La realidad de los niños tras el egreso del sistema de protección

La salida de los jóvenes del Servicio Nacional de Menores (Sename) -institución encargada de la protección de la infancia vulnerada en Chile- se ha convertido en un fenómeno marcado por la precariedad y la falta de redes de apoyo. Muchos adolescentes, tras años de institucionalización, terminan en situaciones de calle, habitando espacios abandonados o enfrentando una vida marcada por la inestabilidad emocional y el consumo de sustancias.

Fotografía de un entorno deteriorado que refleja las condiciones de vida de los jóvenes que abandonan los centros de protección.

El abandono y la búsqueda de identidad

Para muchos jóvenes, el egreso del sistema es una salida forzada o una fuga ante condiciones insoportables. Al no contar con una familia que pueda acogerlos tras sufrir negligencias, abusos o maltratos, estos adolescentes crean sus propias estructuras de supervivencia. Se autodenominan "familias" para suplir los afectos que nunca recibieron, intentando recrear vínculos paternales y fraternales en medio de la desolación.

Sin embargo, la vida fuera del centro no suele ser una verdadera libertad. Muchos terminan en lugares como el antiguo 'Tribunal', un espacio abandonado donde la falta de higiene, el hacinamiento y la falta de recursos básicos -como comida o atención médica- son la norma. Allí, intentan organizarse para sobrevivir, pero la sombra del sistema y los traumas acumulados dificultan cualquier intento de reinserción social.

Radiografía de un sistema en crisis

El Estado de Chile ha sido señalado sistemáticamente por la violación de los derechos de los niños bajo su tutela. Informes de la PDI han constatado que en la totalidad de los centros administrados directamente por el Sename se han cometido acciones que lesionan gravemente a los menores. Las cifras son alarmantes:

  • Maltrato: Se han registrado cientos de casos de abusos por parte de adultos y agresiones entre pares.
  • Abusos sexuales: Un porcentaje significativo de los menores ha sufrido vulneraciones de connotación sexual, tanto por parte de funcionarios como de otros residentes.
  • Falta de protocolos: La mayoría de los centros carece de protocolos básicos ante conductas suicidas o para la contención física, lo que ha derivado en muertes evitables.
Infografía que resume los datos estadísticos sobre vulneraciones de derechos y falta de protocolos en los centros de menores.

El impacto de la sobremedicación y la falta de salud mental

Uno de los problemas más graves identificados es la administración de fármacos sin control especializado. En muchos casos, los medicamentos actúan como un paliativo para contener las crisis conductuales de los jóvenes, en lugar de ser parte de un tratamiento psiquiátrico profesional. La carencia de especialistas y la delegación de estas tareas en educadores sin formación técnica agravan la salud mental de los niños, quienes presentan cuadros complejos de depresión, estrés postraumático y trastornos de conducta.

La perspectiva histórica y social

Académicos han señalado que la crisis que atraviesa el Sename no es un fenómeno aislado, sino un reflejo de una sociedad que históricamente ha invisibilizado la precariedad de la infancia pobre. El concepto de "abandono" se utiliza a menudo para ocultar la desigualdad social. La falta de un seguimiento efectivo y la ausencia de una mirada integral sobre los vínculos familiares condenan a estos niños a un ciclo de vulneración que, a menudo, los lleva del sistema de protección al sistema penal.

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Hacia una necesidad de reforma estructural

La solución no pasa únicamente por aumentar los recursos financieros, sino por transformar radicalmente el modelo de atención. Los especialistas coinciden en que los esfuerzos deben enfocarse en:

  1. Fortalecimiento de los vínculos: Priorizar la participación de las familias de origen cuando sea posible, proporcionándoles herramientas de apoyo.
  2. Defensa jurídica especializada: Asegurar que los niños cuenten con representantes legales que los vean como sujetos de derecho y no como expedientes burocráticos.
  3. Salud mental integral: Crear unidades polivalentes con personal capacitado que trabaje de manera constante y profesional con los menores.

Mientras las autoridades discuten cifras y responsabilidades, miles de niños siguen esperando una respuesta que les permita dejar de ser invisibles ante un sistema que, en lugar de protegerlos, los ha dejado a la deriva.

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