Crecimiento Urbano y Vulnerabilidad en el Contexto del Cambio Climático

Este artículo tiene como objetivo analizar la relación entre el cambio climático y las ciudades, a partir de la incidencia de los procesos de urbanización en la distribución socioespacial de la vulnerabilidad. Se establece que las poblaciones, sobre todo las más desfavorecidas, no solo enfrentan el reto de adaptarse a los riesgos vinculados al cambio climático, sino, además, a los efectos adversos del crecimiento urbano acelerado.

La Rápida Urbanización Global y sus Desafíos

Hoy en día, más de la mitad de la población mundial -más de 4000 millones de personas- vive en ciudades. Se prevé que esta tendencia continúe y que la población urbana se duplique con creces para 2050, momento en el que casi 7 de cada 10 personas vivirán en ciudades. En tiempos donde la mayoría de la población mundial habita en las ciudades y se prevé que para el 2025 cerca de un 90% de la población viva en ellas, es fundamental comprender cuáles son los factores que hacen que algunos asentamientos urbanos sean menos vulnerables y más resilientes que otros.

Las ciudades son motores del crecimiento económico y el desarrollo, centros donde se genera la mayor parte del PIB y se crean la mayoría de los puestos de trabajo del sector privado. A medida que las ciudades crecen, ayudan a regiones enteras e incluso a países a ser más prósperos y productivos. Sin embargo, el rápido ritmo y la magnitud de la urbanización también plantean importantes retos. La rápida expansión de las zonas urbanas ya no es solo una tendencia: es una crisis.

Las ciudades deben satisfacer la creciente demanda mundial de más y mejores puestos de trabajo, infraestructuras y servicios eficientes y viviendas asequibles, especialmente para los más de 1000 millones de personas que viven en barrios marginales o asentamientos informales. La presión sobre las ciudades se ve agravada por el aumento de los conflictos mundiales, ya que más de la mitad de las personas desplazadas por la fuerza viven en ciudades y zonas urbanas.

Una vez construida una ciudad, su forma física y sus patrones de uso del suelo pueden quedar fijados durante generaciones, lo que a menudo conduce a una expansión urbana insostenible que limita la conectividad y el acceso al empleo. Esto también ejerce presión sobre los recursos terrestres y naturales, ya que las ciudades consumen dos tercios de la energía mundial y producen más del 70 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En las últimas décadas, las zonas verdes urbanas, vitales para mitigar el calor y fomentar el bienestar, se han ido reduciendo del 19,5 % del suelo urbano en 1990 a solo el 13,9 % en 2020.

Infografía: Crecimiento de la población urbana mundial y proyecciones

Vulnerabilidad Acentuada por el Crecimiento Urbano no Planificado

A medida que las ciudades crecen, aumenta su vulnerabilidad a los desastres naturales, lo que pone en peligro vidas y bienes. Desde 1985, se han urbanizado más de 75 000 km² de nuevos terrenos urbanos, equivalentes a unas 50 veces la superficie del Gran Londres, en zonas propensas a sufrir graves inundaciones. A nivel mundial, 1800 millones de personas -una de cada cuatro- viven en zonas de alto riesgo de inundación, y la mayoría de ellas residen en llanuras fluviales y costas en rápida urbanización de los países en desarrollo.

El crecimiento de la población urbana ha sido acompañado por rezagos en el suministro de vivienda, infraestructura y servicios básicos, aumentando su vulnerabilidad a fenómenos externos. Los países de la región presentan un déficit elevado de vivienda apropiada, con una marcada tendencia a su incremento, así como el de las construcciones cada vez menos seguras o precarias. La actual crisis mundial de la vivienda afecta a más de 2800 millones de personas, mientras que la inversión en vivienda social ha disminuido, y la mayoría de las regiones destinan menos del 0,5% del PIB. El desplazamiento interno, impulsado por los conflictos y los desastres naturales, está añadiendo presión a las necesidades actuales de vivienda.

Mapa de áreas urbanas en zonas de riesgo de inundación

Impacto de la Urbanización no Planificada en el Medio Ambiente

La urbanización no planificada y el rápido y desordenado crecimiento de las ciudades tienen un impacto negativo en el medio ambiente y el equilibrio ecológico, debido a la densidad del uso de la tierra, la deforestación y la pérdida de cobertura del suelo, así como la contaminación. La deficiencia de los sistemas de drenaje y los cambios en la superficie de los terrenos incrementan la acumulación de las aguas de lluvia, con el consiguiente riesgo de inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra. Los desastres relacionados con el clima, como las inundaciones, los ciclones y las sequías, han aumentado, representando el 91 % de los grandes desastres entre 1998 y 2017.

Igualmente, el débil control en la aplicación de normas mínimas de construcción y seguridad de las edificaciones y viviendas es un factor importante en el incremento de la vulnerabilidad en las zonas urbanas, tanto formales como informales. El crecimiento poblacional y el proceso de urbanización no contribuyen, por sí solos, a incrementar el riesgo, sino más bien la falta de planificación y la carencia de recursos y capacidades para transformar en ventajas y oportunidades el fenómeno humano de urbanización. Estas limitaciones, característica de sociedades subdesarrolladas, son los principales ingredientes que incrementan el riesgo.

Desde hace varias décadas existen asentamientos en condición de “irregularidad” que acentúan la vulnerabilidad de la población. Esta situación contradice el derecho humano a la vivienda y crea en las familias una constante situación de inseguridad que no les permite desarrollarse en forma plena e integral. Las familias en situación de irregularidad carecen de todo tipo de incentivos para mejorar su vivienda y viven en el constante dilema de ser desalojados y perder su inversión en las mejoras realizadas en su hábitat.

Asentamientos precarios y cambio climático: Poblaciones resilientes en América Latina y el Caribe

El Concepto de Vulnerabilidad y Resiliencia Urbana

Para abordar eficazmente estos desafíos, resulta primordial definir los parámetros de qué es lo que entendemos por resiliencia y vulnerabilidad urbana. Inicialmente, estos conceptos se relacionaban al estudio psicoanalítico de las personas y su capacidad de recuperarse o sobreponerse ante una crisis (resiliencia), o bien la capacidad de exponerse a situaciones de riesgo (vulnerabilidad).

Sin embargo, cuando estos conceptos se atribuyen a un contexto urbano cobran nuevos significados. Desde este punto de vista, resiliencia es aquella capacidad que tienen los ecosistemas urbanos de anticiparse ante efectos que afectarán su estructura y dinámica, ya sean eventos de carácter natural, como igualmente las implicaciones económicas, sociales o culturales que pudieran suceder.

El concepto de resiliencia asociado a los ecosistemas ecológicos y sociales fue introducido primeramente por C.S. Holling, quien en 1973 publicó “Resilience and stability of ecological system”, donde distingue dos propiedades fundamentales para comprender este fenómeno: por una parte la estabilidad de los sistemas, y su habilidad para retornar a un estado de equilibrio después de cierto evento; dependiendo de la rapidez en que el sistema retorne a su equilibrio, determina qué tan estable es. Los efectos producidos por el aumento de la población y la expansión urbana, además de los estatus sociales, políticos y la estabilidad financiera, son esenciales para determinar el grado de vulnerabilidad y resiliencia de una comunidad ante los impactos.

El rápido crecimiento de la población en las ciudades, asociado al crecimiento urbano a nivel global, no son los únicos factores que han contribuido a la degradación ambiental y los desastres. La inestabilidad financiera de los gobiernos, tanto locales como nacionales, ha sido uno de los mayores reveses para lidiar con los desastres. La falta de recursos de los gobiernos ha permitido que personas con gran influencia y situación económica tengan acceso a una indebida influencia en la decisión sobre los procesos de distribución de los recursos urbanos, como el valor del suelo, las zonas de expansión urbana y los usos de suelo, así como en el manejo de los riesgos ambientales.

Casos de Estudio: Guadalajara y el Cantón Quevedo

El estudio de la relación entre cambio climático y ciudades incluye ejemplos concretos de procesos de urbanización. Se realiza una discusión teórica, tomando como ejemplo el crecimiento urbano del área metropolitana de Guadalajara (México) y las implicaciones de vulnerabilidad al cambio climático en dos sitios de atención prioritaria.

En Ecuador, el Cantón Quevedo, por su ubicación geográfica y características topográficas, es vulnerable a riesgos climáticos. Un estudio identificó la vulnerabilidad al cambio climático vinculada al crecimiento urbano del Cantón Quevedo, utilizando herramientas de sistemas de información geográfica (SIG) para generar mapas de amenaza, exposición, sensibilidad, adaptación y riesgo climático, a través de un diseño cuasiexperimental y de enfoque cuantitativo. Los resultados indican un alto riesgo climático en general; el 32,62 % del territorio presenta una exposición muy alta, especialmente en zonas con pendientes pronunciadas. Las zonas con alta sensibilidad y baja capacidad adaptativa son principalmente rurales y periféricas.

En conclusión, el crecimiento poblacional causa la expansión urbana no planificada, que genera impactos ambientales negativos, como la degradación de la cubierta vegetal, lo que disminuye la resiliencia ecológica y la provisión de servicios ecosistémicos. Esto incrementa la exposición y la sensibilidad (asociada a infraestructuras inadecuadas) y reduce la capacidad de adaptación.

Mapa de vulnerabilidad al cambio climático del Cantón Quevedo

Hacia Ciudades Más Habitables y Resilientes: Soluciones y Estrategias

Las ciudades no son solo la fuente de los desafíos, sino también la solución. La clave está en repensar las políticas urbanas, las funciones sociales y ecológicas del suelo, la legislación y la financiación para priorizar la vivienda y los servicios básicos como catalizadores de la acción climática y el desarrollo sostenible. La creación de ciudades más habitables exige una coordinación estratégica de las políticas y decisiones de inversión inteligentes. Los gobiernos nacionales y locales deben actuar con decisión para configurar el futuro de sus ciudades y crear oportunidades para todos.

Entre las estrategias fundamentales se encuentran:

  • Optimización del uso de la tierra: Es importante optimizar el uso de la tierra para obtener beneficios ecológicos, económicos y sociales. Este enfoque reducirá las emisiones, mejorará la accesibilidad y liberará el potencial sin explotar de las zonas urbanas.
  • Transformación de asentamientos informales: Impulsar el desarrollo económico local mediante la transformación de los asentamientos informales y su integración en el tejido urbano es una tarea fundamental, especialmente teniendo en cuenta la relevancia de la economía informal para el PIB en el Sur Global.
  • Vivienda sostenible: Debemos centrarnos en la vivienda y garantizar el uso de materiales de construcción sostenibles, al tiempo que desarrollamos los mercados locales. La vivienda y la construcción cumplen una doble función: crear puestos de trabajo, estimular la economía y hacer que la vivienda sea más sostenible y respetuosa con el medio ambiente.
  • Integración de servicios básicos: Los servicios básicos como la energía limpia, el agua, el saneamiento y el transporte deben integrarse sin fisuras en la planificación urbana, garantizando una inversión adecuada en infraestructura.

Los gobiernos locales y regionales están en la primera línea de estas transformaciones. Conectan las ambiciones globales con la acción a nivel de base, conectando infraestructura, servicios y personas, y sirviendo como base para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Las inversiones en programas de vivienda e infraestructura deben considerarse una oportunidad para crear economías de escala, así como para ampliar las bases de consumo e impuestos. Construir ciudades más habitables es un paso esencial para alcanzar la misión de acabar con la pobreza e impulsar la prosperidad compartida en un planeta habitable.

Asentamientos precarios y cambio climático: Poblaciones resilientes en América Latina y el Caribe

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