La Kinesiología como Profesión Esencial en Salud
Cuando una persona sufre una lesión, una enfermedad, una cirugía o una condición que limita su movilidad, aparece una figura fundamental dentro del equipo de salud: el kinesiólogo. La Kinesiología es una carrera del área de la salud centrada en el movimiento humano, la funcionalidad del cuerpo y la recuperación física. En Chile, la Kinesiología tiene un rol cada vez más relevante debido al envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas, la mayor conciencia sobre la rehabilitación temprana y la necesidad de equipos de salud interdisciplinarios.
El kinesiólogo es un profesional de la salud especializado en el estudio, evaluación y tratamiento del movimiento humano. A diferencia de otros profesionales de la salud, el kinesiólogo trabaja directamente con el cuerpo en movimiento, utilizando el ejercicio terapéutico, técnicas manuales, agentes físicos y estrategias de rehabilitación funcional. Las funciones del kinesiólogo son diversas y se adaptan a las necesidades de cada paciente y contexto.
Funciones Clave del Kinesiólogo
- Una de las primeras funciones del kinesiólogo es realizar una evaluación completa del paciente.
- Una de las funciones más conocidas es el tratamiento de lesiones y la rehabilitación motora.
- Además de tratar lesiones, el kinesiólogo cumple un rol preventivo muy importante.
La Kinesiología es una carrera con múltiples áreas de especialización. El kinesiólogo es clave en la recuperación de pacientes porque su intervención impacta directamente en la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida. Comprender qué hace un kinesiólogo permite valorar la importancia de esta profesión dentro del sistema de salud.

El Servicio Nacional de Menores (SENAME): Contexto y Reestructuración
El Servicio Nacional de Menores (SENAME) en Chile ha sido históricamente un organismo gubernamental centralizado, funcionando como colaborador del sistema judicial y dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Fundado en 1979, su labor inicial se centró en dos áreas principales: la atención a adolescentes en conflicto con la ley y la protección de niños y niñas vulnerados en sus derechos.
Sin embargo, a partir del 1 de octubre de 2021, se produjo una reestructuración significativa. El SENAME actual se enfoca exclusivamente en las áreas de justicia y reinserción juvenil, atendiendo a adolescentes y jóvenes de entre 14 y 17 años que han estado en conflicto con la ley. El área de restitución de derechos, por su parte, pasó a formar parte del nuevo Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Este cambio marcó un giro hacia la intervención y restitución de derechos, alejándose de una perspectiva puramente judicializadora.

Desafíos y Necesidades de los Adolescentes en el Sistema de Protección
Según los protocolos del Departamento de Protección y Restitución de Derechos del SENAME (2016), los organismos colaboradores acreditados a cargo de centros residenciales tienen la responsabilidad de identificar tempranamente a los adolescentes, a partir de los 14 años, que proyectan un egreso hacia la vida independiente. Esto exige el desarrollo de un plan de intervención enfocado en su preparación para una vida emancipada. Este proceso implica la transición de la adolescencia a la adultez, pasando de una vida protegida a una de autovalencia y autocuidado en las esferas biológica, social y psicológica.
El egreso y el paso a la autonomía representan un hito crucial en la vida de un adolescente institucionalizado. Este proceso requiere un esfuerzo conjunto de todo el equipo de la residencia. Para que la salida y el inicio de una nueva etapa como adulto independiente sea positiva, es fundamental contar con condiciones sociales y materiales sustentables que garanticen su bienestar (SENAME, 2016). Rodríguez et al. (2018) señalan que el proceso de egreso y transición a la vida adulta es un tema poco conocido, dado que el Estado cesa sus tutelas obligatorias al cumplir los 18 años. Se asume que a esta edad los jóvenes han desarrollado las habilidades necesarias para la vida independiente y deberían ser capaces de participar activamente en la sociedad. Sin embargo, Álvarez-Chuart (2012) indica que la edad de egreso del sistema de protección de menores oscila entre los 13,5 y 17,5 años, lo que sugiere que la edad por sí sola no es un indicador directo de competencias y habilidades para la vida independiente.
Pertenecer a una residencia o institución que aborda vulneraciones de derechos no es sencillo, ya que la carga emocional para quienes pasan por estos lugares va más allá del abandono parental. Goffman (2006) destaca que los usuarios de estas residencias pueden ser estigmatizados por la sociedad, portando un atributo desacreditador que limita sus oportunidades vitales. En Chile, la categoría de "niño/a SENAME" puede generar este estigma, afectando la construcción de la identidad y la disposición a compartir esta parte de la historia personal. Las experiencias vitales de una persona determinan en gran medida su presente, identidad, personalidad, estilo de vida e intereses.
Según un estudio de Díaz-Prieto y García-Sánchez (2019), los adultos con menor calidad de vida experimentan más emociones negativas derivadas de sus vivencias, con mayores efectos a corto y medio plazo. Un estudio reciente de Acosta y Aliaga (2020) entrevistó a jóvenes egresados del SENAME, concluyendo que la indefensión que sienten al cumplir la mayoría de edad puede interpretarse como una respuesta a la falta de atención estatal. Estos jóvenes a menudo carecen de apoyo institucional o civil, se ven expuestos a situaciones violentas y las posibles ayudas son limitadas e insuficientes. Al llegar a los 18 años, muchos se enfrentan a la falta de vivienda, oportunidades de estudio superior y redes de apoyo social reducidas.
Contexto de Ingreso y Condiciones en Residencias
Las razones del ingreso a las residencias son similares en todos los casos, marcadas por la vulnerabilidad social. Las familias de los menores, en el momento del ingreso, carecían de las competencias o recursos económicos necesarios para su cuidado. Los relatos incluyen ingresos a edades tempranas, a veces por situaciones como la reclusión de un padre o la institucionalización previa de hermanos.
Las percepciones sobre las condiciones de las residencias varían. Algunas experiencias describen espacios con áreas de juego y entretenimiento, funcionando como refugio familiar y de amistad. Otras, sin embargo, relatan condiciones deficientes, incluyendo problemas de alimentación y riesgos sanitarios. Se menciona la negligencia estatal en casos donde las familias recibían pagos por el cuidado de los menores pero no cumplían adecuadamente. La entrada a un sistema cerrado con compañeros de la misma edad, pero con diversas problemáticas, se describe como un desafío. La necesidad de "encontrar un espacio" en un entorno potencialmente agresivo es un tema recurrente, especialmente para quienes se sentían indefensos.
Medición de las Condiciones de vida de Niños, Niñas y Adolescentes
La Potencial Intervención Kinesiológica en el Ámbito de Protección
Aunque el borrador proporcionado no detalla explícitamente el rol del kinesiólogo dentro del SENAME o el Servicio de Protección Especializada, la descripción de las necesidades y desafíos de la población vulnerable resalta la importancia de la salud física y el bienestar general. La preparación para una vida independiente, que abarca las esferas biológica, social y psicológica, intrínsecamente requiere de un soporte en el ámbito físico.
Las funciones generales del kinesiólogo -evaluación, tratamiento de lesiones, rehabilitación motora y prevención- podrían aplicarse a los niños y adolescentes en el sistema de protección de diversas maneras:
- Evaluación y Prevención: Dada la mención de "condiciones deficientes, incluyendo problemas de alimentación y riesgos sanitarios" y la "vulnerabilidad social", un kinesiólogo podría identificar tempranamente riesgos de desarrollo motor, posturas inadecuadas, o afecciones musculoesqueléticas derivadas de la falta de actividad física o de condiciones de vida desfavorables. La prevención de lesiones y la promoción de hábitos de vida saludables serían fundamentales para el desarrollo integral.
- Rehabilitación Funcional: Los adolescentes que enfrentan situaciones de conflicto con la ley o que provienen de entornos de alta vulnerabilidad pueden haber sufrido lesiones físicas, traumas o desarrollar limitaciones de movimiento que impactan su capacidad de realizar actividades cotidianas. La intervención kinesiológica para la rehabilitación motora y funcional sería crucial para recuperar la autonomía y prepararlos para el egreso.
- Apoyo al Desarrollo Integral: El rol del kinesiólogo, al mejorar la funcionalidad y autonomía física, contribuye directamente a las esferas sociales y psicológicas, fortaleciendo la autoestima, la participación en actividades recreativas y la integración social de los jóvenes, aspectos clave para superar el estigma y facilitar la transición a la vida adulta independiente.
La intervención kinesiológica podría ser un componente valioso en los equipos multidisciplinarios que trabajan en la protección de la niñez y adolescencia, apoyando el bienestar físico como base para la resiliencia y la reintegración social.
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