Fuegos Fatuos: Entre el Misticismo y la Explicación Científica

Rodeada de misticismo y superstición, la visión de un fuego fatuo es un espectáculo tan bonito como sobrecogedor. Su apariencia es la de una bola de luz con un débil brillo, por lo que pueden ser confundidos fácilmente con alguna fuente de iluminación. La locución fuego fatuo (en latín ignis fatuus) o luz de muerto hace referencia al fenómeno consistente en la inflamación de ciertas materias que se elevan de las sustancias orgánicas en putrefacción, formando pequeñas llamas que se ven arder en el aire a poca distancia de la superficie del agua en lugares pantanosos y en cementerios. Son luces pálidas que pueden verse a veces de noche o al anochecer.

Explicación Científica del Fenómeno

Origen y Composición

En las zonas donde hay vegetales que están siendo eliminados por organismos descomponedores se producen gases como el fósforo, que se elevan desde las acumulaciones que los originan. Estos gases de la descomposición vegetal, que son inflamables, entran a veces en combustión espontánea y se inflaman, dando lugar a pequeñas llamaradas pálidas que habitualmente se ven de noche y sobre la zona en la que se origina la descomposición o, incluso, sobre la superficie del agua en lugares pantanosos, con aguas estancadas o en cementerios.

Hay quien afirma que los animales en descomposición también pueden originar fuegos fatuos, aunque otros disienten de ello porque si se tratara de metano, la llama sería de otro color, así que no hay un consenso claro en este sentido. Generalmente, se acepta que la mayoría de fuegos fatuos están causados por la inflamación de fosfano y difosfano.

En la ciencia moderna, generalmente se acepta que la mayoría de los fuegos fatuos son causados por la oxidación de fosfano (PH3), difosfano (P2H4) y metano (CH4). Estos compuestos, producidos por la descomposición de compuestos orgánicos, pueden causar emisiones de fotones. Dado que las mezclas de fosfina y difosfano se encienden espontáneamente al contacto con el oxígeno en el aire, solo se necesitarían pequeñas cantidades para encender el metano mucho más abundante para crear incendios efímeros. Además, el fosfano produce pentóxido de fósforo como subproducto, que forma ácido fosfórico al contacto con el vapor de agua.

Otros creen que organismos bioluminiscentes (por ejemplo, el hongo fluorescente Armillaria mellea) o la fosforescencia natural de las sales de calcio presentes en las osamentas provocan la luz. También hay quien cree que puede tratarse simplemente de organismos bioluminiscentes, capaces de crear su propia luz como algunos hongos o microorganismos.

Esquema de la descomposición de materia orgánica en pantanos y la liberación de gases inflamables

Observaciones y Replicaciones Históricas y Modernas

Se dice que los fuegos fatuos retroceden al aproximarse a ellos. La aparente retirada de los fuegos fatuos al acercarse a ellos podría explicarse simplemente por la agitación del aire por parte de los objetos cercanos que se mueven, lo que hace que los gases se dispersen. No se trata de llamas peligrosas y, habitualmente, no tienen la fuerza suficiente para quemar ni el papel, aunque en ocasiones hay testimonios que afirman haber podido prender hojas en ellos.

El primer requisito para ver un fuego fatuo es que sea de noche. No es que el fenómeno solo se dé en horas nocturnas, pero dado que hay que desplazarse a zonas naturales para poder verlo y debido a que las llamas son de colores pálidos, de día lo más probable es que pase inadvertido. Hay muchas zonas concretas que están reconocidas como puntos de avistamiento de fuegos fatuos, aunque en términos generales lo más habitual es verlos en cementerios y zonas pantanosas. En los primeros, el fuego fatuo es producido por el fósforo y las sales de calcio presentes en los huesos humanos o de otros animales enterrados en la zona, mientras que en los pantanos los fuegos aparecen por la descomposición de la materia vegetal, que se da muchas veces bajo el agua y hace que los gases se inflamen al acumularse sobre la superficie.

Es de destacar un primer encuentro documentado con un fuego fatuo en un pantano entre un profundo valle en el bosque de Gorbitz, en Brandeburgo Oriental, Alemania. Blesson observó que el agua estaba cubierta por una película iridiscente y durante el día se podían observar burbujas que crecían abundantemente desde ciertas áreas. Por la noche, Blesson observó llamas azul-púrpura en las mismas áreas y concluyó que estas estaban conectadas al gas ascendente. Pasó varios días investigando el fenómeno, descubriendo con desaliento que las llamas se retiraban cada vez que intentaba acercarse. Finalmente tuvo éxito y pudo confirmar que las luces eran causadas por el gas encendido. Al visitar el lugar por la noche, las llamas sensibles se alejaban cuando el mayor avanzaba; pero al quedarse quietas, volvió e intentó encender con ellas un trozo de papel, aunque la corriente de respiración producida por su aliento los mantenía a una distancia demasiado grande. Al girar la cabeza y tapar su respiración, logró encender el papel. También fue capaz de extinguir la llama al conducirla delante de él a una parte del suelo donde no se producía gas; luego, aplicando una llama al lugar de donde salía el gas, se escuchó una especie de explosión en torno a ocho o nueve pies cuadrados del pantano; se vio una luz roja, que se desvaneció en una llama azul de aproximadamente un metro de alto, y esta continuó ardiendo con un movimiento inestable.

Blesson también observó diferencias en el color y el calor de las llamas en diferentes marismas. El fuego fatuo en Malapane, Alta Silesia (ahora Ozimek, Polonia), podía encenderse y apagarse, pero no podían quemar trozos de papel o virutas de madera. De manera similar, el fuego fatuo en otro bosque en Polonia cubría trozos de papel y virutas de madera con un fluido viscoso y aceitoso en lugar de quemarlos.

Un intento de replicar los fuegos fatuos en condiciones de laboratorio fue llevado a cabo en 1980 por el geólogo británico Alan A. Mills de la Universidad de Leicester. A pesar de que tuvo éxito en crear nubes resplandecientes y frías mediante la mezcla de fosfeno crudo y gas natural, el color de la luz era verde y producía copiosas cantidades de humo acre, lo cual era contrario a la mayoría de los relatos de testigos oculares de fuegos fatuos. Como alternativa, Mills propuso en el año 2000 que los fuegos fatuos podían ser llamas frías. Estos son halos de precombustión luminiscentes que se producen cuando varios compuestos se calientan justo por debajo del punto de ignición. Las llamas frías son de hecho típicamente azuladas en color y, como su nombre sugiere, generan muy poco calor. Las llamas frías pueden ocurrir con una amplia variedad de compuestos, incluyendo hidrocarburos (incluyendo metano), alcoholes, aldehídos, aceites, ácidos, e incluso ceras.

Experimentos realizados por el científico italiano Luigi Garlaschelli en 2008 reprodujeron exitosamente una luz débil y fría al mezclar fosfina con aire y nitrógeno. Aunque el brillo era todavía verdoso en su color, Garlaschelli y Boschetti hicieron notar que bajo condiciones de baja luminosidad el ojo humano no puede distinguir fácilmente entre colores. Es más, ajustando las cantidades de gases y las condiciones medioambientales (temperatura, humedad, etcétera), fue posible eliminar el humo y el olor, o al menos llevarlo a niveles indetectables.

Infografía: Recreación de un fuego fatuo en laboratorio o un esquema de llama fría

Significado Folclórico y Simbolismo

Parte muy importante de la culpa de todo el legendario oscuro alrededor de los fuegos fatuos nace de las zonas en que es más fácil presenciarlos, que son pantanos y cementerios. El fuego fatuo se ha relacionado prácticamente siempre con un fenómeno de mal agüero, aunque es fácil de entender si se tiene en cuenta su aspecto de llamas pálidas sobre la superficie de un pantano o en un cementerio. La raza anhela adorar. ¿Puede adorar lo simple o venerar lo obvio? Toda la mitología y el folclore eleva una indignada protesta en el pensamiento. El sol daba luz, por tanto no era gas caliente ni llama, sino un dios o un carro. El ignis fatuus engañaba a los hombres por la noche.

Características Míticas de los Fuegos Fatuos

En el folclore, los fuegos fatuos son a menudo descritos con características que trascienden su explicación científica. Se les presenta como seres de ágil vuelo que pueden flotar, inmóviles, en la misma posición, el tiempo que necesiten. A veces se les atribuye un tamaño cercano a un metro y una inteligencia excepcional. Rara vez luchan cuerpo a cuerpo, ya que prefieren engañar a sus víctimas y atraerlas hacia pantanos. Si luchan cuerpo a cuerpo, su luz se vuelve azul, verde o violeta. Tienen un sistema de comunicación basado en la intensidad de la luz; emiten destellos de distinta intensidad tan sutiles que solo pueden ser percibidos por otros fuegos fatuos. Algunas creencias incluso sostienen que se alimentan de la energía que desprenden los cerebros de sus víctimas al verse presas de la muerte.

Un resplandor suave cruzó en zig-zag por el bosque, se quedó temblando aquí o allá, levantó el vuelo, se posó en una rama y se apresuró a continuar. Era una esfera luminosa, aproximadamente del tamaño de una pelota, que daba grandes saltos, rebotaba de vez en cuando en el suelo y volvía a flotar por el aire. Era un fuego fatuo [...] En el interior del redondo resplandor se veía una figura pequeña y muy viva, que saltaba y corría a más no poder. No era un hombrecito ni una mujercita, porque esas diferencias no existen entre los fuegos fatuos. Llevaba en la mano una diminuta bandera blanca, que tremolaba a sus espaldas.

Ilustración de un Will-o'-the-wisp o fuego fatuo en un pantano, atrayendo a un viajero

Creencias Populares y Leyendas por Regiones

  • Europa:

    Entre la población rural europea, especialmente en la cultura popular gaélica y eslava, se cree que los fuegos fatuos o «will-o'-the-wisp» (nombre común en el Reino Unido) son espíritus malignos de muertos u otros seres sobrenaturales que intentan desviar a los viajeros de su camino, alejándose cada vez que alguien trata de acercarse (compárese con el puck). A veces se cree que son espíritus de niños sin bautizar o nacidos muertos, que revolotean entre el cielo y el infierno (compárese con wili). Modernas elaboraciones ocultistas los relacionan con la salamandra, un tipo de espíritu completamente independiente de los seres humanos (a diferencia de los fantasmas, que se supone que han sido humanos en algún momento anterior). También encajan en la descripción de ciertos tipos de hada, que pueden o no haber sido almas humanas.

    En el folclore húngaro el fenómeno es conocido como lidérc y se cree que puede producirse colocando un huevo de gallina negra bajo una axila. Esta criatura protegería y bendeciría con salud y riqueza a su dueño y creador. Igualmente, el fuego fatuo aparece en numerosas leyendas populares de las Islas Británicas, siendo a menudo en ellas un personaje malicioso.

    En su libro British Goblins, William Wirt Sikes menciona una leyenda galesa sobre un fuego fatuo (pwca en galés) en la que un campesino que vuelve a casa al anochecer avista una luz brillante moviéndose bastante por delante de él. Desde más cerca, logra ver que la luz es una linterna portada por una «pequeña figura oscura» a la que sigue durante varias millas. De repente se halla en el borde de una enorme sima con un rugiente torrente de agua corriendo bajo él. En este preciso momento el portador de la linterna salta cruzando el agujero, elevando la luz muy por encima de su cabeza y lanzando una risa maliciosa, tras lo cual apaga la luz dejando al pobre campesino lejos de su casa, sumido en la oscuridad al borde del precipicio. Ésta es una historia cautelar bastante común sobre el fenómeno, si bien los fuegos fatuos no siempre se consideran peligrosos; hay algunas leyendas que los hacen guardianes de tesoros, de forma muy parecida a como el leprechaun irlandés guiaba a los que tenían la valentía de seguirlo hasta riquezas seguras.

    Katherine Briggs menciona a Will el Herrero de Shropshire (Inglaterra) en su Diccionario de las hadas. En este caso Will es un herrero malvado a quien San Pedro le da una segunda oportunidad en las puertas del Cielo, pero que lleva tan mala vida que termina siendo condenado a vagar por la Tierra.

  • América y Asia:

    En Colombia se cree que estas llamas indican el lugar de un tesoro enterrado por los nativos indígenas antes y durante la colonización española, siendo este enterramiento conocido como guaca. En Paraguay, los fuegos fatuos son interpretados en la tradición popular como indicadores del plata yvyguy, bienes enterrados tanto por los jesuitas tras su expulsión en 1767 como durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). En Luisiana, Estados Unidos, especialmente en los pantanos, se tiene la creencia de que existen unos espíritus malignos llamados fifolets. En América del Sur, habitualmente, se les da connotaciones de almas malignas y peligrosas que no han podido encontrar la paz o acceder al cielo. Merece especial mención el caso de Colombia, en el que se cree que solo las personas de buen corazón y desprendidas pueden llegar a ver estas llamas, razón por la que son casi siempre vistas por niños.

    En el río Mekong, en Tailandia, se dan las bolas de fuego del Naga, un fenómeno muy habitual y en parte parecido. En Japón están las Hitodamas, que son en teoría almas de personas recién muertas, con aspecto de esferas verdes o azules que dejan estela al flotar, y se cree que puede estar directamente relacionado con los fuegos fatuos. Otras creencias nativas americanas sostenían que ciertas zonas boscosas, como la colina mágica al norte y este del pantano de los Micmac, estaban llenas de fantasmas o incluso de wendigos, lo que impedía a otras tribus acercarse a enterrar a sus muertos allí.

Los Fuegos Fatuos en la Cultura y la Ficción

Este enigmático fenómeno ha capturado la imaginación de artistas y escritores a lo largo de la historia, apareciendo en diversas obras literarias, musicales y de entretenimiento:

  • En la obra de J. R. R. Tolkien, El Señor de los Anillos, los fuegos fatuos son descritos en los Ciénagas de los Muertos como "cirios de los cadáveres", luces pálidas que atraen a los incautos: «- ¿Qué es todo esto, Gollum? -dijo en un murmullo-. ¿Estas luces? Ahora nos rodean por todas partes. ¿Nos han atrapado? Gollum alzó la cabeza. - Sí, nos rodean por todas partes -murmuró-. Los fuegos fatuos. Los cirios de los cadáveres, sí, sí. ¡No les prestes atención! ¡No las mires! ¡No las sigas! Sam volvió la cabeza y advirtió que Frodo se había retrasado otra vez. No lo veía. Volvió sobre sus pasos en las tinieblas, sin atreverse a ir demasiado lejos, ni a llamar en voz más alta que un ronco murmullo. Súbitamente tropezó con Frodo, que inmóvil y absorto contemplaba las luces pálidas. -¡Venga, señor Frodo! -dijo Sam-. ¡No las mire! Gollum dice que no hay que mirarlas.»
  • Johann Wolfgang von Goethe los incluyó en su cuento esotérico La serpiente verde y la bella azucena: «Al salir delante de la puerta vio dos grandes fuegos fatuos flotando encima del bote amarrado y le aseguraron que se hallaban en los más grandes apuros y que estaban deseosos de verse ya en la otra orilla...»
  • El poema de Samuel Taylor Coleridge, Balada del viejo marinero, también describe un fuego fatuo.
  • En el inicio de la más conocida obra de Bram Stoker, Drácula, el protagonista, Jonathan Harker, es conducido por un misterioso cochero hacia un castillo durante la Noche de Walpurgis, y observa cómo el conductor se baja de cuando en cuando del carruaje en pos de unos fuegos fatuos que iluminan fugazmente el camino.
  • En la serie de novelas de J. K. Rowling, Harry Potter, el Hinkypunk es un monstruo que habita las ciénagas, una criatura de una sola pierna y aspecto frágil que parece estar hecha de humo y lleva una linterna para atraer viajeros a la oscuridad. El profesor Remus Lupin presenta a la criatura en el libro Harry Potter y el prisionero de Azkaban.
  • Manuel de Falla incluyó una canción en su obra El amor brujo titulada «Canción del fuego fatuo».
  • El músico y compositor argentino Andrés Calamaro hace mención de dicho fenómeno en su canción "Rumbo errado".
  • El grupo navarro Berri Txarrak nombra a uno de los discos de su triple álbum Denbora da poligrafo bakarra como "Sutxakurrak" ("Fuegos fatuos", en euskera).
  • En el videojuego Terraria, el ítem "Voluta en Botella" (en inglés "Wisp in a bottle") permite al jugador tener una mascota de luz con forma de una calavera rodeada por un fuego turquesa.

#Podcast: Cine y alcoholismo "El fuego fatuo" de Louis Malle

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