La Deserción Escolar: Definición, Impacto y Panorama General
La deserción escolar, según Barre y Castro (2021), se define como el "alejamiento o abandono del sistema escolar por parte de los y las estudiantes". Esta situación es multifactorial y se atribuye a factores económicos, sociales, de salud y pedagógicos. Problemas económicos, políticos, sociales, ambientales y sanitarios contribuyen a truncar la continuidad formativa de los estudiantes.
El impacto de la educación en el fortalecimiento de las competencias necesarias para la vida ha sido abordado en diferentes estudios. Por ejemplo, García y Cruz (2018) se centran en las habilidades asociadas al uso de las tecnologías y la presencia del juego; Chiecher y Melgar (2018) abordan las competencias digitales; Palos et al. (2019) analizan las competencias emprendedoras; Rivas et al. (2020) estudian las competencias relacionadas al lenguaje musical; y Orozco et al. (2021) reflexionan sobre las competencias docentes.
De igual manera, se aprecian estudios que vinculan las competencias con factores que afectan el proceso de enseñanza-aprendizaje y son causas de la deserción escolar. Entre ellos, Amir-ud-Din (2021) aborda el desinterés; Zulaika et al. (2022), Chatterji y Li (2021), y Joulaei y Kalateh Sadati (2020) analizan las consecuencias del COVID-19; y Gil et al. (2019) lo hacen desde la gestión educativa.
Contexto Regional de la Deserción Escolar
En Ecuador, durante el año 2000, se registró una tasa de deserción inferior al 28%, similar a países como Argentina, Costa Rica, Honduras y Paraguay. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, la situación se ha incrementado y es más visible en las zonas rurales (Ojeda, 2022).
En Chile, estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal, 2005) indicaban que al menos el 95% de los niños menores de 5 años en países como Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Panamá, Perú y Uruguay concluirían la educación primaria para el año 2015. Los estudios recientes sobre deserción escolar en educación básica en Chile indican que esta prácticamente no existe, siendo la cobertura nacional en el nivel primario del 99,5%, y la tasa de asistencia neta en la educación básica ascendía al 93,2% en el año 2009 (Mideplan, 2010).
No obstante, un análisis más detallado revela que en el quintil más pobre la cobertura disminuye al 98,5%, y entre los años 1992-2002, solo un 83,5% logró egresar del ciclo primario en un período de 10 años (ACHNU, 2006). Esto significa que un 16,5% del total de la cohorte no terminó la educación primaria, afectando desproporcionadamente a los grupos más pobres y excluidos. Los adolescentes del 25% de los hogares urbanos de menores ingresos presentan tasas de abandono escolar que, en promedio, triplican a las de los jóvenes del 25% de los hogares de ingresos más altos (Espíndola y León, 2002).
La asociación existente entre pobreza, exclusión y deserción escolar obliga a poner de nuevo este tema en la agenda de las políticas educativas, considerando que la educación sigue siendo uno de los mecanismos fundamentales de inclusión social y un derecho humano básico.

Factores de Vulnerabilidad Social y Deserción Escolar
Factores Socioeconómicos y Familiares
Un estudio realizado en una unidad educativa del cantón Mocha de la provincia Tungurahua, Ecuador, identificó que a nivel familiar, la falta de recursos económicos ha provocado que los hijos carezcan de materiales didácticos, tecnológicos e incluso el traslado a la institución educativa se vea afectado. Los problemas económicos propician la migración de padres e hijos a otras ciudades y países en busca de oportunidades laborales debido al desempleo o simplemente para mejorar sus condiciones económicas. Los representantes legales reflejan como causas de retiro voluntario el cambio de institución, la migración, cambio de domicilio y situaciones de índole personal.
De 152 estudiantes encuestados en este estudio, el 65,8% compartió que la situación económica afecta la capacidad familiar y del estudiante en el acceso a condiciones favorables para su desempeño. Además, 67 (44,1%) declararon que alguna vez o sistemáticamente desarrollan actividades no correspondientes a las propias de su edad por la situación económica, lo que incluye la incorporación al trabajo infantil. Se constató que 10 (58,8%) de los estudiantes que abandonaron sus estudios tienen un vínculo laboral ocasional además de estudiar, y se caracterizan por el desarrollo de actividades laborales y la ayuda en obligaciones familiares.
En el ámbito familiar, los entrevistados expresan que existe escasa preparación académica de los miembros del hogar, siendo poca la ayuda en las actividades pedagógicas de sus hijos. Solo el 3,3% de las madres y el 3,3% de los padres tienen formación universitaria, mientras que el 62,5% posee formación primaria. Además, se permite que los educandos se sobrepongan a las decisiones de los padres sobre su desempeño profesional. El 90,1% de las familias resultan del tipo monoparental y extendidas.
Factores Comunitarios y Entorno de Riesgo
En el cantón Mocha, los docentes y autoridades consideran que existe una serie de dificultades comunitarias a las que los estudiantes están expuestos, como el consumo de alcohol, tabaco, sustancias psicotrópicas, el embarazo temprano y las relaciones de pareja a temprana edad. Sin un buen aprendizaje, los estudiantes son vulnerables a la toma de decisiones. La comunidad se caracteriza por peligros de delincuencia, consumo de drogas, alcohol y tabaco.
Factores Personales y Psicológicos
Dentro del campo educativo, los estudiantes tienen un bajo rendimiento académico, bajas calificaciones y consideran el estudio una obligación; predomina la falta de motivación por el aprendizaje y la superación. Ruíz et al. (2014) plantean que la decisión de no continuar estudios puede estar enmarcada dentro de un factor intrínseco, caracterizada por la desmotivación, reprobación de asignaturas e incluso el ser padre o madre a temprana edad.
A pesar de estas condiciones, en el estudio de Ecuador se constató que a los estudiantes les interesa culminar sus estudios secundarios (149; 98%), formarse profesionalmente (146, 96%), y prestan atención a sus actividades académicas (145, 95%). El 88,2% de los estudiantes que abandonaron sus estudios comparten el propósito de ser profesionales, lo que sugiere que las aspiraciones no siempre se encuentran presentes en sus hogares y su pretensión no es por imitación a lo alcanzado por sus padres.

La Incidencia de los Factores Intraescolares en la Deserción
La deserción es un proceso de alejamiento y abandono paulatino de un espacio cotidiano como la escuela, que implica también el abandono de ciertos ritos personales y familiares que inciden en el desarrollo de la identidad y la proyección personal de un niño (Comisión Intersectorial de Reinserción Educativa, 2006; Sabates et al., 2010).
Los factores que originan la deserción escolar se suelen agrupar en dos grandes marcos interpretativos: intraescolar y extraescolar. Los problemas conductuales, el bajo rendimiento académico, el autoritarismo docente y el adultocentrismo, entre otros, serían los principales detonantes de la deserción temprana desde el sistema (Marshall, 2003; Lockheed, 2012).
El Papel de la Escuela en el Fracaso Escolar
Diversos estudios plantean que la escuela "fabrica" el fracaso escolar para muchos de sus niños, niñas y jóvenes. La pérdida del valor atribuido a la asistencia y permanencia en un establecimiento educativo se relaciona con lo que ocurre dentro de la propia escuela. No son solo los niños, niñas y jóvenes los que pierden el interés por asistir, sino que la escuela también de alguna manera los "expulsa" (Raczinsky, 2002; Schkolnik y Del Río, 2002).
Las repitencias, expulsiones y la sobreedad del alumnado, como antesalas de la deserción definitiva, son notoriamente más frecuentes en las instituciones educativas que atienden a sectores socioeconómicos de bajos ingresos (Dazarola, 1999; Fiabane, 2002; Sabates et al., 2010; Unesco, 2010; Lockheed y Levin, 2012). Rumberger (1987, 2004) ha planteado que las variables intraescolares han recibido una considerable atención por cuanto muchos de estos factores se prestan más fácilmente a la manipulación para mitigar el problema de la deserción escolar.
Existe amplia evidencia empírica que indica que factores como el pobre rendimiento académico, la repitencia, el ausentismo y los problemas disciplinarios o conductuales se asocian con mayores probabilidades de abandono escolar (Ampiah y Adu-Yeboah, 2009; Cairns et al., 1989; EPDC, 2009; Roderick, 1994, 1995; Rumberger, 1995; Janosz et al., 1997; Goldschmidt y Wang, 1999; Hunt, 2008; Lewin, 2008; Rumberger y Thomas, 2000).
Características de la Institución Educativa
Otros estudios proporcionan antecedentes que muestran la importancia de los establecimientos educacionales como un elemento que se transforma en un factor de expulsión (Pittman y Haughwout, 1987; Bryk y Thum, 1989; Bowditch, 1993; Goldschmidt y Wang, 1999; Rumberger y Thomas, 2000; Dazarola, 1999; Fiabane, 2002). Rumberger (1987, 2004) señala que los factores escolares predictores de la deserción no solo se relacionan con el comportamiento o rendimiento de los estudiantes, sino que también pueden referirse a la incidencia de las escuelas mismas sobre las decisiones de abandono o permanencia.
Esta perspectiva se ocupa de las características y condiciones existentes en las escuelas que reducen o dan lugar a la deserción (Rumberger, 1995; Lockheed y Levin, 2012). Pittman y Haughwout (1987) demuestran que el clima social de la escuela, especialmente las dimensiones relativas al nivel de participación en las actividades escolares y a los problemas dentro del ambiente social, ejerce un impacto significativo sobre las tasas de deserción. Adicionalmente, dicho clima se ve desmejorado a medida que el tamaño de la institución escolar aumenta.
Bryk y Thum (1989) aportan evidencia empírica que señala que los niveles de diferenciación estructural entre las escuelas, así como sus distintos ambientes normativos, tienen una incidencia significativa sobre las tasas de deserción. Los estudiantes presentan una mayor probabilidad de permanecer en el sistema cuando asisten a escuelas que exhiben una baja diferenciación interna, un ambiente social ordenado (percibido como seguro y con disciplina justa y efectiva) y que ponen un fuerte énfasis en los aspectos académicos. La rigidez del currículo escolar también se ha relacionado con la inasistencia de los estudiantes (Schiefelbein, 1998; Alexander, 2008; Hussain et al., 2011).
Rumberger (2001) distingue dos formas de influencia de la escuela: indirecta, donde las condiciones escolares afectan el compromiso y contribuyen a una decisión "voluntaria" de abandonar; y directa, donde el abandono es "involuntario" e iniciado por la institución a través de acciones punitivas como suspensiones, expulsiones o traslados.

La Resiliencia como Factor Protector ante la Vulnerabilidad
La resiliencia ha emergido en la literatura especializada de la salud mental como una hipótesis explicativa de la conducta saludable en condiciones de adversidad o alto riesgo (Fergus y Zimmerman, 2005). Se reconoce que la resiliencia supone una combinación de factores personales y contextuales con los cuales el sujeto enfrenta y supera las adversidades en su vida (Kotliarenco, 2000; Luthar, 1991; Luthar, Ciccheti y Becker, 2000; Grotberg, 1995; Saavedra, 2003).
Modelos y Componentes de la Resiliencia
Diversos modelos conceptuales vinculan dichos factores para explicar el comportamiento en contexto de adversidad, tales como el modelo Compensatorio, el Protector, y el del mejoramiento o desafío (Hauser, 1999; Luthar et al., 2000; Fergus y Zimmerman, 2005). Los factores que desarrollan la calidad de vida y salud mental de los adolescentes, y que los protegen de la adversidad, están vinculados a la familia y la educación (Amar, Kotliarenko y Abello, 2003; Arguedas y Jiménez, 2007).
Las tareas ineludibles de la institucionalidad educativa incluyen la generación de aprendizajes y conocimiento, así como el desarrollo de competencias sociales en los estudiantes para desenvolverse con éxito en el mundo moderno (Murillo, 2003; Unicef, 2005; Ministerio de Educación, 2007). Sin embargo, situaciones de vulnerabilidad social, como la pobreza socioeconómica, están asociadas al fracaso educativo, la deserción del sistema y la baja calidad de la educación. Un indicador consensuado de calidad educativa es el nivel de rendimiento académico (Correa y Marshall, 2003; Murillo, 2003; Cornejo et al., 2005).
Medición y Promoción de la Resiliencia
Hay acuerdo entre los investigadores respecto a que la resiliencia se puede medir (Grotberg, 2005; Infante, 2005). La promoción de resiliencia se sostiene en la capacidad universal de los seres humanos para abordar satisfactoriamente la adversidad (Grotberg, 1995; Kotliarenco, 2000; Saavedra, 2003). Conocer y analizar dichos factores de resiliencia, contextualmente delimitados, es el objetivo de las diversas propuestas de medición.
En la literatura científica se reportan diecisiete pruebas que miden resiliencia, todas diseñadas y validadas en población de habla inglesa (Ospina, 2007; Ahern et al., 2006). Existen también propuestas de medición diseñadas en el contexto latinoamericano, como el Inventario de Factores Personales de Resiliencia para población infantil peruana (Salgado, 2005), el Cuestionario de Resiliencia para Estudiantes Universitarios (CREUDE) para población universitaria colombiana (Peralta, Ramírez y Buitrago, 2006), y la Escala de Resiliencia SVRES (Saavedra y Villalta, 2008a) diseñada para población joven y adulta chilena.
Los constructos teóricos que sustentan estos instrumentos distinguen diversos dominios o capacidades de la persona resiliente, siendo las más recurrentes la fortaleza o resistencia al estrés a través de la reelaboración positiva de las experiencias traumáticas, el fortalecimiento de redes sociales y familiares, y la valoración y confianza en sí mismo. La resiliencia no se reduce a un conjunto de rasgos personales, sino que refiere a elementos o factores que operan dentro del individuo y que son cultivados a lo largo de su historia personal (Fergus y Zimmerman, 2005), posiblemente en vínculos tempranos con sus cuidadores (Muñoz y De Pedro, 2005; Kotliarenco y Lecannelier, 2004).
La Escala de Resiliencia SVRES se estructura en relación a dos preguntas eje: qué recursos personales el sujeto utiliza consciente e intencionadamente para abordar la adversidad, y cómo se constituye el comportamiento resiliente desde la perspectiva del sujeto (Villalta, Saavedra y Escurra, 2007). Un estudio descriptivo correlacional con 437 alumnos de Educación Media en la Región Metropolitana de Chile, que utilizó la escala SVRES, indicó que la relación entre resiliencia y logros de aprendizaje se fortalece en dos situaciones de adversidad reportadas por los adolescentes: el divorcio o separación de sus padres, y el embarazo propio o de la pareja.

Estudios de Caso y Evidencia Empírica
Investigación en la Unidad Educativa Vicente Anda Aguirre, Ecuador
En el caso de la Unidad Educativa Vicente Anda Aguirre, del cantón Mocha, Tungurahua, la deserción escolar se ha convertido en un proceso habitual por parte de los estudiantes, sin un control claro de cuántos abandonan cada año. El Departamento de Consejería Estudiantil (DECE) manifestó que, hasta noviembre del año 2021, 40 estudiantes abandonaron sus estudios, una tendencia que se mantuvo en los primeros seis meses del 2022 con 18 bajas. Esta situación demanda un mayor interés por parte de las autoridades institucionales del sector educativo para conocer las causas y tomar medidas pertinentes.
Una investigación con enfoque mixto, no experimental de corte transversal y alcance descriptivo, analizó las fichas estudiantiles de retiro voluntario y aplicó cuestionarios a 152 estudiantes de noveno y décimo año, así como a estudiantes que abandonaron sus estudios, docentes y autoridades. De los 152 alumnos encuestados, el 57,9% eran femeninas y el 42,1% masculinos, y dos poseían alguna discapacidad. Solo el 4,6% había repetido el grado una vez, y el 1,3% en dos ocasiones.
Los análisis de entrevistas al personal docente y autoridades identificaron que la falta de recursos económicos familiares repercute en la adquisición de materiales y el traslado a la institución. Los problemas económicos también propician la migración en busca de oportunidades. En el ámbito educativo, se observó bajo rendimiento académico y falta de motivación por el aprendizaje.
Existen programas de acompañamiento del DECE en prevención de suicidio, embarazo, consumo de sustancias, acoso y no violencia, entre otros, mediante charlas motivadoras, campañas y diálogos. Sin embargo, los estudiantes, aunque reconocen la existencia de estos programas, manifiestan que los docentes se refieren solo a aspectos académicos. El 2,6% de los estudiantes reporta casos de violencia (verbal, física o sexual) y acoso por parte de otros estudiantes, pero un porcentaje mucho mayor, el 28,3%, declara su existencia en el círculo familiar.
En cuanto a los estudiantes que desertaron (17 participantes), se evidenció que 11 (64,7%) se mantenían estudiando en otras instituciones y 5 (29,4%) dejaron por completo los estudios. Todos reconocieron algún acercamiento de los docentes por su estado emocional. Los resultados generales del estudio indican altos porcentajes de abandono (26,3%), a pesar de que algunos continuaron sus estudios. Los que abandonaron de manera definitiva poseen condiciones comunes, sobre todo en el entorno familiar, que resultan propicias para la deserción escolar.
Estudio en Cerro Navia, Santiago de Chile
Un artículo cualitativo sobre Cerro Navia, un sector de Santiago de Chile con altos niveles de pobreza, tuvo como objetivo identificar los factores de carácter intraescolar con mayor incidencia en el abandono escolar en el ciclo primario. La información se obtuvo de entrevistas en profundidad a 25 menores desertores y 25 niños de idéntico perfil que permanecían en la escuela, analizadas siguiendo los principios de la Grounded Theory.
Este estudio, en línea con la literatura especializada, reconoce que la deserción escolar es un problema multifactorial, pero se enfoca en las variables endógenas a la escuela. Los resultados permitieron establecer importantes diferencias en los itinerarios educativos de desertores y no desertores, arrojando luces sobre las acciones que las propias escuelas podrían adoptar para prevenir la deserción temprana.
¿Por qué dejan la escuela? Deserción escolar en niños y jóvenes
Implicaciones y Recomendaciones
Los resultados de las investigaciones demuestran que la deserción escolar es un fenómeno complejo enraizado en la vulnerabilidad social, la cual se manifiesta a través de factores socioeconómicos, familiares, comunitarios, personales e intraescolares. La asociación entre pobreza y exclusión es un motor principal del abandono educativo.
Es indispensable la realización de intervenciones integradas que ofrezcan respuestas diversificadas y secuenciadas, tendentes a favorecer el reencanto con la educación, la eventual reincorporación al sistema educativo formal o la existencia de ofertas educativas especializadas. La posibilidad de éxito de dichas intervenciones radica en la identificación certera de los factores que llevan a los niños, niñas y jóvenes de sectores vulnerables a abandonar la escuela.
A pesar de existir un grupo de políticas trazadas desde el Ministerio de Educación, se hace necesario fortalecer su implementación en las unidades educativas. Se recomienda reforzar la gobernanza del sistema educativo en relación con las políticas de prevención de la deserción escolar, favoreciendo una mejor articulación entre las distintas entidades sectoriales del Estado con responsabilidad en el desarrollo de programas y políticas atinentes a este ámbito.
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