El marco legal y la desigualdad en las pensiones
En Chile, la edad legal de jubilación para las mujeres es a los 60 años y para los hombres a los 65. Esta diferencia ha sido señalada como uno de los factores que explica la significativa brecha de género en los montos de las pensiones. Bajo el sistema de capitalización individual, el ahorro previsional de cada afiliado se distribuye según el número de años que se espera que viva, utilizando las tablas de mortalidad. Estas tablas estiman la probabilidad de supervivencia y se diferencian por sexo. Por ejemplo, la probabilidad de que una mujer que se jubila a los 60 años viva diez años más y llegue a los 70 es de un 96%.Una mujer que logra cotizar la misma cantidad de años y por el mismo sueldo que un hombre, tendrá una pensión un 42% menor que la de él. ¿Por qué ocurre esto? Principalmente, porque las mujeres deben repartir su ahorro previsional por diez años más que los hombres, debido a que pueden jubilarse cinco años antes y, además, porque son más longevas.
Cálculo de la pensión autofinanciada y la expectativa de vida
El monto de la pensión autofinanciada se determina al distribuir el ahorro logrado por el afiliado durante su vida laboral en su cuenta individual, a través del número de años que le queda por vivir, suponiendo que vivirá hasta la expectativa de vida. La expectativa de vida es el número de años adicionales que se espera vivan, en promedio, las personas a una determinada edad. El cálculo se realiza mediante las tablas de mortalidad, que se diferencian por sexo. Es importante aclarar que la confusión de que las tablas lleguen hasta los 110 años significa que el monto ahorrado se distribuye por 50 años (110-60) es completamente falsa. El ahorro de las cuentas individuales se distribuye asumiendo que la jubilada vivirá hasta la expectativa de vida que estiman las tablas. Hoy, en Chile, la expectativa de vida para las mujeres a los 60 años de edad es vivir 31 años más.

Impacto de la edad de jubilación en el monto de la pensión
Los números ilustran cómo tener mayores expectativas de vida y poder jubilar cinco años antes afecta las pensiones de las mujeres. Supongamos que una mujer que entra a trabajar en 2023 a los 25 años de edad cotizará durante toda su vida laboral por un sueldo imponible de $500.000 (14,45 UF) con una tasa de cotización del 10%, asumiendo una rentabilidad de 4% real anual de los ahorros previsionales. Si ella se jubila a los 60 años, logra una pensión autofinanciada de $190.213.
- Si se jubila a los 65 años sin trabajar entre los 60 y 65 años, logra una pensión autofinanciada de $251.813. Es decir, su pensión aumenta en un 32% al posponer la edad de retiro cinco años.
- Si se jubila a los 65 años y trabaja entre los 60 y 65 años, logra una pensión autofinanciada de $267.033.
En el mismo ejemplo, un hombre que logra ahorrar el mismo monto que la mujer para su pensión y se jubila a los 65, recibiría una pensión de $300.365. Esta brecha se justifica históricamente como una forma de compensar a las mujeres por la doble carga de un empleo remunerado y las responsabilidades de cuidado de hijos y del hogar. Sin embargo, esta "compensación" termina perjudicándolas.
Reformas y propuestas para abordar la brecha de género
Compensación a mujeres por mayores expectativas de vida
La Reforma de Pensiones del presidente Gabriel Boric busca corregir esta injusticia histórica. A partir de enero de 2026, las mujeres pensionadas van a recibir un bono mensual que se pagará en forma automática junto con la pensión. Este bono tendrá un monto fijo en UF (o la unidad que la reemplace) y estará afecta al pago de impuestos y cotizaciones de salud. La compensación mínima será de 0,25 UF (Unidades de Fomento), equivalente a unos $10.000 pesos, y puede llegar hasta unos $60.000. Solo recibirán el pago en enero de 2026 quienes tengan 65 años o más. Es importante señalar que esta limitación no se aplicará a las pensionadas o afiliadas al Decreto N° 3.500 con anterioridad al 1 de agosto de 2025.
Reforma Previsional y Mujeres
Si al sumar esta compensación y otros beneficios a tu pensión, el monto total alcanza o supera la pensión mínima garantizada, dejarás de recibir la Garantía Estatal (aporte que se recibe cuando los ahorros previsionales no son suficientes), ya que se otorga el beneficio de mayor monto. Este beneficio automático (no se postula) se otorga como una pensión (similar a una renta vitalicia) calculada en Unidades de Fomento (UF) a mujeres pensionadas, con el objetivo de complementar su pensión. La compensación puede extinguirse en caso de fallecimiento.
Reconocimiento al esfuerzo de cotización y aumento de la PGU
La reforma también reconoce el esfuerzo de quien ha ahorrado y ha cotizado, compensando los años de cotización con un requisito mínimo de 20 años para los hombres y 10 para las mujeres, aportándoles el equivalente a 0,1 U.F. Asimismo, desde el 2 de septiembre ya entró en vigencia el incremento de la Pensión Garantizada Universal (PGU) a $250.000, comenzando con los mayores de 82 años y más, y se aumentará gradualmente hasta llegar a todos los mayores de 65 años en 2027.
Algunas voces críticas señalan que, aunque la PGU es un avance, resulta incomprensible que una mujer que se jubila a los 60 años con una pensión "paupérrima" (alrededor de $200.000 con más de 25 años de trabajo) deba esperar hasta los 65 años para optar a la PGU, mientras que otra mujer que solo se dedicó a la casa y nunca tuvo imposiciones, recibirá a través de la PGU un monto mayor.
Desafíos y perspectivas futuras
La corresponsabilidad y la edad de jubilación
Se ha justificado la diferencia de edad de jubilación entre hombres y mujeres como una forma de compensarlas por la doble carga de tener un empleo remunerado y encargarse del cuidado de los hijos y responsabilidades del hogar. Sin embargo, esta "compensación" las termina perjudicando. Se debe avanzar en corresponsabilidad, donde el cuidado de hijos y del hogar sea compartido entre hombres y mujeres de forma equitativa. Aumentar la edad legal de retiro de las mujeres es una medida incómoda para los políticos, a pesar de que diversos países como Austria, Costa Rica, Dinamarca, Finlandia o Grecia lo están implementando.
Muchas mujeres expresan su deseo de no extender la edad de jubilación, argumentando que el sistema actual no les garantiza una pensión digna, y que, además de trabajar remuneradamente, son madres, dueñas de casa y cuidadoras de sus padres mayores. La cultura chilena, que no valora la experiencia y considera incapaces a los mayores de 55 años, dificulta que las mujeres mayores encuentren trabajo estable.
Críticas al sistema de AFP y la necesidad de un "salario social"
Existe una fuerte crítica al sistema de AFP, al que se considera un "negocio que favorece a unos pocos" y un sistema de pensiones con fines de lucro. Muchos ciudadanos se sienten defraudados, recordando promesas iniciales de jubilaciones del 75% o más de los últimos sueldos recibidos, y acusando que los cambios posteriores no han hecho más que perjudicar a los trabajadores. Se plantea la necesidad de reponer el concepto de seguridad social, que se perdió con la capitalización individual, y que el Estado debe responder ante la carencia y pobreza que crea el sistema previsional existente. La solución no es aumentar la edad de jubilación, sino que quien quiera y pueda seguir trabajando, lo haga.
El problema de fondo en Chile es que los sueldos que se pagan son bajos. Con esa sagacidad socioeconómica que hace vivir a una gran parte del país en una sociedad creditista (una clase trabajadora precaria y endeudada), resulta difícil mirar un futuro alegre para satisfacer las necesidades. Se propone la necesidad de hablar en todos los estamentos de un salario social que incluya alimentación, vivienda, salud, educación y pago de servicios, para garantizar una jubilación razonable.