyen el riesgo de que surja un desarrollo alterado”.

Las intervenciones de promoción de la salud mental de los adolescentes, así como las de prevención, se centran en mejorar su capacidad para gestionar las emociones, enseñar alternativas a las conductas de riesgo, desarrollar resiliencia ante situaciones difíciles o adversas y promover los entornos y las relaciones sociales saludables.

Estos programas deben diseñarse con un enfoque integral, que abarque varios canales y espacios de intervención -como los medios digitales, los centros sociales y de atención, las escuelas o el ámbito comunitario- y que se sirva de diversas estrategias para llegar a los adolescentes, en especial a los más vulnerables.

Detección y Tratamiento Temprano

Es fundamental abordar las necesidades de los adolescentes con trastornos de salud mental. Evitar la institucionalización y medicalización excesivas, priorizar las soluciones no farmacológicas y respetar los derechos de los niños, de conformidad con lo dispuesto en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y otros instrumentos de derechos humanos, son aspectos clave para la salud mental de los adolescentes.

Iniciativas Globales (OMS, UNICEF, ECW)

  • La OMS y UNICEF han lanzado la iniciativa "Ayudar a los adolescentes a prosperar", que busca fortalecer programas y políticas de salud mental, promover la salud mental y prevenir trastornos, así como evitar conductas autolesivas y otros comportamientos de riesgo.
  • La OMS ha elaborado un módulo sobre trastornos mentales y del comportamiento en niños y adolescentes como parte de la guía de intervención del Programa 2.0 de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental, que incluye protocolos clínicos basados en la evidencia para evaluar y tratar diversos trastornos.
  • La UNESCO en Ecuador, con un financiamiento de 7.410.000 dólares del Fondo ECW (Education Cannot Wait), implementará un Programa Multianual de Resiliencia para la inclusión educativa de más de 100 mil niños, niñas y adolescentes vulnerables durante tres años.
  • La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, junto a Education Above All y Silatech, lanzó una asociación centrada en los derechos humanos de los jóvenes en situaciones vulnerables, buscando empoderar y movilizar a los jóvenes para que defiendan sus derechos.

El Rol del Adulto Referente

La adolescencia es una de las etapas evolutivas más difíciles, donde se deben afrontar cambios en todos los niveles, en una sociedad a menudo excluyente y llena de prejuicios. Los jóvenes en situación vulnerable enfrentan estos desafíos desde una perspectiva complicada. La necesidad de huida, de confrontación, pero de búsqueda constante de un adulto referente, se acentúa aún más debido a la carencia de tener un referente claro. Los adolescentes buscan reafirmarse, demostrando su independencia de los adultos.

Por ello, los adultos que acompañan a los adolescentes deben ser cercanos, disponibles, positivos con actitud abierta y accesible, y convertirse en un referente sólido para ellos y ellas. La formación destinada a comprender la diversidad de factores de vulnerabilidad y a identificar respuestas efectivas, basadas en las fortalezas individuales y comunitarias, es fundamental.

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