La creciente violencia y la sensación de inseguridad que enfrentan diariamente las personas que viven en ciudades es uno de los principales desafíos en el mundo. En muchas ciudades, los zapatos colgados en cables funcionan como una señal para delimitar el territorio por grupos que controlan el espacio público con grafitis, venta de drogas y asaltos a transeúntes. Se calcula que el 60% de las personas que viven en ciudades de países en vías de desarrollo han sido víctimas de la delincuencia por lo menos una vez en los últimos cinco años.
La Violencia y la Inseguridad en Entornos Urbanos
La violencia y la criminalidad en la región son esencialmente fenómenos urbanos. Las grandes ciudades muestran tasas más elevadas de criminalidad que las áreas rurales. En algunos países, la delincuencia y la violencia han aumentado por la proliferación de armas, el abuso de sustancias y el desempleo juvenil.
La relación entre distribución socioeconómica y criminalidad violenta es fuerte, y las ciudades latinoamericanas se encuentran entre las más desiguales, algunas de ellas encabezando la lista a nivel mundial. A pesar de que se ha tenido un mejoramiento general de la distribución socioeconómica, las inequidades urbanas se han incrementado y endurecido en la última década. Como consecuencia de esta situación, en ciudades altamente desiguales y con problemas de pobreza endémica, se crean conflictividades y fracturas urbanas, tensión política e inseguridad. Sin embargo, no es la pobreza únicamente lo que determina que una ciudad sea más o menos violenta; la pobreza no tiene un signo claro en la relación con la criminalidad violenta. No todos los pobres son violentos, como tampoco todas las personas violentas son pobres.
El diseño urbano puede reducir la delincuencia y juega un papel importante en la prevención del crimen. El uso de la planificación urbana para reducir la desigualdad y la marginalidad con intervenciones a nivel de calle en los asentamientos informales, son algunas de las iniciativas más importantes en la prevención de la inseguridad, según ONU-Habitat.

Grupos Específicamente Afectados: Mujeres, Jóvenes y Niños
Mujeres y jóvenes son los grupos más afectados por la violencia. Si se analiza en relación al género, las víctimas de homicidios en América Latina son fundamentalmente masculinas, ya que el número de hombres asesinados es cerca de 10 veces superior al de mujeres víctimas de homicidio. A su vez, para las mujeres, el riesgo de ser heridas se asocia a la violencia sexual.
Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes
La violencia intrafamiliar ejercida por padres, cuidadores o adultos responsables del niño en el hogar puede adoptar múltiples formas:
- La violencia física es la que se ejerce mediante golpes, azotes o sacudones, causando un daño físico al niño.
- La violencia psicológica es aquella que se realiza a través de amenazas, gritos, intimidaciones y humillaciones, haciendo sentir al niño que es despreciado e incapaz.
- La violencia sexual implica forzar o seducir al niño a formar parte en actividades sexuales inapropiadas para su edad con el objetivo de satisfacer las necesidades de los adultos.
Numerosos estados latinoamericanos están reformando su legislación para proteger mejor a niñas y niños contra la violencia. Las tecnologías de la información también pueden llevar asociado un grave riesgo de violencia, incluidos abuso y explotación sexual en línea, más conocido como grooming.
VIOLENCIA INTRAFAMILIAR ANIMADO - A VIVIR SIN MIEDO
La Crisis de Exclusión Social y Desempleo Juvenil
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 30 millones de jóvenes de Latinoamérica no estudian ni trabajan en forma remunerada, limitando su desarrollo y sus oportunidades de futuro. Esta estadística no es exclusiva de un solo país.
Un amplio abanico de razones explicaría esta situación:
- Educación deficiente y excluyente.
- Falta de asesoramiento.
- Desajuste entre las capacidades desarrolladas y los requisitos del mercado.
- La necesidad de asumir labores no remuneradas en el hogar para muchos jóvenes.
En la actualidad, la población joven de América Latina y el Caribe está sufriendo una crisis de exclusión social y desempleo, que se manifiesta en un incremento de 3 puntos porcentuales en el último año (18,3%) según la OIT. Para asegurar el desarrollo y la inclusión social de estos millones de jóvenes es imprescindible actuar hoy y ahora.
Organizaciones como Aldeas Infantiles SOS trabajan en diversos programas que preparan a los jóvenes para la vida independiente, apostando al desarrollo de sus capacidades y al fortalecimiento de sus competencias para facilitar su autonomía, empoderamiento y realización personal. Las oportunidades y las juventudes tienen algo en común: no pueden esperar. Por tal motivo, el compromiso de todos debe manifestarse aquí y ahora. El trabajo decente para los jóvenes y los espacios de participación y capacitación son la clave para el cambio.

La Vulnerabilidad en Situación de Detención
Cualquier persona detenida, sean cuales sean las razones que la llevaron a su privación de libertad, se encuentra en una situación de vulnerabilidad.
Factores que Agravan la Vulnerabilidad en Detención
Los siguientes factores sitúan a las personas en situación de vulnerabilidad en detención:
- Un desequilibrio de poder entre las personas detenidas y aquellas que están a cargo de ellas.
- Una dependencia casi absoluta de la institución que les ha privado de su libertad o que limita sus movimientos.
- El debilitamiento de sus lazos sociales.
- El estigma derivado de la detención.
Sin embargo, si el concepto de vulnerabilidad afecta a toda la población privada de libertad, ciertas personas o grupos de personas detenidas son especialmente vulnerables y requieren de una atención y protección adicional. En algunos casos, estas situaciones pueden justificar el acceso a determinados servicios que no estarían necesariamente a disposición del resto de las personas privadas de libertad. Esto no es una demostración del trato preferencial o de discriminación contra la mayoría.
Tal como se establece claramente en la versión revisada de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos (las "Reglas Nelson Mandela"): "Para que el principio de no discriminación pueda ser puesto en práctica, las administraciones penitenciarias deberán tener en cuenta las necesidades individuales de las personas detenidas, en particular, en el caso de las categorías más vulnerables que se encuentran en los establecimientos penitenciarios. Tomar medidas para proteger y promover los derechos de personas privadas de libertad con necesidades especiales es necesario y no deberá ser considerado como discriminatorio." (Regla nº2).
Por ejemplo, una persona privada de libertad con algún tipo de discapacidad debe tener derecho a "ajustes razonables". Esto puede consistir en la construcción de una rampa de acceso (si la persona está en una silla de ruedas), o en un documento que contenga sus derechos y obligaciones dentro de la institución, disponible en Braille (si la persona es ciega). Las autoridades responsables deben estar permanentemente vigilantes y diligentes en lo que respecta a estos grupos de personas. Todas las prácticas y procedimientos dentro del centro de detención deben tener en cuenta esta vulnerabilidad agravada. Se debería intentar siempre buscar otras alternativas para ciertos grupos de personas, especialmente el de los y las menores, antes que el encarcelamiento.

Concepto Dinámico de Vulnerabilidad
No puede existir una lista exhaustiva de los grupos en situación de vulnerabilidad en detención, ya que las categorías pueden fluctuar dependiendo del contexto, la cultura y el tiempo. Hay una serie de factores de riesgo que determinan las situaciones de vulnerabilidad. Por ello, Detention Focus favorece el uso de la expresión "grupos en situación de vulnerabilidad", un concepto dinámico y en evolución, por delante de "grupos vulnerables", considerado demasiado estático y definitivo. Esta categorización también rechaza la idea de la vulnerabilidad como algo natural o de origen ("la persona no es per se vulnerable") y pone el acento en el concepto de vulnerabilidad contextual ("es la situación la que hace que la persona sea vulnerable").
Factores de Riesgo de Vulnerabilidad
Los factores que refuerzan la vulnerabilidad de las personas detenidas pueden ser personales, ambientales o socioculturales:
- Factores personales: edad, género, nivel de educación, nacionalidad, etnia, salud mental y física, situación legal, situación económica, falta de información, baja autoestima, traumas del pasado o del presente (incluyendo tortura y violencia doméstica y sexual), experiencias vitales, etc.
- Factores ambientales: la actitud del personal penitenciario, la proporción entre personal y personas detenidas, la actitud de otras personas detenidas, el acceso y la competencia de la asistencia sanitaria, los servicios sociales y legales, sistemas informales de privilegios, la disposición de la prisión, la posibilidad de rediseñar/adaptar el espacio, la ausencia de lazos familiares, el hacinamiento, etc.
- Factores socioculturales: la actitud de la sociedad y los medios de comunicación hacia las personas privadas de libertad, la estigmatización y la exclusión social, la invisibilidad social, la actitud hacia las minorías, la corrupción, etc.
Grupos en Situación de Vulnerabilidad Identificados
Basándonos en los factores anteriormente mencionados, las personas en situación de vulnerabilidad pueden agruparse en distintas categorías según el contexto (aunque ciertos grupos, como los niños y niñas y los y las adolescentes, siempre deben ser considerados personas en situación de vulnerabilidad independientemente del contexto).
Por razones prácticas, Detention Focus incluye un número limitado de grupos en situación de vulnerabilidad, sin la intención de excluir otras situaciones. Uno de los criterios de selección de estos grupos reside en si existen o no normas internacionales o regionales a las que los Estados deben atenerse para garantizar su protección, lo que ofrece un marco legal a las autoridades. Otro criterio esencial es la prevalencia universal del riesgo de abusos y violencia hacia estos grupos específicos. La base de datos permite investigar y filtrar cuestiones de detención aplicables a los seis grupos siguientes:
- Mujeres
- Niños, niñas y adolescentes
- Personas lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros o intersexuales (LGBTI)
- Personas con algún tipo de discapacidad física o mental
- Personas extranjeras
- Personas pertenecientes a minorías étnicas o pueblos indígenas
Otras personas y grupos también pueden encontrarse en situación de vulnerabilidad:
- Ya sea por su edad o estado de salud: personas enfermas, personas con enfermedades terminales, ancianos y ancianas, personas con VIH, toxicómanos y toxicómanas, etc.
- Ya sea debido a su estatus dentro del sistema de justicia penal: las personas en detención preventiva, las personas sospechosas de terrorismo o de amenazar la seguridad del Estado; las personas condenadas a muerte, las personas privadas de libertad condenadas a cadena perpetua, los y las delincuentes sexuales, etc.
Vulnerabilidades Múltiples
La combinación de los factores personales, ambientales y socioculturales nos lleva al concepto de vulnerabilidades múltiples. Tales combinaciones muestran la confluencia entre los grupos afectados y la importancia de tener una idea dinámica y en evolución de la vulnerabilidad. Estas situaciones, que están lejos de ser excepciones en lugares en los que se encuentren personas privadas de su libertad, requieren que las autoridades protejan y presten una atención especial a las personas afectadas, teniendo en cuenta los múltiples riesgos a los que se encuentran expuestas.
Todas las personas privadas de libertad tienen derechos. Por lo tanto, las situaciones de vulnerabilidad en las que se encuentren, ya sea de manera temporal o permanente, no deberían ser nunca un obstáculo para el disfrute de sus derechos, ni tampoco deberían ser utilizadas en su contra.
La Violencia contra las Mujeres a Escala Global
La sociedad civil mundial y local, los gobiernos nacionales, los tribunales e instituciones regionales y las instituciones internacionales reconocen cada vez más los derechos de la mujer mediante instrumentos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), mecanismos regionales como el Protocolo de Maputo a la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, o las Directivas de Igualdad de Género de la Unión Europea. Los 185 Estados Miembros que han ratificado la CEDAW tienen prohibido cometer discriminación directa e indirecta contra la mujer por motivos de sexo y género, tanto en la legislación como en la práctica, por el Estado y por agentes privados en todos los ámbitos de su vida.
Durante muchos años, las Naciones Unidas se enfrentaron a graves desafíos en sus esfuerzos por promover la igualdad de género a nivel mundial, entre ellos una financiación inadecuada y la falta de un único impulsor reconocido para dirigir las actividades de las Naciones Unidas sobre cuestiones de igualdad de género. Todas las cuestiones relacionadas con el desarrollo humano y los derechos humanos tienen una dimensión de género. La Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer es el principal organismo intergubernamental mundial dedicado exclusivamente a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.
Una iniciativa mundial de "formación para formadores" busca empoderar a personas jóvenes y convertirlas en agentes proactivos de cambio y replicadoras dentro de sus propias comunidades, escuelas y familias. Lo anterior se pretende cumplir a través de foros de aprendizaje entre pares, para el desarrollo de su comprensión y capacidad para combatir el racismo y la discriminación. Cada día, a través de nuestras acciones y de nuestra forma de liderar, hablar, cuestionar y actuar, desafiamos las normas, transformamos los hábitos, cambiamos las leyes, pasamos a la acción e inspiramos a otros para crear un mundo sin discriminación de género.
VIOLENCIA INTRAFAMILIAR ANIMADO - A VIVIR SIN MIEDO
Magnitud y Prevalencia de la Violencia contra las Mujeres
Se calcula que, en todo el mundo, 840 millones de mujeres -casi una de cada tres- han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja; de violencia sexual fuera de la pareja o de ambas al menos una vez en su vida (el 30 por ciento de las mujeres de 15 años o más). Esta cifra, que no incluye el acoso sexual, se ha mantenido prácticamente sin cambios en los dos últimos decenios. Los avances en la reducción de la violencia de pareja han sido muy lentos en dicho período, con un descenso anual de tan solo un 0,2 por ciento.
Las tasas de depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y VIH son más elevadas entre las mujeres que han experimentado violencia que entre las que no la han sufrido, al igual que ocurre con muchos otros problemas de salud que pueden perdurar una vez que ha cesado la violencia. La violencia sexual ejercida por una persona distinta de la pareja está muy extendida, pero el nivel de denuncia es muy bajo. En todo el mundo, el 8 por ciento de las mujeres de 15 años o más (es decir, 263 millones) declaran haber sufrido violencia sexual por parte de alguien que no era su pareja al menos una vez en su vida.

Disparidades y Factores Agravantes
Aunque la violencia afecta a las mujeres en todas partes, existen disparidades entre regiones y países. Las mujeres que viven en países clasificados como de ingreso más bajo, afectados por conflictos o en entornos vulnerables al clima se ven afectadas de forma desproporcionada. En 2024, unas 50.000 mujeres y niñas murieron a manos de sus parejas u otros familiares en todo el mundo. Esta cifra significa que el 60 por ciento de las casi 83.300 mujeres y niñas asesinadas de manera intencionada a lo largo del año murieron a manos de sus parejas u otros familiares.
Las mujeres que padecen múltiples formas de discriminación enfrentan mayor riesgo de violencia y son más vulnerables a sus consecuencias. La violencia contra las mujeres empieza pronto, y los riesgos persisten a lo largo de toda la vida. Las adolescentes corren más riesgo de sufrir violencia de pareja que las mujeres adultas. Solo en el último año, casi 1 de cada 6 adolescentes de 15 a 19 años (el 16 por ciento) que han tenido una relación han sufrido ya abusos físicos o sexuales por parte de su pareja. A su vez, en el último año, entre el 4 y el 5 por ciento de las mujeres de 60 años o más han experimentado violencia de pareja. La cifra real podría ser mayor, puesto que no se contemplan otros tipos de violencia a la que se pueden enfrentar las mujeres mayores, como la retención de medicación o de equipo de asistencia, el maltrato económico o la negligencia.
La desigualdad de género y la misoginia contribuyen directamente a la violencia de pareja. Un análisis regional de las Encuestas de Salud de la Mujer realizadas entre 2016 y 2019 en cinco Estados Miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM) -Granada, Guyana, Jamaica, Surinam y Trinidad y Tobago- reveló que las mujeres que mantenían una relación con hombres de actitudes y comportamientos que reforzaban la posición dominante de los hombres sobre las mujeres y perpetuaban la desigualdad de género, tenían más probabilidades de haber experimentado violencia de pareja a lo largo de su vida y de sufrirla en la actualidad. Los comportamientos destinados a controlar el cuerpo, la autonomía y el contacto de las mujeres con otras personas también están fuertemente correlacionados con un mayor riesgo de violencia de pareja. También en los espacios digitales la proliferación y normalización de contenidos misóginos a través de la machosfera está propagando normas sociales dañinas que se utilizan para justificar la violencia contra las mujeres y niñas tanto en el espacio en línea como en el mundo real.
Las mujeres con discapacidad presentan una tasa más alta de todas las formas de violencia de pareja que las mujeres sin discapacidades. Un examen reciente confirmó que existe un fuerte vínculo entre la discapacidad y un mayor riesgo de violencia. En Afganistán, en julio de 2024, el 64 por ciento de las mujeres declararon que no se sentían “nada” seguras al salir solas de casa, en comparación con el 2 por ciento de los hombres.
Mutilación Genital Femenina (MGF)
La mutilación genital femenina (MGF) sigue siendo una práctica profundamente arraigada que afecta a millones de mujeres y niñas en todo el mundo. A pesar de los esfuerzos mundiales por eliminarla, esta sigue planteando graves riesgos para la salud, viola derechos humanos fundamentales y perpetúa la desigualdad de género, en particular en algunas partes de África y Oriente Medio. Al menos 230 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina, un aumento del 1 por ciento -o 30 millones más de niñas y mujeres- con respecto a los datos de hace ocho años. El 63 por ciento de los casos se producen en África.

Violencia Facilitada por la Tecnología y en la Vida Pública
La ausencia de una definición común de violencia contra las mujeres y niñas facilitada por la tecnología afecta a la falta de datos comparables a escala mundial, pero los datos disponibles obtenidos a nivel nacional y regional confirman una incidencia elevada. Las mujeres en la vida pública, incluidas las parlamentarias y periodistas, se enfrentan a altos niveles de violencia psicológica, acoso y amenazas, a menudo relacionados con su género. Estas formas de violencia no solo amenazan su seguridad personal, sino que también obstaculizan la igualdad de género y la participación democrática. Las mujeres con gran visibilidad pública, como periodistas, políticas y activistas, corren un mayor riesgo de sufrir violencia facilitada por la tecnología. Una de cada cuatro mujeres periodistas en todo el mundo y una de cada tres mujeres parlamentarias en la región de Asia y el Pacífico declararon haber recibido amenazas de violencia física en línea, incluidas amenazas de muerte.
En cinco regiones, el 82 por ciento de las parlamentarias declararon haber sufrido algún tipo de violencia psicológica durante su mandato.
Limitada Protección Jurídica
En 2022, solo el 14 por ciento de todas las mujeres y niñas (alrededor de 557 millones) vivían en países con una sólida protección jurídica para garantizar los derechos humanos fundamentales de las mujeres. Los países que cuentan con leyes contra la violencia doméstica presentan tasas más bajas de violencia de pareja que los que carecen de ellas (9,5 por ciento frente al 16,1 por ciento). Pese a ello, solo alrededor del 55 por ciento de los países disponen de leyes que aborden la violencia doméstica de manera integral. Aunque en 151 países existen leyes que prohíben el acoso sexual en el lugar de trabajo, solo 39 cuentan con leyes que lo prohíben en los espacios públicos.

El Costo Económico de la Violencia de Género
La violencia contra las mujeres puede suponer importantes costos para el Estado, las víctimas/supervivientes y las comunidades. Estos costos son directos e indirectos, tangibles e intangibles. Por ejemplo, los costos salariales de las personas que trabajan en los refugios son costos directos tangibles. Los costos son soportados por todo el mundo: por cada víctima, por los agresores, por el Gobierno y por la sociedad en general. A continuación, se presentan algunos ejemplos del costo económico de la violencia de género en todo el mundo:
- En Viet Nam, los gastos directos y la pérdida de ingresos representan casi el 1,41 por ciento del producto interno bruto (PIB). Además, las mujeres que sufren violencia ganan un 35 por ciento menos que las que no sufren abuso, lo que apunta a otra importante sangría para la economía nacional.
- En Egipto se pierden cada año unas 500.000 jornadas de trabajo a causa de la violencia conyugal, y el sector sanitario soporta un costo superior a 14 millones de dólares de los Estados Unidos para atender a tan solo una cuarta parte (600.000) de las supervivientes.
- En Marruecos, el costo total de la violencia física o sexual contra las mujeres se estimó en 2.850 millones de dírhams (unos 308 millones de dólares de los Estados Unidos) al año.
- El costo de la violencia de género a escala de la Unión Europea se estimó en unos 366.000 millones de euros anuales.

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