La situación de la persona con retraso mental (RM), ahora comúnmente referida como discapacidad intelectual (DI), ha sido históricamente complicada. La sociedad occidental ha arrastrado una tónica general de minusvaloración de la sexualidad, lo que ha afectado especialmente a este colectivo. La actitud predominante con respecto a la sexualidad en personas con DI sigue siendo muy negativa, pues la imagen que persiste es la del deficiente mental como un eterno niño, al que no se le pueden permitir determinadas libertades propias de los adultos.
Mitos y Falsas Creencias sobre la Sexualidad en Personas con Discapacidad Intelectual
Existen numerosas falsas creencias sobre la sexualidad de estas personas que pueden tener un impacto significativo en su desarrollo afectivo y social. Entre ellas se encuentran:
- Las personas con discapacidad no tienen deseo sexual o son asexuadas.
- No resultan atractivas sexualmente para otras personas.
- No debe despertarse su interés sobre el sexo, ya que son inocentes.
- No conviene que formen pareja y menos aún que tengan hijos.
- No pueden establecer relaciones afectivas o de pareja.
- La educación sexual no es necesaria para ellos/as.
Frente a estas ideas erróneas, es fundamental reconocer que las personas con discapacidad intelectual experimentan emociones y deseo sexual, tanto físico como emocional, presentando las mismas necesidades a nivel afectivo que el resto de la humanidad. La sexualidad no depende de la capacidad motriz, sensorial o cognitiva. Las personas con DI hacen uso de los mecanismos que tienen a su disposición para satisfacer sus necesidades sexuales a través del contacto corporal o momentos de intimidad propios o compartidos como cualquier otra persona, aunque sus manifestaciones sexuales pueden ser más explícitas en ocasiones.

Derechos Sexuales y Reproductivos
La sexualidad es un derecho humano. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006) reconoce explícitamente el derecho a la vida sexual, a la intimidad y a formar una familia. Es necesario mencionar algunos de sus derechos esenciales para su seguridad y bienestar sexual e interpersonal, tales como:
- El derecho a la propiedad de su cuerpo.
- El derecho a tener privacidad e intimidad.
- El derecho a recibir información y ayuda en cuanto a la sexualidad.
- El derecho a relacionarse con iguales y a las manifestaciones sexuales propias de su edad.
- El derecho a explorar su cuerpo y descubrir sus posibilidades de placer sexual.
- El derecho a mantener relaciones sexuales coitales o no coitales.
- El derecho a formar pareja y a elegir el estado civil que más le convenga.
- El derecho a tener o no descendientes.
La Sexualidad como Dimensión Fundamental y el Rol de la Educación Sexual
La sexualidad es una dimensión nuclear de la persona y un factor importante en el logro de su equilibrio psicosomático. Por lo tanto, la educación sexual es un elemento principal del proceso educativo, cuyo objetivo es favorecer una conducta sexual positiva, ajustada, libre y responsable. En consecuencia, no se puede negar a las personas con discapacidad intelectual el derecho que tienen a recibirla y con una calidad que les permita ir conociendo, asumiendo y desplegando esa potencialidad que llevan dentro, pues el juicio contrario supone infravalorar su condición personal.
Con excepción de algunos casos, las personas con DI no tienen asociadas anomalías congénitas de los órganos genitales ni de los caracteres biológicos y anatomofisiológicos que dan soporte a la sexualidad; estos están presentes y se desarrollan igual que en cualquier adolescente. La discapacidad intelectual se caracteriza por limitaciones significativas tanto en funcionamiento intelectual como en conducta adaptativa, tal como se manifiesta en habilidades conceptuales, sociales y prácticas.
¿Qué es la sexualidad?
Factores Negativos y Barreras en el Desarrollo Sexual
Sobreprotección Familiar y Falta de Orientación
Uno de los factores que inciden negativamente en el desarrollo sexual de adolescentes con discapacidad intelectual es el exceso de sobreprotección por parte de los padres, quienes a menudo no orientan a sus hijos sobre sexualidad. Las familias, con la mejor de las intenciones, sobreprotegen y minusvaloran sus posibilidades de relación, lo cual suele provocar un empobrecimiento del entorno y un control mucho mayor de las conductas, en especial de las que se consideran peligrosas, como las sexuales. Muchos progenitores se muestran temerosos y con resistencia a asumir que su hijo pudiera recibir una educación sexual normal, y temen que sus hijos contraigan matrimonio y formen una familia.
Este miedo o la sobreprotección familiar pueden dificultar la exploración de la sexualidad de la persona con discapacidad. Es evidente que los niños con discapacidad intelectual tienen menos oportunidad de interactuar con sus iguales, especialmente en situaciones en las que no estén vigilados. En muchos casos, los amigos son los principales facilitadores de educación afectivosexual, en lugar de los padres.
Insuficiente Educación Sexual y Apoyos
Las deficiencias en cuanto a la ejecución de actividades de educación sexual por parte de los maestros también son factores que atentan contra un tratamiento adecuado de la sexualidad en estos niños. Muchas personas con discapacidad no reciben información adecuada sobre su cuerpo y su sexualidad, lo que puede llevar a desinformación, vulnerabilidad y abuso. Las personas con discapacidad intelectual obtienen menos información en esta materia y los apoyos que se les ofrece son insuficientes en comparación con sus iguales sin discapacidad, teniendo por tanto muchos menos conocimientos sobre sexualidad y salud sexual.
Aunque parece que la mayoría de las personas con DI leve o moderada han recibido en algún momento de su vida información sobre la sexualidad, esta se presenta de forma insuficiente e inadecuada. La falta de información y formación en el ámbito de la sexualidad y afectividad puede provocar efectos negativos en las personas, y más aún en un colectivo de personas con discapacidad intelectual. En ocasiones, se pueden observar conductas sexuales inadecuadas debido a no recibir información y formación de índole sexual-afectiva durante su desarrollo evolutivo, además de una sobreprotección y un estado de vigilancia por parte de su entorno próximo.
Vulnerabilidad al Abuso Sexual y Otras Problemáticas de Salud Sexual
Las personas con discapacidad son más vulnerables a sufrir abusos sexuales. Presentan un mayor riesgo de ser abusados sexualmente, con una incidencia de hasta tres veces mayor que sus iguales sin discapacidad, siendo esta incidencia mayor en personas con diagnóstico de DI moderado y entre el sexo femenino. Esta vulnerabilidad se debe a la falta de información, la dependencia de cuidadores o la dificultad para comunicar situaciones de violencia.
Obtener una estadística adecuada sobre abuso, acoso y violación en los adolescentes con discapacidad intelectual resulta difícil, si se tiene en cuenta que normalmente no han recibido formación, ignoran casi todo sobre la sexualidad y se les condena muchas veces al aprendizaje viciado, a través de los propios abusadores. Es posible que no lleguen a considerarlo como abuso sexual, tarden en hacerlo, no lo denuncien o, incluso, lo analicen como una conducta positiva hacia ellos, sobre todo si se tiene en cuenta que estos hechos ocurren con mucha frecuencia en un contexto de "afecto", donde el agresor ofrece atención, cariño, comprensión, premios e incluso placer, por lo cual dichos adolescentes muchas veces colaboran con esa persona y lo consideran como amigo.
Otras problemáticas de salud sexual dentro de la discapacidad intelectual son las conductas inapropiadas, como no respetar los espacios interpersonales, los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual (ETS).
La Importancia de la Intervención Educativa y el Abordaje Terapéutico
La sexualidad en personas con discapacidad debe abordarse desde un enfoque de derechos, inclusión y accesibilidad, evitando la infantilización y el tabú. En la medida en que se lleven a cabo programas de educación sexual dirigidos a todas las personas encargadas del cuidado y educación de los adolescentes con discapacidad intelectual, con seguridad se estará contribuyendo al desarrollo de la sexualidad de estos últimos. Un estudio de intervención educativa realizado en Santiago de Cuba desde enero hasta abril de 2009, por ejemplo, identificó que el exceso de sobreprotección parental, la falta de orientación sobre sexualidad y las deficiencias en la educación sexual por parte de los maestros incidían negativamente en el desarrollo sexual de adolescentes con retraso mental ligero y moderado.
El programa de intervención educativa implementado, que incluyó un curso titulado "Sexualidad y retraso mental" para educadores y la conformación de una escuela para padres, permitió elevar el nivel de conocimiento de progenitores y docentes sobre este importante tema. Dicha estrategia buscó que los adolescentes con discapacidad intelectual fueran capaces de:
- Obtener todos los conocimientos posibles sobre su sexualidad.
- Lograr actitudes positivas, respetuosas y tolerantes hacia las manifestaciones sexuales propias y de los demás.
- Aprender las habilidades interpersonales más útiles para las relaciones de amistad y, si fuera el caso, de pareja.
- Adquirir prácticas higiénicas, saludables y seguras, así como también una ética sobre las relaciones interpersonales en la que la igualdad entre sexos, el respeto a la voluntad del otro, el tomar en serio el placer que comparte con el otro o el dolor que debe evitarle, estén entre los valores fundamentales.
El abordaje terapéutico en sexualidad y discapacidad debe considerar aspectos como la autoestima, la identidad sexual, la ansiedad social y las dificultades en las relaciones de pareja. Para garantizar el ejercicio de una sexualidad libre y sin discriminación en personas con discapacidad, es necesario un trabajo conjunto entre psicólogos/as, sexólogos/as, familias, cuidadores y la sociedad en general. Parte de esta intervención se basa en la educación sexual, sujeta a una enseñanza de conceptos básicos sobre la sexualidad, pautas de actuación y hábitos de higiene adecuados, así como formación en métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual.

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