Discapacidad, Inclusión y Ética: Perspectivas desde el Ámbito Académico

El presente trabajo es resultado de una investigación cuyo propósito principal fue analizar las construcciones sobre el concepto de discapacidad. Se busca analizar los discursos que sobre discapacidad han construido docentes que atienden estudiantes en esta situación. La aproximación a los datos fue desde un paradigma cualitativo, de alcance descriptivo y apoyado en el método de teoría fundamentada. Este estudio, parte de una investigación del cuerpo académico de Ética y Autorregulación de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), aborda la inclusión social, educativa y familiar, centrándose en la respuesta educativa del personal docente. El énfasis está puesto desde un mirar y actuar ético como elemento inherente a toda profesión, donde los principios de justicia y la autonomía sirven para orientar prácticas educativas incluyentes.

Este trabajo se justifica desde diferentes ópticas, incluyendo un aspecto político, dado que los ordenamientos que abogan por la inclusión educativa son hoy imperativos impostergables e insoslayables.

El Concepto de Discapacidad y la Crítica a los Modelos Hegemónicos

La Visión Tradicional y el Sesgo Organicista

Se concluye que los saberes de orden científico han hegemonizado las visiones sobre la discapacidad, pero en el devenir se han volcado hacia el sentido común, dejando de lado un sustrato importante como el actuar frente a otras personas y las consecuencias de las intervenciones y diagnósticos que, siendo validados científicamente, invalidan al otro ser y lo excluyen. La discapacidad ha estado permeada de un sesgo organicista que ha señalado al cuerpo deficitario como lugar de encuentro y desencuentro. Desde este trabajo, dicho significante supera lo individual corporal, es decir, si bien los estados de salud de cuerpos con discapacidad son una problemática existente y de salud, se cree que hoy por hoy poco apoyan a lograr necesarias transformaciones sociales y reivindicaciones pendientes con determinados colectivos. Esto se debe a que se ha agotado la representación de la discapacidad como fenómeno netamente corporal y orgánico.

El Marco de la Clasificación Internacional del Funcionamiento (CIF)

Según el marco de la Clasificación Internacional del Funcionamiento (CIF), el término "discapacidad" no se limita a la salud, la enfermedad o los trastornos de una persona. Más bien, incluye deficiencias, problemas laborales y limitaciones de participación que resultan de la interacción de problemas de salud y comportamientos y contextos que inhiben la participación plena y equitativa (Bustos-Rubilar et al., 2021). Un defecto es una enfermedad que afecta la estructura o función del cuerpo. Las restricciones de actividad son obstáculos para trabajar o estudiar. Finalmente, la limitación de la participación es la dificultad de participar en temas importantes como la educación.

Infografía: Comparación de los modelos médico y social de discapacidad

Discapacidad como Experiencia Social y la Ética de la Alteridad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011), la discapacidad forma parte de la condición humana: casi todas las personas sufrirán algún tipo de discapacidad transitoria o permanente en algún momento de su vida, y las que lleguen a la senilidad experimentarán dificultades crecientes de funcionamiento. La discapacidad es compleja, y las intervenciones para superar las desventajas asociadas a ella son múltiples, sistémicas y varían según el contexto. De este modo, se ha determinado que la causa de la discapacidad radica predominantemente en los obstáculos que impone el entorno a las personas (Yupanqui, Aranda, Vásquez, & Verdugo, 2014).

La discapacidad, comprendida en su contexto social, es mucho más que una mera condición: es una experiencia de diferencia. Sin embargo, frecuentemente, es también una experiencia de exclusión y de opresión. Los responsables de esta situación no son las personas con discapacidad, sino la apatía y falta de comprensión de la sociedad (Ministerio de Educación Chile, 2005). Los prejuicios sociales, la estigmatización y el bullying son aspectos que la sociedad ha utilizado para menospreciar a este segmento de la población, que cada día necesita del apoyo del conglomerado humano para demostrar que también son parte de la sociedad.

Reconocemos, desde un aspecto antropológico, que hay diversidad en lo humano, y que dicho elemento funda la identidad, pero también nos cuesta reconocer que estamos en un juego de diferencias, que la diferencia más que ser una cuestión dada, aparece desde lo social (Echeita, 2014). Esto lleva a interrogantes fundamentales:

  • ¿Quién es el ser diferente o los diferentes?
  • ¿Qué elementos son los que hacen a una persona ser reconocida con esa característica?
  • ¿Será la falta de elementos de normalidad los que intervengan? Si es así: ¿Cómo se han dispuesto dichos esquemas y estructuras?
  • ¿Cómo entender la normalidad? ¿Será desde un elemento orgánico/positivista o tendrá que ver con cuestiones más relacionales e históricas?
  • ¿Qué tipo de mirada ha construido al ser diferente? ¿Desde qué saberes se han fundado dichas diferencias?
  • ¿Qué tipo de mirada está presente cuando se señala al diferente?
  • ¿Qué hemos hecho para mostrar la diferencia como algo patológico, no deseable, algo monstruoso?
  • ¿Es ético hacerlo desde la profesión docente?
  • ¿Son la autonomía y la justicia principios éticos necesarios para la construcción de esquemas y estructuras educativas inclusivas?

Es así como este escrito intenta abordar el tema de la discapacidad y la educación inclusiva, pero no desde un sentido plenamente amplio, sino enfocado en espacios institucionalizados y escolares, donde se forman las conciencias y también se juzga lo diferente, cuestionando la anormalidad solo con preguntas válidas para nuestra lógica de razonamiento, a menudo científicas pero poco éticas y ahistóricas.

La Inclusión Educativa: De Imperativo Político a Desafío Ético

Evolución de la Educación Especial a la Inclusión

La educación especial es parte de la educación regular que proporciona servicios educativos que no se ajustan al sistema; es decir, niños, jóvenes y adultos que difieren de la norma o estándar. A diferencia de la mayoría de los niños, con necesidades educativas especiales, a menudo no avanzan a través del sistema tan rápido y sin obstáculos como los niños normales, y de manera más específica, desafían al sistema (Shea y Bauer en Padilla, 2012). La UNESCO (1977, citada por Echeita, 2014) definía la educación especial como: "Forma enriquecida de educación general tendente a mejorar la vida de quienes sufren diversas minusvalías; enriquecida en el sentido de recurrir a métodos pedagógicos modernos y al material moderno para remediar ciertos tipos de deficiencias".

La educación de las personas con discapacidad, desde este estrato y lugar de enunciación, está más relacionada con la incapacidad o falta de habilidad para poder realizar una tarea, dicha falta o carencia, dependiendo su centro, parece fungir como punto nodal que aglutina a las personas, que las clasifica y las coloca en espacios “especiales” de acuerdo con su condición deficitaria. La educación especial así pretende movilizar elementos que tienen que ver con la enseñanza, el currículo y los apoyos para ayudar a quienes, por su “condición”, así lo demandan (Padilla, 2012). Sin embargo, cuando ya se han cristalizado las separaciones, los apoyos se han regionalizado y las intervenciones vuelto con un cariz de exclusividad, las prácticas educativas se han tornado excluyentes a la vez que “incluyen” a un sector de la población, pero solo desde determinados elementos.

Esta es una paradoja que representa “la cuestión” de la hoy conocida política de educación inclusiva, donde, teniendo la firme intención de incluir, se ha topado con una exclusión justificada, una inclusión entonces intermedia, pues la define el cuerpo, lo orgánico, un conocimiento de sentido común (Ruiz, 2010) que sigue insistente en que es la falta o la deficiencia la que marca el límite. El modelo de concesión sobre la discapacidad surge desde el déficit o deficiencia de las personas, concebida como enfermedad que está en el individuo, provocando implícitamente la exclusión de ese individuo a nivel socio educativo. Por eso se sostiene que es la sociedad la que genera la discapacidad al instaurar normas o formas de comportamiento normalizadas, reconociendo negativamente las limitaciones o déficits. Estos dos modelos han sido los precursores de la inclusión educativa, permitiendo de a poco eliminar barreras a nivel físico y social, marcando así políticas inclusivas.

Hitos Históricos de la Educación Inclusiva

Diversos eventos internacionales han propiciado la idea de la Inclusión Educativa como principio y política, instando a los países a garantizar el acceso a los medios necesarios para el ejercicio de derechos de la población con discapacidad:

  • 1978: Informe Warnock (Inglaterra).
  • 1993: Conferencia mundial sobre “derechos humanos”.
  • 2000: Foro mundial de educación para todos, DAKAR, Senegal.
  • 2005: Informe de seguimiento de la educación para todos en el mundo.
  • 2007: Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.
  • 2008: La educación inclusiva: el camino hacia el futuro.

Definir la inclusión educativa es hablar de una respuesta reivindicativa, un "parche" para enmendar las desigualdades e inequidades surgidas del sistema capitalista, que ha promovido normas que han generado divisiones y estratificaciones sociales. Aunque la inclusión educativa tiene varias acepciones, y cada estudioso la interpreta según ideologías, experiencias y contextos, en lo común que coinciden todos es en decir que la inclusión es un proceso y objetivo que brinda oportunidades a los estudiantes para reivindicar sus derechos sociales. Sin embargo, su denominación misma es expresión de una efectiva exclusión originada por consecuencias como el segregacionismo, el eurocentrismo epistémico y la occidentalización en las formas de vivir que han afectado a los países latinoamericanos.

Ilustración: Niños de diversas capacidades interactuando en un aula inclusiva

El Rol Crucial del Profesorado

Para lograr la inclusión plena, Novo-Corti, Muñoz-Cantero y Calvo-Bahío (2015) señalan la necesidad fundamental de apoyos por parte del colectivo docente y de los pares de los estudiantes con discapacidad. No bastan las actitudes o buenas intenciones; es necesario un proceso formativo amplio para que se desarrollen conocimientos y habilidades que permitan al profesorado brindar los apoyos pertinentes. Verdugo y Schalock (2013), conscientes de esta necesidad formativa, proponen un manual para que los educadores miren la discapacidad de forma diferente, reconociendo la “posibilidad y la capacidad” como condición para abrir nuevos caminos. Priorizar la formación de docentes es imperativo, ya que la falta de preparación adecuada puede ser un obstáculo para la inclusión educativa (Salinas, Lissi, Medrano, Zuzulich y Hojas, 2013). Así, las cuestiones conceptuales y representacionales juegan un papel central en el cambio educativo hacia la inclusión, siendo las concepciones del personal docente una base para las respuestas educativas (Farid, 2015).

Perspectivas Docentes sobre la Discapacidad

Los discursos son prácticas que conducen y direccionan las acciones. Una perspectiva es la individualizadora, que concibe la discapacidad presente en el sujeto que la porta sin tomar en cuenta elementos contextuales. Otra es la dilemática, donde hay un cuestionamiento constante del profesorado, pero aún está en el plano de lo indecidible, sin claridad sobre si la discapacidad debe ser vista desde un discurso médico/rehabilitador o uno más social y de derechos humanos. Finalmente, existe la perspectiva interactiva, la cual es más deseable desde la visión social, pues el contexto y las barreras juegan un papel central, más todavía que el cuerpo deficitario. Es desde esta perspectiva teórica desde la cual se toma postura en este trabajo: la inclusión, como proceso y propuesta política-educativa, tiene que ver no solo con una condición deficitaria portada por el sujeto, sino con una serie de interacciones y relaciones que se dan en lo social y desde las cuales, históricamente, se ha negado el derecho a la participación auténtica de las personas con discapacidad, posicionándolas del lado de la enfermedad, la carencia y la falta.

En este trabajo, se construyen categorías analíticas para explicar las construcciones de discursos del profesorado sobre discapacidad:

  • Una primera categoría es la "discapacidad como exceso de cuerpo", que apunta a la perspectiva individual, pero enfatiza el papel excesivo que juega el cuerpo, perdiendo de vista elementos contextuales.
  • Una segunda categoría se relaciona con el plano de los derechos, donde, al parecer, su aplicación dependería de la condición deficitaria. Para muchas personas con discapacidad, los derechos son de alcance medio y el límite es su cuerpo frágil.

La escuela, como espacio institucionalizado y legitimado para “formar” a la juventud, vigilar su desarrollo y garantizar una ciudadanía, sigue promoviendo el sentido de lo bueno y el bien común (Yurén, 2013). Sin embargo, en estos espacios normalizados, discursos que promueven la inclusión a menudo contienen elementos que apuntan a prácticas y relaciones altamente excluyentes. La discapacidad se ha correlacionado con el cuerpo desvalido, que en las necesidades industriales modernas debe ser convertido en “cuerpo máquina” (Foucault, 1999, 2004; Kipen y Lipschtiz, 2009; Varela y Álvarez-Uría, 1989), capaz de responder a las imperativas del trabajo, la ciencia y la tecnología, limitando otras explicaciones socio-antropológicas de la complejidad humana.

En el devenir histórico, han circulado simbólicamente saberes legitimados desde la visión médica del cuerpo y la desviación, que han llegado a la escuela y se han naturalizado, fijando significaciones que, más que científicas, se han convertido en conocimiento de sentido común.

Inclusión Social y Marcos Normativos en Latinoamérica

Barreras Estructurales y Discriminación

Uno de los principales desafíos para las personas con discapacidad (PCD) es la falta de accesibilidad en los entornos físicos y sociales. La infraestructura urbana, los espacios públicos y los servicios básicos suelen carecer de adaptaciones necesarias, lo que dificulta su movilidad y participación plena en la sociedad. Además, la discriminación y el estigma social hacia las PCD continúan siendo un obstáculo significativo para su inclusión, limitando su acceso a oportunidades educativas, laborales y sociales, y afectando su autoestima y bienestar emocional.

La discriminación persistente y el estigma se manifiestan en dificultades para acceder a la educación, el empleo, los servicios de salud, así como en una participación cívica y política limitada. Como resultado, muchas PCD enfrentan obstáculos para ejercer sus derechos civiles y políticos, lo que contribuye a su marginación y vulnerabilidad. Estos desafíos arraigan en factores estructurales, como leyes y políticas públicas discriminatorias, y determinantes sociales como la pobreza y la falta de oportunidades. La ausencia de políticas inclusivas y programas de apoyo adecuados agrava aún más esta situación, dejando a muchas PCD en desventaja y limitando su desarrollo personal y social.

La Asamblea General de Naciones Unidas (1948) especifica categóricamente que los seres humanos nacen libres en igualdad de condiciones, con el mismo trato y oportunidades, sin distinción; sin embargo, a pesar de las leyes y normas internacionales, y los artículos en las constituciones de los países, es común encontrar diferenciaciones o separaciones de grupos marginados por entes públicos, privados y la sociedad en particular.

Foto: Rampas de acceso en edificios públicos y transporte accesible

Avances Legislativos y Desafíos en la Región

Latinoamérica es una región diversa y compleja que ha enfrentado desafíos en la protección de los derechos de las PCD. Aunque ha habido avances legislativos considerables, persisten obstáculos que limitan la plena inclusión. Es esencial comprender el contexto latinoamericano para identificar con precisión las necesidades y prioridades en legislación y políticas públicas. La región ha experimentado avances en la protección de los derechos de las PCD; muchos países latinoamericanos han ratificado la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, promoviendo leyes y políticas nacionales para garantizar la igualdad de oportunidades y la participación plena.

Sin embargo, aún persisten desafíos en la implementación efectiva de estas leyes. Entre los obstáculos más comunes se encuentran las barreras físicas y arquitectónicas, que dificultan el acceso a edificios y transporte, y las barreras comunicativas, como la falta de accesibilidad en lenguaje y tecnología. Para enfrentar estos desafíos, es fundamental que gobiernos y organizaciones de la sociedad civil trabajen conjuntamente, promoviendo políticas públicas inclusivas y sostenibles. Esto implica garantizar el acceso a servicios de salud, rehabilitación y apoyo, así como promover la inclusión educativa y laboral. También es necesario fomentar la sensibilización y concientización en la sociedad para combatir estigmas y prejuicios.

En conclusión, Latinoamérica ha logrado avances importantes, pero aún queda mucho por hacer. Es fundamental seguir trabajando en conjunto para superar las barreras. La protección y promoción de los derechos de las PCD en América Latina se encuentra respaldada por un sólido marco jurídico a nivel internacional, regional y nacional. Según Ullmann (2017), esta normativa refleja un enfoque integral de la discapacidad, evidenciado en la creación de instituciones gubernamentales y políticas públicas. Estos avances incluyen la adopción de la Convención sobre los Derechos de las PCD de las Naciones Unidas, un punto de inflexión histórico. Varios países han ratificado la Convención, comprometiéndose a su plena implementación, lo que implica la asignación adecuada de recursos, mecanismos de monitoreo y evaluación, y la participación activa de las PCD y sus organizaciones.

Solo a través de un enfoque integral y colaboración estrecha se logrará una verdadera inclusión. Desde la promulgación de estas leyes, se han llevado a cabo acciones para ampliar la protección, como programas de capacitación para profesionales y campañas de concientización. Estas acciones han sido fundamentales, pero aún existen desafíos, como la necesidad de fortalecer los mecanismos de monitoreo y evaluación, y seguir promoviendo la participación activa de las PCD en la toma de decisiones y elaboración de políticas públicas. Cada país latinoamericano cuenta con legislaciones nacionales que complementan y fortalecen los derechos, garantizando acceso a educación inclusiva, atención integral de salud, inclusión laboral y protección social. Gracias a estos avances legales, Latinoamérica ha dado pasos significativos hacia una sociedad más inclusiva y respetuosa, aunque aún quedan desafíos para la plena implementación y eliminación de barreras.

Empleo y Discapacidad: Derechos y Obstáculos

La ONU, a través de sus Normas Uniformes, establece que los Estados deben reconocer el derecho de las personas con discapacidad a ejercer sus derechos humanos en materia de empleo, garantizando que las disposiciones legislativas y reglamentarias no discriminen ni interpongan obstáculos. Las ventajas para las empresas que contratan PCD incluyen la deducción del impuesto a la renta, la oportunidad de ofrecer productos y servicios a instituciones públicas, la licitación de contratación pública y el acceso a créditos en instituciones financieras públicas.

Sin embargo, los empresarios aducen desventajas como la falta de adaptaciones en las instalaciones o infraestructura, el bajo rendimiento percibido, y la imposición de reglas por parte de las personas con discapacidad que, a corto o mediano plazo, pueden representar un problema legal. Para las PCD, el acceso a un trabajo les permite mejorar su calidad de vida, volverse más independientes y gozar de los derechos que establece la ley, como contar con los servicios médicos del Seguro Social.

Tipos de Discapacidad y Enfoques para la Inclusión

La discapacidad se define como una condición que limita la capacidad de una persona para llevar a cabo actividades habituales de forma independiente. Puede manifestarse en diferentes formas, como discapacidad física, sensorial o intelectual, afectando la movilidad, la audición, la visión, el habla o las habilidades cognitivas. Es importante destacar que la discapacidad no define completamente a una persona, ya que cada individuo tiene diferentes capacidades y fortalezas. Se puede promover la inclusión a través de la accesibilidad, la educación inclusiva y la sensibilización sobre los desafíos que enfrentan las PCD en su vida diaria. Al fortalecer la igualdad de oportunidades y la aceptación, contribuimos a construir un mundo más inclusivo y justo para todos.

Discapacidad Física

Se refiere a las limitaciones en el movimiento y funcionalidad del cuerpo, causadas por lesiones, enfermedades o condiciones congénitas. Las PCD física pueden tener dificultades para caminar, manipular objetos o realizar tareas diarias sin ayuda, y pueden requerir el uso de sillas de ruedas o prótesis para mejorar su movilidad y autonomía. Además de las ayudas técnicas, existen terapias y tratamientos (ejercicios, terapia ocupacional, fisioterapia) que pueden ayudar a mejorar la fuerza muscular, el equilibrio y la coordinación. Es fundamental destacar que las PCD física no son diferentes a los demás; tienen talentos, habilidades y deseos. La inclusión y el respeto son primordiales para garantizar que tengan las mismas oportunidades en todos los aspectos de la vida.

Discapacidad Sensorial

La discapacidad sensorial implica la pérdida o disminución de una capacidad sensorial, como la audición o la visión. Las PCD sensorial pueden enfrentar desafíos para comunicarse, recibir información o participar plenamente en su entorno. La pérdida de audición puede requerir el uso de audífonos o implantes cocleares, mientras que la pérdida de visión puede requerir el uso de lentes, técnicas de lectura adaptadas o perros guía. Además de las ayudas técnicas, existen servicios y programas de apoyo que brindan capacitación en habilidades de comunicación, acceso a información y oportunidades de empleo. La educación sobre la discapacidad sensorial y la promoción de la conciencia y la empatía en la sociedad son herramientas fundamentales para romper barreras y fomentar la inclusión.

Discapacidad Intelectual

Se caracteriza por limitaciones importantes en el desarrollo y función intelectual, lo que involucra problemas en el aprendizaje y la adaptación. Las PCD intelectual pueden presentar un coeficiente intelectual por debajo de la media, influyendo en su capacidad para comunicarse, tomar decisiones y resolver problemas. Es importante destacar que estas dificultades no son insuperables, ya que, con el apoyo adecuado y estrategias adaptativas, las PCD intelectual pueden desarrollar habilidades y participar de manera plena y significativa en la sociedad.

Para lograr esto, es imprescindible establecer políticas y programas que garanticen oportunidades educativas de calidad, adaptadas a las necesidades individuales. Esto implica proporcionar recursos y apoyos adicionales, como maestros especializados, adaptaciones curriculares, tecnología asistida y servicios de apoyo emocional. Asimismo, se debe impulsar la inclusión laboral, garantizando empleos dignos y remunerados, así como oportunidades de formación y desarrollo profesional. Esto contribuirá a su autonomía económica, autoestima y sentido de pertenencia. La inclusión no se limita a educación y empleo, sino que implica fomentar la participación activa y plena en la vida comunitaria y política. Es fundamental que se promueva la inclusión y se reconozcan las capacidades individuales de las PCD intelectual.

Cambios en concepto discapacidad intelectual. Charlamos con Miguel Ángel Verdugo | Plena inclusión

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