La desnutrición en adultos mayores es una condición preocupante y subestimada que afecta la salud y la calidad de vida de muchas personas mayores. A medida que envejecemos, nuestros cuerpos experimentan cambios físicos, metabólicos y sociales que influyen en la capacidad de obtener los nutrientes necesarios para mantenernos sanos. Este problema de salud frecuente puede pasar desapercibido, pero sus efectos pueden ser graves y afectar tanto la calidad como la esperanza de vida de la persona mayor. La desnutrición se define como una pérdida de reservas en el organismo que conduce al progresivo deterioro físico y mental de las personas.
Se estima que al menos uno de cada tres ancianos en España sufre problemas de desnutrición. Los riesgos de esta enfermedad se agravan si se tienen en cuenta la presencia de otras condiciones médicas como la diabetes y los problemas cardiovasculares a partir de edades avanzadas. No se trata sólo de una cuestión de cantidad, sino de calidad. Los adultos mayores posiblemente enfrenten una disminución en el apetito, problemas dentales o dificultades para masticar, cambios en el sentido del gusto o del olfato, y limitaciones físicas que dificultan la preparación o el acceso a alimentos nutritivos. Estos factores, junto con condiciones médicas subyacentes como la demencia, la depresión o enfermedades crónicas, pueden llevar a una ingesta inadecuada de nutrientes, lo que a su vez contribuye al deterioro de la salud.
La desnutrición es una carencia de calorías o de uno o más nutrientes esenciales. Puede aparecer si no se puede obtener o preparar la comida, si se sufre un trastorno que hace que comer o absorber alimentos resulte difícil, o si aumenta mucho la necesidad de calorías, como ocurre durante los periodos de rápido crecimiento. Generalmente se cree que la desnutrición es una carencia primaria de calorías o proteínas, aunque las carencias de vitaminas y minerales también son comunes en estos casos. La desnutrición, que a menudo se emplea indistintamente como sinónimo de malnutrición, es en realidad un tipo de malnutrición. La malnutrición es un desequilibrio entre los nutrientes que el organismo necesita y aquellos de que dispone, incluyendo tanto la sobrealimentación como la desnutrición.
Causas de la Desnutrición en Adultos Mayores
Existen múltiples causas detrás de la desnutrición en los adultos mayores, y estas pueden ser físicas, psicológicas y sociales. El envejecimiento implica una serie de cambios que influyen directamente en el estado nutricional de los ancianos, convirtiéndolos en un grupo vulnerable con un riesgo elevado de sufrir déficits nutricionales. Los problemas y enfermedades asociados a la tercera edad empeoran más rápidamente como consecuencia de una mala nutrición.
Factores Fisiológicos y Clínicos
- Disminución del metabolismo y apetito: Uno de los factores clave es la disminución del metabolismo, lo que reduce las necesidades calóricas diarias y llevaría a una disminución del apetito. A medida que una persona envejece, se hace necesario controlar su nutrición, aunque no siempre resulta sencillo.
- Problemas de salud bucal y deglución: Muchos adultos mayores experimentan cambios en su sistema digestivo que dificultan la absorción de nutrientes, causando deficiencias de vitaminas y minerales esenciales, como la vitamina D, el calcio y el hierro. Factores de riesgo incluyen la pérdida del gusto y/u olfato, problemas de masticación y disfagia (dificultades para la deglución).
- Enfermedades crónicas: Las enfermedades crónicas, como la diabetes, las enfermedades cardíacas o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), también juegan un papel en la desnutrición. Estas condiciones, por lo general, requieren dietas restrictivas o reducen la capacidad de disfrutar de las comidas, aumentando así el riesgo de desnutrición.
- Tratamientos farmacológicos: Es común que los adultos mayores tomen múltiples medicamentos, algunos de los cuales interfieren con el apetito, alteran la absorción de nutrientes o causan efectos secundarios gastrointestinales. Fármacos para la presión arterial alta (diuréticos), insuficiencia cardíaca (digoxina) o cáncer (cisplatino) pueden disminuir el apetito. Otros, como la tiroxina y teofilina, aumentan el metabolismo y la necesidad de calorías. También pueden afectar la absorción de nutrientes en el intestino.
- Dietas inadecuadas: Las dietas poco variadas y mal equilibradas contribuyen a la desnutrición. En ocasiones pueden ser consecuencia de hábitos poco saludables, del acceso limitado a los alimentos necesarios (problemas de movilidad, bajos ingresos, falta de información) o de restricciones impuestas por una condición médica.
- Enfermedades neurodegenerativas: La demencia, la depresión o las ataxias (disfunciones del movimiento) son ejemplos de enfermedades que contribuyen a la desnutrición. La demencia añade factores como apraxia, agnosia y trastornos de la conducta alimentaria que afectan el control del peso corporal.
- Alteraciones en la homeostasis: El envejecimiento se asocia con una disminución fisiológica de la ingesta de alimentos y reducción de los mecanismos homeostáticos.
Factores Psicosociales y Ambientales
- Aislamiento social y depresión: El aislamiento social y la soledad son factores importantes. Muchas veces, los adultos mayores viven solos y pueden carecer de motivación para preparar comidas saludables o consumirlas en compañía, agravando el problema. La pérdida de un cónyuge o la falta de interacción social son motivos que afectan el bienestar emocional y conducen a una disminución en la ingesta de alimentos.
- Ingresos insuficientes: Las personas mayores pueden encontrarse en una situación económica precaria si están pagando facturas médicas o medicamentos elevados para tratar sus afecciones.
- Tabaquismo: Fumar altera el gusto y el olfato, haciendo los alimentos menos atractivos. También estimula el sistema nervioso simpático, que aumenta el consumo de energía por el organismo, contribuyendo a un bajo peso corporal.
- Consumo excesivo de alcohol: Beber alcohol en exceso, que tiene calorías pero poco valor nutricional, disminuye el apetito. Además, daña el hígado e interfiere en la absorción y utilización de nutrientes, pudiendo provocar carencias de magnesio, zinc y ciertas vitaminas como la tiamina.
La desnutrición proteico-energética es común entre los adultos mayores institucionalizados (como aquellos que se encuentran en hospitales, hogares de ancianos o centros de rehabilitación y atención a largo plazo). Un estudio en un centro asistencial de Madrid reveló que el 31% de los residentes presentaba riesgo de desnutrición, y el 92% tenía algún síntoma o patología.
Síntomas Físicos de la Desnutrición en Adultos Mayores
Identificar los síntomas de desnutrición en sus primeras etapas es fundamental para prevenir complicaciones graves. Muchas veces, la desnutrición se desarrolla de manera progresiva y sus signos pueden confundirse con los efectos naturales del envejecimiento. La desnutrición en el adulto mayor afecta a todo el organismo: debilita la musculatura, reduce las defensas y favorece el deterioro cognitivo.
Señales Clave
- Pérdida de peso involuntaria: Es uno de los signos más evidentes y preocupantes. Se refiere a la reducción de peso sin una causa aparente, no solo adelgazar, sino perder masa muscular y grasa corporal necesarios para el buen funcionamiento del organismo. Una pérdida de peso del 5% en un mes o del 10% en seis meses es un signo de alerta. Si la inanición se prolonga, los adultos pueden perder hasta la mitad del peso de su cuerpo.
- Falta de energía y fatiga constante: La desnutrición provoca un déficit calórico y proteico, lo que reduce la energía disponible para realizar actividades diarias. La persona mayor siente un cansancio que no se resuelve con el descanso, reduciendo su actividad física y aumentando el riesgo de inmovilidad. La debilidad, fatiga y confusión son señales de advertencia que deben ser monitoreadas cuidadosamente.
- Pérdida de masa muscular (sarcopenia) y debilidad: La deficiencia de proteínas y calorías puede llevar a la pérdida progresiva de músculo, una condición conocida como sarcopenia. Esto resulta en una debilidad progresiva que compromete la movilidad, haciendo más difíciles actividades básicas como caminar o levantarse de una silla. La pérdida grave de músculos y tejido graso se denomina caquexia, la cual puede ser resultado de un exceso de citocinas producido por el sistema inmunitario en respuesta a trastornos como infecciones o cáncer.
- Disminución de la fuerza de agarre: Dificultades para abrir frascos, sostener utensilios o cargar las bolsas del supermercado son indicadores de debilidad muscular.
- Alteraciones en la piel y el cabello: La piel puede volverse más seca, delgada, poco elástica, pálida y fría, siendo propensa a heridas o hematomas. Pueden aparecer descamaciones, pequeñas heridas o grietas, especialmente en zonas de roce o pliegues. El cabello se reseca, se vuelve ralo, más fino, quebradizo y opaco, y cae con facilidad.
- Mayor vulnerabilidad a infecciones: El sistema inmunológico se debilita, ya que el número de algunos tipos de glóbulos blancos disminuye. Esto hace que las infecciones, incluso las más leves, se vuelvan más frecuentes y peligrosas, aumentando la vulnerabilidad del adulto mayor ante complicaciones serias de salud. Su cuerpo tiene menos capacidad para defenderse y recuperarse.
- Acumulación de líquido: Si la desnutrición es grave, se puede acumular líquido en los brazos, las piernas y el abdomen, dando un aspecto hinchado (como en el kwashiorkor).
- Deterioro cognitivo y cambios de ánimo: La falta de nutrientes esenciales contribuye al deterioro de las funciones cognitivas, elevando el riesgo de padecer demencia o acelerar su progresión. Un adulto mayor malnutrido probablemente se sienta fatigado, desmotivado y experimente una pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba, empeorando el aislamiento social. También puede provocar síntomas de depresión, ansiedad e irritabilidad.
- Problemas digestivos: La desnutrición puede conducir a diarrea crónica, causando pérdida de nutrientes, e inapetencia.
- Deshidratación: La desnutrición y deshidratación en ancianos están estrechamente relacionadas. La falta de nutrientes esenciales puede provocar una disminución en la sensación de sed, lo que incrementa el riesgo de deshidratación. Los síntomas de deshidratación incluyen piel seca, confusión, debilidad y orina oscura o escasa.
Consecuencias de la Desnutrición

Las consecuencias de la desnutrición en adultos mayores no solo se limitan a los aspectos físicos, sino que abarcan una serie de complicaciones que afectan tanto el bienestar emocional como cognitivo de la persona. La desnutrición en esta etapa de la vida tiene consecuencias graves.
- Pérdida de autonomía e independencia: La sarcopenia y la osteopenia comprometen la movilidad, incrementando el riesgo de caídas y fracturas, lo que deriva en hospitalizaciones prolongadas y, en casos graves, en la pérdida de autonomía e independencia.
- Recuperación lenta: Los adultos mayores desnutridos tienden a tener una recuperación más lenta de enfermedades, cirugías o lesiones, lo que compromete su independencia y su capacidad para realizar actividades diarias.
- Insuficiencia de órganos: Si el déficit calórico continúa durante mucho tiempo, puede evolucionar con insuficiencia hepática, insuficiencia cardíaca y/o insuficiencia respiratoria. La inanición total (cuando no se consume alimento) generalmente es mortal en 8 a 12 semanas.
- Impacto en la salud mental: En el plano psicológico y emocional, la desnutrición está relacionada con trastornos como la depresión, la ansiedad y un deterioro cognitivo acelerado. Esto crea un ciclo negativo en el que la mala alimentación y los problemas de salud mental se refuerzan mutuamente.
Prevención y Tratamiento de la Desnutrición
Prevenir la desnutrición en adultos mayores requiere un enfoque integral que considere tanto las necesidades nutricionales como las barreras que puedan estar presentes. Las consecuencias derivadas de la desnutrición se pueden solucionar de manera efectiva abordando el problema desde la aparición de los primeros síntomas. El papel de los cuidadores y familiares es fundamental en el manejo de la desnutrición en ancianos. Su apoyo puede marcar la diferencia en la recuperación del adulto mayor.
Estrategias Nutricionales
- Dieta equilibrada y rica en nutrientes: Es fundamental que los adultos mayores mantengan una dieta equilibrada que incluya proteínas, vitaminas, minerales y fibra en cantidades adecuadas. La dieta debe aportar todas las sustancias que el cuerpo necesita: calcio, proteínas, vitamina B12 y ácido fólico. La ingesta diaria de fibra se encuentra en las frutas, las hortalizas, las verduras, las legumbres y los cereales integrales. Es importante apostar por opciones saludables integrando verduras, legumbres, semillas, frutas, carnes y pescados de temporada en detrimento de productos procesados, azúcares y grasas sólidas.
- Variar el menú: Hacer el menú más apetecible puede devolver el apetito a las personas mayores.
- Comidas pequeñas y frecuentes: Realizar pequeñas comidas a lo largo del día, evitando comidas copiosas que puedan resultar demasiado pesadas. Incorporar grasas saludables, productos lácteos enteros y muchas proteínas. Colocar a su alcance refrigerios ricos en nutrientes, como nueces, frutos secos, queso y yogur.
- Suplementos nutricionales: Los profesionales de la salud pueden recomendar suplementos nutricionales cuando sea necesario, especialmente en casos de deficiencias identificadas.
- Fortificación de alimentos: Agregar aceites saludables, mantequilla, leche entera u otros alimentos ricos en calorías a lo que ya comen.
- Bebidas nutritivas: Reemplazar el agua con bebidas altas en calorías como leche entera, batidos, bebidas proteicas y jugos 100% de frutas.
- Alimentos blandos: Si hay problemas para masticar o tragar, ayudar a la transición a una dieta blanda y casi totalmente triturada.
Promoción de la Actividad Física
- Ejercicio regular: La actividad física regular es importante para mantener la masa muscular y mejorar el apetito. Ejercicios ligeros, como caminar o actividades de bajo impacto, ayudan a preservar la movilidad, estimulan el apetito y mejoran el bienestar general.
Apoyo y Monitoreo
- Evaluación y monitoreo regular: La evaluación y monitoreo regular de la salud es clave para identificar problemas de desnutrición en sus primeras etapas. Los familiares y cuidadores deben estar atentos a cualquier cambio en el apetito, el peso o el estado de ánimo.
- Involucrar a profesionales: Si se sospecha desnutrición, el primer paso es involucrar a un proveedor de cuidados de salud. Trabajar con un dietista registrado o un nutricionista certificado para crear un plan de nutrición.
- Revisión de medicamentos: Pedir a un médico, farmacéutico o geriatra que revise los medicamentos para detectar efectos secundarios que afecten el apetito o la absorción de nutrientes.
- Planificar comidas sociales: Fomentar el contacto social, las actividades con otras personas, los almuerzos en familia o las tardes de café con amistades. Animar a establecer un horario de comidas regular y a comer con familiares o amigos siempre que sea posible.
- Considerar ayuda con el costo: Investigar si el adulto mayor reúne los requisitos para programas de asistencia nutricional suplementaria.
La intervención temprana es crucial para identificar signos de desnutrición antes de que se conviertan en un problema mayor. Un enfoque personalizado, que tenga en cuenta las necesidades y limitaciones individuales, optimiza el proceso de recuperación. La desnutrición no es un problema inevitable en la vejez.
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