Voces del SENAME: Un Crudo Reflejo de la Infancia Vulnerada en Chile

Las experiencias personales de jóvenes y trabajadores vinculados al Servicio Nacional de Menores (SENAME), y ahora el Servicio Mejor Niñez, en Chile, revelan una realidad desoladora y profundamente preocupante. Lejos de ser un sistema de protección, para muchos, se ha convertido en un ciclo de abandono, vulneración de derechos y traumas persistentes.

La Odisea de Andrés: Desprotección y Desesperanza Tras el Egreso

Andrés, un joven de 19 años, es un testimonio vivo de la falla del sistema. Criado en hogares del SENAME desde su infancia, su egreso a los 18 años lo arrojó a la calle en plena pandemia. Su relato es un reflejo de la falta de oportunidades y el profundo daño emocional que deja la institucionalización.

Una Vida Marcada por Carencias y Frustraciones

La historia de Andrés comienza con la falta de confianza en sí mismo y en los demás. "Yo no sirvo ni para arreglar ni una silla, nada", confiesa, reflejando un bajo autoconcepto. Su vida ha estado plagada de "puras desgracias", llevándolo a perder la fe incluso en Dios. A pesar de recibir una pensión por discapacidad de 193 mil pesos mensuales, él mismo cuestiona el diagnóstico, afirmando tener "brazos y piernas buenos" y "cerebro bueno", aunque admite que le cuesta manejar el dinero y se confunde. Sin embargo, reconoce que esta pensión es su "salvación".

El joven, "moreno, alto, fornido, con una clara dificultad de pronunciación", ha pasado por hogares en Quellón, Ancud, Puerto Varas y Osorno. Describe su paso por el sistema como una "condena" que lo llevó a la indefensión. Nunca logró pasar de primero básico, dedicándose a "puro hacer la cimarra" y abandonando los estudios por completo. Le cuesta "caleta" leer y escribir, y le parece "mucho más" difícil retomar ahora.

La soledad ha sido una constante en su vida. De su infancia, solo rescata la amistad con Jesús, un amigo del hogar de Puerto Varas con quien jugaba "a puras imaginaciones", recreando roles como militares o zombies. Esa amistad, que describe como "buena", terminó abruptamente cuando se fue de ese hogar y nunca más lo volvió a ver. No practica deportes, salvo "jugar a la pelota" como "arquero".

El Dolor de la Familia y la Indiferencia del Sistema

Andrés no detalla abusos "truculentos, desgarradores, sangrientos", pero su relato es "tan crudo y desolado, que asusta". Su mayor decepción ha sido su familia, especialmente su madre. Siente que ella "desperdició" veinticinco oportunidades de acercarse a él, y cree que por su culpa se encuentra en esta situación. "Si hubiera tenido otra familia, estaría en otro lugar, en otro estado. Estaría leyendo bien, estaría escribiendo bien, estaría modulando bien", afirma con un "tono de desaliento total". Nadie le brindó un "apoyo real", y quienes prometían ayuda, "pasaban tres días y ya no venían más, me habían olvidado".

El egreso del SENAME a los 18 años fue un momento particularmente doloroso. "Cuando cumplí 18, me cantaron 'feliz cumpleaños', comimos torta y listo, chao. Por eso yo no quiero celebrar más mis cumpleaños". Describe su cumpleaños número 18, vivido en la residencia Catalina Keim de Carabineros, como "más mal que nunca", un "infierno" donde presenció peleas, consumo de alcohol y "abusos, de todo lo que usted pueda pensar". Incluso relata haberse salvado de una puñalada.

Intentó vivir con su abuela, pero la situación no funcionó. La policía lo sacó de la casa de su abuela, acusándolo falsamente de amenazarla. Esto le costó el enojo de sus tíos, mientras su abuela le repetía "Pendejo, pendejo".

La Calle como Último Recurso y Sueños Rotosh3>

Actualmente, Andrés duerme en el albergue municipal de Ancud, gestionado por el Hogar de Cristo, para personas en situación de calle. Describe la vida en la calle como "igual de horrible que el Sename", sufriendo robos, asaltos y agresiones. A pesar de los consejos de "alejarse, escuchar música y evitar los problemas", las "miserias y desgracias" son constantes. La palabra que más resuena en su mente es "apoyo".

Sus sueños de ser bombero y entrar a la Armada son inalcanzables debido a su falta de estudios. "El nivel mío no es tan alto para llegar a eso: a tener una casa, un hijo, una familia". Para trabajar, le exigen cuarto medio, algo que le parece una meta lejana e inalcanzable. Se siente "incapaz de hacer algo bien", una "merma en su autoestima" que lo hace sentir "como si no existiera, como si fuera invisible para todos".

Análisis Profesional: Una Vida de Derechos Denegados

La psicóloga Claudine Litvak, jefa del área de desarrollo de la dirección social del Hogar de Cristo, analiza el caso de Andrés como una "vida entera de derechos denegados". Destaca la vulneración de derechos fundamentales como el cuidado, la estimulación continua, la educación y la existencia de referentes significativos. La falta de enseñanza en lectura, escritura y habilidades matemáticas le impide administrar su dinero y desenvolverse de forma independiente.

Litvak subraya la importancia de la "primera ventana de oportunidad" (los primeros mil días de vida) y la "segunda ventana de desarrollo" (entre los 8 y 12 años) para el desarrollo integral de un niño. El hecho de que Andrés fuera institucionalizado a los dos años y pasara 16 años en residencias es una "falla total de las instituciones". La especialista lamenta que el Estado no lo haya puesto en adopción o con una familia de acogida. Su situación actual en la calle es una "consecuencia lógica de todo lo que se le negó". Concluye que la imposición de valerse por sí mismo a los 18 años, sin las herramientas necesarias, es un reflejo de cómo "opera el sistema", y que el caso de Andrés "no es una excepción".

infografía sobre las etapas de desarrollo infantil y la importancia del apego

Infancias Perdidas: Otros Testimonios Desgarradores del SENAME

Las experiencias de Andrés no son aisladas. Otros jóvenes que pasaron por el SENAME comparten relatos igualmente conmovedores, revelando un patrón de maltrato, abandono y sueños rotos.

Edson y Alejandra: Emociones Molidas y Abusos Silenciados

Edson, otro egresado del SENAME, describe cómo el sistema "muelen emociones, matan la infancia". Alejandra, por temor a la estigmatización, relata la crueldad vivida: "la gente es mala, dejan que abusen de ti. Que te peguen, que te maltraten, por cualquier cosa". Su única posesión era una muñeca que debía esconder. "El Sename a mí me rompió la vida", afirma, detallando crisis, violaciones desde los siete años y la obligación de lavarse por "malos comportamientos".

Un informe lapidario de la PDI de 2017, encargado por el fiscal Marco Emilfork, concluyó que el Estado chileno "viola sistemáticamente los derechos de los niños" bajo su tutela, con un alarmante número de 1.313 menores fallecidos en tan solo 12 años.

Paula: Una Vida Entera en Residencias y la Lucha por la Supervivencia

Paula, a sus 20 años, ha pasado toda su vida en residencias de protección, ingresando a los dos años por problemas familiares graves, incluyendo alcoholismo, abuso y trastornos psicológicos de su madre, y consumo de drogas de su padre. Sus escasos recuerdos felices son un regalo de su madre y una foto de su padre, objetos que la acompañaron en su primer centro, el hogar Santa Ana en Quilpué.

A los cinco años, fue trasladada con su hermana menor a la Casa de la Providencia en Valparaíso, donde asumió un rol de cuidadora y protectora. Sus padres dejaron de visitarlas. Las condiciones en la residencia eran precarias: pan duro con hongos, almuerzos repetidos y ensaladas con insectos. A pesar de esto, forjó amistades, como la con María Paz, con quien aún mantiene contacto.

El cierre de la Casa de la Providencia en 2015, debido a denuncias de maltrato y abuso sexual, fue un golpe devastador. Paula recordó los abusos, señalando al "Tío Tomate" como presunto agresor, y cómo la soledad hacía vulnerables a las niñas. Ella misma fue víctima de abuso familiar.

dibujo infantil que represente la soledad o el anhelo de una familia

La desesperación llevó a algunas niñas a autolesionarse. A los 16 años, Paula intentó suicidarse por depresión y abandono. También presenció la trágica caída de su compañera Kathy, quien quedó en coma. Relata el caso de una niña de 14 años violada por su hermano y tío, quien luego fue discriminada por ser lesbiana. La separación de hermanas por adopción también dejó huellas profundas, como el caso de Kimberly, quien años después apareció sumida en las drogas, añorando a su hermana.

El egreso a los 18 años fue igualmente traumático. Paula experimentó ataques de pánico y dificultades para desenvolverse en público. Intentó vivir con su madre, pero fue rechazada y maltratada. Buscó refugio con su padre, pero su pareja también la agredió y la dejó en la calle. Tras pasar por la casa de una tía y una vecina, finalmente encontró estabilidad con su abuela en Olmué y su pololo, con quien mantenía una relación desde los 13 años. Allí pudo retomar sus estudios de cuarto medio, con el sueño de estudiar fonoaudiología o parvularia, y trabaja como garzona.

A pesar de su propio sufrimiento, Paula se preocupa por su hermana menor, quien ha comenzado a beber. Su mensaje es de perseverancia: "no porque una estuvo en un hogar del Sename no se puede salir adelante", y llama a la sociedad a ayudar a los niños que egresan, ya que "al salir quedamos a la deriva. Solos". Se graduó de cuarto medio con un promedio de 6,5, aunque sus padres no asistieron a la ceremonia.

Deficiencias Estructurales y Abusos en el Sistema de Protección

Más allá de los testimonios individuales, la realidad del SENAME se ve agravada por fallas estructurales, abusos internos y una precaria gestión de recursos, como lo señalan trabajadores y diversos informes.

Abusos en Aldeas Infantiles S.O.S. y Hogares Colaboradores

En marzo de 2010, se revelaron abusos sexuales contra niñas en Aldeas Infantiles S.O.S., específicamente en las aldeas Los Aromos y Madreselvas. Los agresores fueron jóvenes que también habían sido víctimas, uno de 15 años residente en el hogar y otro de 18 años, quien había vivido allí desde los 6. También se detectaron "conductas sexualizadas" en una joven de 16 años con un niño de 9.

Estos casos, junto con las investigaciones sobre los crímenes de Benjamín Morales y Daniel Maldonado, evidenciaron fallas sistémicas. Se cuestionó la falta de control y preparación del personal, así como la ausencia de criterios adecuados, como en los casos de maltrato físico denunciados en hogares del Ejército de Salvación.

ilustración que represente la falta de recursos y hacinamiento en un hogar infantil

Brecha Financiera y Necesidades Insatisfechas

El Estado cubre solo el 60% de lo necesario para una atención de calidad en los hogares. Mientras el SENAME paga 150.000 pesos mensuales por niño, se estima que lo adecuado serían 250.000. Esta brecha financiera limita la contratación de especialistas de calidad y la implementación de un sistema de salud mental adecuado para niños con "daño extremo". No existe un catastro completo de estas necesidades, y el SENAME no puede resolver el problema solo, sin un sistema paralelo de Salud Pública.

Fugas, Adulteración de Datos y Precariedad

La "Comisión despeje" de jueces de familia y el SENAME reveló un "hoyo negro" en la red de protección. Se detectaron niños ausentes en los hogares sin previo aviso. En la fundación Mi Casa, varios niños se fugaban continuamente, especialmente de noche y los fines de semana. En la Residencia Especial Galileo de La Serena, se adulteraba la cantidad de niños atendidos para inflar las cifras.

Las condiciones de vida son precarias: el hogar de niñas de la fundación Carlos Oviedo presenta problemas de higiene, falta de profesionales y atención insuficiente para problemas de salud mental. El hogar Juan XXIII en Buín, administrado por Coanil para niños con discapacidad mental grave o profunda, sufre de baños en pésimas condiciones, filtraciones, hacinamiento y falta de estímulos. La realidad es que los niños protegidos por el SENAME viven en peores condiciones materiales que los jóvenes presos, una situación agravada por eventos como el terremoto de 2010.

Violencia Persistente y Daños Psicológicos

La violencia es una constante. Los niños, con problemas de control de impulsos, no reciben el personal especializado necesario. Se documentaron casos de maltrato físico, como el de un niño golpeado con una manguera. Muchas historias de niños internados revelan un patrón de abuso: hermanos ingresados desde el nacimiento, niñas atacadas por sus padres o padrastros, y abuelas agotadas a cargo de nietos maltratados.

Un caso particularmente complejo es el de un niño abusado por su padre que, a su vez, abusaba de su hermana e intentó violar a otro interno en un hospital, requiriendo atención especializada que no ha recibido. La directora del hogar, Leontina González, advierte que así se forman "adultos con personalidades despiadadas".

La Caridad como Sustento y la Transformación en Agresores

La insuficiencia de recursos estatales obliga a las instituciones a depender de la caridad, realizando colectas y buscando apoyo empresarial. Esto crea una disparidad, donde las fundaciones con mejores redes ofrecen mejores condiciones y profesionales, mientras que las que dependen solo de fondos públicos carecen de infraestructura, higiene y especialistas.

Históricamente, se ha creído que los niños del sistema de protección terminaban en el sistema penal. Aunque datos de 2010 muestran que el 16% de los adolescentes en el sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (RPA) habían estado protegidos por el SENAME, el porcentaje de niños protegidos que se vuelven infractores es menor.

Una observación preocupante es que los niños abandonados, educados estrictamente en los hogares, a menudo desarrollan actitudes conservadoras y desprecio por otros grupos, y les cuesta asumir el rechazo familiar, a pesar de haber sido víctimas de violencia.

Activismo y Denuncias: Voces que Buscan un Cambio

Frente a esta cruda realidad, han surgido voces que denuncian las fallas del sistema y buscan generar un cambio profundo.

Edison Gallardo: Un Sobreviviente que Lucha por la Justicia

Edison Gallardo, sobreviviente de abusos, ha alzado su voz para denunciar la complicidad entre la Iglesia Católica y el Estado. Fue agredido por el ex arzobispo Francisco José Cox mientras estaba bajo la tutela del Estado en el Hogar Redes, regentado por religiosas católicas. Presenció "abusos psicológicos, sexuales y maltrato", donde "nadie hacía nada", y fue testigo de numerosas adopciones irregulares de niños chilenos por extranjeros.

Su libro "Mi Infierno en el SENAME" es un "grito de alerta" a la sociedad, un relato de su vida en el "infierno" de la indiferencia estatal y social. Ingresó al SENAME a los dos años y medio y estuvo hasta los quince, logrando estudiar y titularse como técnico en contabilidad, e ingresando a Derecho. A través de su libro, busca exorcizar la pesadilla y exigir a las instituciones, gobernantes y a la población que reconozcan sus responsabilidades y pongan fin a esta "aberración". Describe castigos constantes, violaciones, abusos, hambre y frío, e incluso fue transferido a una cárcel siendo menor de edad, donde fue golpeado.

Trabajadores de Mejor Niñez: La Lucha por Condiciones DIGNAS

Los trabajadores del Servicio Mejor Niñez (anteriormente SENAME) denuncian "situaciones graves de vulneración de derechos a los niños y a los trabajadores". Un episodio reciente en una residencia vio a un menor detonar extintores, intentar incendiar el lugar y quemar a un funcionario. Otros niños son constantemente golpeados e intimidados por este agresor.

La falta crónica de personal es un problema central. Faltan Encargados de Vida Familiar (EVF), TENS (técnicos en enfermería) y tutores, lo que deja a las residencias con una dotación mínima, a veces de solo dos personas, incapaces de activar protocolos de protección o contener situaciones de violencia. Los trabajadores se ven obligados a realizar turnos extras de hasta 86 horas semanales, sufriendo "maltrato, explotación laboral y turnos largos", lo que genera altas tasas de licencias médicas, psicológicas y por daños físicos. Una residencia registra 6 mil días no trabajados en dos años debido a agresiones.

fotografía de trabajadores del Servicio Mejor Niñez manifestándose

Los trabajadores exigen la derivación de niños agresores a residencias de alta especialidad, donde puedan recibir tratamiento adecuado. Demandan la implementación de un protocolo de protección reforzado para los niños más vulnerables y una evaluación de la "idoneidad del dispositivo y su disposición etaria", ya que se alojan niños de hasta 16 años en residencias de adolescencia temprana (9 a 13 años).

También solicitan la cobertura de los cargos faltantes de EVF y TENS con contratos y condiciones laborales adecuadas. Denuncian que, a menudo, tutores y monitores deben cubrir estos puestos sin aumento de sueldo o cambio de rotativa, a pesar de no tener la formación médica necesaria. Esto ha provocado diagnósticos de enfermedad profesional por sobrecarga laboral. Piden una supervisión activa y el resguardo de las garantías de los funcionarios, cuya salud psicológica y física se ve "constantemente vulnerada".

Además, denuncian la falta de provisión de cargos administrativos, la negativa a contratar personal a pesar de los postulantes, y el impago de bienios (antigüedad). Señalan que muchos trabajadores con contrato a honorarios no son reconocidos como funcionarios públicos, careciendo de derechos como licencias o acceso a dispositivos de seguridad. Exigen la titularidad de los cargos, ya que la mayoría está a contrata anual sin estabilidad laboral.

Finalmente, denuncian prácticas antisindicales y la supuesta falta de transparencia en el uso de los fondos públicos. Afirman que, a pesar de la supuesta escasez de dinero para contratar personal o satisfacer las necesidades de los niños, se contratan "empresas enormes" y se restringe la compra de ropa para los niños a través de giftcards en grandes cadenas, lo que beneficia a estas empresas con "enormes cantidades de dinero público" sin una licitación transparente.

Christian: Una Historia de Resiliencia y Esperanza

En contraste con las narrativas de desesperanza, la historia de Christian, un joven egresado del SENAME, ofrece un rayo de luz. Tras ingresar a un centro del Sename a los 17 años por robar para ayudar a su familia, Christian, con "convicción y mucho esfuerzo", se encuentra trabajando de apoyo administrativo en una constructora y terminando su enseñanza media. Su caso, presentado por Soledad Burgos, directora ejecutiva de la Fundación Proyecto B, busca demostrar que "los cambios son posibles" y que la reinserción juvenil puede ser una realidad gracias al "gran trabajo colaborativo con Sename".

Conclusiones

Las experiencias personales de los jóvenes y trabajadores del SENAME/Mejor Niñez dibujan un panorama de una infancia profundamente vulnerada y un sistema con deficiencias estructurales graves. Los testimonios de Andrés, Paula, Edson y Alejandra revelan el trauma persistente del abandono, el maltrato y la falta de oportunidades. La denuncia de los trabajadores subraya la precarización laboral y la insuficiencia de recursos que impiden una protección efectiva.

Si bien la historia de Christian ofrece esperanza, los múltiples relatos de dolor y las cifras alarmantes de fallecimientos y abusos exigen una profunda reflexión y una acción urgente. El desafío de "¿Qué hacer con el Sename? ¿Cómo proteger a los niños, niñas y adolescentes?" sigue siendo una pregunta apremiante para la sociedad chilena.

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