Formación, humanización y liberación en contextos vulnerables: una lectura freiriana de la educación en contextos latinoamericanos

En las discusiones que vienen posicionando la tradición pedagógica latinoamericana a través del rastreo histórico de sus prácticas, principales precursores y conceptos educativos, se ha mostrado interés en revisar en el pensamiento de Freire el lugar que se le da al concepto de la formación. Resulta llamativo que este concepto pedagógico no aparezca en las definiciones de uno de los diccionarios más contemporáneos de Paulo Freire. En dicho diccionario, al igual que en gran parte del legado de Freire, se suele aludir a la formación docente y no al término pedagógico en sí. Así, la palabra semilla que guía este análisis es formación, y con ella se exploran las combinaciones que podemos encontrar en relación con nuestra labor pedagógica: formar, formó, asociadas a la tarea de dar forma a algo, a alguien, a sí mismo.

La formación se entiende, en Freire, como un acto de humanización y transformación en el plano subjetivo, en la constitución de los sujetos sociales “en beneficio de los reales sujetos de toda acción educativa, los hombres que trabajan para su propia realización humana” (Freire, 1984, p. 14). La pregunta pedagógica y política sobre el sentido de la formación invita a reflexionar sobre la relación entre formar y humanizar. La capacidad de formarse es una condición para que la humanización ocurra, especialmente en condiciones de vulnerabilidad con las que nacen los seres humanos; se requiere de la formación para posibilitar su devenir como seres humanos (Runge y Garcés, 2011).

Gráfica conceptual de formación como proceso de humanización y transformación social

Freire sostiene que la educación no es la práctica que, por sí sola, transformará el mundo, pero “no hay posibilidades de lograrlo sin ella” (Freire, 1996, 1970). En su visión, no se educa únicamente para adquirir conocimientos útiles para el mañana, ni se prepara solo para el ingreso a la educación superior; es una educación para la vida presente, para analizar las condiciones de vida actuales y comprender el pasado para vislumbrar el mañana (Freire, 2009).

La crítica a la educación bancaria y teleológica de la escuela, destinada a formar para el futuro, se contrasta con una propuesta formativa centrada en lo que se puede empezar a conocer y transformar en el presente. Esta perspectiva no niega la necesidad de mirar el pasado, sino que sitúa el análisis en condiciones de vida presentes para comprender y transformar su futuro posible.

Este marco propone que la formación es un proceso que comienza fuera de la escuela y continúa dentro de ella; no está aislada de la ciudadanía ni de las instituciones sociales. Freire enfatiza que la educación debe ser ética y que “la formación humana implica opciones, decisiones, estar y ponerse en contra, en favor de un sueño y contra otro” (Freire, 2001, p. 43). En este sentido, la formación para la humanización es un proceso continuo e inseparable de la educación misma.

La deshumanización, en contraposición, se manifiesta cuando se minimiza lo humano y cuando se acepta ser objeto de decisiones ajenas. Humanizar implica subvertir estas condiciones y avanzar hacia una ciudadanía crítica, con libertad, autonomía y vida sin opresión. La formación ética, entonces, se vincula con la praxis: “existir humanamente es ‘pronunciar’ el mundo, es transformarlo” (Freire, 1970, p. 100). Esta labor exige que la formación profesional esté ligada a la formación política, porque ambas contribuyen a la transformación social.

La noción de bildung, discutida en diálogo con Freire, invita a considerar al sujeto que busca fuera de sí su perfeccionamiento; sin embargo, Freire sostiene que no existe formación sin interacción con otros, y que los individuos se forman para sí mismos y para apoyar a quienes forman parte del territorio y de la historia compartida. Así, la formación freireana se materializa en la transformación de los seres humanos, reconociendo su condición de inacabados y la capacidad de generar nuevas condiciones de existencia: “Somos seres de transformación y no de adaptación” (Freire, 1997, p. 26).

La educación superior contemporánea debe reconciliar conocimientos disciplinarios y técnicos con una educación humanizante, orientada a la liberación permanente y a la humanización del hombre (Freire, 1970, p. 204). En este marco, la labor formativa debe ser un proceso de desacomodamiento que combine la labor profesional con la labor transformadora, ya que “un tornero no será tornero si no sabe operar su torno; del mismo modo, el tornero eficiente no llega a hacerse ciudadano si no se entrega a la lucha por la ciudadanía” (Freire, 2008, p. ).

La formación como vía de humanización incluye la defensa de la dignidad de los expoliados y oprimidos, y se expresa en una ética de la acción colectiva y solidaria. Freire propone una educación que no sea meramente técnica, sino que prepare para la participación en la vida pública y para la construcción de una sociedad más justa. “Ser humano implica reconocer y defender la humanidad de los demás, preservarla como se preserva la vida misma. Esa es la labor formativa”.

La formación como cimiento de una pedagogía política en contextos vulnerables

La dimensión histórica de la obra de Freire permite entender la formación como parte de una pedagogía política que orienta la liberación de pueblos en condiciones de opresión. En contextos vulnerables, la formación debe dialogar con saberes locales, saberes campesinos, indígenas y populares, reconociendo su capacidad de generar conocimiento y prácticas culturales que permiten sobrevivir y vivir con dignidad.

La radicalidad de Freire se manifiesta en la insistencia de que la educación debe despertar el pensamiento crítico y la voluntad de actuar para transformar las condiciones de vida. El pensamiento crítico no es solo un conjunto de ideas, sino una capacidad para deliberar, juzgar y elegir por sí mismo, con responsabilidad sociopolítica. “CREADORES, instigadores, INQUIETOS, rigurosamente curiosos, HUMILDES y persistentes” son palabras que Freire detalla como condiciones para una educación emancipadora (Freire, 2001, p. 43).

La educación debe fomentar el diálogo, la investigación y la acción colectiva. “El diálogo es el corazón de la metodología freireana” (Lucio-Villegas, 2015) y permite construir una praxis liberadora que transforma la relación entre oprimidos y opresores y que convierte a los primeros en sujetos históricos capaces de constituirse como clase para sí. La educación liberadora se concreta en la praxis que une educación y acción social, descolonizando la escuela de lógicas antidialógicas y de la “educación bancaria”.

Diagrama de Praxis Freiriana: educación, conciencia y acción transformadora

En contextos latinoamericanos vulnerables, la formación para la humanización debe atender las condiciones de posibilidad material y simbólica, reconocer las identidades culturales y epistemologías propias, y enfrentar la deshumanización histórica ligada al colonialismo y al patriarcado. Freire invita a comprender la educación como acto político que puede contribuir a la liberación si se diseña para problematizar la realidad y fomentar la acción colectiva para transformarla.

Implicaciones para la educación superior y para la política educativa

La educación superior debe integrar la educación bancaria con una pedagogía liberadora que propicie un aprendizaje contextualizado, anclado en las realidades sociales y económicas de las comunidades vulnerables. La dialógica freiriana propone un clima educativo en el que estudiantes y docentes co-construyen conocimiento, y donde la educación deja de ser un mero adoctrinamiento para convertirse en un proceso de problematización y acción.

La formación profesional debe verse como una oportunidad para generar incidencia social: proyectos de ciudadanía, comunidades de aprendizaje y clubes de incidencia política que conecten la teoría con las problemáticas locales. En ese marco, la educación deja de ser un servicio neutro y se convierte en una praxis que busca la emancipación y la justicia social, articulando saberes disciplinarios y saberes populares.

El papel del docente se redefine como agente político y mediador de la conciencia histórica. Debe promover la reflexión crítica, el cuestionamiento de los discursos hegemónicos y la construcción de una ciudadanía activa. La formación humana que Freire propone implica que los docentes y estudiantes reconozcan su posición en el entramado de opresión y actúen como mediadores para la transformación de su realidad.

Notas sobre metodología y fuentes

La revisión integra textos freirianos clásicos y contemporáneos, así como enfoques de pensamiento latinoamericano que sitúan la educación como acto político. Se dialoga con perspectivas de humanización, pedagogía del oprimido, y teorizaciones de desigualdad y excedente para abrir lecturas críticas sobre la educación en contextos vulnerables. Este marco se complementa con evidencias empíricas sobre educación inclusiva y intercultural en contextos rurales, que muestran la necesidad de una educación que combine derechos humanos, diversidad cultural y participación comunitaria.

Introducción a la pedagogía de Paulo Freire

Desarrollo del tema: tres secciones clave

  1. Definición freireana de la educación como acto político y su relación con la concientización y liberación en contextos latinoamericanos.
  2. Dimensión dialógica y praxis liberadora: el papel del diálogo, la pregunta, la curiosidad epistemológica y el pensamiento crítico en la educación superior y en contextos vulnerables.
  3. Lecturas contemporáneas: desigualdad de excedente y pedagogía crítica en la educación superior y en experiencias de implementación en Ecuador y América Latina, con miradas a políticas públicas y prácticas docentes.

La educación inclusiva e intercultural en contextos rurales y vulnerables se inscribe en un marco de derechos humanos y en la Agenda 2030, donde la educación debe ser equitativa y de calidad para todos. Las políticas deben promover una cultura institucional y prácticas que favorezcan la participación de toda la comunidad educativa, con docentes capacitados y una gestión que favorezca la justicia educativa.

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