Los Guardianes de Semillas: Custodios del Patrimonio Agrícola Rural

Frente al avance del cambio climático y las transformaciones de los sistemas agrícolas, un movimiento silencioso recorre el país: los llamados guardianes de semillas. Estas figuras son esenciales para el resguardo de la biodiversidad agrícola y el fortalecimiento de la agricultura familiar, temas que han pasado a ocupar un lugar central en la agenda pública.

Campo con cultivos variados y personas trabajando

El Movimiento de los Guardianes de Semillas y su Contexto

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Agricultura (Minagri), los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) reconocen agroecosistemas donde las comunidades mantienen una relación intrínseca con su territorio. En esta línea, la Red de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Nacional (SIPAN) ha identificado 171 productos forestales no madereros y desarrolla planes de manejo sustentable para 10 de ellos, junto con seis predios piloto agroecológicos destinados a mitigar la erosión, fomentar la plantación de árboles y aplicar biopreparados.

El trabajo de los guardianes de semillas ha sido destacado como un ejemplo del potencial territorial para alcanzar una producción más diversa y equilibrada. La pérdida de recursos fitogenéticos es un tema relevante para la seguridad alimentaria, y la labor de conservación de estos guardianes es fundamental.

La Labor Ancestral y Cotidiana de las Guardadoras

Los guardianes de semillas son herederos y continuadores de una paciente labor desarrollada y mantenida en el tiempo, que ha hecho posible la evolución de la agricultura y la disponibilidad de un valioso patrimonio genético de especies y variedades cultivadas. “Mi abuela y bisabuela ya cuidaban semillas y las regalaban a sus familiares para que no se perdieran”, relata una de estas custodias, evidenciando una tradición centenaria.

Actualmente, resguardan más de 120 variedades de porotos, además de tomates, lechugas, flores, maíz y ajo. Cada temporada eligen los frutos más sobresalientes y sanos, dejan parte de la producción solo para semilla y conservan una reserva anual por prevención. “Si ocurre algo y no se puede cosechar, siempre queda una reserva guardada para continuar sembrando la misma variedad”, explican.

Además del resguardo, promueven el intercambio de saberes. En Cabrero realizan ferias de intercambio dos veces al año junto a organizaciones comunitarias. “No se trata solo de cambiar semillas; también se comparte lo que cada persona sabe hacer”, afirman. Este reconocimiento de la labor se refleja en programas como el PDTI (Programa de Desarrollo Territorial Indígena) y el Prodesal, ejecutados por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) junto a los municipios. La directora regional del INDAP, Fabiola Lara, subraya que “la agricultura familiar tiene un rol protagónico en la construcción de una agricultura sostenible y diversa”. A través de estos programas, INDAP ha acompañado directamente a las huerteras locales con talleres sobre conservación de semillas, control natural de plagas, huertos biodiversos y biopreparados.

Aunque forman parte del programa Prodesal, se reconoce que aún no existen apoyos específicos para quienes se dedican al resguardo de semillas tradicionales, siendo importante generar espacios de diálogo y valorar esta labor como parte del patrimonio alimentario del país.

Guardianas de semillas intercambiando productos en una feria local

Amenazas y la Complementariedad de Saberes

Tapia, un Dr. del Centro Regional INIA Quilamapu, advierte que la erosión genética sigue siendo un riesgo significativo. “Desde la revolución verde se ha reducido la diversidad de cultivos, lo que limita las posibilidades de mejora y respuesta frente a nuevos escenarios climáticos”, señala. El investigador valora la complementariedad entre la ciencia y el trabajo campesino: “Las guardadoras de semillas realizan conservación in situ: renuevan año a año sus cultivos, generando nueva diversidad. Nosotros conservamos la genética en cámaras de frío; ellas la mantienen viva en el campo”. Actualmente, INIA desarrolla junto a FAO un proyecto para recuperar variedades tradicionales de legumbres -porotos, chícharos y lentejas-, algunas ya catalogadas como cultivos huérfanos.

La crisis climática se presenta no solo como una amenaza para el patrimonio natural, sino también para la agricultura. Es en este contexto donde la protección y propagación de semillas tradicionales adquiere especial relevancia para asegurar el futuro de algunas especies y una agricultura ecológica. "La ciencia campesina es esa posibilidad de experimentar y estar día a día observando cómo responden las plantas al clima, tan cambiante y adverso. Hay muchas semillas que se pierden solamente por la crisis climática", se observa en el medio rural.

Impacto del Cambio Climático en la Agricultura 🥔🌽🌾

Iniciativas para la Conservación y Promoción: Semilla Austral

El trabajo de protección y propagación de semillas tradicionales es indispensable para asegurar la diversidad de la flora y el desarrollo de una agricultura más resiliente y sustentable. Precisamente, este es el trabajo que realiza Semilla Austral, a través de su Cooperativa y el Sistema Participativo de Garantía Agroecológica de Semillas (SPG).

La Cooperativa Semilla Austral, con sede en Curiñanco, Valdivia, se originó en septiembre de 2014 y se distribuye en 9 regiones del país. Entre sus objetivos están: apoyar financieramente las actividades de la red; prestar servicios educativos; capacitaciones; y la venta de semillas, plantas, calendarios y manuales. Gerardo Jara Barrera, cofundador del Centro Agroecológico Mongelechi Mapu, conoció los sistemas participativos de garantía agroecológica en Ecuador y Brasil, inspirándose para su implementación en Chile. El SPG nació en 2019, y en 2021 comenzó a implementarse con visitas de campo desde Valparaíso hasta Los Ríos. “Este sistema, que es el SPG, es nuestro sello transversal para trabajar con semillas agroecológicas y orgánicas, con certificación de calidad que asegura a las personas que ese compromiso es real y que la semilla que ellos adopten va a prosperar, que es una semilla fértil y confiable”, afirma.

Las semillas con las que trabajan son semillas campesinas, de herencia, libres de toda propiedad intelectual y de modificación genética. El proceso de preservación y propagación incluye la selección, siembra, cosecha y secado. “La labor del guardián y la guardiana de semillas tiene que ver mucho con la selección y la observación de ciertos atributos y según ciertos criterios, que muchas veces también son subjetivos, y eso es maravilloso, porque esta subjetividad crea diversidad”, explican. Luego, se cosechan las plantas más vigorosas y resistentes, que imprimen su genética en las siguientes generaciones.

Desde la pandemia, Semilla Austral experimentó un crecimiento exponencial, pasando de vender 100 sobres anualmente a cerca de 20.000, lo que impulsó su expansión. Recientemente, obtuvieron fondos del Fondo Común Regenerativo de Fundación Lepe para fortalecer su nodo sur, reproducir y comercializar semillas tradicionales, garantizando su calidad agroecológica y orgánica. “Mi rol dentro de este proyecto en específico tiene que ver con los registros que vamos dejando luego de cada encuentro o cada gira técnica, los que vamos a ir consolidando en esta guía educativa y eventualmente en un libro. Actualmente, tenemos una enciclopedia botánica que estamos construyendo”, dice una de las colaboradoras. También planean un libro sobre "Cómo cuidar semillas".

Semilla Austral invita a quienes trabajan con semillas agroecológicas a unirse a su Cooperativa, con la convicción de que “esta herramienta es superpoderosa para trabajar de manera integral los traumas que le hemos causado a nuestra madre tierra, a la naturaleza, pero también los traumas que hemos generado entre nosotros, en el plano más social, organizacional”.

Diversidad de semillas tradicionales expuestas en una mesa

Semillas Nativas: Legado, Resistencia y Futuro

En cada rincón de nuestros territorios rurales, las semillas nativas guardan historias, sabores y saberes que han alimentado a nuestros pueblos por generaciones. Hoy, en un contexto de cambio climático, pérdida de biodiversidad y desertificación, las semillas nativas se alzan como símbolo de resistencia, identidad y esperanza. Estas semillas han sido cultivadas, seleccionadas y adaptadas a lo largo del tiempo por las comunidades locales, aprendiendo a convivir con los suelos, las lluvias, los vientos y las manos que las siembran.

Según estimaciones de la Fundación Biodiversidad Alimentaria, en la región de La Araucanía se siembran cerca de 190 variedades de semillas tradicionales de especies como el poroto, tomate, trigo y zapallo, entre otras. A través de la Huerta Familiar Biodiversa, se busca caracterizar y proteger especies tradicionales como la kinwa (quínoa), el poroto, el maíz, los ajíes, la papa chira o topinambur, la chalota, la lechuga, el zapallo y el nabo (collocho o mapucol).

El conocimiento ancestral de las mujeres cuidadoras de semillas ha sido fundamental para que en Red SIPAN se hayan implementado cinco huertos semilleros que contienen veintidós variedades características de la huerta biodiversa mapuche pehuenche. Su existencia tiene el propósito de conservarlas y compartirlas con la comunidad, a través del acto del trafkintü -que implica compartir, diversificar, adquirir y conservar la semilla tradicional-. Ana Posas, Oficial de Agricultura de la FAO, enfatiza: “La huerta para mí es vida, es newen, es fuerza. En ella crece mi semilla, la semilla que heredé y eso es muy importante”.

Las comunas de la zona costera de La Araucanía, como Nueva Imperial, Carahue, Puerto Saavedra, Teodoro Schmidt y Chol-Chol, tienen en común que alrededor del 40% de su población vive en áreas rurales. En esta identidad campesina, el desarrollo de huertas, el cuidado de plantas y la conservación de semillas se convierten en labores fundamentales, principalmente realizadas por mujeres: es el rol tradicional de las curadoras de semillas. Ellas han sido las encargadas de preservar la diversidad genética de las plantas cultivadas, asegurando la continuidad de especies autóctonas esenciales para la alimentación y la cultura de las comunidades.

Las mujeres guardianas de semillas constituyen no solo un ejemplo de conservación in situ de la biodiversidad alimentaria, sino también de cuidado y respeto por el medio ambiente. Ante el desafío de la expansión de modelos agrícolas industriales, el uso de semillas híbridas o transgénicas y la pérdida de conocimientos tradicionales, las juventudes rurales están llamadas a ser las nuevas guardianas de las semillas, asegurando que sigan germinando diversidad, identidad y vida.

La dirigente campesina e indígena de Anamuri y la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, Millaray Pairemal, destaca la importancia de tejer redes entre el campo y la ciudad para suministrar alimentos sanos, con semillas tradicionales, promoviendo el desarrollo colectivo sobre la base de los saberes locales, el respeto y el resguardo de prácticas ancestrales.

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