Qué ocurre si la temperatura corporal supera lo normal

La temperatura corporal normal de un ser humano oscila entre los 35° y los 37°C y suele ser constante. Por definición, el límite considerado normal para la temperatura corporal es de 37ºC medidos en la región axilar. Sin embargo, la temperatura corporal varía a lo largo del día, siendo más baja por la mañana y más alta al finalizar la tarde, cuando puede alcanzar los 37,7° C. La temperatura corporal normal varía de una persona a otra, e incluso sigue un ritmo circadiano, lo que significa que existen momentos donde la temperatura será ligeramente más elevada.

Un aumento temporal de la temperatura corporal se conoce como fiebre. La fiebre es una parte de la respuesta general del sistema inmunitario del cuerpo y se produce cuando el termostato del cuerpo (situado en el hipotálamo, en el encéfalo) se reinicia a una temperatura más elevada, principalmente como respuesta a una infección. La temperatura corporal elevada que no está causada por un restablecimiento del punto de ajuste de la temperatura se denomina hipertermia.

Esquema de la diferencia entre fiebre e hipertermia

Regulación de la Temperatura Corporal

El hipotálamo, también llamado el termostato del cuerpo, es el área del cerebro que controla el equilibrio entre la producción y la pérdida de calor. El encargado de regular nuestra temperatura corporal es el hipotálamo, una pequeña región que se encuentra en la base de nuestro cerebro, cerca de la glándula pituitaria. El hipotálamo se ayuda de termorreceptores para obtener información sobre la temperatura de nuestro cuerpo. Cuando detecta un aumento de la temperatura, desencadena una serie de mecanismos para mantener nuestro cuerpo a una temperatura óptima (37ºC). La porción anterior, compuesta por centros parasimpáticos, es la encargada de disipar el calor. La porción posterior, con centros simpáticos, conserva y mantiene la temperatura corporal.

Mecanismos de disipación de calor

  • La Transpiración: Es el sistema de refrigeración más importante del que dispone nuestro cuerpo. Al detectar un aumento de la temperatura, el hipotálamo desencadena la producción de sudor. Este es producido por las glándulas sudoríparas de la piel y se compone de agua, sales minerales y toxinas, siendo expulsado a través de los poros de nuestra piel. Cuando el sudor se evapora de la superficie de nuestra piel, libera el exceso de calor y mantiene nuestra temperatura constante. Diariamente evaporamos entre uno y dos litros de sudor, pudiendo llegar hasta 6 litros diarios.
  • La Vasodilatación: Los capilares son los vasos sanguíneos de menor diámetro y los que más cerca se encuentran de la superficie de la piel. La sangre que por ellos circula está por lo tanto más cerca del aire exterior que la sangre del resto de nuestros vasos sanguíneos, facilitando la pérdida de calor.

Medición de la Temperatura

La temperatura corporal se puede medir en varias zonas del cuerpo. Los lugares más frecuentes son la boca (temperatura oral) y el recto (temperatura rectal). Entre otros lugares se encuentran la oreja, la frente y, con mucha menor probabilidad, la axila. La temperatura se mide habitualmente con un termómetro digital. Los termómetros de cristal que contienen mercurio no se recomiendan debido al riesgo de que se rompan exponiendo al usuario al mercurio.

Fotografía de diferentes tipos de termómetros para medir la temperatura corporal

En cuanto a la precisión de la medición:

  • Las temperaturas orales se consideran elevadas cuando son superiores a 37° C por la mañana temprano, su temperatura es superior a 38° C en cualquier momento posterior a la madrugada, o son más elevadas que la temperatura diaria normal de una persona.
  • Las temperaturas rectal y timpánica (en el oído) son aproximadamente 0,6° C más elevadas que las temperaturas orales.
  • La temperatura de la piel (por ejemplo, la frente) es aproximadamente 0,6° C más baja que la temperatura oral.
  • Los termómetros orales y rectales generalmente proporcionan la medición más precisa de la temperatura corporal central. Los termómetros de oído o de frente, aunque son convenientes, proporcionan mediciones de temperatura menos precisas.
  • Cuando es posible tomar la temperatura rectal en los bebés, esta es más precisa. La temperatura de la axila es la menos precisa, por lo que los médicos rara vez la utilizan para confirmar la fiebre.

Es importante recordar que muchas personas utilizan el término fiebre de forma vaga, a menudo para expresar que se sienten demasiado calientes, demasiado fríos o sudorosos, pero en realidad no han medido su temperatura. Además, la capacidad de generar fiebre se reduce en ciertas personas (por ejemplo, las que son muy mayores, muy jóvenes o las que sufren un trastorno por consumo de alcohol).

Consecuencias de la Temperatura Corporal Elevada

Un aumento de la temperatura corporal, escalofríos y cansancio puede ser una señal de que tu organismo está respondiendo a algo. La fiebre de forma aislada no es una enfermedad, sino una respuesta de nuestro cuerpo generalmente ante una infección. Podríamos considerar, por tanto, que la fiebre es una defensa natural de nuestro organismo que se desarrolla cuando un patógeno, como un virus o una bacteria, logra penetrar las barreras físicas de nuestro cuerpo.

Beneficios de la fiebre

Aunque muchas personas se preocupan de que la fiebre pueda ser perjudicial, las típicas elevaciones temporales de la temperatura corporal comprendidas entre 38° C y 40º C que producen la mayoría de las infecciones agudas son bien toleradas por los adultos sanos. La fiebre, por el hecho de ser una de las defensas contra una infección del organismo, puede desencadenar la producción de anticuerpos y dificultar el crecimiento de los microorganismos, además de disminuir la gravedad de una infección y ayudar a que desaparezca.

Riesgos y complicaciones

Los síntomas se deben principalmente al trastorno que causa la fiebre más que a la fiebre en sí misma. Sin embargo, una fiebre moderada puede ser un poco peligrosa en adultos con enfermedades cardíacas o pulmonares debido a que la fiebre hace que aumente la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria. La fiebre también puede empeorar el estado mental en personas con demencia.

La elevación extrema de la temperatura (por lo general más de 41° C) puede ser perjudicial. Una temperatura corporal tan alta puede causar la disfunción y, en última instancia, el fracaso de la mayoría de los órganos. Dicha elevación extrema puede ser causada por una infección muy grave (como sepsis, malaria o meningitis), pero es más típica de un golpe de calor o tras el consumo de ciertas drogas ilícitas (como la cocaína o la PCP).

Golpe de calor e hipertermia

Si llegamos al punto en que nuestro cuerpo se ve expuesto a un calor extremo, llegando a rondar los 40 grados de temperatura interna, podemos sufrir un golpe de calor. Este se caracteriza por dos fenómenos principales: aumento de la temperatura corporal (hipertermia) y afectaciones al sistema nervioso. El golpe de calor aparece cuando el organismo pierde el control de la temperatura corporal que sube por encima de los 40ºC, provocando daño en las estructuras celulares y en el sistema termorregulador, con un alto riesgo de mortalidad. Un golpe de calor se trata de una emergencia que puede ser mortal.

Algunos de los síntomas característicos de los golpes de calor son fatiga, debilidad, confusión, dolores de cabeza, náuseas, vómitos, ansiedad, mareos, taquicardia, somnolencia, reducción o cese de la sudoración (síntoma precoz), piel caliente y seca e inconsciencia y convulsiones. En algunos casos, aunque menos frecuentes, también se produce ictericia (piel amarillenta), sensibilidad muscular, hipotensión, hemorragias gastrointestinales y moretones y sangrados de piel. Entre las complicaciones que puede provocar se incluyen síndrome de distrés respiratorio del adulto (respiración rápida y trabajosa, falta de aliento, presión sanguínea baja y fallo orgánico), fallo renal, fallo hepático y coagulación intravascular diseminada.

Otros problemas relacionados con la exposición al calor incluyen:

  • Agotamiento por deshidratación: Es una reacción sistémica secundaria a la exposición prolongada al calor con pérdida de agua y sales.
  • Calambres: Contracciones musculares dolorosas involuntarias.
  • Síncope: Es un síntoma que indica que hay un aporte insuficiente de sangre, oxígeno o glucosa al cerebro. Los síntomas incluyen sensación de vahído, con visión borrosa y de tambaleo postural.
  • Insolación: Tiene una relación directa con el tiempo de exposición solar (sobre todo en la cabeza).

Golpe de calor: síntomas, cómo tratarlo y cómo prevenirlo - #CuidaTuSalud

Causas de la Fiebre

La fiebre no aparece por sí sola: siempre hay un motivo detrás. Las sustancias que producen fiebre reciben el nombre de pirógenos. Estos pueden provenir del interior o del exterior del organismo. Los microorganismos y las sustancias que ellos producen (como las toxinas) son ejemplos de pirógenos que se forman en el exterior del cuerpo. Los pirógenos formados en el interior del cuerpo suelen estar producidos por dos tipos de glóbulos blancos denominados monocitos y macrófagos. Los pirógenos exteriores al organismo provocan fiebre al estimularlo para que produzca sus propios pirógenos, o bien afectando directamente el área del cerebro que controla la temperatura corporal.

Muchos trastornos pueden causar fiebre. En general se los clasifica como:

  • Infecciosos (la causa más común)
  • Neoplásicos (cáncer)
  • Inflamatorios (incluyendo trastornos autoinmunitarios, reacciones alérgicas y algunas reacciones a fármacos)

Es muy probable que una infección sea la causa en los adultos con una fiebre que dura 4 días o menos (lo que se denomina fiebre aguda). Una fiebre aguda en personas con cáncer o un trastorno inflamatorio conocido tiene también más probabilidades de tener una causa infecciosa. En las personas sanas, es poco probable que la fiebre aguda sea el primer signo de una enfermedad crónica. Es más probable que una causa no infecciosa sea responsable de la fiebre cuando esta dura mucho tiempo o es recurrente.

Causas infecciosas más comunes

Las infecciones son las causas más frecuentes de fiebre. Pueden estar causadas por bacterias, virus u hongos. Prácticamente todas las infecciones pueden causar fiebre, pero, en general, las causas infecciosas más probables son las siguientes:

  • Infecciones de las vías respiratorias superior e inferior
  • Infecciones gastrointestinales
  • Infecciones de las vías urinarias (IVU)
  • Infecciones cutáneas

La mayoría de las infecciones agudas de las vías respiratorias y del tracto gastrointestinal son víricas. Además, ciertos fármacos y vacunas generan fiebre como respuesta temporal del organismo. La exposición prolongada al sol, la insolación y la deshidratación también aumentan la temperatura del cuerpo.

Factores de Riesgo

Ciertos factores ayudan a los médicos a determinar cuál es la causa más probable de fiebre en una persona. Estos factores de riesgo incluyen:

  • El estado de salud, la edad y la ocupación de la persona.
  • Hospitalización.
  • Uso de ciertos medicamentos o drogas ilícitas.
  • Exposición a las infecciones (por ejemplo, a través de los viajes o el contacto con personas, animales o insectos infectados).

Evaluación Médica de la Fiebre

Por lo general, el médico puede determinar que una infección está presente basándose en una breve historia clínica, la exploración y, en ocasiones, realizando algunas pruebas complementarias simples como la radiografía de tórax y el análisis de orina. A veces, sin embargo, la causa de la fiebre no es fácil de identificar.

Enfoque inicial y anamnesis

Cuando el médico evalúa a un paciente con fiebre aguda, se centra en dos cuestiones básicas: identificar otros síntomas como dolor de cabeza o tos para limitar las posibles causas, y determinar si se presenta una enfermedad grave o crónica. Muchas de las posibles infecciones víricas agudas remiten por sí solas y también son difíciles de diagnosticar de forma específica. Limitar las pruebas únicamente a aquellos que presentan una infección grave o crónica puede ayudar a evitar muchas búsquedas costosas, innecesarias y, a menudo, infructuosas.

El médico comienza preguntando al paciente por los síntomas y las enfermedades presentes y previas, la medicación que está tomando, si ha recibido transfusiones de sangre, si ha estado expuesto a infecciones, los viajes recientes, las vacunas y las hospitalizaciones, intervenciones quirúrgicas u otros procedimientos médicos a los que se haya sometido. El patrón de la fiebre rara vez ayuda a hacer el diagnóstico. Sin embargo, una fiebre que se repite cada dos o tres días es característica de la malaria. Los médicos consideran la malaria y otras infecciones transmitidas por insectos como posible causa solo si las personas afectadas han viajado a un área donde la infección es común.

Los viajes recientes orientan a veces sobre la causa de la fiebre, ya que algunas infecciones se presentan en áreas determinadas. Las exposiciones recientes también son importantes; por ejemplo, los sujetos que trabajan en un matadero o en una planta envasadora de carne son más propensos a desarrollar brucelosis. Otros ejemplos incluyen agua o alimentos inseguros, insectos (como mosquitos) y picaduras de garrapata, relaciones sexuales sin protección y exposiciones ocupacionales o recreativas.

El dolor es una clave importante para el posible origen de la fiebre, por lo que el médico pregunta acerca de cualquier dolor de oídos, cabeza, cuello, dientes, garganta, tórax, abdomen, flancos, recto, o cualquier dolor muscular y articular. Otros síntomas que ayudan a determinar la causa de la fiebre incluyen congestión y/o secreción nasal, tos, diarrea y síntomas urinarios. Saber si el paciente presenta un aumento de volumen de los ganglios linfáticos o una erupción cutánea puede ayudar al médico a identificar la causa. Cuando existe fiebre recurrente, sudoración nocturna y pérdida de peso, las personas afectadas pueden tener una infección crónica como la tuberculosis o la endocarditis.

El médico también puede preguntar acerca de:

  • Contacto con cualquier persona que tenga una infección.
  • Cualquier patología conocida que predisponga a la infección, como el VIH, diabetes, cáncer, trasplante de órganos, anemia de células falciformes o lesiones de las válvulas cardíacas.
  • Cualquier trastorno conocido que pueda causar fiebre en ausencia de infección como el lupus, gota, sarcoidosis, hipertiroidismo o cáncer.
  • El uso de cualquier medicamento que pueda hacer que una persona sea susceptible a la infección, como la quimioterapia contra el cáncer, los corticoesteroides u otros medicamentos que inhiben el sistema inmunológico.
  • La adicción a drogas intravenosas.

Exploración física y pruebas complementarias

La exploración comienza confirmando que el paciente presenta fiebre, con mayor precisión midiendo la temperatura rectal. A continuación, los médicos realizan un examen exhaustivo de la cabeza a los pies para detectar una fuente de infección o indicios de enfermedad.

La necesidad de realizar pruebas complementarias depende de los hallazgos efectuados durante la anamnesis y la exploración. Los sujetos sanos que tienen un episodio de fiebre aguda y síntomas vagos y generales probablemente sufran una enfermedad vírica que va a desaparecer sin necesidad de tratamiento y, por lo tanto, no requieren por lo general pruebas. La excepción la constituyen personas en zonas de COVID-19, expuestas a vectores de enfermedades, o que han viajado a áreas con enfermedades específicas.

Si el sujeto tiene algún hallazgo que sugiera un trastorno particular, puede ser necesario realizar pruebas complementarias específicas. Por ejemplo, para el dolor de cabeza y rigidez en el cuello, se realiza una punción lumbar; para tos y congestión pulmonar, una radiografía de tórax. Existen pruebas moleculares rápidas para enfermedades respiratorias como COVID-19 o gripe. Los sujetos que presentan un riesgo elevado de infección, afectación importante o edad avanzada, a menudo necesitan pruebas complementarias, incluso sin hallazgos específicos, como un hemograma completo, cultivos de orina y hemocultivos, o radiografía de tórax.

Cuándo Buscar Atención Médica

La fiebre no siempre es motivo de alarma, pero tampoco debe ignorarse. En la mayoría de los niños y adultos, la fiebre puede ser molesta, pero no suele ser motivo de preocupación. Sin embargo, en el caso de los bebés, incluso una fiebre baja puede significar que hay una infección grave.

Signos de alarma

En las personas con fiebre aguda, algunos signos y características son motivo de preocupación. Entre estos signos se incluyen los siguientes:

  • Alteración de la función mental, como confusión.
  • Dolor de cabeza, rigidez de cuello o ambos.
  • Manchas planas, pequeñas, de color rojo púrpura en la piel (petequias), que indican un sangrado debajo de la piel.
  • Hipotensión arterial.
  • Frecuencia cardíaca rápida o respiración acelerada.
  • Dificultad respiratoria (disnea) o dolor en el pecho.
  • Temperatura mayor de 40° C o inferior a 35° C.
  • Viaje reciente a un área donde es común alguna enfermedad infecciosa grave, como la malaria.
  • Tratamiento reciente con fármacos que inhiben el sistema inmunitario (inmunosupresores).
  • Vómitos constantes o dolor abdominal.
  • Sarpullido o sensibilidad inusual a la luz brillante.
  • Dolor al orinar.

Si existe alguno de estos signos de alarma, se debe ver a un médico de inmediato. En estos casos suele ser necesario realizar pruebas complementarias de forma inmediata y, a menudo, es necesario el ingreso en el hospital.

Recomendaciones según la edad

  • Bebés y niños pequeños: La fiebre es un motivo de preocupación. Si tiene menos de 3 meses y la temperatura rectal es de 38°C (100,4°F) o superior. Si tiene entre 3 y 6 meses y la temperatura rectal es superior a 38,9°C (102°F) o tiene una temperatura más baja, pero parece inusualmente irritable, cansado o incómodo. Si tiene entre 7 y 24 meses y la temperatura rectal es superior a 38,9°C (102°F) y dura más de un día, pero no muestra otros síntomas.
  • Niños: Probablemente no exista motivo para alarmarse si el niño tiene fiebre, pero reacciona bien (hace contacto visual y responde). Sin embargo, busque atención médica si está desganado, confundido, irritable, vomita reiteradamente, tiene dolor de cabeza, de garganta o de estómago intenso, tiene otros síntomas que le causan mucha molestia, tiene fiebre después de haber estado en un automóvil expuesto al calor (buscar atención médica de inmediato), o si la fiebre dura más de tres días. Pida asesoramiento si tiene problemas del sistema inmunitario o una enfermedad preexistente.
  • Adultos: Llame al proveedor de atención médica si su temperatura es de 39,4°C (103°F) o más. Si no existen signos de alarma, se debe llamar al médico si la fiebre dura más de 24 a 48 horas. Por lo general, es necesario consultar con un médico si la fiebre dura más de 3 o 4 días, independientemente de otros síntomas.
Infografía sobre cuándo consultar al médico por fiebre en adultos y niños

Convulsiones Febriles

La fiebre en niños sanos puede causar convulsiones febriles. Los niños de entre 6 meses y 5 años tienen mayor riesgo de presentar una convulsión cuando tienen fiebre. Alrededor de un tercio de los niños que tienen una convulsión febril tendrán otra, por lo general dentro de los próximos 12 meses.

Una convulsión febril puede suponer pérdida del conocimiento, temblores en las extremidades a ambos lados del cuerpo, ojos en blanco o rigidez corporal. En caso de presenciar un episodio, se debe mantener la calma, intentar cuantificar la duración aproximada del cuadro, colocar al enfermo tumbado sobre uno de sus lados y retirar aquellos objetos de alrededor que pudieran provocarle una lesión accidental. Por otro lado, no se debe intentar sujetar al enfermo durante la convulsión puesto que de intentarlo es posible que se genere alguna lesión a nivel osteoarticular. Si su hijo no necesita atención médica de emergencia, consulte al proveedor de atención médica del niño tan pronto como sea posible para que le haga más estudios.

Prevención de la Fiebre

Puedes prevenir la fiebre si reduces tu exposición a enfermedades infecciosas. Esto incluye:

  • Vacunarse según las indicaciones contra las enfermedades infecciosas, como la gripe y la COVID-19.
  • Seguir las pautas de salud pública sobre el uso de mascarillas y el distanciamiento físico.
  • Lavarse las manos con frecuencia y enseñar a los niños a hacer lo mismo, principalmente antes de comer, luego de ir al baño, después de pasar tiempo en lugares con mucha gente o con una persona enferma, y luego de tocar animales y de viajar en transporte público.
  • Mostrar cómo lavarse bien las manos, abarcando ambos lados de cada mano con jabón y enjuagando por completo bajo el agua corriente.
  • Llevar desinfectante para manos para cuando no se tenga acceso a agua y jabón.
  • Evitar tocarse la nariz, la boca y los ojos, ya que estas son las principales vías por las que los virus y las bacterias pueden ingresar al cuerpo y causar infecciones.
  • Cubrirse la boca cuando se tose y la nariz cuando se estornuda, y enseñar a los hijos a hacer lo mismo.
  • Siempre que sea posible, alejarse de otras personas y toser o estornudar en el codo para evitar la propagación de gérmenes.

Para la mayoría de los casos de fiebre, si la subida de la temperatura es bien tolerada no es necesario intervenir con medicamentos. Existen medidas físicas y/o farmacológicas para reducir la temperatura corporal. Se puede recurrir a fármacos para controlar los síntomas, siendo de elección, de no existir contraindicación médica, el paracetamol, un medicamento antipirético que también tiene un efecto sobre el control del dolor. Es importante realizar un registro de la temperatura corporal en los procesos infecciosos, siendo el método más recomendable la medición axilar mediante termómetros de contacto.

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