La demencia es uno de los problemas de salud pública más comunes y graves de nuestro tiempo, y una de las principales causas de discapacidad y dependencia de las personas mayores. Representa la séptima causa de muerte a nivel mundial, con más de 46 millones de personas con demencia en el mundo, una cifra que se estima se duplicará en los próximos 20 años. Puede estar provocada por diferentes causas, pero la más frecuente es la enfermedad de Alzheimer, que supone el 60-70% de los casos.
La prevalencia de la demencia aumenta con la edad, oscilando entre el 3% entre las personas de 65 a 70 años y el 35% en las personas de 90 o más años. La demencia tiene impactos físicos, psicológicos, sociales y económicos, no solo para las personas que la padecen, sino también para sus cuidadores, sus familias y el conjunto de la sociedad. Es más prevalente en las mujeres, quienes también son directamente las más afectadas por los cuidados que precisan estos pacientes (familiares o allegados), pues las mujeres proporcionan el 70% de las horas de estos cuidados.
En la demencia hay una disminución significativa, respecto al nivel previo, en uno o más dominios cognitivos (atención compleja, función ejecutiva, aprendizaje y memoria, lenguaje, función motora perceptiva y cognición social), lo que condiciona una progresiva limitación de la persona, que pierde su independencia para la realización de las actividades de la vida diaria.
Deterioro Cognitivo Leve: Una Etapa Crítica
En el deterioro cognitivo leve, los déficits adquiridos (uno o varios) no interfieren, o lo hacen muy levemente, en las actividades de la vida diaria. Esta situación puede revertir, estacionarse en el tiempo, o progresar a demencia, por lo que es importante su prevención, detección, evaluación y seguimiento.
Limitaciones de los Tratamientos Farmacológicos Actuales
En la actualidad, no existe ningún tratamiento curativo para la demencia. El lecanemab (Lequembi®), el último tratamiento farmacológico aparecido, es un anticuerpo monoclonal humanizado recombinante de clase inmunoglobulina gamma 1, producido en células de ovario de hámster chino mediante tecnología de ADN recombinante. Este fármaco está indicado para el tratamiento de pacientes adultos con un diagnóstico clínico de deterioro cognitivo leve y demencia en estado leve debido a enfermedad de Alzheimer (enfermedad de Alzheimer incipiente), que no son portadores de apolipoproteína E ε4 o son heterocigotos con placas de amiloide confirmadas mediante PET (tomografía de emisión de positrones) o análisis en líquido cefalorraquídeo. Su administración ha de hacerse en hospitales mediante infusión intravenosa cada dos semanas y requiere monitorización con resonancias magnéticas periódicas. Los pacientes que lo reciben mantienen las funciones cognitivas y su autonomía durante más tiempo. Sin embargo, a pesar de toda la repercusión mediática por el avance que supone al ir dirigido a las placas de amiloide que intervienen en la etiopatogenia de la enfermedad, la realidad es que los beneficios que conlleva son moderados y pueden no ser perceptibles por el paciente o su cuidador.
Dado que todavía no existe un tratamiento curativo para la demencia ni para detener la progresión del deterioro cognitivo leve, las estrategias de prevención primaria (destinadas a evitar o retrasar la aparición de demencia y de deterioro cognitivo) y las de prevención terciaria (enfocadas a medidas que enlentezcan su progresión y faciliten durante el mayor tiempo la autonomía de los pacientes) cobran máxima importancia. Entre estas medidas, la adopción de estilos de vida saludables dispone de una amplia evidencia científica en la prevención y enlentecimiento de la progresión de la demencia y el deterioro cognitivo en personas mayores. De los principales componentes de un estilo de vida saludable (no fumar, limitar el consumo de alcohol, realizar ejercicio físico de manera regular y mantener una alimentación saludable), el ejercicio físico y una dieta saludable son cruciales.
La Actividad Física como Pilar Fundamental en la Salud Cognitiva
El Alzheimer es una enfermedad compleja que empieza a desarrollarse en el cerebro mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Cada vez hay más estudios que demuestran que el estilo de vida, con un papel destacado en el nivel de actividad física, puede influir en el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Incorporar el ejercicio físico como parte de la rutina diaria puede ser beneficioso tanto para las personas que tienen un mayor riesgo genético o familiar de Alzheimer, como para quienes quieren proteger su salud cognitiva a largo plazo.

Evidencia Científica de sus Beneficios
Los beneficios de los programas de ejercicio físico y actividades como caminar son conocidos desde hace décadas. Sin embargo, la enfermedad de Alzheimer conlleva no solo un deterioro cognitivo, emocional y de la conducta, sino también un declinar en el rendimiento físico de los pacientes. Es decir, el propio deterioro cognitivo podría limitar la capacidad de los pacientes de participar en actividades físicas, y no solo que la inactividad y el sedentarismo predispongan a la demencia.
- Un estudio publicado en la revista JAMA en 2024 (Walking and dementia in physically capable elderly men), en varones de 71-93 años, con un seguimiento de 8 años, mostró que los varones ancianos físicamente activos y que caminan regularmente son menos propensos a desarrollar demencia.
- Otro trabajo publicado también en JAMA en 2003 reveló que un programa de tratamiento, diseñado para adiestrar a los pacientes con demencia y a sus cuidadores en el ejercicio físico (aeróbico, aumento de resistencia muscular, de flexibilidad articular, mejora del equilibrio), aumenta los niveles de actividad y rendimiento físicos y disminuye el grado de depresión, sugiriendo además que el programa puede retrasar la institucionalización de estos pacientes al mejorar la capacidad de los cuidadores en el manejo de los problemas de conducta.
- Un estudio en la revista Neurology analizó si la intensidad del ejercicio físico realizado al aire libre podría ser protector de aspectos específicos de la evolución cognitiva en la demencia. Los autores concluyeron que los niveles bajos o ausentes de actividad física al aire libre se asocian con un empeoramiento de la función ejecutiva, de la memoria semántica y la velocidad de procesamiento de información.
Resultados de una Revisión Sistemática y Metaanálisis Reciente
Más recientemente, la revisión sistemática publicada en 2024 (Physical Activity and Cognitive Decline Among Older Adults. A Systematic Review and Meta-Analysis) representa uno de los análisis más exhaustivos hasta la fecha sobre la relación entre actividad física y deterioro cognitivo en adultos mayores. Este metaanálisis incluyó 104 estudios longitudinales con un total de 341.471 participantes, todos mayores de 55 años. Su objetivo principal fue investigar si la actividad física en adultos mayores se asocia con una menor probabilidad de deterioro cognitivo, una mejor función cognitiva general y una desaceleración del declive cognitivo en dominios específicos como la memoria, el lenguaje, la atención y la velocidad de procesamiento.
Este metaanálisis aporta evidencia sólida de que la actividad física regular está asociada con menor riesgo de deterioro cognitivo y mejor preservación de funciones cognitivas en adultos mayores. Aunque el tamaño del efecto es pequeño, su impacto acumulativo puede ser considerable si se aplica en estrategias poblacionales de promoción de la salud. Los hallazgos respaldan, por lo tanto, las recomendaciones actuales de fomentar el ejercicio físico como una intervención accesible, segura y potencialmente protectora frente al deterioro cognitivo relacionado con la edad.
Por otro lado, una revisión sistemática que abarcó estudios desde el año 2000 hasta el 2018, buscando el papel de la actividad física en la prevención del deterioro cognitivo o demencia en adultos mayores de 50 años o más, encontró evidencia científica de resultados positivos con respecto a la actividad física en el funcionamiento cognitivo, especialmente en cognición global, memoria, atención y funciones ejecutivas. La mayoría de los estudios incluidos demostraron una mejoría en las medidas cognitivas evaluadas. Los hallazgos sugieren que el ejercicio físico puede proporcionar una estrategia ampliamente disponible para mejorar el funcionamiento cognitivo, especialmente de las funciones ejecutivas y memoria, y retrasar la aparición de la demencia.
Mecanismos de Protección Cerebral
Los mecanismos por los que el ejercicio físico protege contra el deterioro cognitivo se han relacionado con la neurogénesis (creación de nuevas neuronas), la neuroinflamación (reducción de la inflamación cerebral), la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos), la activación del funcionamiento cerebrovascular, del metabolismo glucémico y del incremento de factores de crecimiento (factores neurotróficos) que activarían la plasticidad neuronal, aparte de los beneficios añadidos del ejercicio físico sobre la salud cardiovascular. Una revisión publicada por Paillard y colaboradores en Journal of Clinical Neurology indica que dentro de los posibles beneficios de la actividad física como factor neuroprotector en seres humanos, se encuentran el aumento del flujo sanguíneo hacia el cerebro, aumento del volumen del hipocampo, y el aumento de la concentración plasmática de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro).
El Concepto del "Guerrero de Fin de Semana"
La actividad física durante el tiempo libre, ya sea deporte o ejercicio, se asocia con un menor riesgo de demencia. El deterioro cognitivo es un problema creciente a nivel mundial, ya que suele anteceder a la demencia. Identificar factores de riesgo modificables, como la inactividad física, es clave: retrasar cinco años el inicio de la demencia podría reducir a la mitad su prevalencia.
En este contexto, surge el concepto del “guerrero de fin de semana”: personas que solo pueden ejercitarse uno o dos días por semana. Este patrón podría representar una solución viable en poblaciones con una alta carga laboral, como ocurre en muchas ciudades latinoamericanas.
Un análisis reciente del Estudio Prospectivo de la Ciudad de México, con datos de más de 10 mil participantes mayores de 35 años, estudió la relación entre el patrón de actividad física de fin de semana y la demencia leve. Los resultados fueron alentadores: quienes se ejercitaban los fines de semana o eran regularmente activos mostraron menores tasas de demencia leve en comparación con quienes no hacían ninguna actividad física. Además, el análisis ajustado por factores de confusión mostró una reducción del riesgo de demencia leve del 25 % en los guerreros de fin de semana. Esto sugiere que incluso una actividad física limitada puede tener beneficios cognitivos significativos.
El estudio estimó que, si todos los adultos de mediana edad practicaran ejercicio una o dos veces por semana o más, se podrían evitar entre el 10 % y el 13 % de los casos de demencia leve. Es particularmente interesante que el patrón de actividad física de fin de semana mostró beneficios comparables al de quienes hacen ejercicio de forma regular. Al analizar los datos por sexo, los resultados fueron similares, y también se observaron asociaciones entre la actividad física y la demencia moderada, con un 31 % menos de riesgo de desarrollarla en los guerreros de fin de semana en comparación con los inactivos.
Recomendaciones para la Actividad Física en Adultos Mayores
Para prevenir la demencia y fomentar la salud cerebral, no se trata de hacer deporte de alto nivel ni de empezar entrenamientos exigentes. Actividades sencillas como caminar a paso ligero, bailar, nadar o montar en bicicleta pueden ser suficientes para activar mecanismos de protección en el cerebro. No hay un único tipo de ejercicio físico que proteja el cerebro: lo que realmente marca la diferencia es mantener el cuerpo en movimiento de forma regular y adaptada a nuestras capacidades. Y si esa actividad es variada, aún mejor.

Guías Generales y Tipos de Ejercicio
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reportado que la inactividad física representa el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante en todo el mundo. Con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias, musculares y la salud ósea y funcional, reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles (ENT), depresión y deterioro cognitivo, la OMS recomienda que los adultos de 65 años en adelante dediquen 150 minutos semanales a realizar actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
Los tipos de actividad física que pueden incorporarse incluyen:
- Tonificación o refuerzo muscular: Con el paso de los años, se pierde masa muscular y fuerza, lo que puede dificultar tareas cotidianas y aumentar el riesgo de caídas. Ejercicios como levantar pesas ligeras o utilizar bandas elásticas ayudan a fortalecer los músculos y también protegen la masa ósea, reduciendo el riesgo de osteoporosis.
- Flexibilidad y equilibrio: Son fundamentales para mantener una buena postura y prevenir caídas, una de las principales causas de discapacidad en personas mayores.
- Estiramientos: Aunque a veces se olvidan, los estiramientos son importantes antes y después de hacer ejercicio. Mejoran la flexibilidad, favorecen la movilidad de las articulaciones y ayudan a prevenir lesiones.
En todos los casos, especialmente a partir de cierta edad o si se convive con alguna enfermedad crónica, es recomendable pedir consejo al equipo médico de referencia. En definitiva, hay muchas maneras de moverse, y todas pueden aportar beneficios. La clave está en romper con el sedentarismo y mantenernos activos.
Hábitos Saludables Complementarios para la Salud Cognitiva
Para frenar el desarrollo de la demencia y promover una mayor reserva cognitiva, es importante adicionar otras actividades y hábitos saludables que constituyen factores de protección.
Dieta Saludable
En lo relativo a la dieta mediterránea, muchos estudios están proporcionando resultados claros sobre su beneficio en el control de los factores de riesgo cardiovascular y en la disminución del riesgo de tumores. También se ha observado una disminución del riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Los resultados de un reciente estudio de cohortes, con un seguimiento medio de 7 años, sugieren que una alta adherencia a una dieta mediterránea se asocia con un mejor rendimiento cognitivo y una menor disminución de la capacidad de aprendizaje y de la memoria entre los adultos hispanos o latinos de mediana edad y ancianos residentes en Estados Unidos.

Control de Factores de Riesgo Cardiovascular
Los estudios que valoran el beneficio de los 7 indicadores de salud cardiovascular propuestos por la American Heart Association (evitar el tabaco, mantener el peso ideal, actividad física, dieta sana, y niveles correctos de presión arterial, colesterol y glucosa), muestran que las personas con mejores indicadores de salud cardiovascular tenían menor pérdida cognitiva debida a la edad, especialmente en dominios como velocidad de procesamiento, función ejecutiva y memoria reciente. De dichos indicadores, el no fumar y tener niveles de glucemia bajos fueron los que mejor se asociaron con la función cognitiva futura.
Impacto de Múltiples Hábitos Saludables
Un estudio publicado en 2020, de seguimiento de dos cohortes de personas de 65 o más años, valoró el impacto de un estilo de vida saludable en el riesgo de demencia tipo Alzheimer. Se creó una puntuación de estilo de vida saludable en función de no fumar, realizar ≥150 minutos/semana de actividad física moderada-intensa, tener un consumo de alcohol de leve a moderado, seguir una dieta mediterránea y participar en actividades de estimulación cognitiva (lectura, escritura de cartas, visitas a bibliotecas o juegos de mesa como ajedrez o damas).
Durante la mediana de seguimiento, los autores concluyen que por cada estilo saludable se disminuye un 17% el riesgo adicional de demencia, de manera que quienes se adhieren simultáneamente a 4 o 5 hábitos saludables presentan una disminución del 60% del riesgo de desarrollar demencia tipo Alzheimer respecto a las personas con uno o ningún comportamiento saludable. Estas asociaciones fueron independientes de otros factores de riesgo conocidos de demencia de Alzheimer.
Sueño y Estimulación Cognitiva
Como complemento al ejercicio físico, es importante adicionar otras actividades y hábitos más saludables para frenar el desarrollo de la enfermedad y promover mayor reserva cognitiva, porque constituyen factores de protección:
- Dormir: Para un adecuado funcionamiento cerebral (mejora de la concentración, consolidación de la memoria reciente y la estabilidad emocional) se recomienda dormir de siete a nueve horas por día.
- Actividades de estimulación cognitiva: La lectura, la escritura de cartas, las visitas a bibliotecas o los juegos de mesa como ajedrez o damas, contribuyen a mantener la mente activa.
En resumen, los resultados de los estudios comentados animan a seguir promoviendo estilos de vida saludables (actividad física, dieta mediterránea, no fumar, limitar el consumo de alcohol), junto al control de los factores de riesgo cardiovascular (presión arterial, niveles de glucosa, colesterol y peso) en nuestros pacientes mayores. La adopción de estilos de vida saludables y el control de los factores de riesgo cardiovascular podrían prevenir o retrasar la progresión de al menos el 40% de las demencias en todo el mundo. Según el informe actualizado de The Lancet Commission de 2024 sobre prevención, intervención y atención en demencia, hasta el 45% de los casos de demencia podrían estar relacionados con factores de riesgo modificables a lo largo de la vida.