Cuando pensamos en habilidades motoras, quizás nos vengan a la mente acciones como caminar, coger objetos o escribir. Sin embargo, detrás de esos movimientos coordinados y con propósito, existe una capacidad cognitiva fundamental: las praxias. Estas son imprescindibles en la realización de las actividades básicas e instrumentales de la vida de cualquier persona, y suelen deteriorarse cuando aparece una enfermedad neurodegenerativa, lo que las hace especialmente relevantes en el contexto de los adultos mayores.
¿Qué Son las Praxias? Definición y Características
Las praxias son funciones superiores del sistema nervioso que permiten ejecutar movimientos voluntarios, aprendidos y coordinados con un fin determinado. Se conocen como la habilidad o la capacidad de planificar y coordinar movimientos voluntarios, es decir, movimientos que se realizan para conseguir un objetivo. Son una función psicológica que nos permite llevar a cabo acciones o movimientos voluntarios, coordinados y aprendidos, con un fin determinado.
Cualquier actividad de tipo motor implica hacer uso de esta función cognitiva. Las praxias forman parte del conjunto de funciones cognitivas que regula el cerebro, y más concretamente, se encuentran en el lóbulo parietal, encargado de la percepción de los estímulos somáticos y sensoriales como el tacto, la temperatura o el dolor.
Las praxias están íntimamente relacionadas con otras funciones cognitivas como el lenguaje, la percepción o la memoria gestual. El proceso práxico requiere de la concepción de la idea de lo que se quiere hacer, de la planificación de los movimientos necesarios, de la propia ejecución precisa y coordinada y de una autoevaluación de todo ello.
Si una persona ha aprendido una acción motora correctamente, como por ejemplo, cómo usar cubiertos, esa acción puede automatizarse gracias a las praxias. Posteriormente, al pedirle que ejecute esa acción bajo demanda, el cerebro “recuerda” el plan motriz asociado. Estos movimientos automatizados se realizan de forma totalmente inconsciente, permitiendo desenvolvernos de una forma más eficiente en la vida diaria.
La Importancia de las Praxias en la Vida Cotidiana
Las praxias son fundamentales para nuestra independencia cotidiana. Si no pudiéramos coordinar gestos voluntarios complejos, muchas de las acciones más simples serían inviables. Desde saludar con la mano hasta abotonarse una camisa o usar los cubiertos en la mesa, todas esas acciones implican praxias.
Permiten la adecuada manipulación de utensilios o herramientas a partir de una ordenada y precisa secuencia de acciones motoras bien coordinadas, requiriendo un correcto conocimiento de para qué sirve y cómo se usa el utensilio en cuestión.
Además, las praxias presentan otra ventaja: al permitirnos imitar acciones o movimientos, también nos permiten aprender de las acciones de otros. Esta es una de las principales formas en las que los seres humanos aprenden y se desarrollan a lo largo de su vida.

Tipos de Praxias
Las praxias se clasifican según el tipo de acción voluntaria implicada y el grado de complejidad en la organización motora. Conocerlas es clave en un entorno de rehabilitación, porque cada tipo puede demandar estrategias distintas de evaluación y estimulación. Por lo general, se considera que hay cinco tipos principales de praxias:
Praxias Ideomotoras
Estas implican gestos simples, movimientos simbólicos o imitación de acciones sin soporte del objeto. Se refieren a movimientos sencillos o simples que implican una intención, como por ejemplo la de comunicarnos al saludar o decir adiós con la mano, el gesto del saludo militar, hacer el símbolo de la victoria con los dedos índice y corazón o el símbolo de "ok" con el pulgar hacia arriba. En el ámbito clínico, es frecuente que un paciente no pueda ejecutar un gesto solicitado, aunque no tenga paresia muscular: sabe qué debe hacer, pero no sabe “cómo” realizar el gesto.
Praxias Ideatorias
Son aquellas que permiten usar objetos de forma adecuada. Implican la capacidad para manipular un objeto mediante una secuencia de acciones motoras coordinadas, lo que requiere una representación mental del objeto y el conocimiento de su utilización. Aquí la complejidad es mayor, ya que se trata del uso secuencial de objetos con sentido funcional. Por ejemplo, “cepillarse los dientes” implica tomar el cepillo, aplicar pasta, cepillar y enjuagar. En la praxia ideatoria se desarrollan diferentes habilidades como conocer la función del objeto, la acción y también el orden de los actos que llevan a la acción.
Praxias Visuoconstructivas
Son las que implican planificar y ejecutar movimientos para organizar elementos en el espacio para reproducir una figura. Hacen referencia a la capacidad para dibujar o realizar construcciones bidimensionales o tridimensionales. Cuando formamos un puzle, una maqueta, colocamos las cosas en el carro de la compra o realizamos un dibujo, estamos ejecutando una praxia visuoconstructiva. Esta es una habilidad muy compleja que combina la actividad perceptiva con la respuesta motora y siempre tiene un componente espacial. En rehabilitación neurológica, se trabajan con ejercicios de copia gráfica, ensamblaje de piezas y diseño espacial progresivo.

Praxias Orofaciales (Bucofanatorias o Faciales)
Involucran gestos voluntarios de labios, lengua, mejillas y mandíbula. Se refieren a los movimientos que realizamos con la cara con una finalidad, tales como mover los labios para silbar, para comer, para sacar la lengua, para dar un beso, soplar, inflar mejillas, o los ojos para cerrarlos con fuerza o subir las cejas ante una sorpresa. También implican coordinaciones labiales.
Praxias del Vestido
Aunque no es un tipo especial en sí mismo, ya que podría estar incluida en las praxias ideatorias, normalmente se le da una mayor importancia al trabajar con pacientes neurológicos. Se refiere a aquellos movimientos encaminados a vestirnos y calzarnos correctamente. Implica saber el orden de las prendas, su correcta puesta (las camisas con los botones hacia adelante, los pantalones puestos por los pies, los calcetines antes que los zapatos, etc.).
Apraxia: Cuando las Praxias se Alteran
Cuando estas funciones cognitivas se alteran, aparece la apraxia. La apraxia es un trastorno neurológico caracterizado por la incapacidad para ejecutar movimientos voluntarios aprendidos (gestos, uso de objetos) a pesar de que la fuerza, la sensibilidad y el conocimiento del propósito están preservados. La persona sabe qué quiere hacer, tiene la intención, pero no logra traducir esa idea en una acción motora precisa.
Es crucial no confundir la apraxia con parálisis o debilidad muscular, ya que la apraxia es una falla del sistema motor cognitivo, no del músculo. La alteración de cualquier forma de praxia es una consecuencia de una disfunción cerebral, como traumatismos craneoencefálicos, accidentes vasculares cerebrales, tumores cerebrales o enfermedades neurodegenerativas que conllevan deterioro cognitivo y demencia. Las apraxias representan la dificultad o imposibilidad de realizar correctamente aquellos movimientos aprendidos con anterioridad a la lesión o enfermedad de origen neurológico.
Generalmente, una apraxia puede ocurrir cuando se ha dañado la corteza prefrontal, la corteza motora primaria o secundaria, el cerebelo o los ganglios basales y el cerebro posterior (formado por el lóbulo temporal, parietal y occipital). Sus principales manifestaciones clínicas son la incapacidad de llevar a cabo un movimiento en respuesta a un objeto, de manipularlo de forma correcta o de imitar adecuadamente un movimiento. Por ejemplo, una persona que sufre de una apraxia ideomotora será incapaz de poner una idea en práctica.
Apraxia en Adultos Mayores y Enfermedades Neurodegenerativas
Las praxias suelen deteriorarse cuando aparece una enfermedad neurodegenerativa. La apraxia forma parte de los síntomas cognitivos de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. La manifestación de la apraxia se debe a que, dada la afectación neuronal, se produce como una desconexión entre la idea de realizar una tarea y la propia ejecución de la misma.
En las personas con procesos neurodegenerativos es común que estas praxias se vean alteradas. Por ejemplo, un familiar podría intentar ponerse la camisa al revés, usar las zapatillas de estar por casa en lugar de zapatos para salir, o intentar ponerse una camiseta en las piernas a modo de vestido. También puede ocurrir que no utilice los cubiertos correctamente o que intente usar objetos erróneamente, como un cepillo de dientes para peinarse o las llaves de casa para escribir. Todo ello implica un deterioro en las praxias, además de un posible deterioro en otras áreas cognitivas.
La apraxia constructiva se observa en la enfermedad de Alzheimer, aunque no es característica de las etapas iniciales, sino que aparece en estadios más avanzados de la misma. Las apraxias más comunes en estos casos son la dificultad para colocar y mover un objeto en un espacio concreto, problemas para coordinar los movimientos al andar, incapacidad para ordenar series de movimientos que conduzcan a un objetivo (como abrocharse los zapatos), o imposibilidad de hacer movimientos rápidos o intencionados con alguna parte de la cara.
Cuando la apraxia aparece, suele cursar con problemas de conducta en las personas con deterioro cognitivo, como tristeza, frustración, enfado o apatía. Es difícil aislar un problema apráxico del resto de problemas cognitivos que presenta una persona con demencia, por lo que es fundamental un enfoque integral.
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Estimulación y Rehabilitación de las Praxias en la Tercera Edad
Es importante valorar cómo se encuentran las praxias dentro de la evaluación de las funciones cognitivas, para delimitar dónde está el problema y cómo podemos afrontarlo de la mejor manera posible. Conocer los tipos de praxias es clave en un entorno de rehabilitación, porque cada tipo puede demandar estrategias distintas de evaluación y estimulación.
Ante la aparición de dificultades en las actividades de la vida diaria, es recomendable simplificar las tareas y podemos usar “pistas” motoras que desencadenen determinadas actividades. No se deben proponer, ni esperar que la persona afectada realice, actividades que requieran de una habilidad que ya ha perdido, ya que insistir en ello probablemente generará malestar y frustración.
Existen diversos ejercicios o actividades para estimular las praxias, los cuales dependerán de las necesidades del paciente y del tipo de apraxia. Algunas actividades que pueden fomentar su mantenimiento en adultos mayores incluyen:
- Coser y pintar.
- Cocinar y colaborar en la preparación de alimentos.
- Vestirse y desvestirse todos los días.
- Colaborar en el aseo personal.
- Poner la mesa.
- Doblar papeles.
- Usar diferentes utensilios del día a día (cosas con cremalleras, botones, pinzas de la ropa, cerraduras, etc.).
Estas actividades pueden realizarse de manera voluntaria y autónoma, con supervisión, por moldeado o por modelado. La capacidad para realizar acciones y actividades no se altera en el mismo orden en todas las personas con Alzheimer, por lo que las actividades deberán ajustarse a las posibilidades de cada persona según su grado de afectación cognitiva, primando siempre la seguridad y la promoción de su autoestima.
Las praxias trabajan de forma muy cercana con el resto de funciones cognitivas. Por ello, un enfoque multidisciplinar puede ser muy beneficioso para aquellos pacientes que requieran utilizar ejercicios de estimulación. La colaboración entre el logopeda, el neuropsicólogo, el terapeuta ocupacional o el fisioterapeuta será clave para conseguir los mejores resultados, estimulando las praxias tanto desde una perspectiva física como cognitiva.