A menudo me acuerdo con cariño de varios profesores que tuve de niño y que dejaron una imborrable huella en mí. Al escribir estas líneas, vienen a mi memoria nombres, rostros, anécdotas o enseñanzas que no solo despiertan la nostalgia de aquellos años, sino también un profundo agradecimiento por su labor, su paciencia y su presencia diaria, gastando y desgastando su vida poco a poco.
El bien que nos hicieron no se puede medir, ni podemos recompensarlo adecuadamente. Como dice el refrán español, es de bien nacidos ser agradecidos. Por ello, la idea de escribir una oración para pedir por estos antiguos profesores surge como un acto de gratitud profunda.
La Sabiduría de un Maestro Espiritual Jubilado: Un Enfoque Humilde a la Oración
Mientras estaba haciendo estudios de doctorado, tuve un profesor, un anciano sacerdote agustino, que en su comportamiento, lenguaje y actitud, irradiaba sabiduría y madurez. Todo acerca de él demostraba integridad. Un día, estando en clase, habló de su propia vida de oración. Igual que con todo lo demás que compartía, no hubo filtros, sólo honradez y humildad. Aquí está lo que contó:
El Desafío de la Oración Diaria
Él explicó que la oración no es fácil, porque siempre estamos cansados, distraídos, ocupados, aburridos y enganchados a tantas cosas que es difícil encontrar el tiempo y la energía para centrarnos en Dios durante algunos momentos.

La Fidelidad al Padrenuestro: Un Mínimo Sincero
Ante esta realidad, su práctica era la siguiente: sin importar cómo fuera su día, lo que estuviera en su mente, o cuáles fueran sus distracciones y tentaciones, él era fiel a esto: una vez al día reza el Padrenuestro lo mejor que puede, desde donde esté en ese momento. Dentro de todo lo que está pasando en él y alrededor de él en ese día, reza el Padrenuestro, pidiendo a Dios que le oiga desde dentro de todas distracciones y tentaciones que le están acosando.
Para él, es lo mejor que puede hacer. Tal vez sea un simple mínimo, y debería hacer más e intentar concentrarse con más ahínco, pero al menos hace eso. Y a veces, es todo lo que puede hacer, pero lo hace cada día, lo mejor que puede. Sus palabras podrían sonar simplistas y minimalistas.
Equilibrando los Ideales Espirituales con la Realidad Humana
La Visión de la Iglesia y los Escritores Espirituales
En realidad, la Iglesia nos desafía a hacer de la Eucaristía el centro de nuestras vidas de oración, y un hábito diario de meditación y oración privada. También, muchos escritores espirituales clásicos nos dicen que deberíamos reservar una hora cada día para la oración privada, y muchos escritores espirituales contemporáneos nos desafían a practicar diariamente oración centrante o alguna otra forma de oración contemplativa.
La Perspectiva del Sacerdote: Sinceridad en la Imperfección
Bueno, nada de esto va contra lo que compartió tan humildemente. Él sería el primero en estar de acuerdo con que la Eucaristía debería ser el centro de nuestras vidas de oración, y estaría también de acuerdo tanto con los escritores espirituales clásicos que aconsejan una hora de oración privada al día, como con los autores contemporáneos que nos desafían a hacer diariamente alguna forma de oración contemplativa, o al menos habitualmente.
La oración, nuestra prioridad – Dr. Charles Stanley
Pero él diría también esto: en uno de esos momentos del día (idealmente en la Eucaristía o mientras se reza el Oficio de la Iglesia, pero al menos alguna vez durante vuestro día), cuando estáis diciendo el Padrenuestro, rezadlo con tanta sinceridad y concentración cuanta podáis en ese momento (“lo mejor que podáis”); y sabed que, sin importar vuestras distracciones en ese momento, es lo que Dios os está pidiendo. Su consejo ha permanecido conmigo a lo largo de los años y, aunque digo algunos Padrenuestros cada día, intento, al menos en uno de ellos, rezar el Padrenuestro lo mejor que puedo, plenamente consciente de qué mal lo estoy haciendo.
El desafío es rezar un Padrenuestro cada día lo mejor que puedo.
La Naturaleza Comunitaria y Terrenal del Padrenuestro
Como sabemos, esa oración es profundamente comunitaria. Cada petición de ella es plural -“nuestro”, “nuestras”, “nos”, “nosotros”- sin que haya ningún “yo” en el Padrenuestro. Además, todos nosotros somos sacerdotes desde el bautismo y parte natural en la alianza que hicimos entonces; se nos pide diariamente rezar por otros, por el mundo.

Un Corazón Inquieto, Una Oración Honesta
Y este es el consuelo: ninguno de nosotros es divino. Todos somos incurablemente humanos, lo cual significa que muchas veces, quizás la mayoría de las veces, cuando tratemos de rezar, nos encontraremos acosados por todo, desde cansancio hasta aburrimiento, impaciencia, planes de la agenda de mañana, clasificación de las heridas del día, ansiedad de con quién estamos enfadados, trato con fantasías eróticas.
Nuestra oración raramente se emite desde un corazón puro, sino normalmente desde uno muy terreno. Pero, y esta es la cuestión, su verdadera terrenalidad es también su verdadera honradez. Nuestro inquieto y distraído corazón es también nuestro corazón existencial, y es el corazón existencial del mundo. ¡Trata, cada día, de rezar un sincero Padrenuestro!